Eric Hobsbawm, el reconocido historiador británico, tiene ciertamente buena prensa.
Respetado por los círculos académicos en cualquier latitud, goza incluso de la simpatía de numerosos políticos ‘progresistas’. En 1995 se publicó su monumental obra ‘Historia del siglo XX ’, de más de 600 páginas, y en la cual Hobsbawm analiza los hechos producidos en un "siglo corto", cuya duración coincide grosso modo con la existencia del Estado surgido de la revolución bolchevique.
Lejos de escribir en la prosa remanida de la Academia, Hobsbawm ha querido darle a su libro no sólo aires de obra de divulgación (abarcando la política, la economía, las ciencias y la cultura) sino hasta de una especie de autobiografía (1).
Cualquier recensión sobre esta obra impondría, entonces, abarcar ambos aspectos.

Tanques soviéticos en las calles de Budapest, 1956
 Nace una estrella (tras los tanques en Budapest)
La intelectualidad ‘progre’ europea celebró su obra en la que historiza el ‘siglo corto’ como "la más abarcadora y la mejor escrita" (2). La intelligentsia local también tuvo la oportunidad de tributarle los más desmedidos elogios.
¿Quién es Eric Hobsbawm? La biografía política-intelectual es conocida: miembro vitalicio del luego auto-disuelto PC británico, al cual ingresó porque "como judíos no podíamos, por definición, dar nuestro apoyo a los partidos basados en la confesionalidad o en un nacionalismo que excluyera a los judíos. Nos volvimos comunistas. No tomábamos partido contra la sociedad burguesa y el capitalismo, puesto que parecían estar con toda evidencia en los estertores de su muerte"(3). Tras la invasión soviética que aplastara la revolución política en Hungría en el 56, Hobsbawm será testigo de cómo se hacía trizas el Grupo de Historiadores del cual formaba parte junto a intelectuales de promisorio futuro (Christopher Hill, E.P. Thompson, etc.).
En medio de un clima de renuncias, expulsiones y procesos propios de la Inquisición, Hobsbawm llega a un acuerdo tácito con el Partido Comunista de Gran Bretaña (PCGB): total libertad para la historiografía de los siglos XVIII y XIX, pero una prohibición absoluta para publicar investigaciones sobre el presente siglo. La confianza que el PCGB deposite en Hobsbawm será tanta que para explicar los "sucesos de Hungría" le confiará la tarea de bajar línea a través de una serie de artículos publicados en el Daily Worker. Allí escribirá que "todo socialista debe entender que Hungría podría haberse convertido en la base para la contrarrevolución. Mientras apoyamos firmemente lo ocurrido en Hungría, debemos también decir que la URSS debe retirar sus tropas del país tan rápido como sea posible"(4).
En los años ‘70, Hobsbawm se convertirá en el intelectual del ‘movimiento comunista’ en crisis, alineándose firme detrás de la variante ‘eurocomunista’.
Comentando las andanzas de su ahora ‘protegido’ Pinochet, dirá que "Allende fracasó no simplemente porque su Unidad Popular fue técnicamente incapaz de derrotar a los militares sino porque alienó a numerosos sectores de la población, a los cuales debió haber arrastrado tras de sí" (5) . No se trataba, está claro, de una crítica marxista al frentepopulismo chileno sino que Hobsbawm se sumaba entusiasta al ‘compromiso histórico’ del PCI de Enrico Berlinguer, que significaba "bajar el ritmo del cambio social a niveles aceptables para los aliados potenciales entre los sectores medios (sic)"(6).
El ‘eurocomunismo’ será sinónimo de apoyo a la Comunidad Económica Europea; el ‘abandono’ de la dictadura del proletariado y la permanencia en la OTAN.
En el ‘79 Hobsbawm dirige la revista ‘teórica’ del PC británico, Marxism Today, que cobija a una caterva de intelectuales anti-marxistas y posmodernos(Ernesto Laclau, entre otros), y que se destacará por analizar al thatcherismo en términos de "semi-fascismo" (qué mejor que el cuco fascista para resucitar al frentepopulismo …).
Hobsbawm también actúa en el Labour Party inglés, donde en los años ‘80 apaña a la dirección partidaria en su "caza de brujas" contra la corriente Militant, que practicaba el entrismo desde tiempos inmemoriales (más de 20 años). Para Hobsbawm, la "democracia" era un ‘valor universal’ excepto cuando existía una fuerte tendencia trotskista al interior del Labour Party. El entonces líder laborista Neil Kinnock le agradecerá enormemente los servicios prestados, elogiándolo como "el más sagaz de los marxistas vivientes" (7).
Siglo XX: cambalache
Según Hobsbawm el ‘siglo corto’ podría dividirse en tres grandes etapas:
• Una Era de Catástrofe, desde 1914 hasta fines de la Segunda Guerra Mundial: donde el quiebre del mundo decimonónico produjo dos guerras mundiales, la caída de los imperios coloniales, una crisis económica de profundidad sin precedentes que castigó hasta a la economía más dinámica de la época (Estados Unidos), el refugio de numerosos países en la autarquía económica y la caída de las instituciones de la democracia liberal a manos del fascismo y los regímenes autoritarios.
• Una Era Dorada (1947-1973): época de extraordinario crecimiento económico y grandes transformaciones sociales, que probablemente haya cambiado más profundamente la civilización humana que cualquier otro período de duración similar. Sobre la cuestión de por qué o cómo pudo el capitalismo resurgir con inusitada vitalidad, Hobsbawm nos dice que "no existe aún acuerdo (entre los historiadores), ni puedo decir que yo provea una respuesta persuasiva"(8).
- Un Derrumbamiento (1973-1991): "una era de descomposición, incerteza y crisis" (9), signada por la ‘desaparición’ de la URSS y la destrucción del sistema que había estabilizado ("coexistencia pacífica") las relaciones internacionales por más de 40 años, sembrando la creencia del triunfo del ‘neo-liberalismo’.
Conjuntamente, tres tristes tópicos distinguirían, según Hobsbawm, al siglo XX:
a) la desaparición del mundo eurocéntrico, puesto que "las grandes potencias de 1914, todas europeas, han desaparecido, como la URSS, heredera de la Rusia zarista, o fueron reducidas a un status regional... El mismo esfuerzo por crear una Comunidad Europea supranacional y por inventar un sentimiento de identidad europeísta que le correspondiese, reemplazando las viejas lealtades hacia las naciones y estados tradicionales, demuestran la profundidad de este declive"(10).
b) Un mundo globalizado donde las economías nacionales, definidas por las políticas de los Estados, se verían reducidas a obstáculos para las actividades transnacionales. ‘Globalización’ en la cual "curiosamente el comportamiento privado humano ha tenido menos problemas en ajustarse al mundo de la televisión satelital, el E-mail y las vacaciones en las islas Seychelles" que las instituciones estatales (11).
c) La desintegración de los viejos modelos de relaciones interpersonales, para Hobsbawm un proceso preocupante, que se evidenciaría en el acérrimo individualismo dominante, y que se vería acentuado luego de la destrucción de las sociedades del ‘socialismo real’.
Hobsbawm plantea también que "una de las ironías de este extraño siglo es el hecho de que el resultado más duradero de la Revolución de Octubre, cuyo objetivo era el derrocamiento global del capitalismo, fue el de salvar a su antagonista, tanto en la guerra como en la paz" (12). Esta verdadera ‘Astucia de la Razón’ hegeliana se habría materializado de dos maneras: imponiéndole al capitalismo un incentivo para reformarse después de la Segunda Guerra Mundial ("reforma o revolución"); y mostrándole el ejemplo concreto de la economía planificada (utilizada luego por la "macroeconomía keynesiana")
 Vladimir Lenin, líder de la revolución bolchevique de octubre
Vladimir Lenin, líder de la revolución bolchevique de octubre
Las lecciones de Octubre
Eric Hobsbawm tiene la característica de ‘variar’ periódicamente sus apreciaciones respecto de la primera revolución socialista de la historia... En 1990, por ejemplo, la había calificado como el "resultado loco" de una Era de Catástrofe, un evidente ‘error’ que se podría haber evitado si las advertencias mencheviques hubieran sido escuchadas (13).
En su reciente visita a Bs. As., Hobsbawm sostuvo que "tal vez hubiera sido mejor no hacer la revolución de Octubre"(14).
En este libro, Hobsbawm la reivindica parcialmente (es decir, la condena de manera vergonzante). Hobsbawm comienza señalando con exactitud el giro de 180º que significó el regreso de Lenin del exilio, cuando sacó a los bolcheviques del fango del "apoyo crítico" al kerenskismo. Incluso se mantiene fiel a la verdad cuando sostiene que la perspectiva de Octubre era la extensión de la revolución a toda Europa, teniendo como eje a Alemania. Pero será aquí donde el menchevismo innato de Hobsbawm lo lleva a una apreciación de los hechos que es, por lo menos, caprichosa. Así la derrotada revolución alemana no habría sido más que "una ilusión", debido a "la total, pero temporaria, parálisis del viejo ejército, del viejo estado y estructuras de poder, bajo el doble impacto de la total derrota bélica y la revolución en ascenso"(15). Ninguna indicación nos da Hobsbawm acerca de cuánto tiempo debe durar una situación revolucionaria para no pecar de ‘temporaria’, ni tampoco analiza el papel jugado por la socialdemocracia. Esta llamativa abstención política e histórica respecto del rol desempeñado por Ebert, Noske & Cía. es sintomática, porque para Hobsbawm la creación de la Comintern significó "un error grave, la división permanente del movimiento obrero internacional" (16).
El argumento de Hobsbawm es que, puesto que el objetivo de la IIIª Internacional era el de propagar universalmente el "partido leninista de vanguardia", tal perspectiva era únicamente justificable en condiciones de inminencia revolucionaria, situación que durante el período 1918/20 no era cierto, ni en Occidente ni en Oriente. Como puede apreciarse de un solo plumazo, Hobsbawm resucita a la IIª Internacional, desvirtúa el enorme significado histórico de la IC y distorsiona las condiciones de la lucha de clases de la primera posguerra. Además, sostiene Hobsbawm, el ‘error’ bolchevique no habría de ser enmendado ni siquiera con la táctica del Frente Unico, intransigentemente defendida por Lenin y Trotsky durante el III Congreso de la IC. Habría que esperar hasta 1935, con el Frente Popular, para volver a lograr la "unidad del movimiento obrero" (con la ‘yapa’ de la burguesía liberal).
"Cuando se hizo claro que la Rusia soviética iba a ser, por un tiempo que seguramente no iba a ser corto, el único país donde triunfara la revolución, la única política realista para los bolcheviques era transformar (a Rusia) de una economía atrasada, a una economía desarrollada, tan rápido como fuera posible"(17).
