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    jueves, 28 de julio de 2011

    Entrevista a Ignacio Ramonet por Ramón Chao

    ABC Cultural, 19-junio 2011
    Director de Le Monde diplomatique en español, autor de best sellers sobre comunicación como La golosina visual, y promotor del Foro Social Mundial, Ignacio Ramonet es también presidente de la organización internacional Me­dia Watch Global. Acaba de pu­blicar un nuevo ensayo, la ex­plosión del periodismo(Clave Intelectual).


    Bien documentado y argumentado, este libro plantea los problemas que afectan a la prensa escrita, víctima a la vez de una crisis de confianza y de un modelo económico vetusto.
    En efecto; describo el panorama actual de una prensa sin brújula y atolondrada tras la desintegración de su ecosistema tradicional, acosada por los impactos sucesivos de la revolución digital y del desarrollo vertiginoso de las redes sociales. En la nueva «sociedad-red», cada ciudadano tiene la posibilidad de erigirse en periodista, apropiándose de los dispositivos que la revolución de la Web 2.0 pone a su alcance. Internet, los blogs, Twitter o Facebook transforman el campo de la comunicación como ningún otro medio lo hizo hasta ahora desde la invención de la imprenta en 1440 por Gutenberg. Los usuarios disponen ahora del poder de comunicarse entre sí con sonidos, textos, fotos, vídeos; pueden añadirlos a la información existente, divulgarlos, fundirlos con otros documentos y subirlos a la Red, donde otros los verán, integrándose así en el nuevo movimiento circular de la información.
    Multiplica usted los ejemplos de publicaciones que desaparecen.
    El panorama desanimaría a cualquiera. Entre 2003 y 2008, la difusión mundial de los diarios de pago cayó un 7,9 por ciento en Europa y un 10,6 por ciento en América del Norte. Solamente en Estados Unidos desaparecieron ciento veinte periódicos, con la pérdida de unos 25.000 empleos. Actualmente, en el mundo, la difusión de la prensa escrita cae un 10 por ciento al año. Al igual que, por ejemplo, el Christian Science Monitor, numerosos órganos han sacrificado sus ediciones impresas. El Financial Times, uno de los adalides del capitalismo liberal, paga a sus redac­tores solamente tres días por semana. Y cuando los sitios web solicitan una cuota de acceso, el número de visitas se hunde (en el Times de Londres pasaron de veintidós millones a doscientas mil...). Por otra parte, la masificación planetaria del periodismo a tiempo parcial hace que las informaciones que hallamos en la Red sean a menudo poco fiables, lo cual provoca en el ciudadano un sentimiento de inseguridad informativa.
    ¿El tránsito de la era de los medios de masa a la de la masa de los medios será largo y difícil?
    Se ha de pasar por un período de selección de tipo darwiniano: muchas especies de periódicos no se adaptarán al nuevo ecosistema y se extinguirán. Otros, en versión papel o digital lucharán contra las tendencias mediáticas actuales (urgencia, brevedad, simplicidad, frivolidad, espectacularidad, inmediatez, superficialidad) y sobrevivirán. Algunos hasta se afianzarán.
    La exigencia de velocidad, de tiempo real y los imperativos del mercado hacen que las normas de la investigación se degraden rápido. Por ello se multiplican los errores y los riesgos de manipulaciones. Ciertos géneros apreciados por la opinión pública, como el periodismo de investigación o los reportajes, están ya en vías de desaparición. Cuestan demasiado caros. Mientras tanto, proliferan y se refuerzan los sitios web innovadores. Mejor adaptados al nuevo ecosistema, se atreven a competir con los medios tradicionales en decadencia, superándolos a veces. Además, si antes existían «mediossoles» en torno a los cuales gravitaba el sistema de la información, ahora han surgido los «medios-partículas». Me explico: cada individuo, con su ordenador o su teléfono inteligente, puede difundir sus ideas.
    ¿Llegaremos a un «periodismo sin periodistas»?
    Las redacciones siguen representando el alma de un periódico. Pero van desapareciendo. Los periodistas ya no necesitan reunirse en un lugar preciso para componer un periódico. La prueba: la plantilla del journal de Montréal, el diario más vendido en Quebec, estuvo en huelga durante más de quince meses. Su propietario lo siguió publicando gracias a colaboradores espontáneos que proponían a precio de ganga sus artículos vía internet, e incluso consiguió aumentar la tirada.
    Las publicaciones consagradas ya no son las únicas. Los periodistas-ciudadanos les dan lecciones. Sitios como WikiLeaks ponen al descubierto sus fallos.
    Una iniciativa como WikiLeaks no sería posible si exis­tiese un verdadero periodismo de investigación. WikiLeaks no hizo sino suplir una carencia. Ahora bien, ha tenido la inteligencia de asociarse con grandes medios internacionales considerados -con razón o sin ella- rigurosos, apelando a la experiencia de sus periodistas para contextualizar, verificar y desmenuzar los telegramas «fugados». De ese modo, WikiLeaks aceptó que existen «periódicos de referencia».
    La filosofía de WikiLeaks profesa que, en democracia, todo secreto oficial termina por descubrirse, Assange no está solo y su acción es imparable. Con la dtvulgación de archivos sobre la corrupción en Túnez desempeñó un papel determinante en el estallido de la rebelión popular, incluso antes del suicidio del joven Mohamed Bouazizi. Dicho esto, la información vía web no podrá provocar el final milagroso de la explotación humana, pues existe la famosa «brecha d­gital» y dos de cada tres habitantes del planeta carecen de acceso a la Red.
    Utiliza la imagen de un Gulliver llegado a la isla de los liliputienses, un periodista en el suelo, atado por miles de lazos invisibles. Está desbordado y sometido por la revolución numérica de los enanitos.
    La prensa ha dejado de ejercer el «cuarto poder». Es más, los grandes medios plantean un problema al liberalismo; han dejado de ampliar el campo democrático, pasando a restringirlo, incluso a sustituirlo. En esta etapa de la mundialización se comportan como herramientas ideológicas o partidos políticos.
    Creo que la primera razón del desapego de la gente hacia la prensa es la falta de credibilidad de esta. Los ciudadanos recelan de unos medios pertenecientes a un puñado de oligarcas que ya controlan el poder económico, y a los que ven a menudo en connivencia con los poderes políticos.
    Si miramos la situación de la prensa en general, observa­mos uno de los periódicos más influyentes del mundo, el New York Times, cuya audiencia digital ha sido, en 2008, diez veces mayor que en la versión impresa. Sin embargo, los réditos de la publicidad en la web resultaron diez veces inferiores que en la edición de papel. Conclusión: para que la publicidad en la web sea rentable, el número de lectores digitales ha de ser cien veces superior que los de la edición de papel Difícilmente alcanzable.

