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    sábado, 18 de junio de 2011

    Nicholas Carr: “El interés de Google, tanto ideológico como económico, es mantenernos en un estado de distracción perpetua.”

    En su último libro Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?el periodista estadounidense Nicholas Carr indaga sobre el efecto que vivir en la red ha tenido sobre nuestras memorias, nuestra capacidad de concentración y la forma de concebir la cultura. Aquí, una reseña del libro y una entrevista con el autor.
    POR ANDRÉS HAX - ahax@clarin.com

    NATIVOS DIGITALES. Según Carr la cultura del libro esta siendo rápidamente desplazada por la pantalla. (AP)
    Según Carr la cultura del libro esta siendo rápidamente desplazada por la pantalla. (AP)
    Si usted no pertenece a la generación de los nativos digitales pero ha estado usando Internet por diez años o más es posible que sufra de los siguientes síntomas: inhabilidad para concentrarse por largos períodos de tiempo (por ejemplo para leer un libro); lapsos preocupantes de desmemoria; impaciencia general. Si es así, es recomendable que lea el libro Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, recientemente publicado en Argentina, y donde el periodista especializado en tecnología Nicholas Carr explica cómo estos síntomas son resultado directo de participar en la sociedad en red. A partir de este análisis se amplía a dibujar una crítica cultural mucho más salvaje, por la que afirma que estamos entrando en una “nueva ética intelectual".
     Aunque Superficiales está repleto de fascinantes anécdotas históricas (por ejemplo: cómo la manera de pensar y escribir de Nietzsche cambió al empezar a usar una máquina de escribir) y científicas, junto con amenas divagaciones personales del autor hay, en su centro, una respuesta al por qué del fenómeno de la distracción inducida por Internet. Tiene que ver con recientes descubrimientos de neurólogos sobre cómo funciona la memoria. Específicamente, la respuesta está en cómo las diferentes maneras que actúan nuestras memorias a largo plazo versus las de corto plazo. La explicación minuciosa ocupa un capítulo entero del libro de Carr, pero una síntesis se puede ver en el siguiente párrafo:
    Cuando almacenamos nuevos recuerdos a largo plazo, no limitamos nuestros poderes mentales. Los fortalecemos. Con cada expansión de nuestra memoria viene una ampliación de nuestra inteligencia. La Web proporciona un suplemento conveniente y convincente para la memoria personal, pero cuando empezamos a usar Internet como sustituto de la memoria personal, sin pasar por el proceso interno de consolidación, nos arriesgamos a vaciar nuestra mente de sus riquezas.
     Este capítulo, llamado Busca, memoria y el antecedente, La iglesia de Google, son el corazón de Superficiales. En el primero, Carr hace un magistral resumen sobre la historia de la ciencia de la memoria y un análisis de cómo el uso de Internet puede alterar, físicamente, la construcción interna de nuestros cerebros. En el capítulo sobre Google, explica el modelo de negocios de esta extraordinariamente poderosa empresa y también cuales son sus planes para el futuro. Esto es fundamental porque, por ahora, Google domina arrasadoramente el paisaje de Internet. Además, el funcionamento de Google (su buscador y todos sus emprendimientos desde Google Books a Google Earth) fomenta nuestra tendencia a la disctracción porque eso es lo que le conviene: más páginas vemos, más avisos pueden vender; y también más información pueden cosechar sobre nuestrós hábitos online.
     La tercera parte excepcional del libro está en sus notas y lecturas recomendadas. De esos títulos uno se podría armar un seminario sobre la historia de la lectura, de la tecnología, el cerebro y el libro.
     Superficiales no es un libro apocalíptico, pero sí suena una fuerte alarma. Carr (nacido en 1959) estudió literatura en la universidad pero estuvo involucrado apasionadamente –de manera personal– con el auge de la PC y con Internet. No desprecia los mundos que se pueden abrir con un buen uso de la Red. Pero, en su visión más pesimista, la cultura de Internet es radicalmente opuesta a la cultura del libro. Y la cultura del libro –señala reiteradamente Carr en su libro– es lo que construyó la ética intelectual en la que hoy vivimos. Si cambiamos esa por una nueva ética de fragmentos, de lo audiovisual por encima del texto, por la memoria relegada a dispositivos externos… ¿qué pasará entonces? Sólo se puede especular. Pero el pronóstico es oscuro.
     Carr contestó, por correo electrónico, unas preguntas de Ñ Digital. (Respondió al pedido inicial de la entrevista en menos de cinco minutos):
     Su libro traza los comienzos de una "nueva ética intelectual". Siempre resalta un perfil optimista de los fenómenos que describe pero en su corazón ¿piensa que estamos entrando en un periodo cultural oscuro?
    A pesar de todos sus beneficios, no creo que Internet —o los medios digitales en general— sean sanos para la cultura. La tecnología enfatiza la eficiencia, la conveniencia y la velocidad. Pero el desarrollo cultural requiere atención, calma y contemplación. La red fomenta el consumo rápido, lo cual es antitético a la creación de una cultura rica.
     Usted es un lector de literatura. ¿Hay un novelista que haya logrado representar esta era de la Red, tanto en el contenido como en la forma de su obra?
    En cuanto a la forma, creo que el fallecido David Foster Wallace capturó en su prosa algo de la fuerza abrumadora de sobrecarga mediático que sufrimos y cómo eso nos lleva a ser consumidores de información. En cuanto al contenido, dos novelas recientes que he leído —A Visit from the Goon Squad, de Jennifer Egan y Super Sad True Love Story, de Gary Shteyngart— ambas se conciernen con las consecuencias de la Red para nuestras vidas interiores. Ninguno de estos libros, tendría que agregar, es optimista sobre el futuro de la escritura y la lectura serias.
     Google ha aplicado el "taylorismo" a nuestras conciencias y la ambición de esa empresa es nada menos que crear la inteligencia artificial. ¿Tendríamos que aterrorizarnos por Google?
    No creo que debiéramos aterrorizarnos por Google, pero sí preocuparnos por la empresa y su poder. Google tiene una mirada estrecha sobre las posibilidades del intelecto humano; una que no tiene en cuenta las alegrías del pensamiento meditativo y solitario. Y esta inclinación se refleja en los servicios que provee. Esta en el interés de Google, tanto ideológico como económico, mantenernos en un estado de distracción perpetua y distraídos por corrientes entrantes de información. Google no quiere que nos desaceleremos y seamos pensativos.
     ¿Después de diagnosticarse con un problema de atención debido a la Red, tomó algunas medidas para atacar los síntomas?
    Cerré mis cuentas de Twitter y Facebook y he intentado limitar mi uso de la Red, pero no he sido del todo exitoso en eso. El hecho es que la presunción de conectividad constante ya es parte de las normas sociales y es difícil extraerse de este imperativo tecnológico. Ya no es un tema de elección personal.
     Después de publicar su último libro, Kevin Kelly dijo que sería el último libro impreso que publicaría. ¿Se ve diciendo lo mismo en algún momento?
    Desde ya, espero que no.
     ¿Vislumbra un momento en el futuro en cual la tecnología será autónoma?
    No veo ningún signo que indica que la tecnología se está acercando a la autonomía. Si sacas a todos los seres humanos de la Tierra, en poco tiempo todas nuestras tecnologías dejarían de funcionar. Siguen siendo completamente dependientes de nosotros. Mi miedo no es que las tecnologías tomen comando, sino que mientras nosotros –los seres humanos–nos volvamos más dependientes de las tecnologías para comunicarnos y para pensar, nos vamos a convertir en algo más parecido a las máquinas y menos como los humanos. Entonces, en ese sentido, seremos formados por las herramientas que usamos, como sucedía en el pasado.
    El lado oscuro de Internet