El aislamiento de la revolución socialista lleva a Hobsbawm a la aceptación ‘realista’ de la política de "socialismo en un solo país". Curiosamente, señala incluso que "no hay ninguna razón teórica por la cual la economía soviética, tal como surgiera de la revolución y la guerra civil, no hubiera podido evolucionar en una relación más estrecha con el resto de la economía mundial"(18). Para alguien que reniega del control obrero de la producción, y proclama el fracaso del ‘estatalismo planificado’, no suena precisamente como un llamado bujariniano al "socialismo a paso de tortuga" sino la restauración lisa y llana.
En medio de la Gran Depresión de los años ‘30, los innegables logros de la economía planificada habrían entusiasmado, según Hobsbawm, a amplias capas de la burguesía de los países ‘atrasados’, para los cuales "la receta soviética para el desarrollo económico parecía diseñada para ellos" (19). Esto se parece demasiado a las posiciones del posadismo, para quien una burguesía convencida de que no podría realizar su propia revolución democrática, terminaría por realizar el socialismo...
Finalmente, digamos que en algún rinconcito del libro, Hobsbawm se anima a confesar que, bajo Stalin, la revolución mundial pertenecía ya a la retórica del pasado y, aun más, cualquier revolución sería tolerable sólo si no se contraponía a los intereses del Estado soviético (de la burocracia, en realidad), y podía ser llevada al control directo del aparato. Pero en otros párrafos, Hobsbawm sostendrá posiciones diametralmente opuestas...
 Traidor
Fascismo y Frente Popular
Un ganadero llevaba a sus bueyes al matadero. Llega el matarife con su cuchillo.
¡Cerremos las filas y, con nuestros cuernos, traspasemos a este verdugo!, propuso uno de los bueyes.
—¿Pero en qué es peor el matarife que el ganadero que nos trae aquí a garrotazos?,replicaron los bueyes educados políticamente por el pensionado Manuilski.
¡Pero es que luego podremos ajustar cuentas con el ganadero!
¡No! - respondieron los bueyes con principios —. Tú cubres a los enemigos por la izquierda; ¡tú, tú mismo eres un social-matarife!
Y se negaron a cerrar filas...(20)
Cuando Trotsky defendía la táctica del frente único ante el fascismo y empleaba todos los recursos literarios para refutar a los funcionarios stalinistas como Manuilski, fijaba en realidad una perspectiva política revolucionaria para el movimiento obrero, con el fin de combatir la táctica suicida de la Comintern (la llamada teoría del "socialfascismo").
El stalinismo sostenía que el fascismo y la socialdemocracia eran ‘gemelos’, y aún más, el KPD —el PC alemán— llegaría a aliarse con los nazis para "deshacerse" del SPD— la socialdemocracia— (el denominado "plebiscito rojo" de Prusia en 1931). El nazismo se proponía aplastar implacablemente a todas las organizaciones tradicionales del movimiento obrero, comunistas o socialdemócratas, por lo que se necesitaba una política de frente único, de unidad de acción, de armamento del proletariado. Hitler llegará al poder ante la pasividad cobarde de las direcciones del movimiento obrero.
Hobsbawm también tendrá duros conceptos para con la táctica del "Tercer Período", pero reivindica al VIIº Congreso de la IC (julio-agosto de 1935), es decir al Frente Popular, que nace en Francia, cuando en su afán por ganarse a las clases medias para la ‘alianza antifascista’, el PCF y el PS se alían al partido Radical, es decir, al partido de la mismísima burguesía imperialista. En Moscú, se buscaba ahora una alianza militar y política con Francia y el Frente Popular actuaría como un recurso de la burguesía contra la revolución proletaria.
Pero para Hobsbawm "el Frente Popular fue mucho más que una táctica defensiva o, aun más, una estrategia para pasar de un repliegue a una nueva ofensiva. Fue también una estrategia cuidadosamente planeada para avanzar hacia el socialismo" (21).
Ahora bien, Hobsbawm habitualmente tiene el vicio de ‘gambetear’ cualquier tipo de crítica por izquierda del stalinismo, sosteniendo que "historia es lo que ha sucedido, no aquello que hubiera podido suceder", aunque si bien "a veces podemos especular, con algún grado de realismo, generalmente acerca de aquello que no podría haber sucedido, pero no sobre lo que sí podría haber acontecido" (22). Si midiéramos a Hobsbawm con su misma vara... ¿podría decirse entonces que su juicio sobre el Frente Popular es ‘histórico’, cuando está claro que el resultado concreto de esta política no fue "avanzar hacia el socialismo" sino ‘avanzar’ hacia Franco, Pétain-Hitler, De Gaulle, cuatro décadas de gobiernos DC-Vaticano, etcétera?
Hobsbawm finge sorprenderse al constatar que el Frente Popular finalmente no consiguió aumentar el campo del ‘anti-fascismo’, y que en términos electorales sólo se percibía el pasaje masivo de obreros socialdemócratas al campo del ‘comunismo’. El stalinismo se encargará de frustrar este viraje político de las masas, tanto en España como en Francia, mediante su alianza con la burguesía (o con su sombra...).
¿Mortal Kombat?
Como no podía ser de otra forma, el entusiasta apoyo a la política del Frente Popular lo conducirá al más banal de los macaneos cuando se dedique a analizar la Segunda Guerra Mundial...
Para Hobsbawm, la década del 30 y la Segunda Guerra Mundial podrían ser entendidas "no a través de la competencia entre Estados, sino como una guerra ideológica internacional" (23). Una guerra abierta "no entre el capitalismo y el comunismo sino entre lo que el siglo XIX hubiera denominado ‘progreso’ y‘reacción’ " (24).
Entregándose al idealismo más febril, sostiene que "el pensamiento racionalista y humanista compartido por el capitalismo liberal y el comunismo hizo posible su breve pero decisiva alianza contra el fascismo" (25). Alianza que Hobsbawm reivindica porque logró, ni más ni menos, salvar la "democracia".
En principio, si la lucha ‘a muerte’ contra el nazi-fascismo había creado, digamos, un frente único tan fuerte que hasta hundía sus raíces en el Iluminismo, entonces francamente no se entiende cómo Hobsbawm sostiene que "la victoria sobre la Alemania de Hitler fue esencialmente obtenida, y sólo podía haberse ganado, gracias al Ejército Rojo"(26). ¿Quiere decir esto que al menos uno de los abanderados del ‘progreso’ (concretamente, el imperialismo‘democrático’) escatimaba su esfuerzo, y eventualmente buscaba o toleraría un acuerdo con la mismísima ‘reacción’? Siempre se hace difícil explicar la historia real con macanas...
Lo cierto es que como Hobsbawm capitula ante el nacionalismo (imperialista) británico, exigirá la más estricta ‘unidad nacional’ contra el nazismo: "el Labour Party podría ser criticado, no por la falta de firmeza hacia el agresor fascista sino por rehusarse a apoyar las medidas militares necesarias para hacer esa resistencia efectiva, como por ejemplo el rearme y la conscripción obligatoria. También, y por las mismas razones, podrían (ser criticados) los comunistas" (27). Al negar que la única barrera contra el fascismo es el socialismo, Hobsbawm actúa igual que la socialdemocracia en 1914.
Una nueva guerra se perfilaba desde comienzos de los ‘30, y su carácter era claro: una guerra interimperialista para redefinir las esferas de ‘influencia’. Para el obrero la lucha contra el imperialismo y su guerra significaba que "el enemigo principal está en tu propio país" o "la derrota de tu propio gobierno (imperialista) es el mal menor".
A quienes, invocando la amenaza del fascismo, rechazaban el derrotismo, Trotsky les contestaba: "¿Podría el proletariado de Checoslovaquia haber luchado contra su gobierno y su política capituladora mediante slogans de paz y derrotismo? Una cuestión muy concreta está planteada así de una manera abstracta. No había lugar para ‘derrotismo’ porque no había ninguna guerra... En esas críticas 24 horas de confusión e indignación generalizadas, el proletariado checoslovaco tuvo la enorme posibilidad de hacer caer al gobierno capitulador y tomar el poder. Para esto se necesitaba sólo un partido revolucionario. Naturalmente, después de tomar el poder, el proletariado checo hubiera ofrecido una tenaz resistencia a Hitler, e indudablemente hubiera despertado una poderosa reacción de las masas trabajadoras en Francia y demás países... La clase obrera checa no tenía el menor derecho de confiar el liderazgo de una guerra contra el fascismo a los señores capitalistas, que en un par de días, tan tranquilamente, se pasaron de bando convirtiéndose a sí mismos en fascistas y cuasifascistas. En tiempos de guerra, mutaciones de este tipo por parte de la clase dominante estarán a la orden del día en todas las‘democracias’. Esta es la razón por la cual el proletariado se autodestruirá si basara su línea política general en las etiquetas formales e inestables de ‘pro-fascismo’ y ‘anti-fascismo’ "(28).
En conclusión, Hobsbawm nos ha contado una bella fábula acerca de buenos y malos, que aunque bien podría hacernos conciliar el sueño, tiene el inconveniente de ser históricamente falsa y políticamente contrarrevolucionaria. No es casualidad que hoy día Hobsbawm niegue legitimidad al pedido de extradición de Pinochet, so pretexto de ‘salvar la democracia’ chilena.
El ‘historiador’ pretenderá hallar en el pasado la justificación de tamaña capitulación. Sostiene Hobsbawm que "después de la última guerra, en casi todos los países surgió la necesidad de la convivencia entre quienes habían luchado en la resistencia y los colaboracionistas fascistas. A veces se hace necesario trazar una raya. No me parece realista una punición general" (29). En realidad, nunca existió ninguna ‘necesidad’ de impunidad. Más aún, hagamos de cuenta que le concedemos al ‘historiador’ el argumento acerca de la imposibilidad de una ‘punición general’... Hobsbawm no se negaría entonces, por ejemplo, a expropiar a los Thyssen, Krupp & Cía. (sostuvieron a Hitler); o a expropiar a los Agnelli & Cia. (impulsaron a Mussolini); o a expropiar a la burguesía francesa (la misma que proclamaba "mejor Hitler que Blum"). Pero no, ni siquiera esto...
Hobsbawm no quiere ni ‘punición general’, ni castigar a los peces gordos. Queda en claro, entonces, que lo que sí existe es ‘necesidad’ por parte de Hobsbawm de encubrir a Togliatti (PCI) y Thorez (PCF) que desarmaron, literalmente, a los trabajadores; de encubrir a Stalin (chauvinismo antialemán; división reaccionaria del proletariado).
