Jorge L. Borges   El 24 de agosto de 1899, a los ocho meses de gestación, nace en Buenos Aires Jorge Luis Borges en casa de Isidoro Acevedo, su abuelo paterno. Es bilingüe desde su infancia y aprenderá a leer en inglés antes que en castellano por influencia de su abuela materna de origen inglés.
  Georgie, como es llamado en casa, tenía apenas seis años cuando dijo a su padre que quería ser escritor. A los siete años escribe en inglés un resumen de la mitología griega; a los ocho, La visera fatal, inspirado en un episodio del Quijote; a los nueve traduce del inglés "El príncipe feliz" de Oscar Wilde.
  En 1914, y debido a su ceguera casi total, el padre se jubila y decide pasar una temporada con la familia en Europa. Debido a la guerra, se instalan en Ginebra donde Gerorgie escribirá algunos poemas en francés mientras estudia el bachillerato (1914-1918). Su primera publicación registrada es una reseña de tres libros españoles escrita en francés para ser publicada en un periódico ginebrino. Pronto empezará a publicar poemas y manifiestos en la prensa literaria de España, donde reside desde 1919 hasta 1921, año en que los Borges regresan a Buenos Aires. El joven poeta redescubre su ciudad natal, sobre todo los suburbios del Sur, poblados de compadritos. Empieza a escribir poemas sobre este descubrimiento(1), publicando su primer libro de poemas, Fervor de Buenos Aires (1923). Instalado definitivamente en su ciudad natal a partir de 1924, publicará algunas revistas literarias y con dos libros más, Luna de enfrente eInquisiciones, establecerá ya en 1925 su reputación de jefe de la más joven vanguardia.
  En los treinta años siguientes, Georgie se transforma en Borges; es decir: en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de nuestra América. Cansado del ultraísmo (escuela experimental de poesía que se desarrolló a partir del cubismo y futurismo) que él mismo había traído de España, intenta fundar un nuevo tipo de regionalismo, enraizado en una perspectiva metafísica de la realidad. Escribe cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el tango, sobre fatales peleas de cuchillo ("Hombre de la esquina rosada" (2),"El Puñal"(3)). Pronto se cansará también de este ismo y empezará a especular por escrito sobre la narrativa fantástica o mágica, hasta punto de producir durante dos décadas, 1930-1950, algunas de las más extraordinarias ficciones de este siglo (4) (Historia universal de la infamia,1935; Ficciones, 1935-1944; El Aleph, 1949; entre otros).
  En 1961 comparte con Samuel Beckett el Premio Formentor otorgado por el Congreso Internacional de Editores, y que será el comienzo de su reputación en todo el mundo occidental. Recibirá luego el título de Commendatore por el gobierno italiano, el de Comandante de la Orden de las Letras y Artes por el gobierno francés, la Insignia de Caballero de la Orden del Imperio Británico y el Premio Cervantes, entre otros numerosísimos premios y títulos.
 Una encuesta mundial publicada en 1970 por el Corriere della Serarevela que Borges obtiene allí más votos como candidato al Premio Nobel que Solzhenitsyn, a quien la Academia Sueca distinguirá ese año.
  El 27 de Marzo de 1983 publica en el diario La Nación de Buenos Aires el relato "Agosto 25, 1983", en que profetiza su suicidio para esa fecha exacta. Preguntado tiempo más tarde sobre por qué no se había suicidado en la fecha anunciada, contesta lisamente: "Por cobardía". Ese mismo año la Academia sueca otorga el Premio Nobel a William Golding; uno de los académicos denuncia la mediocridad de la elección. Todos siguen preguntándose por qué Borges es sistemáticamente soslayado. El premio a Golding parece dar la razón a los que dudan de que los académicos suecos sepan realmente leer.
 Jorge Luis Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986.

(adaptado del libro "Ficcionario" de Emir Rodríguez Monega)
http://www.literatura.org/Borges/Borges.html
Entrevista realizada en Buenos Aires, en 1983.
Diez años. Como si tratara de uno más de los mágicos laberintos por él trazados, este es el tiempo que la entrevista ha permanecido sin publicar. He decidido respetar su texto tal como un día lo escribí, y evitar correcciones que, seguramente, distorsionarían el sentimiento que me causó entonces.
Aún hoy, al releer sus palabras, escucho su voz gastada y descreo que ya no esté.
Como él a Buenos Aires, lo juzgo tan eterno, como el viento, como el aire.

