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    domingo, 9 de enero de 2011

    El siglo de Sartre (fragmento)

    Bernard-Henri Lévy 
    El siglo de Sartre (fragmento)

    A Sartre nunca le gustaron las casas. A pesar de lo que se ha dicho, fue propietario de una: el piso que compró a la muerte de su género y donde vivió diecisiete años, de 1945 a 1962, con su madre. Pero no el gustaba. Lo que no le gustaba, lo que nunca le gustó en el hecho mismo de tener una casa, es que se trata de un depósito de ser, una sedimentación de identidad y existencia. Se cree que las casas están hechas con piedras. Error: están hechas con recuerdos. Retazos del pasado, Están hechas con alma muerta y, se quiera o no, con resentimiento. Sartre sin lugar donde caerse muerto. Sartre sin domicilio fijo. El rechazo, también en esto, a todo lo que podría fijar, solidificar el ser en fusión que quiere seguir siendo. No ser, y por lo tanto no tener. Ser poco, y por lo tanto poseer lo menos posible. "










    Sartre fue el filósofo de la libertad y, especialmente en su primera época, fue capaz de decir lo esencial, muy pronto y en unos pocos libros.
    Georges-Michel Darricades

      En torno a Sartre Georges-Michel Darricades   Santiago / Cultura – PARTE IDurante los días de Mayo en París ‘68, cuando la fuerza de los estudiantes y obreros hacía temblar al gobierno, y entre los jóvenes Jean Paul Sartre repartía el periódico La Cause du Peuple, editado por él y Simone de Beauvoir, apoyando el movimiento. Un ministro sugirió a De Gaulle que ordenara detener a Sartre: "métalo preso", le dijo, y el presidente le respondió: "¡usted está loco!, ¿se imagina a Luis XIV ordenando detener a Voltaire?" Esta anécdota o parte de la petite histoire nos da una idea cabal del peso intelectual que tenía el autor de El ser y la nada incluso entre sus más enconados adversarios.
    Francia claro, en el siglo XX nos dio ni más ni menos que a Camus, Bergson, Marcel, Maritain, Mounier, Foucauld, Derrida y otros; pero Sartre es sin duda uno de los personajes más reconocidos tanto en el país galo, como en el resto del mundo.
    Más allá de las legítimas discrepancias, la prolífica obra que nos dejó Sartre provoca casi unánimemente admiración y respeto, y en cada género que aborda nos produce entusiasmo, tanto por su rigurosidad como por su alto vuelo intelectual. Así, si tomamos una sola obra por género, nos encontramos con un ensayo monumental en El ser y la nada, donde nos hace avizorar la esencia de su filosofía existencialista y su visión ontológica que completa la mirada de Heidegger; La Náusea, una novela que a pesar de su densidad logra desde la primera página que avancemos con avidez; y una obra de teatro, A puerta cerrada, nos muestra una gran acertividad en la creación de los personajes y el desgarro de estos al interactuar y mirarse en el espejo que son los otros. Todo ello tiene un cierre brillante de su primera época con el ensayo El existencialismo es un humanismo, que inicialmente es una conferencia que dicta en el Club Maintenant en París y que posteriormente se transforma en un verdadero manifiesto del existencialismo. Sin embargo, este hombre al que nada le fue ajeno, y que en muchas ocasiones hizo prevalecer "su" palabra, definió posiciones, tomó partido e influyó poderosamente en muchos hombres y acontecimientos del siglo XX… Estamos a cien años de su nacimiento y veinticinco de su muerte.
    En efecto, algunos aspectos de lo anterior se reflejan en críticas respecto de su propio pensamiento a lo largo de los años y que le han acarreado apelativos relativos a una cierta falta de consistencia, cambiante de opiniones frente a hechos de la historia –y muy especialmente durante la Guerra Fría–, para llegar finalmente a juicios dispares frente a un tema muy delicado y sensible para los franceses, como es el de la resistencia en la Francia ocupada. Todo eso además de discusiones por el fondo y la forma de controversias con pares como Camus y Merleau-Ponty.
    En esta aproximación al tema, someramente, diremos sobre las críticas a su pensamiento que Sartre no hace más que responder coherentemente a su propia filosofía: la existencia y la libertad son conceptos equivalentes; existir es ser libre, entre otras cosas, para elegir; el hombre es un proyecto hacia el futuro, "su sentido nunca está fijado, se ha de conquistar incesantemente". El hombre no es sólo producto de la sociedad (en el sentido positivo) en que vive, sino también su víctima. El hombre, al no estar predeterminado, se va haciendo y rehaciendo. La autenticidad es el estar solo, la conciencia para sí, que es ser autoconciente.
    En cuanto al tema de la resistencia, permítaseme una reflexión previa. Es verdad que la mayoría, por no decir todos los que participaron activamente en ella ya sea como "maquis" (que dicho sea de paso fueron los menos) o de otra forma, como así también los que hicieron resistencia más pasiva o sólo boicoteando algunas de las órdenes del invasor, fueron valientes y merecen respeto, consideración y homenaje de todos los hombres libres. Pero esto no quiere decir que los que por muy diversas circunstancias no participaron en ella sean ciudadanos réprobos y cobardes. Entiéndase bien, no hablo de concomitancia con el enemigo; distinto es el tema de los colaboracionistas, que sí merecen una condena generalizada, y que en su momento, después de la liberación, fueron enjuiciados, condenados por los tribunales y algunos juzgados con escarnio por los propios ciudadanos.
