La nueva película del realizador italiano Giuseppe Tornatore, bautizada para el público de habla hispana como La Desconocida, plantea un tema tan real como actual en la Italia de hoy: la inmigración ilegal y mucho más recurrente en la opinión pública italiana desde hace unos días, tras la asunción de Silvio Berlusconi en el poder, anunciando una implacable persecución contra la inmigración ilegal, especialmente contra aquella que llega desde los países del este.
El creador de joyas como Cinema Paradiso, no llegó al tema producto de la información que proveen a diario los medios de comunicación sobre este tema, sino que el disparador de la idea fue el asalto que sufrió entrando a su casa en Roma de parte de un grupo de rumanos. Y así fue que pronto ese episodio de inseguridad se transformó en una de las películas más aclamadas por la crítica local e internacional.
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La Desconocida, relata las vicisitudes de Irena, una inmigrante de Europa del Este, que se establece en una ciudad del Norte de Italia,Trieste, escapando del horror y las privaciones de su patria (situación que será confirmada durante el desarrollo con flashbacks que nos ofrecen un panorama bastante desolador sobre el pasado de Irena) para comenzar una nueva vida lejos del horror.
Irena conseguirá trabajo en la casa de una acomodada familia italiana como niñera de su hija pequeña. Pero la tranquilidad y estabilidad de Irena durará poco, hasta que los fantasmas del pasado regresen para atormentarla nuevamente.

Realmente no en vano ha sigo galardonada con 5 premios David Di Donatello en las categorías mejorpelícula, actriz, director, fotografía y música y asumo la responsabilidad de afirmar que La Desconocida, es un thriller psicológico de aquellos, que respeta todos los ganchos del género para atrapar al espectador: la música compuesta por Ennio Morricone que le imprime una cadencia aún más agobiante al ambiente de Irena y pantallazos rápidos de las vejaciones que han convertido a la protagonista en ese personaje que destila misterio y también temor.
Un hallazgo de Tornatore fue la selección de la actriz rusa Xenia Rappoport, quien a pesar de no contar con experiencia en cine, se hizo dueña de la película con una actuación memorable.









Estoy seguro escuchaste esta melodía muchas veces, pero tal vez no sepas que “Canción de cuna de Brahms” es el nombre genérico utilizado para un gran número de canciones de cuna con letras similares e igual música, cuyo autor original fue Johannes Brahms.  La obra fue publicada en 1868 bajo el nombre de “Wiegenlied: Guten Abend, gute Nacht”, Op. 49, No. 4.
El primer verso fue tomado de una colección de poemas tradicionales alemanes llamados Des Knaben Wunderhorn, y esta canción de cuna fue una variación de una canción folclórica austríaca que Brahms escribió para el primer hijo de su joven amiga vienesa Bertha Porubzky, una famosa soprano cuyo nombre artístico fue Bertha Faber.
Conocí esta famosa canción de cuna durante muchos años, pero siempre pensé en ella simplemente como “Duérmete pronto mi niño”.  Se la canté a mis hijos sin pesar quién la había compuesto.  Y siempre es intrigante y gratificante descubrir cuanto mas placer hay en la música cuando uno conoce algo sobre el compositor y el motivo detrás de su creación.
Como ya les conté “La Canción de cuna” fue dedicada por Brahms al hijo de Bertha, pero la interesante anécdota que descubrí es que mucho antes, Brahms y Bertha se habían enamorado cuando ella cantaba en su coro de muchachas en Hamburgo.  Durante los descansos en las jornadas de canto, o mientras la acompañaba en las caminatas nocturnas de regreso hacia su casa, ella le susurraba a Brahms en el oído una suave melodía vienesa a modo de Vals.  Los amores se acabaron, pero la amistad perduró en el tiempo, al igual que la melodía en el alma de Brahms…
Con el advenimiento del niño de Bertha, Brahms compuso en forma de canción de cuna, un perfecto contrapunto musical de la canción de amor que Bertha le cantaba al oído.  Cuando le llevó la canción de regalo, la partitura tenía la siguiente nota de Brahms dirigida de manera por demás audaz al marido de Bertha: “…se dará cuenta que escribí ‘Wiegenlied’ para el pequeño de Bertha.  Le parecerá que. . . mientras ella se la canta al pequeño Hans, alguien le canta a su vez a ella una canción de amor.”
Bertha cantó muchas veces para Brahms y para el público de Viena la Canción de Cuna… nos imaginamos como debía latir el corazón y el alma de esta mujer mientras le cantaba a esos dos amores una misma y única canción…