    CONTRA LA MANIPULACIÓN IDEOLÓGICA EN EL CINE
    Por Arantxa Bolaños de Miguel
    Ignacio Ramonet[1], director del periódico mensual Le Monde Diplomatique, y feroz propagandista contra el neocapitalismo, ha escrito esta compilación de varios artículos de igual temática: la manipulación de los medios de comunicación –los mass media– en concreto el cine. No siendo un experto en la materia, y sin intentar aparentar lo contrario, este amateur de la crítica cinematográfica nos abre los ojos a la manipulación ideológica del Séptimo Arte.
    Este libro es una reedición de uno anterior que escribió Ignacio Ramonet  en 1980, pero éste incluye además una breve introducción, más un apunte sobre las nuevas tecnologías –internet[2]– y del camino que sospecha igual de manido que el cine. La red de redes nació de forma independiente y anárquica –en el mejor sentido de la palabra– como medio de información y comunicación, pero en el siglo XXI se está convirtiendo en una forma nueva más de control por parte de los poderosos hacia el mundo civil.
    Analiza pues, de forma pedagógica y con claras intenciones políticas el cine por géneros. Así, desde el cine de catástrofes (como metáfora de la neurosis colectiva norteamericana) que refleja el miedo a ser atacados que sufrió la población en la Guerra Fría, hasta las películas que expresan el horror de la Guerra del Vietnam. Hace una enumeración del género bélico y ensalza Apocalypse Now(Francis Ford Coppola, 1979) como la mejor película que refleja el sin-sentido y la locura de la guerra. También hace un balance de la conexión entre el cine y la publicidad, entre este cine sin pretensiones y de claro contenido ideológico del establishment, y la seducción que provoca la publicidad. La importancia de adaptarse la expresión cinematográfica a las circunstancias del momento, pero no para ser crítica con la situación, sino para evadir de los problemas a la población civil. Así, en momentos en los que la violencia se adueña de las calles comenzaron a aparecer en la pequeña pantalla series que glorifican la labor policial, y ofrecen tranquilidad frente al caos imperante (ejemplos como los de Kojak o Colombo son los que elige Ramonet para representar a esta línea argumental).
    Este francotirador contra el poder del capital, en concreto el norteamericano, ha abogado siempre por una independencia europea del control económico y artístico de EEUU[3]. Así, y enfocando más la atención hacia el cine francés –segunda patria suya, ya que su lugar de nacimiento es Pontevedra– ensalza en el capítulo dedicado al cine militante[4], que resulta ser el mejor apartado del libro y en el que expresa su punto fuerte; narra con concisión la evolución del cine militante. Faltan algunos nombres importantes, como Ken Loach y Roberto Rossellini, pero merece sobradamente su lectura. También refleja en un capítulo esta necesidad de diferenciación del cine europeo, pero también su inevitable influencia del cine hollywoodiense en los spaguetti westerns, siendo su máximo exponente Sergio Leone, que a través de la imagen y de los primeros planos sabe como provocar una apabullante tensión y da lección a muchos arrogantes de lo que es el Cine .
    El neocapitalismo como forma de poder a través del mercado, en el que a través de la seducción[5] se consigue desviar la atención del consumidor hacia nimiedades e intereses partidistas, es lo que siempre le ha interesado a este politólogo denunciar, sea en su vertiente periodística o ensayística, como en este caso.



    [1] Para saber más sobre este polifacético autor visitar  http://www.rebelion.org/autores.php?id=1 y los artículos en su propio periódico, como el siguiente, referido también al poder de los mass media.
    [2] Este mismo autor tiene un monográfico sobre este tema : Internet, el mundo que viene, ed. Alianza, Madrid 1998.
    [3] Sobre este tema hay innumerable bibliografía, siendo el libro más destacado el que escribió Huy Hennebelle llamado Los Cinemas Nacionales contra el imperialismo de Hollywood, ed. Fernando Torres. Valencia 1977.
    [4] Sobre el cine militante hay todo un especialista en España, Andrés Linares que tiene todo un clásico en este tema: El cine militante, Ed. Castellote. Madrid 1976, que llamó a todo este fenómeno de la manipulación ideológica “industria cultural”, siguiendo la estela forjada por la Escuela de Francfort.
    [5] “Hoy sabemos, con espanto, que nuestra sumisión y el control de nuestros espíritus no serán conquistados por la fuerza sino a través de la seducción, no como acatamiento de una orden, sino por nuestro propio deseo, no mediante el castigo, sino por el nasia de placer…” pág 37 de Golosina Visual, Ignacio Ramonet, Ed. Debate. Madrid 2000.

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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