    En “¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes superficiales?”, el ensayista norteamericano Nicholas Carr alerta sobre la manera en que el uso abusivo de la red puede alterar algunas facultades del cerebro como la capacidad de concentración, a la vez que indaga sobre el efecto que ha tenido sobre la cultura.


    La tesis central de la nueva obra del autor de títulos como “El gran interruptor” y “Las tecnologías de la información ¿Son realmente una ventaja competitiva?” es que los nuevos dispositivos tecnológicos están afectando la manera que la gente piensa y hasta la composición física del cerebro humano.

    “Cuando almacenamos nuevos recuerdos a largo plazo, no limitamos nuestros poderes mentales. Los fortalecemos. Con cada expansión de nuestra memoria viene una ampliación de nuestra inteligencia. La Web proporciona un suplemento conveniente para la memoria personal, pero cuando empezamos a usar internet como sustituto de la memoria personal, sin pasar por el proceso interno de consolidación, nos arriesgamos a vaciar nuestra mente”, sostiene.

    El título de la obra, editada por el sello Taurus, surge de un artículo publicado por el investigador en la revista The Atlantic que instaló el debate acerca de las bondades y déficits de internet: “¿Estamos sacrificando nuestra capacidad para leer y pensar con profundidad?”, planteaba el autor en esa publicación.

    “Durante los últimos años he tenido la sensación incómoda de que alguien, o algo, ha estado trasteando mi cerebro, rediseñando el circuito neuronal, reprogramando mi memoria. Mi mente no se está yendo —al menos que yo sepa— pero está cambiando”, describía el ensayista en ese texto.

    Años después de escribir aquel artículo Carr –uno de los pensadores más conocidos en el campo de las nuevas tecnologías- decidió dedicarle al tema un espacio más extenso: el resultado de este abordaje más riguroso es “¿Qué está haciendo internet …”, una obra que plantea como premisa fundamental la disolución de la mente lineal.