Sábado al mediodía. En un amplio living en penumbras, acomodado en un amplio sillón, la mirada perdida en un cielorraso invisible, se encuentra Jorge Luis Borges.
Desde hace un tiempo a esta parte, rehuye a las entrevistas. Fanny, su ama de llaves, responde por teléfono que no hay reportajes para nadie. En este caso, la perseverancia finalmente da sus frutos. La excepción obedece a que el propio escritor atendió el llamado telefónico y un bueno, venga para acá, hará posible que una hora después iniciemos este diálogo.
Entre ambos existe una relación surgida a raíz de una entrevista tres años atrás, a la que siguieron otros encuentros en los que, a pedido suyo, le he servido de algo así como una especie de libro oral a través de la lectura en voz alta, de fragmentos de obras diversas.
Una relación que dista de ser amistad, pero que él rápidamente ha puesto por encima del simple vínculo personaje-periodista, quizás gracias a las muchas caminatas compartidas por la Plaza San Martín, paseos en los que hemos abordado temas muy variados, desde Aristóteles y Platón hasta el lugar de nacimiento del segundo fundador de Buenos Aires, Juan de Garay (¿vizcaíno o burgalés?).
Debo confesar que además de admirarlo como escritor, no he podido evitar quedar fascinado con su habilidad para involucrarme en el laberinto de sus charlas. He llegado a pensar que cuando se le da la posibilidad oral, escribe en el aire y se divierte. Habla y la respiración de su palabra tiene el ritmo de la escritura. Sin duda,Borges es siempre Borges...

- Borges, ¿cómo escapar de lo obvio?
-Yo no sé si lo obvio es siempre un error..., lo obvio es algo cierto, el perogrullo es algo cierto.
- De acuerdo. Vayamos a lo obvio, de momento. ¿Qué espera de Borges?
- No sé. Mi destino sigue siendo un misterio. Estoy ciego, la mayoría de mis contemporáneos han muerto; soy un hombre tímido y desde el año 55 ya no puedo leer, tengo que recitar cosas que se me ocurren... ¡Yo no sé cómo no aprendí el sistema braille! Eso habría cambiado toda mi vida. Si yo pudiera lee, pudiera escribir..., pero ahora es demasiado tarde, ni siquiera tengo la sensibilidad suficiente en los dedos. ¡Si, hubiera cambiado toda mi vida...!

Hoy es siempre todavía, al decir de Machado.
- Tal vez... Yo he pensado que cuando era chico, un día duraba una semana y ahora una semana dura un día. A medida que uno envejece pasa con más rapidez el tiempo.
- Toda su vida ha sido un rebelde, ¿por qué?
- Bueno, cuando era joven, sí. Me gustaba estar en desacuerdo. Ahora, no. Trato de estas de acuerdo. Chesterton dijo que se había pasado la vida comprobando que los otros tenían razón. A mí me ha pasado lo mismo.
- ¿Y de qué se arrepiente?
- Bueno, de muchas cosas...O no, para qué...Pero me hubiera gustado hacer otras cosas...
- ¿Como haberse enamorado de muchas mujeres...?
- No, no. Sólo de aquellas con quienes he soñado.
- ¿Un artista es siempre pasional?
- Con su obra, sí. Con todo lo demás, no siempre.
- ¿Qué representa para usted la Literatura?
- Tantas cosas... Cuando estoy solo, continuamente estoy tramando poemas, cuentos, fábulas, porque tengo que poblar mi soledad. Y a mi edad es fácil estar solo. Por ejemplo, yo nunca busco temas, dejo que los temas me busquen y yo los eludo, pero si el tema insiste, yo me resigno y escribo. Hay que dejar a los temas que elijan, pues cada tema sabe si quiere ser escrito en verso libre, en una forma clásica o en prosa. No pienso en la comunicación, yo escribo corrijo los borradores mentalmente, desde que no tengo vista, y finalmente los publico.
- ¿Qué haría si pudiera volver a ver?
- Bueno, yo volvería a leer algunos de los pocos libros que hay aquí; quizás saldría a la calle a reencontrarme con algún recuerdo de Buenos Aires. Miraría al espejo para ver que cara tengo. Aunque no, pienso que es una suerte para mí imaginarme con la cara que tuve a los 55 años.
- En su obra la cuestión acerca de la inmortalidad es una constante. ¿Por qué?
- Porque yo creo que la inmortalidad personal no es menos creíble que la muerte: «las dos cosas son increíbles! El hecho de que alguien perdure más allá de la terminación de su cuerpo parece rara, pero también lo es el hecho de que alguien desaparezca finalmente.

