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    jueves, 20 de enero de 2011

    El comienzo del siglo XXI...

    Estos días cuando en la prensa empiezan a aparecer los resúmenes de fin de año y de los primeros diez año del presente siglo, a mi juicio hay que destacar que esta década comenzó en septiembre de 2001 con Osama bin Laden y terminó a finales de 2010 con Julian Assange, perros rabiosos que muerden al amo.
    Armas de autodestrucción
    Entrenando a los guerrilleros proafganos encabezados por Bin Laden, la CIA no pudo suponer que, una vez fuera del juego, Al Qaeda asestaría un golpe contra sus progenitores. Y que a principios de los 2000 todo el mundo viviría agitado ante la posibilidad de la guerra entre el mundo cristiano y musulmán.
    En vísperas del año 2011 se puede decir que la guerra no estalló. Hubo varias causas que la impidieron pese a las confrontaciones esporádicas entre cristianos e islamistas.
    Pero apareció otra amenaza, representada por Julian Assange y sus filtraciones de WikiLeaks. Ahora está claro que la civilización occidental, con todas las particularidades de su sociedad e ideología, puede afrontar otra guerra, que se perfila como una guerra civil.
    Por ahora nadie afirma que Assange o sus análogos fueron entrenados por la CIA con el fin de que socavar y destruir todo lo ajeno o peligroso para la civilización occidental.
    Pero los numerosos y violentos acontecimientos ocurridos de la última década descubrieron la existencia de muchos Assange de ambos sexos, siempre seguros de  tener la razón e incluso algunos muy poco instruidos.
    Esos paladines aspiraron a  imponer la libertad de información y otras libertades a las dictaduras suprimidas de Yugoslavia, Georgia, Ucrania, Tíbet, Timor o donde sea, pero siempre desde lejos, y de una forma virtual.
    En cualquier país democrático  siempre existen muchas opiniones, hay pluralismo de partidos e ideas. Pero es curioso que las únicas ideas que salen fuera de la civilización siempre pertenecen al ultraliberalismo.
    Así, al exportar la democracia siempre se insiste en que el papel de los medios de prensa radica en oponerse al estado, y limitar el dominio del gobierno, pero no se mencionan otras funciones, como la ilustración.
    Las potencias que explotaron de esta manera las ideas liberales en las estructuras de diferentes organizaciones no gubernamentales para el cambio de regímenes en Europa Oriental, Asia o África no pensaron que esa estrategia pudo ser  peligrosa para ellas mismas. Una prueba irrefutable fue Assange, quien actuó en su contra.

    El proletariado de la época nueva
    Los mandatarios europeos y, en un grado menor, los estadounidenses suprimieron la clase de proletariado, que no tiene nada que perder, como portador de revoluciones potenciales. La política de Margaret Thatcher es el ejemplo más ilustrativo de ello.
    Pero ahora resulta que los ánimos revolucionarios pueden nacer también dentro de la capa inferior de la clase media. Son gente bien educada que siente despreciada, odia a todos los que tengan que ver con élite de cualquier índole y detestan a los que estén en el poder. Al mismo tiempo, son defensores frenéticos de la idea de su propia libertad e igualdad con los demás. Para esta gente, Assange es un héroe.
    Lo peor es que hasta ahora se imaginó que fueran muchos. Si fueran pocos, la extradición de Assange de Londres no habría sido tan difícil de lograr, ahora temen  la reacción de sus partidarios.
    Sus partidarios son, probablemente, la misma a gente que leyó las novelas de Stieg Larsson tragándolas una tras otra sin darse cuenta de su estilo pobre y simpatizando con su protagonista Lisbeth Salander, una joven hacker autista.
    Es un síntoma preocupante de la sociedad moderna occidental, tan diferente hoy de las sociedades de los líderes del futuro, como la India y China.

    El monstruo de Internet
    A principios de la época de Internet el mundo se entusiasmó por la facilidad de comunicación y por las posibilidades que ofrece para educar e ilustrar. Pero por ahora tenemos que reconocer que ante todo es un arma en las manos de esta clase antisocial, de los autistas y anarquistas, como Assange, Salander o hinchas de futbol incluso.
    Porque Internet no contribuyó a aumentar el nivel de formación sino al contrario, a la expansión de una forma encubierta de analfabetismo. Las nuevas generaciones se comunican por la red sin respetar la ortografía ni los sentimientos ajenos, y el idiotismo total que reina en la industria del entretenimiento y en los medios de prensa, radio y televisión agrava todavía más la situación.
    Este problema abarca todos los países occidentales, incluida Rusia. Podemos intentar ignorarlo, pero no mucho tiempo.
    ¿Será que ya empezó una nueva revolución? En este sentido es provechoso reflexionar más profundamente sobre los desórdenes juveniles que acontecieron recientemente en las capitales europeas.
    Algunos dirán que fueron producto  de la crisis. Pero existe otra teoría que pertenece al ex ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Igor Ivanov, cuando dijo que tuvo lugar una revolución informativa que, en primer lugar, conllevó la crisis financiera, porque los viejos límites del sector financiero no coincidieron con sus capacidades informativas.
    Más aún, observamos a este monstruo generar otra crisis, la social: el “nuevo proletariado” que libra guerras contra la sociedad y el estado armado de Internet.  Así, hundidos en dos crisis, llegamos al fin de la década y del año. Ojalá el año siguiente sea mejor.

    Dmitri Kósirev, RIA Novosti

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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