    Por otra parte, antes de entrar a vuelapluma a algunos hechos objetivos, no olvidemos la propia declaración de Sartre frente al tema: "No deben olvidar que no soy un resistente escritor sino un escritor resistente", o como escribe en Situaciones II, "alguien a quién se le preguntó, ¿Qué hizo durante el terror?, respondió, viví. Es la respuesta que todos podemos dar ahora".
    Incluso en edad avanzada, después de que Simone de Beauvoir le dijera: "¿de que te arrepientes?" De no haber participado, cuando podía, más activamente en la resistencia con mis amigos, le respondió.
    Pero veamos algunos hechos. La intelectualidad francesa, exceptuando a quienes estuvieron al servicio de los nazis o de Vichy, durante la ocupación, tuvo dos realidades: por un lado los que emigraron y eligieron el destierro; y, por el otro, los que permanecieron en Francia, entre estos, algunos como Jean Prévost y André Malreaux definitivamente tomaron el camino de la resistencia uniéndose a los Maquis y muriendo en combate o a las órdenes de De Gaulle en la Francia Libre, como el autor de La condición humana La Esperanza. Algunos resistieron dentro de lo posible con escritos y artículos contingentes que llamaban a la rebelión, como Camus desde el periódicoCombat. Hubo también los que publicaron poesías combativas y que pasaron a ser resistentes intelectuales (Aragón y Eluard), y finalmente varios hicieron literatura extemporánea por dignidad o para que no se apagara "la luz de Francia".
    Sartre publica, sí, publica y estrena. Eso algunos se lo lanzan como crítica. Pero acaso los otros, ¿no publicaron? Funda el movimiento Socialisme et Liberté, citado en todas las historias serias de la resistencia. También se ha dicho que en la postguerra no habría insistido en el tema del compromiso de los intelectuales, o fustigado a los que no tomaban partido o eran indiferentes frente a la suerte del género humano. Por otro lado, frente a la muerte de sus condiscípulos, amigos e incluso de varios intelectuales, parece que se le reprochara el estar vivo, el ser sobreviviente, en definitiva, no ser un héroe (El siglo de Sartre, Bernard-Henry Lévi).
    Nada de esto o aquello, Sartre hizo lo que pudo hacer, lo que supo hacer, lo que quiso hacer en una situación extrema, como muchos otros políticos, intelectuales y artistas o ciudadanos comunes que tuvieron sus momentos de grandeza y también de dudas.
    PARTE II
    Ciertamente el tema de la resistencia y la participación de Sartre en ella reviste el mayor interés y tiene un sinnúmero de variantes que se podrían abordar, sin embargo me abocaré a otro de los temas que en su momento, y hasta hoy, ha acaparado el interés. Me refiero a las polémicas con algunos de sus pares como Merleau-Ponty y, especialmente, Albert Camus.
    Las discrepancias de Sartre no son las únicas. Hubo otras memorables, como las de André Breton con Louis Aragon y las del poeta surrealista con el mismo Camus, pero ninguna de ellas tuvo la repercusión que las con Sartre.
    Mucho unió a Sartre con Merleau-Ponty, entre otras cosas, el proyecto que emprendieron creando la prestigiosa revista Les Temps Modernes, que tuvo gran influencia en los medios intelectuales y académicos; publicación que según dice Simone de Bouvoire en su novela Los Mandarines, no trataba sólo de dar un medio de expresión a la nueva escuela, sino de abrir, con una reagrupación de revolucionarios, la vía a la transformación radical de la sociedad burguesa. Pero existieron desacuerdos. La primera polémica entre ambos estuvo marcada por la salida del partido comunista de Merleau-Ponty, quien tras ello le negó la categoría histórica y la equivalencia que había establecido entre partido y proletariado.
    La segunda polémica es menos contingente pero de mayor contenido filosófico. Se concentró en cuál era la relación exacta que se establece entre situación y voluntad. Merleau-Ponty sugería que existía una dialéctica entre situación y acción, mientras que abogaba por la separación radical entre la situación considerada objetivamente y la acción decidida.
    De estos dos problemas, se deduce una cuestión intrínseca. Relación entre partido y proletariado. Merleau-Ponty reprochaba a Sartre primar la decisión del partido por sobre la del proletariado. En todo caso, tanto uno como otro, se remontaban a la tradición hermenéutica que toma al hombre como "dimensión comprensiva" –hermenéutica antropológica–; la realidad histórica queda definida por la praxis humana. Como se puede ver, la discusión se centraba en temas de filosofía de la historia (Cátedra de Filosofía de la Historia).
    El asunto con Camus, en tanto, tuvo otras aristas. Aquí las discrepancias corren por los rieles de lo humano, lo contingente y lo filosófico.
