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    viernes, 20 de mayo de 2011

    La melancólica muerte del ilustrador (Edward Gorey)

    El artista Edward Gorey fue un personaje fascinante de principios del siglo XX. Con su estética perturbadora fue un referente para autores como Tim Burton.

    POR ANA PRIETO

    Los pequeños macabros. Uno de los trabajos de Gorey publicados por Libros de Zorro Rojo.

    Los pequeños macabros. Uno de los trabajos de Gorey publicados por Libros de Zorro Rojo.

    La A es de Amy, que rodó por una escaleras. La B es de Basil, atacado por unos osos. La C es de Clara, que se consumió sin remedio”. Y el abecedario llega a la Z de Zillah, “que abusó de la ginebra”. Los pequeños macabros se llama este librito extraño de edición hermosa, que acaba de llegar a la Argentina de mano de la editorial barcelonesa Libros del Zorro Rojo. Edward Gorey, su escritor e ilustrador, es considerado por muchos como uno de los grandes artistas del siglo XX. Nació en Chicago en 1925, y como su paisano H.P. Lovecraft, aprendió a leer a los cuatro años para abismarse en la literatura de Poe, de Shelley y de Víctor Hugo. Cuando salió del secundario cursó un semestre en el Art Institute de Chicago, pero le tocó irse a los cuarteles de Utah a hacer trabajo de oficina durante la Segunda Guerra Mundial. De ese tiempo le iba a quedar el infeliz recuerdo de ver cómo sus compatriotas hacían pruebas con morteros y gas venenoso.
    Después de la guerra estudió francés en Harvard, y se haría fama por su estampa de dandy atemporal, siempre excéntrico. Cuentan que usaba como mesa una lápida que él y su compañero de cuarto, el celebrado poeta Frank O’Hara, se habían llevado de un cementerio cercano. Cuentan que cuando una amiga suya estuvo internada, él la visitaba todos los días y, para distraerla, confeccionaba lánguidas muñecas de trapo que luego arrojaba dentro de la primera ventana que viese abierta de un auto estacionado. Durante sus años de estudiante fue uno de los fundadores del Poet’s Theatre de Cambridge. Diseñó el vestuario y la puesta de Try Try! de O’hara, de Drácula –que más tarde haría para Broadway–, y buena parte de los pósteres promocionales. Se fascinaba con el surrealismo francés, el teatro Kabuki y las piezas cortas y musicales del teatro Noh.
    Se fue a vivir a Nueva York y diseñó las portadas de Kafka, Proust y Conrad de la prestigiosa editorial Doubleday, para la que también ilustró textos de T. S. Eliot, Dickens, Wells y Updike. Era fanático de la danza clásica y no se perdió ni una sola función del New York City Ballet mientras vivió en esa ciudad. Llegaba enfundado en un abrigo de piel de mapache y con sus zapatillas Converse, que puso en los pies de uno de sus personajes más famosos, El huésped dudoso, de 1957.
    Como no encontraba a nadie interesado en publicar su primer libro, El arpa sin encordar, creó su propia editorial, Fantod Press en 1953 y lo editó artesanalmente. No fue hasta 1967 que sus libros encontraron compradores cautivos a través de la librería de un amigo suyo. Y se convirtió en un profeta en su tierra. Un profeta de culto.
    Sus libros ya habían llegado a la Argentina en formato bilingüe por editorial Valdemar y si se buscan bien aún pueden conseguirse. Pero lo que Zorro Rojo está haciendo ahora es publicarlos tal y como Gorey los concibió originalmente: en pequeño formato. Sucedió que su creciente popularidad y los stocks vacíos lo llevaron a compilar su extensísima obra –más de cien libros– en cuatro tomos, llamados Amphigorey. Pero hasta ese punto él hizo libros pequeñitos, objetitos que se pierden en una biblioteca, tal y como sus criaturas se pierden en la arbitraria crueldad de los hombres, en la desidia y en los males del siglo.
    Cómo era ser niño
    “No sé si de verdad recuerdo cómo era ser niño”, dijo una vez Gorey. “En mi obra uso mucho a los niños, porque son tan vulnerables”. Los pequeños macabros, su abecedario sombrío, es una de sus creaciones más célebres. Cuenta las circunstancias en las que veintiséis niños pierden la vida en accidentes, por la mano oscura de un adulto, o por algo que bien podría pasar por un suicidio. Quienes hayan leído el libro La melancólica muerte del chico ostra de Tim Burton, mucho más famoso que Edward Gorey, no podrán evitar encontrar una resonancia, que no es otra cosa que un homenaje. Gorey fue el precursor de todo lo que más tarde se convertiría en la inconfundible estética del cineasta Tim Burton(El joven manos de tijera). Pero donde Burton es tierno, ligero y llorón, Gorey es lacerante, irónico y perturbador.
    En El dios de los insectos, la pequeña Millicent Frasley desaparece mientras juega en el parque. La niñera enloquece y nadie puede sacarle una pista de lo ocurrido. Los padres en su mansión victoriana apretujan sus pañuelos y esperan en silencio. En La niña desdichada, Charlotte Sophia muere a causa de un amargo malentendido. Y hay algo que se pierde sin remedio cuando se ha traducido a Gorey, y son sus rimas, su métrica en quintillas: la descripción de los destinos más horribles con la melodía de los juegos infantiles. Gorey es también un irreverente. Un incorrectísimo.
    Los otros libros que llegaron al país son El huésped dudoso, El zoo absoluto, El Wuggly Ump, La bicicleta epipléjica y El ala oeste, el único sin textos, donde los personajes son las estancias de una mansión solariega: el papel tapiz que se despega, el encaje de un vestido que se ve tras una puerta, un hombre desnudo mirando a la distancia, una niña grande que gatea. Uno se pierde por largos minutos en los detalles de esas ilustraciones blanco y negro del tamaño de la palma de la mano. Algo curioso: Gorey nunca elige los primeros planos: a quien le toca manejar el zoom es al lector.
    Su obra incluye también piezas cómicas y “libertinas”, como El cuento de la chica recién desflorada. Un manual de etiqueta, en el que Gorey, bajo el seudónimo de Hyacinthe Phypps, da consejos a muchachas que acaban de perder la virginidad. O El sofá curioso, sobre una jovencita ingenua que se deja seducir por un hombre, por su tía y después por todos los amigos de ambos. O el patético Infante piadoso sobre un pequeño fanático religioso.
    Edward Gorey murió en el año 2000 y terminó sus días en Cape Cod, Massachussets, en una casa que hoy es un museo y también un afluente de merchandising. Vivió en completa soledad, salvo por sus gatos, por sus niñitos acechados por la muerte, y por una familia de mapaches que había hospedado en el ático, arrepentido de haber usado sus pieles durante tantos años.
    http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/melancolica-muerte-ilustrador_0_481752026.html


