728x90 AdSpace

alojamiento wordpress
  • Más Nuevos

    miércoles, 2 de febrero de 2011

    Esa vaina que llaman “amor”



    Primer amor es un monólogo basado en un cuento de Samuel Beckett que, hasta hace pocas semanas, el escritor Joe Broderick interpretó magistralmente durante una temporada llena de aplausos en Casa Ensamble. Estos han sido sus pinitos en el teatro. Como lo suyo es, por encima de todo, la palabra escrita, le pedimos que nos escribiera unas líneas sobre el gran tema que aborda el monólogo: el amor.  
    Por Joe Broderick 
    Ha pasado mucho tiempo desde cuando me tocó el llamado “diable du midi”, esa comezón sexual que suele atacar al hombre en la mitad de la vida. Ahora los años se me han venido encima, liberándome para reflexionar con más calma sobre los estados amorosos. Y al repasar todos los tipos de amor, tal vez me quedaría con el no correspondido. Tiene su aspecto de frustración, por supuesto; pero también grandes compensaciones. 
    Para comenzar, es el amor más duradero. De hecho, dura toda la vida. Uno nunca deja de suspirar por el objeto de su deseo justamente porque, por definición, está siempre fuera de su alcance. Y eso no es tan malo como parece. Recuerdo cómo pasé los mejores años de mi vida con la lengua fuera, detrás de la diosa de mi ilusión; muerto de las ganas, embobado, obsesionado, casi en éxtasis. Con sólo oír su voz por teléfono, se me paraba.
    Obvio que ella nunca me lo dio; así que no me tocó asumir la otra parte: el encarte. Porque suele suceder que después de una tirada, una sola, a uno lo quieren casar. Es que hay mujeres, y creo que son bastantes, convencidas de que el acto sexual significa de por sí un compromiso definitivo. ¿Cuántas veces no les hemos oído hablar de que el hombre (mejor dicho, uno) tiene “miedo a comprometerse”? Sí, el amor correspondido trae consigo el peligro de un matrimonio. Y no hay nada más perverso para el amor que el matrimonio.
    Yo me casé una vez, y ahora mi exesposa me explica por qué el matrimonio no funciona. Describe el matrimonio –con una crudeza que, a decir verdad, encuentro un tris excesiva– como algo parecido a la unión entre un perro y una vaca. “La vaca está pensando en sus cosas –dice–: en masticar la hierba y luego echarse a rumiar. Tiene su ritmo, sus sueños e intereses. Y el perro está pensando en otras cosas; tiene otro ritmo, y otros intereses. Por tanto, el amor rara vez se resiste a una larga convivencia entre dos seres de naturalezas tan opuestas”.
    George Bernard Shaw entendió esto, y se burlaba de las bodas. “Cuando dos personas –decía– están bajo la influencia de la más violenta, la más insensata, la más engañosa y la más pasajera de las pasiones, se les requiere que juren permanecer continuamente en aquel excitado, anormal y agotador estado hasta que la muerte los separe”.
    Dejémonos de vainas, entonces, y reconozcamos que el amor siempre es interesado. Es egocéntrico. Cuando uno dice “te amo”, lo que está diciendo es “a mí me convienes”, “a mí me hace bien estar contigo”, “contemplar tu cuerpo me produce placer; tocarlo me produciría aún más placer”. A mí, a mí, a mí. Yo, yo, yo, como los niños. 
    Hablemos con franqueza: ¿cuándo está uno más ensimismado?, ¿en qué momento? En el orgasmo, ¿cierto? Durante esos segundos interminables, exquisitamente dolorosos, dolorosamente placenteros,  justo antes de llegar al clímax, ¿estás pensando en la otra persona?, ¿en tu amante? No creo. En este acto –que algunos con prurito llaman “hacer el amor”, aunque yo prefiero términos menos piadosos, más honestos, como “tirar”, por ejemplo, o “pichar”–, en esos momentos, digo, resulta imposible concentrarse en otra cosa que no sea uno mismo. 
    Lo que llaman “el amor”, entonces, parece que no es tan altruista como dicen. Pero por otro lado, ¿quién sabe? Es tan difícil ser sincero al hablar de este asunto. Y ahora que me refiero a la sinceridad, debo admitir la posibilidad de que todo lo que acabo de escribir sea mentira. Tal vez ni yo mismo me lo creo. Mejor callarme. O afirmar sólo lo cierto, otra vez con Shaw, al decir que “el amor más sincero es el amor por la comida”. Eso no lo discute nadie.
    *Escritor y traductor irlandés radicado en Colombia desde 1969.


    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

    • Blogger Comments
    • Facebook Comments

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    Item Reviewed: Esa vaina que llaman “amor” Rating: 5 Reviewed By: Santos García Zapata
    Ir Arriba