Curiosamente, en el cuento de hadas de Hobsbawm los buenos no quieren castigar a los malos... ¿No los convertirá esto en simples cómplices?
Dios salve a la Reina...
En el capítulo "El fin de los Imperios", Hobsbawm aborda el proceso de descolonización. Tras darnos un panorama global, el autor trata la caída del Raj británico en la India. Primero señala la deliberada y sistemática política de explotar la rivalidad hindú-musulmana ("divide y reinarás") aplicada por el Imperio ante la creciente presión del nacionalismo hindú. Pero luego Hobsbawm retrocede y nos dice que los cientos de miles de muertos causados por la partición India/Pakistán "no formaba parte de ningún plan del gobierno imperial" (30).
Lástima para los colonialistas que Hobsbawm naciera tan tarde, porque el ‘historiador’ les proporciona un nuevo argumento a favor: el Raj británico "en su desesperado intento por ganar la guerra (Segunda Guerra Mundial, N. del A.) destruyó su legitimidad moral: haber logrado una Indostán única, en la cual sus múltiples comunidades podían coexistir en relativa calma, bajo una única e imparcial administración y legalidad" (31).
Hobsbawm debería primero demostrar que la ‘relativa calma’ era fruto de la política del gobierno colonial; cosa que no podría hacer jamás (32). Luego, no se entiende cómo si se trataba de un gobierno colonial, puede calificarlo de "imparcial" siendo obvio que velaba (y cómo...) por los intereses imperiales, oprimiendo a las masas nativas. Finalmente, Marx por ejemplo hablaba del doble carácter que tenía la dominación británica en la India al destruir el despotismo oriental y sentar las bases de la sociedad occidental; pero jamás habló de "legitimidad moral" o cosa semejante... Más aún, afirmaba que "todo cuanto se vea obligada a hacer en la India la burguesía inglesa no emancipará a las masas populares ni mejorará substancialmente su condición social". Marx señalaba que la dominación colonial británica sentaba las premisas materiales para el desarrollo de las fuerzas productivas y, a la vez, para su apropiación por el pueblo. De ese papel que jugaba la burguesía Marx terminaba preguntándose "¿cuando ha realizado algún progreso sin arrastrar a pueblos enteros por la sangre y el lodo, la miseria y la degradación?".
Un tema puntual para cualquier historiador británico es Irlanda, pero Hobsbawm no le dispensa más que dos comentarios a la pasada en 600 páginas. Ni siquiera menciona el levantamiento de Pascuas de 1916, ni el Domingo Sangriento de Derry en 1972...
Hobsbawm, que gusta proclamar su deuda con el marxismo, respecto al colonialismo ha abrevado indudablemente en otras fuentes...
Mao-stalinismo en el ‘Tercer Mundo’
A principios de los ‘60, Hobsbawm, al igual que el PCGB, se alineará con Khruschev en la disputa con Pekin. La inflamada retórica maoísta no encajaba ni con el reformismo de la ‘vía británica al socialismo’ ni menos aún con el estilo flemático de Hobsbawm. Evidentemente el ‘fuego’ de aquella disputa atizó la escritura de algunos pasajes de este libro, en el que Hobsbawm justifica retrospectivamente la línea "soviética", en el sentido de que para "los partidos alineados con Moscú el capitalismo no era el enemigo, sino el pre-capitalismo y los intereses locales y el imperialismo (yanqui) que lo apoyaban" (33).
El frente político con la burguesía nacional es el programa que se desprende de semejante caracterización. El maoísmo compartía esta caracterización, cosa que Hobsbawm increíblemente niega. La prueba histórica más dolorosa es, sin lugar a dudas, lo ocurrido en Indonesia en 1965 (34). El PC indonesio, siguiendo los dictados de Pekín, consideraba al Estado post-colonial como "semi-burgués y semi-proletario", y se alineará totalmente detrás del nacionalismo burgués de Sukarno, a quien incluyó en sus estatutos partidarios como fuente de enseñanzas, a la par con el ‘marxismo-leninismo’ (o lo que Mao entendía por tal). La ‘enseñanza’ de la política de colaboración de clases, de acuerdo con la cual se debía "supeditar los intereses de clase a los intereses nacionales" implicaba para el PKI distraer con "campañas contra los roedores" al campesinado que se levantaba contra los terratenientes; implicaba llamar a "elevar la eficiencia y la productividad" de los mismos obreros que ocupaban las empresas nacionalizadas.
El ala derecha del gobernante Partido Nacional veía con pavor el crecimiento de la influencia comunista y, consecuentemente, impondrá a Sukarno la suspensión de las elecciones que debían celebrarse en la isla de Java. Sukarno llamará "democracia guiada" a su régimen político (proscripción de facto del PCI). En el cuadro de agudización de la lucha de clases y atemorizados por la conspiración derechista, allegados al presidente Sukarno y el PKI intentarán, manteniendo desmovilizadas a las masas, un cuartelazo ‘progresista’ contra el Ejército y el ala derecha del Partido Nacional (Suharto).
Lógicamente, las fuerzas armadas burguesas mantendrán su unidad y una feroz oleada anti-comunista azotará Indonesia, calculándose en 500.000 la cantidad de indefensos militantes comunistas asesinados por la contrarrevolución. Aplastado el movimiento obrero y popular, un año después será Suharto (quien gobernó Indonesia hasta la revolución de hace unos meses...) quien desplace sin necesidad de violencia alguna a Sukarno.
Tenemos, por un lado, que Hobsbawm aprueba la política del mao-stalinismo de disolución en el nacionalismo burgués (Nasser, Mossadegh, etc.). Pero por otro lado, constata, desmoralizado, que tanto el ‘socialismo’ (stalinismo, en el lenguaje corriente) como el ‘nacionalismo’ fracasaron miserablemente en sus intentos por dar "soluciones duraderas a los problemas de un mundo en crisis" (35).
¿Cómo se dice "restauración" en ruso?
Apenas comenzado el libro, Hobsbawm nos adelanta una conclusión lúgubre: "el mundo que se hiciera añicos a finales de los 80 era el mundo modelado por el impacto de la Revolución Rusa"(36).
Durante años, Hobsbawm desechó como mero ‘juego de palabras’ cualquier intento de analizar la naturaleza de los Estados donde se había expropiado al capital. En este libro, sostiene que ya en los años 70 había sobradas pruebas de que el ‘campo socialista’ se integraba aceleradamente a la economía mundial. "En retrospectiva podemos ver que esto fue el comienzo del fin para el ‘socialismo real’ "(37). Para Hobsbawm, "es una ironía de la historia que las economías del ‘socialismo real’ se convirtieran en las verdaderas víctimas de la crisis mundial de la economía capitalista" (38). En realidad, las leyes de la economía mundial valen para todos sus componentes, por más que esto contradiga a los defensores del "socialismo en un solo país".
Para el marxismo quedó en claro hace tiempo que "o bien la burocracia, convirtiéndose cada vez más en el órgano de la burguesía mundial en el Estado Obrero, derrocará las nuevas formas de propiedad y volverá a hundir el país en el capitalismo; o bien la clase obrera aplastará a la burocracia y abrirá el camino al socialismo" (39).
Para Hobsbawm, "hasta el final, la Rusia soviética permaneció, aún a los ojos de muchos egoístas y corruptos miembros de su ‘nomenklatura’, como algo más que una superpotencia. La emancipación universal, la construcción de una alternativa superior a la sociedad capitalista fue, después de todo, su razón de existencia". El ‘historiador’ se propone demostrar esto preguntándole al lector: "¿De otra manera, por qué un burócrata caradura en Moscú hubiera continuado financiando y armando a las guerrillas del Congreso Nacional Africano, cuyas chances de derrocar el apartheid en Sudáfrica parecían y fueron mínimas durante décadas?" (40).
¿Cómo explicar el desenfrenado pasaje de la burocracia, de ‘abanderada’ del socialismo a ‘abanderada’ del anti-comunismo? Para Hobsbawm, se trata del fracaso de la economía estatal planificada, por eso elogia a los ‘reformadores’ soviéticos que en los años ‘50 y ‘60 se manifestaban por la introducción conjunta de precios de mercado y cálculo de beneficios (y pérdidas...) en las empresas... El "estancamiento" bajo Brezhnev habría despertado de la hibernación a los Gorbachov ("apasionado y sincero comunista reformador"), y algunos de ellos, en su intento por ‘mejorar’ las cosas, se habrían convencido que el sistema’ no se podía cambiar desde dentro... En medio de la perestroika, la inoportuna puja entre ‘reformadores’ y ‘conservadores’ produjo que mientras se desmontaba el viejo sistema’, no se terminaba de reemplazarlo concretamente con nada... y bueno, a río revuelto ganancia de los Yeltsin...
Como puede apreciarse, una mistificación tras otra. Con la total consolidación de su poder, la burocracia se movilizó a preparar las condiciones para restaurar el capitalismo y transformarse en clase social. Hobsbawm cree ver una serie de errores de aplicación en el fracaso del ‘socialismo de mercado’ en la ex-URSS, y por eso aprecia los ‘logros’ de China. La diferencia entre un resultado y otro se debe, no a la ‘idiosincrasia oriental’, como parece tentado Hobsbawm a sostener, sino a la resistencia del proletariado, mayor en la URSS (huelgas mineras del ‘89-‘90), pero aplastada en la Plaza Tienanmen.
El muro de… los lamentos
A fines de los ‘70 Hobsbawm adelanta las tesis acerca de la "desaparición del proletariado", luego propagadas por el intelectual francés André Gorz. Hobsbawm aludía no sólo a un cambio de ‘patrón productivo’ del capitalismo a nivel mundial (‘postfordismo’) sino también a un profundo descenso en la conciencia de clase de los trabajadores. Sostenía que "la clase obrera manual, la base social de los tradicionales partidos obreros socialistas, hoy está contrayéndose y no expandiéndose. Ha sido transformada y hasta, en algún sentido, dividida por las décadas durante las cuales su nivel de vida alcanzara niveles jamás soñados… Ya no puede asumirse que los trabajadores estén en camino de reconocer que su situación de clase les impone alinearse detrás de un partido socialista, aunque haya todavía muchos millones que crean en esto" (41).
Hoy en día Hobsbawm confunde a la enorme masa de desocupados generada por el capitalismo en crisis, con una nueva clase, los excluídos’. En cuanto al proletariado, seguiría reduciéndose: "en países como Inglaterra hay más gente trabajando en las agencias de publicidad que en todo el gremio de mineros" (42). Comentario más que desafortunado, porque la dirección del Labour Party, que Hobsbawm apoyó, boicoteó las combativas huelgas mineras del ‘84-‘85, y también las últimas del ‘92. El "thatcherismo salvaje" cerró las minas con la ayuda de los amiguitos de Hobsbawm…