- Aquello de que el hombre es la unión entre cuerpo y alma...
- Si, claro... Salvo que podamos imaginarnos sin cuerpo pero no sin alma: si yo pienso que lo soy, lo hago en mi conciencia pues yo en mi cuerpo no podrían pensarme sin cuerpo.
Cuando uno recita un poema, uno ya no es su cuerpo, siempre es su conciencia. Hay unos versos muy lindos de Machado, que dice así: ¿Y ha de morir contigo el mundo mago/ donde guarda el recuerdo?/... Los yunques y crisoles de tu alma/ trabajan para el polvo y para el viento. Es decir, cuando una persona muere, mueren muchísimas cosas por lo que parece raro que todo eso cese de golpe. Pero a su vez también la idea de que uno dure indefinidamente es rara. Ambas, me parece, son igualmente increíbles. A mí no me importaría durar más allá, pero a condición de no olvidar esta vida. Por eso, me pregunto si la identidad personal consiste precisamente en la posesión de ciertos recuerdos que nunca se olvidan.
- ¿Por ejemplo...?
- Los paseos por Ginebra...
- ¿Cuál es su mejor poesía?
- La que suelo preferir es El Golem, aunque también me gusta Límites.

- ¿Y de sus cuentos?
- Uno que se llama Urrica. Bueno, en realidad es una pieza de teatro.
- ¿Quién ha sido el máximo escritor argentino?
Almafuerte y también Sarmiento. Almafuerte nació en San Justo y me dicen que este pueblo ha cambiado mucho, que ahora es una zona industrial. Cuando yo lo conocí no era así, era un pueblo que parecía estar perdido en la llanura, tenía casas bajas, salas de ladrillo, calles de barro... ¡Qué lucha la de Almafuerte! Como no tenía título habilitante, cuando se daban cuenta que pese a ello daba clases, le cerraban la escuela y entonces tenía que mudarse a otro pueblo y abrir una nueva. Lo primero que hacía era abrir la sala de la casa pues cualquier chico pobre podía mudarse allí.

