728x90 AdSpace

alojamiento wordpress
  • Más Nuevos

    viernes, 20 de mayo de 2011

    LA MIRADA DE ULISES (Theo Angelopoulos) Grecia, 1995


    Dirección: 
    Theo Angelopoulos. 
    Intérpretes: Harvey Keitel (A), Maïa Morgenstern (Las mujeres de Ulises), Erland Josephson (Conservador de la cinemateca), Yorgos Michalakopoulos (Nikos, el amigo periodista), Thanassis Vengos (El taxista), Dora Volanaki (la señora mayor). País: Francia-Italia-Grecia. Año: 1995. 
    Argumento: Libremente inspirado en La Odisea, de Homero. Guión: Tonino Guerra, Theo Angelopoulos, Petros Markaris y Giorgio Silvagni. Música: Eleni Karaindrou. B.S.O.: ECM New Series.Fotografía: Yorgos Arvanitis. Dirección artística: Yorgos Patsas y Miodrag Mile Nicolic. Montaje: Yannis Tsitsopoulos. Duración: 176 minutos. 

    Premios principales: Gran Premio del Jurado y Premio Fipresci de la Crítica Internacional en el Festival de Cannes de 1995. Nasti d’Argento de la crítica italiana al mejor director extranjero. Premio Sant Jordi 1996 a la mejor película extranjera. Nominación al Premio Goya 1996 a la mejor película europea. 

    Gran Premio del Jurado en el Festival de Cine de Cannes 1995. Obtuvo también el Premio Fipresci de la Crítica Internacional y es, con justicia, una película valorada por la crítica, cinéfilos y amantes del arte en general, pero de difícil asimilación para un público mayoritario, tan abotargado hoy por ciertos productos norteamericanos de consumo.
    Estructurada en lo básico como La Odisea, cuenta la vuelta de A. (Harvey Keitel), cineasta exiliado en EE.UU., a su ciudad natal de Grecia, para asistir a la proyección de una de sus películas políticamente más conflictivas; pero su principal interés está en encontrar la primera película de los hermanos Manakis, documental e historia de los últimos 50 años de los Balcanes. En su búsqueda, en su odisea, su mirada recogerá la vida —actual y el recuerdo— de diversas ciudades, de Grecia, Albania, Macedonia, Bulgaria, la frontera entre Serbia y Rumania: el Danubio, el Drina... hasta llegar a Sarajevo, donde alcanza su deseo, y encuentra en sí mismo tal vez, cerrando la mirada, un mundo ya perdido, su autobiografía y la de muchos otros... Ante tanta muerte y destrucción, odio entre razas, parece perderse la capacidad de ver, y se quedan los ojos de A. —del hombre— como ciegos, confundidos: «Nuestro siglo comienza y acaba en Sarajevo», dice Angelopoulos, y cita a T.S. Eliot como conclusión: «Cuando el principio y el final se confunden, la historia no nos ha enseñado nada». Tal vez no sea cierto.
    Así, La mirada de Ulises es un lento y largo viaje, ensimismado, en el que la mirada interior parece ponderar, cada vez más abrumada, el porqué de tanta ruina. En este viaje de A. hay lugar para la amistad, nunca perdida, y para el amor nunca alcanzado: Una mujer distinta (siempre interpretada por la actriz Maïa Morgenstern) aparece fugazmente junto a A. en todas las ciudades por las que pasa. Paisajes desolados, ciudades desiertas, escombros, fuegos, lejano sonar de bombas, lento fluir de ríos... como si no desearan nunca llegar. Perfiles y sombras, contrastes trágicos, tanto, que parece estar viéndose todo en blanco y negro. Apenas hay palabras. Todos los lenguajes y técnicas narrativas están presentes en esta magna realización.
    Angelopoulos —autor desde 1965 de una docena de obras— ha llevado a cabo una obra perdurable, no condicionada a este tiempo de guerra, aunque de él tome su vívida experiencia. Memorables secuencias, largamente sostenidas, quedarán sin duda como perfectas muestras de narrativa cinematográfica. La destrucción humana, que el espectador ve junto al sobrio protagonista, no es tanto una desesperanzada definición del hombre, sino comprensible tristeza tras la muerte de esta amplia patria, que habrá de ser restaurada, sobre todo expulsando de ella el odio. Más adelante, cuando la mirada de Angelopoulos se ilumine con la fe, habrá de componer un canto de esperanza.
    http://cineclubimaginario.blogspot.com/2007/11/la-mirada-de-ulises-theo-angelopoulos.html



    La mirada de Ulises


    No es fácil dar una lectura de Το Βλέμμα του Οδυσσέα (La mirada de Ulises, Theo Angelopoulos, 1995), sin perderse en los innumerables vericuetos que este film esconde. Esta verdadera odisea cinematográfica de 170 mins. de duración nos cuenta la historia de un cineasta griego (Harvey Keitel) que vuelve a su país tras 35 años de ausencia, con el encargo de localizar tres bobinas cinematográficas que al parecer contienen las primeras imágenes rodadas por los dos pioneros del cine griego Miltos y Yannakis Mannakis, bobinas que nunca fueron reveladas para su visionado. La accidentada búsqueda de estas tres míticas bobinas llevará al cineasta, hundido en una crisis de creatividad, a un viaje por la convulsa geografía de los Balcanes, a un reencuentro con su país y su cultura, así como a un reencuentro consigo mismo y su memoria. En un contexto real de confrontación bélica, Angelopoulos convirtió este ambicioso argumento en una obra maestra. He aquí unos cuantos apuntes sobre el film.
                  