Con la ‘muerte’ del comunismo y el auge del ‘neo-liberalismo’, Hobsbawm siente que "aquellos que vivimos los años de la Gran Depresión aún encontramos casi imposible de entender cómo la ortodoxia del libre mercado, en aquel entonces tan claramente desacreditada, una vez más volvió a dominar a lo largo de un período de depresión global a fines de los 80 y principios de los 90... este extraño fenómeno debiera recordarnos una de las características más sobresalientes de la Historia: la increíble falta de memoria, tanto de los teóricos de la economía, como de aquellos que la llevan a la práctica" (43). El ‘progre’pide tantas veces que tengamos ‘memoria’… ¡que acaba reclamándola a los ministros de la burguesía!
Sin embargo, no todas son malas noticias... "El debate que confrontaba al capitalismo y al socialismo como mutuamente excluyentes, como polos opuestos, será visto por las generaciones futuras como una reliquia de la Guerra Fría ideológica del siglo XX" (44).
El dominio social de la burguesía y el dominio social del proletariado no son mutuamente excluyentes... Pero lo que sí hace girar al mundo es "la querella entre keynesianos y neo-liberales (que) no era ni una mera disputa técnica entre economistas profesionales, ni una búsqueda por encontrar formas de resolver nuevos y apremiantes problemas económicos… Era una guerra entre ideologías incompatibles" (45).
Hobsbawm dice que el historiador no puede más que señalar como una contradicción el hecho de que "los regímenes más comprometidos con la economía del laissez-faire (Reagan y Thatcher, N. del A.) fueron al mismo tiempo profunda y visceralmente proteccionistas y desconfiados del mercado mundial" (46). El lector, en cambio, no puede menos que señalar que el ‘historiador’, al ver cómo su castillo de arena se derrumba, sigue macaneando.
En estos tristes tiempos condenemos los ‘excesos’ del capitalismo y proclamemos la lucha (bah, la ‘búsqueda’) por una sociedad ‘solidaria’: "el gobierno de la señora Thatcher en Gran Bretaña era rechazado por la izquierda, aún durante sus años de éxito económico, porque estaba basado en un egoísmo antisocial" (47). Egoísmo, sí bueno… pero ¿quién no tiene defectos? Dice Hobsbawm que "aún la izquierda británica admitiría eventualmente que algunos de los austeros shocks impuestos a la economía británica por la señora Thatcher eran probablemente necesarios"(48). Sepa el lector que, por ‘izquierda’británica, Hobsbawm se refiere al Labour Party y al PC, y que obviamente los shocks no castigaban a la economía británica’ (en este contexto, la peor de las abstracciones) sino a la clase obrera.
Ante la enorme crisis mundial, Hobsbawm apoya al primer ministro francés Jospin en su ‘cruzada’ por "una tercera vía que medie entre el estatalismo planificado y el libre comercio". Para quienes puedan pensar que se trata otra vez del mismo viejo plato recalentado, Hobsbawm los llama a la esperanza: "la idea de un estado que vela por la economía no es novedosa. Lo nuevo es la necesidad de un control internacional global. Pero todavía no hay mucha experiencia en la materia" (49). Es bueno saber que, al margen de la LCR y LO, cada día hay más adherentes al ‘impuesto Tobin’, ¿no?...
Hobsbawm se ha hundido en el desconsuelo y ya no se atreve a hacer pronósticos llamando a las cosas por su nombre... "Si la humanidad habrá de tener un futuro, no podrá obtenerlo simplemente prolongando el pasado o el presente... la alternativa a una sociedad distinta es la oscuridad" (50). En realidad, la apuesta sigue siendo la misma: socialismo o barbarie. Lo demás, es verso.
El sociólogo Michael Mann saludó efusivamente el libro, diciendo que "Hobsbawm escribe como un desilusionado historiador marxista" (51). Pero la verdad es que Hobsbawm escribe como un stalinista en descomposición. Nada menos, nada más.
Humille, Profe, humille…
En su libro, Hobsbawm se dedica repetidas veces a ‘revisar’ al marxismo: a veces enmendándole la plana al mismo Marx; a veces negando una continuidad generacional y frecuentemente transformando al marxismo en una "bolsa de gatos"…
Desilusionado por la ‘muerte del comunismo’, se queja de que "la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado, según Marx, podía tener un único resultado" (52). En el mismo tomo dirá que "el marxismo ofrecía la esperanza de una profecía, la garantía de la ciencia e inexorabilidad histórica" (53). Como todo esto no tiene mayor sustento, simplemente dejemos constancia de la desilusión’ de Hobsbawm.
Con respecto a la ‘advertencia’ de Marx (de te fabula narratur) en el prólogo a El Capital, acerca de la tendencia a la expansión del capital, el historiador dice que "cuando consideramos cuán lógica parecía la predicción de Marx acerca de la propagación de la revolución industrial al resto del mundo, es sorprendente la poca cantidad de industria que abandonara el mundo del capitalismo desarrollado antes de los ‘70" (54).
Si bien Stalin como individuo es ferozmente denostado, para Hobsbawm no existe ruptura entre el leninismo y el stalinismo; por eso sigue hablando de‘bolcheviques’ como si el partido no hubiese sufrido una profunda e irreversible degeneración. Verdaderamente, cualquier semejanza entre el partido de Lenin y el de Stalin es, como dicen las películas, pura coincidencia.
De igual manera nos enteramos de que la política de la Oposición de Izquierda respecto de la NEP y a la industrialización fue finalmente llevada adelante por Stalin (55), que la IVª Internacional tenía como objetivo ‘competir’ con la IIIª (como si se tratara de un torneo de tenis), y que al momento de su asesinato la trascendencia política de Trotsky era casi nula (56).
Siendo que Hobsbawm no considera a la democracia como la dictadura de la burguesía, parece lógico que ridiculice la crítica al "cretinismo parlamentario" y condene al bolchevismo por cortar los vínculos anteriores entre "socialismo" y "democracia" (57).
El propósito de Hobsbawm al mezclar a Lenin, Plejanov, Trotsky, Stalin, Mao, etc., todos en un mismo paquete, está destinado a echar un manto de duda sobre la continuidad y vigencia del marxismo. "Si Marx aún permaneciera como un gran pensador... ninguna de las versiones de marxismo formuladas desde 1890 como doctrinas de acción política y aspiraciones del movimiento obrero, se hubieran desarrollado en sus formas originales" (58).
La ‘barbarie’ a la cual reiteradas veces se refiere el historiador es, qué duda cabe, hija legítima del mercado y la democracia (capitalista) que Hobsbawm ahora celebra fervorosamente y que desearía ver establecidos en todo el mundo…
Lágrimas de cocodrilo, entonces. Pero el triste final de Hobsbawm no es original ni muchísimo menos, porque "una vez echado el stalinismo por la borda, las gentes de esta clase —y son numerosos— no pueden abstenerse de buscar en los argumentos de la moral abstracta una compensación a la decepción y al envilecimiento ideológico por el que han pasado. Preguntádles por qué han pasado de la Comintern... al campo de la burguesía. Su respuesta está pronta: "el trotskismo no vale más que el stalinismo" (59).
Notas
1. Eric Hobsbawm, Age of Extremes - The short Twentieth Century 1914-1991, Londres. Todas las citas serán tomadas y traducidas por el autor, de la edición inglesa. Hay traducción al castellano, titulada Historia del Siglo XX, por Editorial Crítica, Madrid.
2. Göran Therborn, "The Autobiography of the Twentieth Century", en New Left Review, Nº 214, 1995.
3. Citado por Horacio Tarcus, en Clarín, 22/11/98.
4. Citado por N. Carlin & I. Birchall, en "Kinnock’s favourite Marxist", revista International Socialism, verano de 1983pág. 93.
5. Citado por Ian Birchall, op. cit., pág. 136.
6. Idem, pág. 88.
7. Citado por Ian Birchall, en Bailing out the system, pág. 98, Londres.
8. Hobsbawm, op. cit., pág. 8.
9. Idem , pág. 6.
10. Idem, pág. 14.
11. Idem, pág. 15.
12. Idem, pág. 7.
13. John Rees, "The light and the dark", revista International Socialism, primavera de 1995.
14. Clarín, 22/11/98
15. Hobsbawm, op. cit., pág. 68.
16. Idem, pág. 69.
17. Idem, pág. 376.
18. Idem, pág. 375.
19. Idem, pág. 376.
20. León Trotsky, Alemania, la revolución y el fascismo, pág. 163, Juan Pablos Editor, México.
21. Hobsbawm en Marxism Today , julio 1976, citado por N. Carlin & I. Birchall, pág. 99.
22. Idem, pág. 104.
23. Hobsbawm, op. cit., pág. 144.
24. La definición de Hobsbawm, no tan sorpresivamente, incluirá dentro del concepto de "progreso" no sólo a la burocracia contrarrevolucionaria al mando del Estado Obrero degenerado sino también al imperialismo liberal. Qué tan progresivo era el imperialismo "liberal" se verá rápidamente en los años siguientes en Grecia, Corea, Argelia, Vietnam, Guatemala, etcétera.
25. Hobsbawm, op. cit., pág. 144.
26. Hobsbawm, op. cit., pág. 7.
27. Idem, pág. 152.
28. Writngs of Leon Trotsky 1938-39, pág. 211-212, Pathfinder Press.
29. Clarín, 22/11/98, Suplemento Zona, pág. 6.
30. Hobsbawm, op. cit., pág. 219.
31. Idem., pág. 220.
32. La verdad histórica es exactamente al revés: tras el motín de los soldados nativos y las revueltas campesinas de 1857, la política británica fue la de inventar ‘diferencias’ entre los distintos pueblos. Véase la contribución de Suke Wolton, en Marxism, mysticism and modern theory, pág. 61-84, Londres.
33. Hobsbawm, op. cit., pág. 436.
34. El maoísmo siguió con detenimiento la conducta del PKI (PC de Indonesia), y por ello D.N. Aidit (su máximo dirigente) se entrevistó varias veces con Mao. El PKI, con sus 3 millones de miembros y su enorme influencia entre obreros y campesinos, era presentado por la burocracia china como un ‘ejemplo’ a seguir, en contraposición a los PC dirigidos por "renegados revisionistas khruschovistas".
35. Hobsbawm, op. cit., pág. 563.
36. Idem, pág. 4.
37. Idem, pág. 375.
38. Hobsbawm, op. cit., pág. 473.
39. Leon Trotsky, El Programa de Transición, pág. 70, Ediciones Crux.
40. Hobsbawm, op. cit., pág. 72.
41. The state of the Left in Western Europe, citado por I. Birchall, op. cit., pág. 250.
42. Clarín, 22/11/98, Suplemento Zona, pág. 5.
43. Hobsbawm, op. cit., pág. 103.
44. Hobsbawm, op. cit., pág. 564.
45. Idem, pág. 409.
46. Idem, pág. 412.
47. Hobsbawm, op. cit., pág. 410.
48. Idem, pág. 412.
49. Clarín, 22/11/98, Suplemento Zona, pág. 5.
50. Idem, pág. 585.
51. "As the Twentieth Century Ages", en New Left Review, November/December 1995.
52. Hobsbawm, op. cit., pág. 57.
53. Idem, pág. 72.
54. Idem, pág. 205.
55. Idem, pág. 378.
56. Idem, pág. 74.
57. Idem, pág. 386.
58. Idem, pág. 563.
59. León Trotsky, en Su moral y la nuestra, pág. 38, Ediciones El Yunque, Bs. As..