    ¿Por qué hablo de lo humano? Porque ciertamente ambos eran amigos. Y no se crea que sólo lo eran en el plano intelectual o de las ideas, lo eran también en lo liviano, en lo cotidiano, en el compartir y reírse juntos; Sartre se divertía con la simpatía simple de Camus.
    Dentro de esta amistad había algo más, un rasgo de admiración literaria respecto de posturas y actitudes que tuvo Camus. Son palabras de Sartre las siguientes: "En la obra sombría y pura de Camus, veo los principales rasgos de las letras francesas del futuro"; o la admiración por su valentía: "no se podía escribir una sola línea sin poner en peligro la vida del autor".
    En lo que se refiere a la participación de Camus durante la ocupación, hay palabras que deslindan en el homenaje. Así en Réponse, escribe: "Al estallar la guerra usted se comprometió resueltamente con la resistencia, usted vivió ese momento con mucha más intensidad y entrega que muchos de nosotros (incluido yo mismo)".
    En cuanto a lo político, también hubo ribetes polémicos, especialmente los referidos a la postura frente a la URSS y que pasaban también por esa tendencia que a veces se presenta como confusión del hecho con el derecho, como "asumir el acontecimiento consumado, simplemente porque está consumado", según Camus. Por su parte, Sartre contra argumenta que le parecen inadmisibles los campos de concentración, pero también le parece inadmisible "el uso que hace de ellos todos los días la prensa llamada burguesa".
    Las discrepancias desde el punto filosófico, que yo diría están más cerca de la ética, tienen ciertamente un mayor contenido. Su génesis, o más bien su detonante, lo situaremos en la publicación en 1951 de la obra de Camus El hombre rebelado. No olvidemos sí, que en esta discusión, filosofía y política se conjugan, se entrelazan, por lo que sus disensos filosóficos son también políticos.
    El hombre rebelado es una ácida critica al Stalinismo, especialmente a sus métodos. Y para Sartre y muchos de los miembros de la dirigencia de la izquierda oficial, los argumentos de Camus no hacían otra cosa que entregar armas a los enemigos de la URSS. Por otra parte, la muy buena crítica que el libro tuvo en varios medios de comunicación conservadores, no hizo más que ahondar el distanciamiento, siempre con el argumento de entregar armas al enemigo, y también con la forma en que uno y otro recibían a algunos disidentes de la Europa del Este; entusiasmo y solidaridad en Camus, indiferencia y desdén en Sartre.
    La crítica de los miembros de Les Temps Modernes fue implacable, aunque morigerada por Sartre en consideración con su amigo. Sin embargo, esta crítica sartreana, seamos justos, pasaba por un asunto de falta de rigurosidad de Camus en algunas de sus aseveraciones… Se le reprocha el que no siguiera haciendo literatura y escribiendo novelas, que tan bien hacía, en vez de adentrarse tan livianamente en el terreno de la filosofía. Camus se quejó del trato que se le dio, sobre todo porque que en los momentos difíciles no escatimó esfuerzos por estar en la primera línea, y los trata de censores. Sartre le hace ver su obsesión por evitar la crítica de sus obras; le recuerda que puede estar equivocado; más aún, le manifiesta la posibilidad que tuviera incompetencia filosófica.
    A ratos la polémica fue de muy alto vuelo, en el sentido de alejarse de la contingencia. Así, Camus, aborda la contraposición sartreana entre el en-sí y el para-sí, que le parece demasiado rígida. Por su parte, Sartre critica su afición por la continuidad y por la analogía y el vínculo; su desconfianza por las rupturas, que eran piedra angular del pensamiento de Camus.
    Bien, alejémonos un poco de la polémica que, aunque es de gran interés, da para muchas miradas y diversos análisis imposibles de abordarlos aquí.
    Volvamos pues a Sartre. Desde su consigna "el hombre en situación", es capaz de diferir de las propias actitudes a partir del análisis de las "condiciones particulares" y de las "situaciones concretas". A partir de los sucesos de Hungría de 1956, se aleja de la URSS ("el fracaso completo del socialismo como mercancía importada de la URSS"). Defiende a los rebeldes argelinos. Condena la guerra de Vietnam. Y participa junto a los jóvenes en París ‘68…
    Sin lugar a dudas, fue el filósofo de la libertad y, especialmente en su primera época, fue capaz de decir lo esencial, muy pronto y en unos pocos libros, como bien lo dice el profesor Pierre de Boisdeffre: "Un pirotécnico de las ideas".
    Palabras más o palabras menos, quedémonos con las de Giscard d’Estaing, cuando supo de su muerte: "Con la muerte de Sartre, se apaga la luz más preclara de Francia en el siglo XX".
    Referencias: Pierre de Boisdeffre: Historia viva de la literatura francesa de hoy. / Simone de Beauvoir: La cermonia del adiós. / Bernard-Henri Lévi: El siglo de Sartre. / Herbert R. Lottman:Albert Camus. / Annie Cohen-Solal: Sartre 1905-1980.
    __________________
    Georges-Michel Darricades. Columnista de la Corporación Proyecta América a cargo de la sección Cultura; también del Centro de Estudios Sociales Avance y en la revista Política&Espíritu.

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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