     

    Se corre el peligro de interpretar este largometraje apoyándose únicamente en las abundantes referencias homéricas que la película va desgranando. El cineasta es, por supuesto, una transfiguración de Ulises; la confrontación entre conservadores y progresistas en Grecia así como la Guerra de los Balcanes son trasunto de la guerra de Troya; el asedio a Sarajevo, un trasunto de la misma Troya; las bobinas no serán ni más ni menos que el hogar de Ulises, su Ítaca; las mujeres a las que sucesiva e infructuosamente el cineasta trata de amar son la esquiva Elena (y la Hélade, por extensión); la gigantesca estatua de Lenin que remonta el Danubio a bordo de un carguero es un trasunto del cíclope al que Ulises vence, y a su vez símbolo de la caída del comunismo en Europa; la lista es interminable, podríamos proseguir indefinidamente, sin rozar siquiera el contenido del film…
                 
     

    En 1995, y en paralelo al rodaje y estreno del la película, se produjo la celebración del primer centenario del cine, y sin embargo, la introducción en la trama de la película de las bobinas de los Mannakis no parece un pretexto para un nostálgico homenaje al cine, o al menos no únicamente eso. Angelopoulos sugiere que la aparición del cine entre las frágiles fronteras de su país es únicamente la antesala de un periodo histórico convulso: la primera guerra de los Balcanes, la I Guerra Mundial, la Segunda, el ir y venir de las dictaduras militares, la implantación del comunismo, su posterior caída, y finalmente la herida abierta del conflicto étnico en la antigua Yugoslavia.


     El guión de la película tiene la virtud de integrar la cuestión histórica superponiéndola al drama personal del protagonista en busca de su identidad, a las mencionadas referencias homéricas, y a la dramatización de determinados episodios biográficos de los hermanos Mannakis. Todos los elementos se desdoblan y se hacen eco mutuamente con unas imágenes en las que Angelopoulos mezcla magistralmente el relato histórico con la memoria y los sueños y del protagonista.




     A un cierto tono documental (imágenes reales de ciudades desoladas de varios países) se suma el fluir puramente simbólico y poético de cada una de las secuencias. Con ello se nos advierte que la mayor parte de los personajes no deben entenderse sino como arquetipos. Es lo que explica que la actriz Maia Morgenstern encarne por sí sola a las cuatro mujeres con las que el cineasta entabla desiguales relaciones amorosas: cada una de ellas no es sino la entrevisión de un mismo ideal, al cual el cineasta siente que no podrá atender hasta que no recupere la inocencia de su propia mirada, que considera cifrada en esas tres míticas bobinas.



      De Atenas (Grecia) a Skopje (Macedonia) por carretera; de Sofía (Bulgaria) a Bucarest (Rumanía) en tren; y ascendiendo el Danubio, hasta Belgrado y Sarajevo (en la antigua Yugoslavia); estas son las principales escalas del viaje. Por el camino, el cineasta encontrará el amor, hará amistades y se reencontrará con viejos amigos, pero el protagonista no permanece con ninguno de ellos, porque su viaje es una pregunta que solo alcanzará a responder soledad, y su obsesión llegará a transformarse en trance. El simbolismo inherente a todo viaje -que ya glosó Kavafis en su famoso poema- tiene su correlato en una reflexión acerca de los procesos migratorios, las identidades nacionales, y el absurdo de las fronteras. Como las bobinas sin revelar, y como el viaje del cineasta, la cultura en cambio se mueve de un lugar a otro, errabunda y sabia.
     Las indagaciones del cineasta le llevan finalmente Sarajevo. Cansado y enfermo logrará localizar a Ivo Levy (Erland Josephson), el último encargado de la Filmoteca de la ciudad, dedicado por entero a preservar las joyas de su archivo (como quien achica agua en un naufragio permanente) y entre ellas las tres famosas bobinas. Ante la insistencia del director de cine, Levy acepta finalizar el proceso de revelado de las bobinas.



     Mientras el baño químico hace su efecto, Sarajevo es invadida por la niebla, y el cineasta acude junto a sus nuevos amigos a celebrar su hallazgo recorriendo la ciudad en ruinas. Tal y como ocurría realmente durante el conflicto, la niebla obliga a los francotiradores a abandonar su tarea, y los habitantes de Sarajevo aprovechan para visitar a familiares distantes en el núcleo urbano, escuchar música en la calle, y en suma, recuperar su ciudad, o lo que queda de ella. Sin embargo, tan perdido en la cegadora niebla como en el interior de sí mismo, el cineasta escucha cómo a unos pocos pasos de él unos soldados fusilan al Levy y a toda su familia mientras pasean por la orilla del río.

                             
     

     Cuando el cineasta regresa a la filmoteca y finalmente proyecta las bobinas, encuentra en ellas el sentido de su viaje, de su mirada perdida, y por extensión, de “toda la aventura humana”. Las Ítacas no existen.


                         

    Después de pergeñar este artículo encontré un estudio de Pere Alberó sobre la película. Está editado por Paidós y puedo afirmar que es realmente recomendable para todo aquel que quiera profundizar en las claves del largometraje.

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

    • Blogger Comments
    • Facebook Comments

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    Item Reviewed: LA MIRADA DE ULISES (Theo Angelopoulos) Grecia, 1995 Rating: 5 Reviewed By: Santos García Zapata
    Ir Arriba