CONCLUSIONES DEL TRIBUNAL RUSSELL SOBRE PALESTINA

I sesión de Barcelona Barcelona
1-3 de marzo de 2010
ORIGINAL: Inglés
Esta sesión del Tribunal Russell sobre Palestina ha sido organizada por:
  • El Comité Internacional Organizador (CIO): Ken Coates, Pierre Galand, Stéphane Hessel, Marcel-Francis Kahn, Robert Kissous, François Maspero, Paulette Pierson-Mathy, Bernard Ravenel, Brahim Senouci y Gianni Tognoni, y por su secretaría internacional: Frank Barat y Virginie Vanhaeverbeke.
  • El Comité Nacional de Apoyo en Barcelona. Contactos: Giorgio Mosangini y Martí Olivella
  • Los Comités Nacionales de Apoyo de Alemania, Bélgica, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Portugal, Reino Unido y Suiza.
  • El Comité Internacional Organizador del Tribunal Russell sobre Palestina expresa su agradecimiento al Ayuntamiento de Barcelona y a la Generalitat de Catalunya por su apoyo, así como a todas las personas y organizaciones que han posibilitado la celebración de esta primera sesión de Barcelona del Tribunal Russell sobre Palestina.
“El peligro de hacernos inmunes a lo inaceptable.” (F. Wurtz)
“Que este tribunal evite el crimen de silencio.” (B. Russell)
Estas son las conclusiones del jurado de la sesión de Barcelona del Tribunal Russell sobre Palestina. Sus contenidos, sin embargo, se someterán al habitual proceso de edición y corrección antes de que se haga pública la versión definitiva.
1. Reunido en Barcelona del 1 al 3 de marzo de 2010, el Tribunal Russell sobre
Palestina (en adelante, TRP), compuesto por los miembros siguientes:
• Mairead Corrigan Maguire, premio Nobel de la Paz en 1976, Irlanda del Norte;
• Gisèle Halimi, abogada y ex embajadora de la UNESCO, Francia;
• Ronald Kasrils, escritor y activista, Sudáfrica;
• Michael Mansfield, abogado y presidente de la Haldane Society of Socialist Lawyers, Gran Bretaña;
• José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito de la Sala II, Tribunal Supremo, España;
• Cynthia McKinney, ex congresista y candidata a la presidencia en 2008, Partido
Verde, Estados Unidos;
• Alberto San Juan, actor, España;
• Aminata Traoré, escritora y ex ministra de Cultura, Mali;
ha adoptado las presentes conclusiones, que abarcan los puntos siguientes:
- Creación del Tribunal (I.)
- Mandato del TRP (II.)
- Procedimiento (III.)
- Admisibilidad (IV.)
- Fundamento (V.)
- Continuación del procedimiento (VI.)

I. Creación del Tribunal

2. El TRP es un tribunal de conciencia internacional de base ciudadana que surge como respuesta a las reivindicaciones de la sociedad civil. A lo largo de los últimos años, y especialmente a raíz del incumplimiento de la Opinión Consultiva del 9 de julio de 2004 de la Corte Internacional de Justicia (en adelante, CIJ), relativa a la construcción por parte de Israel de un muro en Territorio Palestino Ocupado, de la Resolución ES-10/15 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (en adelante, AGNU), adoptada el 20 de julio de 2004, relativa a la aplicación de dicha Opinión Consultiva, así como tras el importante deterioro de la situación que siguió al ataque a Gaza (diciembre de 2008 – enero de 2009), se han creado comités en varios países para fomentar y apoyar una iniciativa ciudadana a favor de los derechos del pueblo palestino.
3. El TRP se inscribe, con el mismo espíritu y siguiendo las mismas normas de rigor, en la línea del Tribunal que creó el eminente pensador y filósofo Bertrand Russell sobre Vietnam (1966-67) y del Tribunal Russell II sobre América Latina (1974-76), organizado por la Fundación Internacional Lelio Basso por el Derecho y la Liberación de los Pueblos.
4. Entre los miembros de su Comité Internacional de Apoyo figuran premios Nobel, un ex secretario general de las Naciones Unidas, dos ex jefes de Estado, otras personas que han ejercido altas funciones políticas y numerosos representantes de la sociedad civil, como escritores, periodistas, poetas, actores, realizadores, científicos, profesores, abogados y magistrados (véase anexo).
5. El marco de referencia jurídico del TRP es el del derecho internacional público.
6. La labor del TRP se desarrollará en varias sesiones. El TRP celebró su primera sesión los días 1, 2 y 3 de marzo en Barcelona, donde fue acogido y respaldado por el Comité Nacional de Apoyo y el Ayuntamiento de Barcelona, bajo la presidencia de honor de
Stéphane Hessel.

II. Mandato del TRP

7. El TRP parte del hecho establecido de que algunos aspectos de la conducta de Israel ya han sido considerados como violaciones del Derecho internacional por diversos organismos internacionales, tales como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la AGNU y la CIJ (infra párr. 17). La cuestión sometida por el Comité Internacional Organizador al TRP consiste en determinar si las relaciones de la Unión Europea (en adelante, UE) y sus Estados miembros con Israel constituyen hechos ilícitos en virtud del Derecho internacional, y en caso afirmativo, cuáles son las implicaciones prácticas y las medidas que podrían implementarse.
8. En esta sesión, el TRP se centrará en las seis cuestiones siguientes:
-el principio del respeto del derecho del pueblo palestino a la libre determinación;
-las colonias de asentamiento y el saqueo de los recursos naturales;
-la anexión de Jerusalén Este;
-el bloqueo de Gaza y la operación ‘Plomo Fundido’;
-la construcción del Muro en el territorio palestino ocupado;
-el Acuerdo de asociación entre la UE e Israel.

III. Procedimiento

9. El Comité Organizador planteó las seis cuestiones citadas a expertos elegidos por sus conocimientos factuales de la situación. En cumplimiento del principio de contradicción, la cuestiones se presentaron también a la UE y sus Estados miembros para que expresaran su opinión. Los expertos remitieron informes escritos al Tribunal.
10. En el caso de la UE, el presidente de la Comisión, señor Barroso, dirigió una carta al TRP que llegó durante la primera sesión del Tribunal. El presidente Barroso se refirió a las conclusiones adoptadas por el Consejo de ministros de Asuntos Exteriores del 8 de diciembre de 2009 (véase anexo A).
11. En el caso de los Estados miembros, un único Estado respondió a la petición del Tribunal. En una carta con fecha de 15 de febrero de 2010, Alemania hizo referencia, al igual que el presidente Barroso (véase punto anterior), a las conclusiones del Consejo de diciembre de 2009 (véase anexo B).
12. Si bien el TRP toma nota de estas misivas, lamenta que el resto de países miembros
de la UE y la propia UE se hayan mostrado reticentes a presentar sus argumentos sobre las
cuestiones que se han abordado en esta primera sesión y que el TRP no haya podido
beneficiarse de la ayuda que le habrían aportado dichos argumentos y las pruebas que los
sustenten.
13. La fase escrita del procedimiento fue seguida por una fase oral, durante la que los
miembros del Tribunal escucharon las intervenciones de los nueve expertos presentados por
el Comité Organizador. Se contó con la intervención de los expertos siguientes:
  • Madjid Benchikh (Argelia) – Profesor de Derecho Internacional Público en la Universidad de Cergy-Pontoise y ex decano de la Facultad de Derecho de Argel
  • Agnès Bertrand (Bélgica) – Investigadora y especialista sobre Medio Oriente en APRODEV
  • David Bondia (España) – Profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad de Barcelona
  • Patrice Bouveret (Francia) – Presidente del Observatorio de Armamento
  • François Dubuisson (Bélgica) – Profesor de Derecho de la Universidad Libre de Bruselas
  • James Phillips (Irlanda) – Abogado
  • Michael Sfard (Israel) – Abogado
  • Phil Shiner (Reino Unido) – Abogado
  • Derek Summerfield (Reino Unido) – Catedrático honorario del Instituto de Psiquiatría de Londres
14. Tras escuchar sus informes, el Tribunal escuchó a los testigos siguientes, también citados por el Comité Organizador:
  • Veronique De Keyser (Bélgica) – Diputada del Parlamento Europeo
  • Ewa Jasiewicz (Reino Unido) – Periodista y testigo de la operación ‘Plomo fundido’
  • Ghada Karmi (Palestina) – Escritora y doctora en medicina
  • Meir Margalit (Israel) – Comité Israelí contra la Demolición de Casas (ICAHD) y concejal del Ayuntamiento de Jerusalén
  • Daragh Murray (Irlanda) – Asesor jurídico del Centro Palestino de Derechos Humanos (PCHR), en nombre de Raji Sourani (Palestina) – Director del PHCR, que no pudo asistir porque, en el contexto del bloqueo general de Gaza y el cierre de los pasos fronterizos de Erez y Rafah, las autoridades israelíes y egipcias no le permitieron salir de la Franja
  • Raül Romeva (España) – Diputado del Parlamento Europeo
  • Clare Short (Reino Unido) – Parlamentaria y ex secretaria de Estado para el Desarrollo Internacional
  • Desmond Travers (Irlanda) – Coronel retirado y miembro de la Misión de Investigación de las Naciones Unidas que redactó el informe Goldstone
  • Francis Wurtz (Francia) – Ex diputado del Parlamento Europeo
15. El TRP siguió un procedimiento que no se corresponde con el de la CIJ ni con el de un tribunal penal nacional o internacional, pero que está basado en la metodología propia de toda instancia judicial en términos de independencia e imparcialidad de sus miembros.

IV. Admisibilidad

16. En el examen de las relaciones de la UE y sus Estados miembros con Israel, el TRP se pronunciará sobre una serie de supuestas violaciones del Derecho internacional imputadas a Israel. La ausencia de Israel en el presente procedimiento no representa un obstáculo a la admisibilidad de los informes de expertos relativos a dichas violaciones. Al pronunciarse sobre las violaciones del Derecho internacional presuntamente cometidas por un Estado que carece de representación ante el Tribunal, el TRP no contraviene la norma del consentimiento entre las partes aplicable ante los órganos judiciales internacionales encargados del arreglo de controversias entre Estados (véanse los casos de Oro amonedado y Timor Oriental, ICJ Reports, 1954 y 1995). La labor de la presente instancia no es comparable a la de una controversia remitida, por ejemplo, a la CIJ: los hechos presentados como violaciones del Derecho internacional cometidos por Israel en los Territorios Palestinos Ocupados han sido calificados como tales por la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, así como por varios informes, como los del Comité Especial encargado de investigar las prácticas israelíes que afecten a los derechos humanos del pueblo palestino y otros habitantes árabes de los Territorios Ocupados. Así pues, el
Tribunal se limita, en esta fase, a llamar la atención sobre una serie de circunstancias ya ampliamente constatadas por la comunidad internacional.