    Desde el prólogo, que lleva por título “El perro guardián y el ladrón”, el autor se propone indagar en aquel viejo concepto “Comprender los medios de comunicación: las extensiones del ser humano”, que el filósofo canadiense Marshall McLuhan acuñó allá por 1964.

    “Lo que se ha olvidado en nuestra repetición de este aforismo enigmático es que McLuhan no sólo estaba reconociendo (y celebrando) el poder transformador de las nuevas tecnologías de la comunicación. También estaba emitiendo un aviso sobre la amenaza que plantea este poder, y el riesgo de no prestar atención a esta amenaza”, escribe Carr.

    Sin embargo, “ni siquiera McLuhan podría haber anticipado el banquete que nos ha proporcionado internet: un plato detrás de otro, cada uno más apetecible que el anterior, sin apenas momentos para recuperar el aliento entre bocado y bocado”.

    Para el autor, la disolución de la mente lineal viene precedida de otra realidad, la neuroplasticidad, es decir la idea de que el cerebro no es un órgano inmutable que se cierra definitivamente en la adultez. Y cita al psicólogo británico J.Z.

    Young, para quien “el tejido nervioso parece dotado de un extraordinario grado de plasticidad”.

    A propósito, Carr pone como ejemplo al filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien preocupado por sus problemas visuales decidió comenzar a utilizar una máquina de escribir y al cabo de un tiempo fue capaz de tipear con los ojos cerrados.

    “Pero el dispositivo surtió un efecto más sutil sobre su obra. Uno de los mejores amigos de Nietzsche, el escritor y compositor Heinrich Köselitz, notó un cambio en el estilo de su escritura. La prosa de Nietzsche se había vuelto más estricta, más telegráfica. También poseía una contundencia nueva, como si la potencia de la máquina […] se transmitiera a las palabras impresas en la página”, sostiene el ensayista norteamericano.

    Carr advierte sobre la transformación de sus propios hábitos de lectura tras la irrupción decisiva de internet: “No pienso de la forma que solía pensar –se lamenta-. Lo siento con mayor fuerza cuando leo. Solía ser muy fácil que me sumergiera en un libro o en un artículo largo”.

    “Mi mente quedaba atrapada en los recursos de la narrativa o los giros del argumento, y pasaba horas surcando vastas extensiones de prosa. Eso ocurre pocas veces hoy. Ahora mi concentración empieza a disiparse después de una página o dos”, advierte.

    A través de análisis que incluyen el aporte de especialistas en disciplinas como la Neurología y la Educación, Carr sostiene que la diaria entrega a las multitareas digitales está incidiendo en la manera de conocer de toda una generación.

    En su ensayo, el autor afirma que "neurológicamente acabamos siendo lo que pensamos", una afirmación que no perfila de manera muy optimista el futuro del ser humano, dado que la red no permite razonar con la misma profundidad que un libro.

    El autor postula que el cerebro, “como demuestran las evidencias científicas e históricas, cambia en respuesta a nuestras experiencias, y la tecnología que usamos para encontrar, almacenar y compartir información puede, literalmente, alterar nuestros procesos neuronales. Además, cada tecnología de la información conlleva una ética intelectual”.

    Así como el libro impreso servía para centrar nuestra atención, fomentando el pensamiento profundo y creativo, internet fomenta el “picoteo rápido y distraído de pequeños fragmentos de información de muchas fuentes", según advierte Carr.
    http://www.diariobuenosaires.com.ar/nota2.asp?IDNoticia=37100


    Pero escuchemos al propio Carr en estas frases que entresaco, en este caso, de una de las entrevistas que concedió. En concreto, al diario ABC:

    "Como sociedad, estamos despreciando las viejas humanidades porque no tienen una rentabilidad inmediata, estgamos devaluando lo que solía ser el centro del pensamiento intelectual: el pensamiento profundo y creativo de los científicos y pensadores." 

    Esta tendencia no la ha creado Internet, aunque sí la ha acelerado, a la vez que ha dado origen a una de las mayores paradojas de nuestra época: jamás en toda la historia de la humanidad una persona corriente ha tenido más fácil y más barato el acceso a todo tipo de informaciones (y por tanto a su propia formación y enriquecimiento como persona) y no obstante jamás en esa misma historia encontramos mayor número de analfabetos funcionales, gente que es además muy influenciable y fácilmente manipulable (y lo es más cuanto má tiempo permanece frente a la pantalla). Lo que demuestra que lo importante para adquirir sabiduría no es la cantidad de información a nuestra disposición sino la capacidad para comprender y digerir esa información.