    Edward Gorey siempre

    Edward Gorey (1925-2000) ha sido uno de los artistas gráficos más importantes de Norteamérica.  Fue un lector precoz, ya que, según propia confesión, a los tres años ya había leído Drácula y Alicia en el país de las maravillas, a los que seguiríanFrankenstein y las novelas de Agatha Christie, autora por la que mantendría una rendida admiración a lo largo de su vida. La predilección por lo gótico, las historias de crímenes, los mundos absurdos y oníricos se  evidencia  en sus obras. Tras unos años como diseñador de libros, comenzó a crear sus obras y a publicarlas  en su propia editorial, Fantod Press: El arpa sin encordar (1953), El desván del listado (1954), El invitado incierto (1957) y El ejemplo práctico (1958) fueron sus primeros libros.
    Las ediciones casi artesanales, de muy corta tirada, mantuvieron el nombre de Edward Gorey en los límites de un autor de culto para una minoría. Fue a partir de 1972, con la publicación de la antología Amphigorey - a la que siguieronAmphigorey también (1974) y Amphigorey además (1983)- cuando empezó a ser conocido y admirado por un público amplio. Libros como El ala oesteLa pareja abominable o Los pequeñines macabros fueron inmediatamente reconocidas como obras maestras. Obras maestras inclasificables, híbridos del cómic, la novela sin palabras, el álbum de viñetas, en las que admirar un   estilo inconfundible,  minucioso y detallista, admirado por Tim Burton. La parte textual es un continuo ejercicio de nonsenselimericks y  absurdo surrealista para desarrollar argumentos macabros con enormes dosis de humor negro. Y  la parte gráfica, próxima a los collages de Max Ernst, es una evocación anacrónica de los tipos y ambientes victorianos (o de la estética de los Wiener Werkstätter, como en El hechizo de hundimiento). Porque en Edward Gorey se mezcla la erudición y el gusto por la cultura popular, el refinado lector de La historia del príncipe Genji y el consumidor compulsivo de series televisivas.
    La editorial Valdemar ha publicado Amphigorey,Amphigorey tambiénAmphigorey además y Amphigorey de nuevo, en la colección Avatares. Son ediciones bilingües, muy cuidadas, con traducción y magníficos prólogos de Óscar Palmer Yáñez, de los que hemos obtenidos buena parte de los datos para esta presentación. Recientemente, la editorial El Zorro Rojo ha comenzado a publicar los libros de Edward Gorey en un formato parecido al  original.

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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