V. Fundamento

17. En estas conclusiones, el TRP utiliza, en función del contexto, los términos Palestina, territorios palestinos, territorio palestino, territorios palestinos ocupados y pueblo palestino sin perjuicio de la sentencia que se dicte en la última sesión.
18. Las conclusiones del TRP tratarán, en este orden, los temas siguientes:
  1. violaciones del Derecho internacional cometidas por Israel (A.)
  2. incumplimientos de la UE y sus Estados miembros de algunas normas específicas del Derecho internacional (B.)
  3. incumplimientos de la UE y sus Estados miembros de algunas normas generales del Derecho internacional (C.)
  4. omisiones por parte de la UE y sus Estados miembros ante las violaciones del Derecho internacional cometidas por Israel, así como para identificar posibles medidas (D.)
A. Violaciones del Derecho internacional cometidas por Israel19. Tras tomar nota de los informes de los expertos y una vez escuchados los testigos
citados por éstos, el TRP constata que Israel viola y sigue perpetrando graves violaciones del
Derecho internacional en perjuicio del pueblo palestino. En opinión del TRP, Israel
quebranta el Derecho internacional con las conductas descritas a continuación:
19.1. al mantener al pueblo palestino bajo un dominio y una subyugación que le impide determinar libremente su estatuto político, Israel viola el derecho del pueblo palestino a la libre determinación, en la medida en que no puede ejercer su soberanía en el territorio que le pertenece; este hecho viola la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales (A/RES 1514 (XV), 14 de diciembre de 1960) y todas las resoluciones de la AGNU que reafirman el derecho a
la libre determinación del pueblo palestino desde 1969 (A/RES 2535 B (XXIV), 10 diciembre de 1969, e, inter alia, A/RES 3236 (XXIX), 22 de noviembre de 1974 y 52/114, 12 de diciembre de 1997);
19.2. al ocupar territorios palestinos desde junio de 1967 y negarse a abandonarlos, Israel viola las resoluciones del Consejo de Seguridad que le exigen la retirada de los territorios en cuestión (S/RES 242, 22 de noviembre de 1967; 338, 22 de octubre de 1973);
19.3. al practicar una política de discriminación sistemática con respecto a los palestinos que se encuentran en territorio israelí y en los territorios ocupados, Israel comete hechos que pueden calificarse de apartheid; estos hechos comprenden, entre otros:
- cierre de los pasos fronterizos de la Franja de Gaza y restricciones sobre la libertad de movimiento de sus habitantes;
- impedimento del regreso de los refugiados palestinos a su hogar o tierra de origen;
- prohibición sobre el libre uso por parte de los palestinos de algunos recursos naturales, tales como los cursos de agua de su tierra;
19.4. dado el carácter discriminatorio, puestos que se basan, inter alia, en la nacionalidad de sus destinatarios, el TRP constata que estas medidas presentan aspectos comparables al apartheid, aunque no se deriven de régimen político idéntico al que regía en Sudáfrica hasta 1994; estas medidas están tipificadas como actos constitutivos de delito por la Convención Internacional sobre la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid de 18 de julio de 1976, que Israel no ha ratificado pero cuyo contenido le vincula en virtud del derechos consuetudinario internacional;
19.5. al anexionarse Jerusalén en julio de 1980 y mantener dicha anexión, Israel viola la prohibición de adquisición un territorio por la fuerza, tal y como lo dispuso el Consejo de Seguridad (S/RES 478, 20 de agosto de 1980);
19.6. al construir un Muro en Cisjordania, en territorio palestino que ocupa, Israel niega a los palestinos acceso a su propia tierras, contraviene sus derechos de propiedad y restringe gravemente la libre circulación de la población palestina, con lo que quebranta el artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, del que Israel es parte desde el 3 de octubre de 1991; la ilegalidad de la construcción del Muro fue confirmada por la CIJ en su Opinión Consultiva de 9 de julio de 2004, opinión asumida por la AGNU en su Resolución ES-10/15;
19.7. al establecer de forma sistemática colonias de asentamiento en Jerusalén y Cisjordania, Israel viola las normas del Derecho internacional humanitario que regulan la ocupación y, en particular, el artículo 49 del IV Convenio de Ginebra del 12 de agosto de 1949, al que Israel está vinculado desde el 6 de julio de 1951. La CIJ señaló este punto en la Opinión Consultiva mencionada;
19.8. al conducir una política de asesinatos selectivos contra palestinos a los que califica de  ‘terroristas’ sin intentar antes arrestarlos, Israel viola el derecho a la vida de los interesados, un derecho consagrado en el artículo 6 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos;
19.9. al mantener la Franja de Gaza bajo bloqueo, contrariamente a las disposiciones del IV Convenio de Ginebra del 12 de agosto de 1949 (artículo 33), que prohíbe el castigo colectivo;
19.10. al provocar daños extendidos y graves, especialmente contra personas y propiedades civiles, y al utilizar métodos de combate prohibidos durante la operación ‘Plomo Fundido’ en Gaza (diciembre de 2008 – enero de 2009).
20. Aunque la UE y sus Estados miembros no sean los autores directos de estos actos, quebrantan, no obstante, el Derecho internacional y el ordenamiento jurídico propio de la UE según lo establecido por el Tratado de la Unión, al no adoptar las medidas que le exigiría la conducta de Israel o contribuyendo, directa o indirectamente, a dicha conducta. Entre las disposiciones pertinentes recogidas por el Tratado de Lisboa, que entró en vigor en diciembre de 2009, cabe destacar:
“PREÁMBULO
CONFIRMANDO su adhesión a los principios de libertad, democracia y respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales y del Estado de Derecho,
Artículo 2
La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia,
la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres.
Artículo 3
[…]
5. En sus relaciones con el resto del mundo, la Unión afirmará y promoverá sus valores e intereses y contribuirá a la protección de sus ciudadanos. Contribuirá a la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible del planeta, la solidaridad y el respeto mutuo entre los pueblos, el comercio libre y justo, la erradicación de la pobreza y la protección de los derechos humanos, especialmente los derechos del niño, así como al estricto respeto y al desarrollo del Derecho internacional, en particular el respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas.
Artículo 17
1. La Comisión promoverá el interés general de la Unión y tomará las iniciativas adecuadas con este fin. Velará por que se apliquen los Tratados y las medidas adoptadas por las instituciones en virtud de éstos. Supervisará la aplicación del Derecho de la Unión bajo el control del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Ejecutará el presupuesto y gestionará los programas. Ejercerá asimismo funciones de coordinación, ejecución y gestión, de conformidad con las condiciones establecidas en los Tratados. Con excepción de la política exterior y de seguridad común y de los demás casos previstos por los Tratados, asumirá la representación exterior de la Unión. Adoptará las iniciativas de la programación anual y plurianual de la Unión con el fin de alcanzar acuerdos interinstitucionales.
TÍTULO V
DISPOSICIONES GENERALES RELATIVAS A LA ACCIÓN EXTERIOR DE LA UNIÓN Y DISPOSICIONES ESPECÍFICAS RELATIVAS A LA POLÍTICA EXTERIOR Y DE SEGURIDAD COMÚN
CAPÍTULO 1
DISPOSICIONES GENERALES RELATIVAS A LA ACCIÓN EXTERIOR DE LA UNIÓN
Artículo 21
1. La acción de la Unión en la escena internacional se basará en los principios que han inspirado su creación, desarrollo y ampliación y que pretende fomentar en el resto del mundo: la democracia, el Estado de Derecho, la universalidad e indivisibilidad de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, el respeto de la dignidad humana, los principios de igualdad y solidaridad y el respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas y del Derecho internacional. La Unión procurará desarrollar relaciones y crear asociaciones con los terceros países y con las organizaciones internacionales, regionales o mundiales que compartan los principios mencionados en el párrafo primero. Propiciará
soluciones multilaterales a los problemas comunes, en particular en el marco de las Naciones Unidas.
2. La Unión definirá y ejecutará políticas comunes y acciones y se esforzará por lograr un alto grado de cooperación en todos los ámbitos de las relaciones internacionales con el fin de:
a) defender sus valores, intereses fundamentales, seguridad, independencia e integridad;
b) consolidar y respaldar la democracia, el Estado de Derecho, los derechos humanos y los principios del Derecho internacional;
c) mantener la paz, prevenir los conflictos y fortalecer la seguridad internacional, conforme a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, así como a los principios del Acta Final de Helsinki y a los objetivos de la Carta de París, incluidos los relacionados con las fronteras exteriores;
d) apoyar el desarrollo sostenible en los planos económico, social y medioambiental de los países en desarrollo, con el objetivo fundamental de erradicar la pobreza;
e) fomentar la integración de todos los países en la economía mundial, entre otras cosas mediante la supresión progresiva de los obstáculos al comercio internacional;
f) contribuir a elaborar medidas internacionales de protección y mejora de la calidad del medio ambiente y de la gestión sostenible de los recursos naturales mundiales, para lograr el desarrollo sostenible;
g) ayudar a las poblaciones, países y regiones que se enfrenten a catástrofes naturales o de origen humano; y
h) promover un sistema internacional basado en una cooperación multilateral sólida y en una buena gobernanza mundial.
3. La Unión respetará los principios y perseguirá los objetivos mencionados en los apartados 1 y 2 al formular y llevar a cabo su acción exterior en los distintos ámbitos cubiertos por el presente título y por la parte quinta del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, así como los aspectos exteriores de sus demás políticas. La Unión velará por mantener la coherencia entre los distintos ámbitos de su acción exterior y entre éstos y sus demás políticas. El Consejo y la Comisión, asistidos por el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, garantizarán dicha coherencia y cooperarán a tal efecto.
B. Incumplimientos de la UE y de sus Estados miembros de normas específicas de Derecho internacional que exigen a la UE y sus Estados miembros reaccionar antes las violaciones del Derecho internacional cometidas por Israel
21. Algunas normas del Derecho internacional exigen a la UE y sus Estados miembros que actúen para impedir que Israel cometa violaciones específicas del Derecho internacional. Así,
- en lo que se refiere al derecho de los pueblos a la libre determinación, la Declaración sobre las relaciones de amistad de la AGNU (A/RES 2625 (XXV), 24 de octubre de 1970) afirma, en su cuarto principio (párr. 2):
“Todo Estado tiene el deber de promover, mediante acción conjunta o individual, la aplicación del principio de la igualdad soberana de derechos y de la libre determinación de los pueblos […], y de prestar asistencia a las Naciones Unidas en el cumplimiento de las obligaciones que se le encomiendan por la Carta respecto de la aplicación de dicho principio […]” (CIJ, Reports 2004, párr. 156) del mismo modo, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966 dispone que: “Los Estados Partes […] promoverán el ejercicio del derecho de libre determinación”;
- en lo que se refiere a los derechos humanos, la misma Declaración sobre las relaciones de amistad señala, en el mismo contexto, (cuarto principio, párr. 3):
“Todo Estado tiene el deber de promover, mediante acción conjunta o individual, la aplicación del principio de la igualdad soberana de derechos y de la libre determinación de los pueblos, de conformidad con las disposiciones de la Carta,” (véase también, quinto principio, párr. 2);
- además el Acuerdo de asociación euromediterránea del 20 de noviembre de 1995 (DOCE L 147/1 del 21 de junio de 2000), dispone que:
“Las relaciones entre las Partes, así como todas las disposiciones del presente Acuerdo, se fundamentan en el respeto de los principios democráticos y de los derechos humanos, que inspira sus políticas interiores y exteriores y constituyen un elemento esencial del presente Acuerdo” (art. 2); esta disposición obliga a la UE y sus Estados miembros a garantizar que Israel respete los derechos y libertades fundamentales, y de ella se deriva que, al no hacerlo, la UE y sus Estados miembros contravienen el acuerdo; como demostró el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas (TJCE) en el caso Brita (TJCE, 25 de febrero de 2010), la legislación de la UE también es aplicable a las relaciones de la UE con Israel; si bien el Acuerdo de asociación también estipula que esto no impide que “una de las Partes contratantes tome las medidas […] c) que considere esenciales para su seguridad en caso de disturbios internos graves que afecten al mantenimiento del orden público, en tiempos de guerra o de grave tensión internacional que constituya una amenaza de guerra, o con el fin de cumplir las obligaciones que haya aceptado a efectos de mantener la paz y la seguridad internacionales” (art. 76); el TRP no considera, sin embargo, que esta posibilidad concedida a las partes contratantes pueda alegarse para justificar que la UE y sus Estados miembros no cumplan con su deber de diligencia debida con miras a garantizar el respeto de los derechos humanos por la otra parte; mas al contrario: el respeto del deber en cuestión puede contribuir al mantenimiento de “la paz y la seguridad internacionales”;
- en lo que se refiere al Derecho internacional humanitario, el artículo 1 común a los cuatro Convenios de Ginebra de 1949 dispone que “las Altas Partes Contratantes se comprometen a respetar y a hacer respetar” los Convenios, tal como apuntó la CIJ en el caso del Muro:
“De esa disposición se desprende que todo Estado parte en dicho Convenio, sea o no parte en un conflicto determinado, tiene la obligación de hacer que se cumplan las exigencias impuestas por los instrumentos en cuestión” (CIJ, Reports 2004, párr. 158); El comentario oficial del Comité Internacional de la Cruz Roja (en adelante, CICR) pone el acento en la importancia del artículo primero, al señalar  “Se trata más bien de una serie de compromisos unilaterales, contraídos solemnemente ante el mundo representado por las demás Altas Partes contratantes. Cada Estado contrae obligaciones consigo mismo y, al mismo tiempo, con los demás. La finalidad del Convenio es tan superior, es tan universalmente reconocido como un imperativo de la civilización, que es necesario afirmarlo, tanto por el respeto que inspira al propio Estado signatario como por el respeto que éste último espera del adversario; en efecto, quizá más por la primera razón que por la segunda. Las Partes Contratantes no sólo se comprometen a respetar, sino también a «hacer respetar» el Convenio. Puede parecer una fórmula redundante. Cuando un Estado contrae un compromiso, este compromiso se extiende de manera implícita a todos
aquellos sobre quienes ejerce la autoridad, así como a los representantes de su autoridad; y dicho Estado tiene la obligación de dictar las órdenes necesarias. Sin embargo, las palabras «y a hacer respetar» se utilizaron de manera intencionada: con la finalidad de subrayar y consolidar la responsabilidad de las Partes Contratantes. [….]
A la luz de las consideraciones precedentes y del hecho de que las disposiciones relativas a la represión se han visto considerablemente reforzadas, cabe constatar que el artículo primero, lejos de ser una simple cláusula de estilo, ha sido deliberadamente revestido de carácter imperativo. Se debe tomar en su sentido literal.”1 el hecho de que la UE no sea parte de los Convenios de Ginebra no excluye la aplicabilidad de sus normas a la UE; así, en el caso sobre el Muro antes mencionado, la CIJ consideró que una organización internacional como las Naciones Unidas, que tampoco era parte de dichos Convenios, debería actuar para garantizar su respeto. Según la Corte, las Naciones Unidas y “en especial la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, deberían considerar qué medidas adicionales son necesarias para poner fin a la situación ilegal resultante de la
construcción del muro y el régimen conexo, teniendo debidamente en cuenta la presente Opinión Consultiva.” (CIJ, Reports 2004, párr. 160); por otro lado, el estudio del CICR sobre el Derecho internacional humanitario consuetudinario dispone que los Estados: “En la medida de lo posible, deberán ejercer su influencia para hacer que cesen esas violaciones [del derecho internacional humanitario]” (norma 144); dado que se trata de una norma del Derecho consuetudinario, es también
aplicable a las organizaciones internacionales.
- Además, y en conformidad con el Derecho internacional humanitario, más allá del artículo 1, los Estados miembros de la UE están sometidos a obligaciones específicas consistentes en ejercer la jurisdicción universal sobre presuntos responsables de crímenes, especialmente a la luz de las recomendaciones de la Misión de Investigación de las Naciones Unidas para el establecimiento de los hechos en el conflicto de Gaza en los párrafos 1857 y 1975 (a) de su informe ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas de septiembre de 2009. Dicha obligación surge respecto a la población civil que vive bajo ocupación en virtud de lo estipulado por los artículos 146 y 147 del IV Convenio de Ginebra, que disponen lo siguiente:
“Artículo 146 – Sanciones penales. I. Generalidades
Las Altas Partes Contratantes se comprometen a tomar todas las oportunas medidas legislativas para determinar las adecuadas sanciones penales que se han de aplicar a las personas que hayan cometido, o dado orden de cometer, una cualquiera de las infracciones graves contra el presente Convenio definidas en el artículo siguiente.
Cada una de las Partes Contratantes tendrá la obligación de buscar a las personas acusadas de haber cometido, u ordenado cometer, una cualquiera de las infracciones graves, y deberá hacerlas comparecer ante los propios tribunales, sea cual fuere su nacionalidad. Podrá también, si lo prefiere, y según las condiciones previstas en la propia legislación, entregarlas para que sean juzgadas por otra Parte Contratante interesada, si ésta ha formulado contra ella cargos suficientes.
Cada Parte Contratante tomará las oportunas medidas para que cesen, aparte de las infracciones graves definidas en el artículo siguiente, los actos contrarios a las disposiciones del presente Convenio.
Los inculpados se beneficiarán, en todas las circunstancias, de garantías de procedimiento y de libre defensa, que no podrán ser inferiores a las previstas en los artículos 105 y siguientes del Convenio de Ginebra de 12 de agosto de 1949 relativo al trato debido a los prisioneros de guerra.
Artículo 147 – II. Infracciones graves
Las infracciones graves a las que se refiere el artículo anterior son las que implican uno cualquiera de los actos siguientes, si se cometen contra personas o bienes protegidos por el Convenio: el homicidio intencional, la tortura o los tratos inhumanos, incluidos los experimentos biológicos, el hecho de causar deliberadamente grandes sufrimientos o de atentar gravemente contra la integridad física o la salud, la deportación o el traslado ilegal, la
detención ilegal, el hecho de forzar a una persona protegida a servir en las fuerzas armadas de la Potencia enemiga, o el hecho de privarla de su derecho a ser juzgada legítima e imparcialmente según las prescripciones del presente Convenio, la toma de rehenes, la destrucción y la apropiación de bienes no justificadas por necesidades militares y realizadas a gran escala de modo ilícito y arbitrario.”
Cabe apuntar que Austria, Francia, Grecia e Italia son cuatro países europeos que no observan el artículo 146 (1), ya que su ordenamiento jurídico nacional no permite que la jurisdicción universal se ejerza sobre los presuntos responsables de violaciones de los crímenes enumerados en el artículo 147.
Se pone una especial atención en el hecho de que el artículo 146 no sólo exige que la jurisdicción universal se aplique sobre aquellos individuos con presunta responsabilidad penal por infracciones graves, sino también que, de acuerdo con el artículo 146 (3), los Estados deben tomar medidas eficaces para que cesen también las infracciones no graves, que el comentario oficial sobre el Convenio del CICR explica en los términos siguientes: “en virtud del presente párrafo, las Partes Contratantes deben también hacer cesar todos los actos contrarios a las disposiciones del presente Convenio.
La fórmula no es muy precisa. La expresión «faire cesser», empleada en el texto francés, puede dar lugar a distintas interpretaciones. En opinión del Comité Internacional, dicha fórmula abarca, todo aquello que puede hacer un Estado para impedir que se cometan o se repitan actos contrarios al Convenio […] Sin embargo, queda fuera de duda que se trata, en
primer lugar, de la represión de otras violaciones que las infracciones graves enumeradas y, sólo en segundo lugar, que se pueden tomar medidas administrativas para garantizar el respeto de las disposiciones del Convenio.”
C. Incumplimientos de la UE y sus Estados miembros de las normas generales de Derecho internacional que exigen a la UE y sus Estados miembros a reaccionar frente a las violaciones del Derecho internacional cometidas por Israel
22. Las violaciones del Derecho internacional cometidas por Israel son, a menudo, violaciones de “normas imperativas” del Derecho internacional (jus cogens): asesinatos selectivos que violan el derecho a la vida, privación de la libertad de los palestinos en condiciones que violan la prohibición de la tortura, violación del derecho de los pueblos a la libre determinación, condiciones de vida impuestas a un pueblo que constituyen una forma de apartheid.
23. El carácter imperativo de estas normas deriva de su carácter inderogable (véase por el derecho a la vida y la prohibición de la tortura, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, art. 4, párr. 2, y la Convención contra la Tortura del 10 de diciembre de 1984, art. 2, párrs. 2-3) o del hecho de que hayan sido equiparadas a “normas imperativas” por la doctrina más relevante, a saber, la Comisión de Derecho Internacional (en adelante, CDI) (sobre la prohibición del apartheid y el respeto del derecho de los pueblos a la libre determinación, véase el proyecto de artículos del CDI sobre la responsabilidad del Estado,
comentario del artículo 40, ILC Report, 2001, pp. 305-307).
24. Cuando presencian una violación de dichas normas, aunque sea a una distancia considerable, los Estados y las organizaciones internacionales no pueden permanecer pasivos e indiferentes; la CDI, en el artículo 41 de su proyecto de artículos sobre la responsabilidad del Estado, adoptó una disposición a tal efecto: “1. Los Estados deben cooperar para poner fin, por medios lícitos, a toda violación grave en el sentido del artículo 40.” [violación de una norma imperativa de derecho internacional]
En su comentario, la CDI deja claro que:
“la obligación de cooperar se aplica a los Estados independientemente de que resulten o no afectados por la violación grave. Lo que se pide es que, ante las violaciones graves, todos los Estados realicen un esfuerzo conjunto y coordinado para contrarrestar los efectos de esas violaciones.” (ILC Report, 2001, p. 308).
25. La UE y sus Estados miembros, por lo tanto, tienen el deber de reaccionar, en cumplimiento del Derecho internacional, para impedir que se infrinjan normas imperativas del Derecho internacional y para contrarrestar sus consecuencias. Al no adoptar las medidas apropiadas a tal fin, la UE y sus Estados miembros contravienen una obligación elemental de diligencia debida relativa al respeto de las normas más fundamentales del Derecho internacional.