    "Preocupan las consecuencias sociales porque lo que sabemos acerca de la mente es que buena parte de las vías de pensamiento más profundas, conceptuales y críticas sólo son posibles y se manifiestan cuando nos aislamos, lejos de todo tipo de distracciones. Pero ahora, con Internet, somos inducidos a participar en una distracción permanente. Sacrificamos algunas de las bases del pensamiento profundo por algo más banal (...) ves gente que disfruta de la distracción, el entretenimiento, la diversión. No se trata de un Gran Hermano imponiendo algo, somos nosotros, disfrutando quizá de ser superficiales. Internet desincentiva el pensamiento profundo, consique que nos desentendamos del pensamiento crítico porque dedicamos todo el tiempo a los placeres, a picotear informaciones o interactuar socialmente."


    Como si fuéramos chimpancés, en lugar de utilizar Internet para aprender y crecer, dedicamos a jugar el 90 por ciento (o más) del tiempo que permanecemos allí. Jugamos a relacionarnos con los demás en las redes sociales (relaciones virtuales que la mayor parte de las veces no van a ninguna parte), jugamos a debatir como grandes pensadores o intelectuales (aportandolinks de noticias o webs donde alguien apoya los argumentos que nos gustan en lugar de desarrollar nosotros nuestros propios argumentos), jugamos al sexo (es increíble que el mayor porcentaje de búsquedas de Internet, con enorme diferencia, siga girando en torno a esta actividad practidada de manera virtual -¡con lo divertida que es en el mundo real!-), jugamos a ser importantes y tener nuestros diez minutos de fama (publicando en cualquier parte lo primero que se nos ocurre, sin reflexión previa), etc.  En resumidas cuentas, jugando perdemos algo esencial para nosotros, aunque la mayoría de las personas no se den cuenta hasta que es demasiado tarde: tiempo. No nos sobra.


     * "Mi experiencia personal con Internet me ha llevado a una cierta desilusión (...) he sido un gran usuario (...) cancelé mis cuentas en Facebook y Twitter(...) aunque todavía uso Internet para búsquedas, investigación y entretenimiento (...) Me puedo considerar como alguien que lo ha utilizado mucho y ha llegado a darse cuenta de que lo que estaba perdiendo era más importante que lo que ganaba. En los veinte años que llevamos desde que se inventó la 'World Wide Web' ha habido una especie de triunfalismo, de utopía, sin pensar críticamente en los efectos que puede tener en nosotros."


    Carr hace referencia aquí a un uso racional de Internet. La cuestión no esInternet Sí vs Internet NO, sino el grado de dependencia en el que podemos acabar cayendo, de la misma forma que podemos ser adictos de los videojuegos o de la televisión. En general, cualquier pantalla ejerce un efecto muy peligroso, de hipnosis inmediata, sobre nuestro cerebro. Lo que vemos aparentemente como una imagen plana que reproduce colores, letras, imágenes..., es en realidad una superficie que emite un montón de pulsos lumínicos a una velocidad demasiado grande como para que podamos apreciarla pero con una regularidad y eficacia perfectas para hacernos caer en la inconsciencia sin que nos demos cuenta de ello.


    "Leer en una pantalla, aunque sea la misma cosa, es una experiencia muy diferente que leer un libro. Un libro es una tecnología e Internet es otra. Cuando abres un libro la característica esencial es que te aíslas del entorno y de todo tipo de distracciones. Enfocas tu atención en una historia o un argumento durante un período de tiempo, lo que para los seres humanos es una forma natural de pensar. El libro nos enseña a prestar atención. En el momento en que lo pones en la pantalla ya no aíslas al lector de otras distracciones con mensajes, videos, audios, e-mail, Facebook..."


    Abundando en la idea anterior... Y básicamente un buen argumento a la hora de explicar por qué no tengo entre mis prioridades la de adquirir un e-bookaunque las paredes de mi apartamento estén forradas de estanterías desde el suelo hasta el techo. 

    *"Sólo a través de una rica memoria personal obtendrás riqueza intelectual, conocimiento, porque se establecen conexiones entre lo que conoces, lo que has vivido y experimentado. Cuando sólo te basas en conexiones externas pierdes tu propia identidad." 

    Ya lo dice la canción: "La belleza está en el interior..."  Pero, sí, el mundo interno debería ser nuestro principal objetivo: su exploración, conquista y disfrute. Sin embargo, la inmensa mayoría de personas (y desde luego con mayor razón si son usuarias habituales de Internet) han errado el tiro y sólo dirigen su atención hacia el mundo exterior. De esta forma se convierten en sus esclavos y luego se lamentan amargamente, aunque podrían liberarse con suma facilidad con sólo apagar el interruptor, donde dice off.
    http://facilparanosotros.blogspot.com/2011/03/en-un-mundo-cada-vez-mas-interconectado.html

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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