26. El TRP considera que esta obligación de reacción implica, en virtud de los principios de buena fe y de diligencia debida, el deber de garantizar que la reacción contra violaciones de normas imperativas del Derecho internacional satisfaga el principio de eficacia razonable. Con tal fin, la UE y sus Estados miembros deben emplear todas las vías jurídicas disponibles para garantizar que Israel respete el Derecho internacional. El TRP, por lo tanto, insta a una respuesta que vaya más allá de meras declaraciones de condena de las violaciones del Derecho internacional cometidas por Israel. Evidentemente, el TRP toma nota de tales declaraciones, pero éstas no son sino un primer paso hacia el cumplimiento de las obligaciones internacionales de la UE y sus Estados miembros, que no están observando plenamente el deber de reacción que les imponen las normas del Derecho internacional.
27. Finalmente, el TRP desea subrayar que la obligación de reaccionar ante violaciones de normas imperativas del Derecho internacional debe estar sujeta a una norma de no discriminación y a la inadmisibilidad de dobles raseros; el TRP es perfectamente consciente de que los Estados no han tipificado una norma de equidistancia con respecto a la obligación de reacción, pero opina que dicha norma se infiere de los principios de buena fe y de la interpretación razonable del Derecho internacional: negarse a admitirla conduciría, inevitablemente, a “un resultado manifiestamente absurdo o irrazonable”, algo que no admite la Convención de Viena sobre el derecho de los tratados, establecido en su artículo 32 (b). En tales circunstancias, el TRP considera que es inaceptable y contrario a la lógica jurídica arriba mencionada que la UE suspendiera, de facto, sus relaciones con Palestina tras la elección de Hamás en los territorios palestinos ocupados y las mantenga con un Estado que
viola el Derecho internacional a una escala mucho mayor que Hamás.
D. Las omisiones de la UE y sus Estados miembros para abstenerse de contribuir a las violaciones del Derecho internacional cometidas por Israel
28. El TRP toma nota de que los informes de los expertos ponen de manifiesto formas de asistencia pasiva y activa por parte de la UE y sus Estados miembros respecto a violaciones del Derecho internacional cometidas por Israel. Se ha llamado la atención, en
concreto, sobre las cuestiones siguientes:
- las exportaciones de armas y componentes de armas por parte de Estados de la UE hacia Israel, algunos de los cuales se utilizaron en el conflicto de Gaza en diciembre de 2008 y enero de 2009;
- las exportaciones hacia la UE de productos procedentes de colonias de asentamiento ubicadas en territorios ocupados;
- la participación de las colonias de asentamiento en programas de investigación europeos;
- el hecho de que la UE no denunciara la destrucción por parte de Israel de infraestructuras en Gaza durante la operación ‘Plomo Fundido’;
- el hecho de que la UE no exija a Israel el cumplimiento de las cláusulas relativas al respeto de los derechos humanos que figuran en los diversos acuerdos de asociación adoptados entre la UE e Israel;
- la decisión de la UE de reforzar sus relaciones con Israel en el marco del Acuerdo de asociación euromediterránea;
- el hecho de que la UE y sus Estados miembros toleren determinadas relaciones económicas de empresas europeas con Israel, que desarrollan proyectos comerciales en los territorios ocupados, tales como la gestión del vertedero de Tovlan en el Valle del Jordán y la construcción de una línea de tranvía en Jerusalén Este.
29. Para que estos hechos sean equiparables a una asistencia o a una ayuda ilícita a Israel, deben cumplirse dos condiciones: el Estado que aporta su asistencia debe hacerlo con la intención de facilitar la comisión del hecho ilícito imputable a Israel y debe actuar con conocimiento de causa; el artículo 16 del proyecto de artículos de la CDI sobre la responsabilidad del Estado reza así:
“El Estado que presta ayuda o asistencia a otro Estado en la comisión por éste último de un hecho internacionalmente ilícito es responsable internacionalmente por prestar esa ayuda o asistencia si a) Lo hace conociendo las circunstancias del hecho internacionalmente ilícito y b) El hecho sería internacionalmente ilícito si fuese cometido por el Estado que presta la ayuda o asistencia.”
En su comentario, la CDI precisa que el Estado que presta asistencia al autor del hecho ilícito debe tener la intención de facilitar la conducta ilícita y que el Estado que recibe asistencia adopta efectivamente tal conducta; la responsabilidad del Estado está
comprometida aunque esta asistencia no haya sido esencial para la comisión del hecho ilícito; basta con que dicha ayuda o asistencia “hayan contribuido significativamente a ese hecho” (ILC Report, 2001, p. 166). Es necesario, por ende, que el Estado que presta ayuda o asistencia esté al corriente de que Israel está violando el Derecho internacional y que la ayuda prestada a Israel esté destinada a posibilitar dichas violaciones.
30. In casu, la UE y sus Estados miembros no podrían haber desconocido que ciertas formas de asistencia a Israel contribuían o podrían contribuir de forma decisiva a la comisión de ciertos hechos ilícitos por parte Israel. Éste sería el caso de:
- exportaciones de equipos militares a un Estado que mantiene desde hace más de 40 años una ocupación ilegal;
- importaciones de productos procedentes de colonias de asentamiento ubicadas en territorios ocupados, sin que las autoridades aduaneras de los Estados miembros de la UE ejerzan un verdadero control del origen de dichos productos, salvo en circunstancias excepcionales (TJCE, 25 de febrero de 2010, Brita), cuando la excepción debería convertirse en regla.
- las pruebas recogidas en un informe publicado en 2005 y reiteradas en informes internos redactados por funcionarios de la UE para organismos de la UE que enumeran detalladamente varias violaciones y que no han sido sino ignorados por dichos organismos.
En ambos casos, esta conducta contribuyó “significativamente” a la configuración de los hechos ilícitos cometidos por Israel, incluso aunque no causaran directamente tales hechos, y es razonable asumir que la UE no habría podido desconocer tal circunstancia. En estos casos, puede considerarse que la UE ha sido cómplice del hecho ilícito cometido por Israel y, por lo tanto, incurre en responsabilidad.
31. La participación de las colonias de asentamiento en programas de investigación europeos, el hecho de que la UE no denunciara la destrucción por parte de Israel durante la operación ‘Plomo Fundido’ de infraestructuras financiadas por la UE en Gaza y la propuesta de mayor implementación de las relaciones bilaterales entre la UE e Israel son caracterizados por una serie de expertos como asistencia a Israel en sus supuestas violaciones del Derecho internacional. La CDI considera que, en este tipo de casos, es necesario examinar “cuidadosamente” si el Estado acusado de asistencia ilícita sabía que estaba facilitando la
comisión de un hecho ilícito. Según la CDI:
“Cuando se afirma que la asistencia prestada por un Estado ha facilitado la violación de derechos humanos por otro Estado, deben examinarse cuidadosamente las circunstancias concretas de cada caso para determinar si el Estado que presta la asistencia sabía que su ayuda sería utilizada para facilitar la comisión del hecho internacionalmente ilícito.” (ILC Report 2001, p. 68)
Aunque los hechos de la UE y sus Estados miembros no contribuyan directamente a las violaciones del Derecho internacional cometidas por Israel, éstos aportan una forma de aval a la política de Israel y le animan a violar el Derecho internacional, ya que sitúan a la UE y a sus Estados miembros en un papel de avaladores. En palabras del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY):
“Aunque puede decirse que todo espectador anima un espectáculo –siendo el público elemento indispensable de todo espectáculo–, el espectador en estos casos [casos alemanes citados por la Cámara] sólo fue hallado cómplice si su posición era tal que su presencia tenía un efecto alentador o legitimador notable sobre los hechos de los autores.” (TPIY, Furundzija
case IT-95-17/1-T, 10 de diciembre de 1998, párr. 232).3 Tal como apuntó un experto, el silencio de la UE y sus Estados miembros se asemejan a una aprobación tácita o una señal de aceptación de violaciones del Derecho internacional por parte de Israel. Dado que es inconcebible que la UE y sus Estados miembros desconozcan las violaciones del Derecho internacional que está cometiendo Israel, el TRP concluye que los hechos en causa constituyen asistencia ilícita a Israel de conformidad con el artículo 16 anteriormente citado del proyecto de artículos de la CDI sobre la responsabilidad del Estado.
En esta fase del procedimiento, el TRP exhorta a:
  • (i) la UE y sus Estados miembros a cumplir con sus obligaciones de inmediato poniendo fin a las violaciones detalladas en el apartado C y a los incumplimientos detallados en el apartado D;
  • (ii) la UE, en concreto, a aplicar la resolución del Parlamento Europeo que exige la suspensión del Acuerdo de asociación entre la UE e Israel y, de este modo, poner fin a la impunidad de que Israel ha gozado hasta la fecha;
  • (iii) los Estados miembros de la UE a aplicar la recomendación del párrafo 1975 (a) del Informe de la Misión de Investigación de las Naciones Unidas (Informe Goldstone), relativa a la recopilación de pruebas y la aplicación de la jurisdicción universal de presuntos responsables israelíes y palestinos;
  • (iv) los Estados miembros de la UE a revocar la condición, en el seno de éstos, de que un presunto responsable sea residente de dicho Estado y cualquier otro impedimento al cumplimiento de la obligación de procesar o extraditar a presuntos criminales de guerra buscados por los Estados miembros;
  • (v) los Estados miembros de la UE a garantizar que las leyes y los procedimientos pertinentes de la jurisdicción universal se apliquen en la práctica con la mayor eficacia a través, entre otras cosas, de la coordinación y aplicación de acuerdos sobre cooperación mutua entre Estados en materia penal, los puntos de contacto de la UE sobre delincuencia trasfronteriza e internacional (EUROPOL e INTERPOL), etcétera;
  • (vi) los Estados miembros de la UE a no realizar modificaciones que limitarían los efectos de las leyes de jurisdicción universal existentes, con miras a garantizar que ningún Estado miembro pueda convertirse en refugio seguro de presuntos criminales de guerra;
  • (vii) los Parlamentos de Austria, Francia, Grecia e Italia a promulgar leyes que, de conformidad con el artículo 146 del IV Convenio de Ginebra, permitan el ejercicio de la jurisdicción universal en dichos Estados;
  • (viii) individuos, grupos y organizaciones a tomar todas las medidas a su alcance para lograr que la UE y sus Estados miembros respeten las obligaciones mencionadas, como el uso de la jurisdicción universal contra presuntos autores de crímenes, el inicio de diligencias civiles, a escala nacional, contra Gobiernos individuales y/o sus departamentos u organismos y empresas privadas. Con tal fin, el TRP manifiesta la intención de apoyar y/o fomentar el apoyo de estudios para determinar en qué países y jurisdicciones se podrían perseguir con mayor eficacia tales crímenes; y
  • (ix) a que las acciones legales actualmente en curso en el marco del BDS se refuercen y amplíen en el seno de la UE y más globalmente.
El Tribunal Russell sobre Palestina insta a la Unión Europea y a todos y cada uno de sus Estados miembros a imponer las sanciones necesarias a su socio, Israel, mediante medidas diplomáticas, comerciales y culturales con miras a poner fin a la impunidad de la que se beneficia desde hace décadas. En caso de que la UE carezca del valor necesario para ello, el Tribunal cuenta con los ciudadanos y ciudadanas de Europa para ejercer las presiones necesarias mediante todos los medios apropiados.

VI. Continuación del procedimiento

32. Estas conclusiones clausuran la I sesión del TRP en Barcelona. Tal y como ha manifestado el Tribunal, estas conclusiones son provisionales, ya que son fruto de una evaluación prima facie de los hechos presentados, sin menoscabo del juicio final que el TRP pronunciará en su última sesión. A tal efecto, el TRP espera que la UE y sus Estados miembros participen más activamente en la continuación del procedimiento haciendo valer su punto de vista para evitar que el TRP extraiga conclusiones erróneas de su silencio y de su ausencia.