- ¿Le hubiera gustado tener hijos?
- Hace mucho tiempo que dejé de preguntármelo... Pero volviendo a Almafuerte, recuerdo que en una oportunidad había abierto una escuela al lado de un prostíbulo. Antes, cuando una persona llegaba a un barrio, los vecinos le mandaban golosinas. Luego, uno le devolvía otras golosinas y, ¡bueno!, se hacía amigo de la gente. Entonces, las prostitutas le regalaron una fuente de empanadas. A los dos días se presenta Almafuerte y dice: Les agradezco las empanadas, señoras putas. Eso no era para ofenderlas, claro está, sino por ser el oficio de ellas.
-Es indudable que era directo en su lenguaje, algo, me parece, no común en los poetas. ¿Qué es lo más importante en la poesía?
- Yo creo que en el verso, la cadencia y la imagen son más importantes que el sentido. Hasta puede no tener sentido y sin embargo, ser bueno. No creo que la idea sea el verso, pues uno puede concebir Y muera como un tigre el sol eterno, pero no creo que sea una idea comparar la agonía del tigre con la claridad del sol.
La función literal no hace al verso, por eso es imposible traducir un poema. Por ejemplo, un título lindísimo de Lugones es Los crepúsculos del jardín. Ahora, si Lugones hubiera puesto Las penumbras de la quinta o Las tardes de la granja, la idea hubiera sido la misma, pero no la imagen poética.
- La larga noche de la dictadura llega a su fin ¿De qué manera nos habrá marcado la falta de libertad?
- Bueno, yo no sé. En la Argentina casi todo es censurado... En los Estados Unidos, en cambio, no hay censura, tanto que usted paga la suma de una taquilla y puede ver en el escenario un coito. Claro que son hermosas muchachas y lindos muchachos, pero ¡es un espectáculo público! En España, con quien tenemos mayor similitud, ahora ocurre otro tanto aunque todo lo referido al sexo se hace y se dice de forma agresiva.
- Quizás se deba a un cambio muy abrupto...
- Sí, posiblemente sea así como usted dice, luego de la muerte del dictador Franco. Actualmente usted tiene en el diario ABC, una página entera dedicada a avisos de prostíbulos. Por ejemplo, hay uno que recuerdo: Enano cariñoso busca señor alto y moreno. Discreción, confianza, afecto. Diríjase a tal teléfono y pregunte por Paquito ¿Qué le parece? Entonces, hay hombres que se ofrecen a hombres, hombres que se ofrecen a mujeres; mujeres que se ofrecen a hombres, y mujeres que se ofrecen a mujeres. Lo único que tenemos que hacer es llamar a uno de los muchos teléfonos y preguntar por Lola, Clide o cualquier otra. Y ahora, en nuestro país, pasará algo de eso.
- ¿Cree que los argentinos hemos cambiado?
- Sí, por supuesto. Fíjese, por el año 1910, le estoy hablando de poca cosa, había una esperanza en la gente. Cuando Darío escribió su Oda argentina y Lugones su Odas seculares, todo ello correspondía a una gran esperanza. En cambio, actualmente están muy descorazonados todos. A pesar de todo, pienso que ahora tenemos derecho a la esperanza, mejor dicho, tenemos el deber de la esperanza. Basta con recordar los últimos años: hambre, persecución, torturas y desaparecidos, falta de trabajo, endeudamiento del Estado, opresión y hasta una guerra: ¡Esto es lo que han hecho los militares! Claro, si alguien se ha pasado la vida en los cuarteles, no hay ninguna razón para que sepa gobernar.
- Res publica y res militia.
- Justamente. Qué triste pensar que la única fuerza del gobierno, es la silenciosa desesperación de la gente. ¡Es una calamidad! ¡Ineptos! Quizás yo sea el único argentino que, en caso de que me nombraran dictador, estoy seguro que renuncio inmediatamente y vuelvo a mi casa a soñar en voz alta. Pero aquí parece que hemos perdido el sentido de lo ético y lo único que realmente interesa es especular con el dinero. Una vez me invitaron un grupo de libreros de la ciudad de Rosario a dictar una conferencia, entonces fui a dar una larga charla sobre el libro. Después comimos juntos y uno de estos señores me dijo: ¡Qué lástima que eligiera ese tema, Borges!. Pero, cómo, ¿No son libreros ustedes?, pregunté, a lo que respondió: Bueno, sí, somos libreros, pero lo que realmente nos interesa es la venta de cuadernos y lápices. Eso genera desesperanza y frustración en una sociedad.
-¿Anarquista o liberal?
- Anarquista, pues yo creo que lo mejor sería un país que no precisara de un gobierno. Quizás con el tiempo lleguemos a eso, por el momento, no. Por el momento, el gobierno es un mal necesario, pero lamentablemente en todas partes el Estado cada vez se torna más molesto. Cuando fuimos a Europa en el año 1914, viajamos sin pasaporte y uno pasaba de un país a otro como de una estación a otra. Claro, después de la Primera Guerra Mundial comenzó a desconfiarse... ¡Pero, ahora ! ¡Usted no puede salir a la calle sin la cédula o el pasaporte porque el Estado se mete en todo y hasta lo lleva detenido! ¡Es una barbaridad!.
- ¿A quién admira?
- Quizás admire a Aristóteles. A Platón, tal vez. Hay personas que admiran a los políticos. Yo, no; hay gente que admira a Napoleón, yo no. Si uno admira a Napoleón, también puede admirar a Hitler, y eso sería terrible.
- Nada más inhumano que la guerra de los conquistadores, ¿verdad?
- Así es. Alberdi dijo que la guerra es un crimen, y ahora creo que tenía razón: ¡Todas las guerras son un crimen! Pienso que si un gobierno decide una guerra, no le faltarán razones para justificarla, además, todos aquellos que se oponen son considerados traidores. Claro. Hay un supuesto axioma de derecho internacional que dice my country right or wrong, es decir, que tenga o no razón, es mi país. Pero, admitido esto, ¡ambos bandos tendrían razón en cualquier guerra!.
¡Julio César! Usted tiene un nombre de emperador, ¿se imagina haber sido Julio César?
- No, no. Sólo en brazos de Cleopatra...
- Yo en los de Beatriz, pero quién soy para codearme con el Dante. O con Virgilio. Antes se soñaba más, ahora, con tanta televisión... Lo que sucede es que cuando ocurre algo se lo anuncia inmediatamente y no se da tiempo a que se cree una leyenda al respecto. Yo, por ejemplo, alcancé a ver por televisión la llegada del hombre a la Luna. Esa inmediatez ayudó a que se formara parte de la noticia del día y se olvidara después con tantos nuevos Apolo. En cambio, hubiese sido distinto si se anunciara que el hombre había llegado a la Luna y después cada uno soñara cómo había ocurrido. Sin embargo, nos acosan con tantas noticias...
- La diferencia entre información y conocimiento...
- Exacto. Hay un verso de Eliot, que dice: Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento./ Dónde el conocimiento que hemos perdido en conocer.
- Para concluir: ¿qué opinarán de Jorge Luis Borges dentro de cien años?
- ¡Espero que lo hayan olvidado!
- ¿Por qué?
- ¡Pero, claro! ¡Borges no es Cervantes!
- ¡Y usted es Borges!
- Bueno, desgraciadamente tengo ochenta y tantos años. ¿Qué otra cosa puedo hacer que no sea escribir y soñar...?


Punto final. El reportaje ha concluido con este interrogante del propio Borges. Ya en la calle se suceden en mí, ideas, impresiones, asombros... Penetrar el universo borgiano (un mundo pleno de refracciones, sueños, coincidencias, laberintos, cábalas y tigres) supone una experiencia inigualable que cuesta abandonar.
Pero lo que me ha llenado de angustia es no poder dejar de recordar aquel verso último de su poesía Límites, que con voz quebrada recitó al tiempo que me estrechaba la mano: Creo en el alba oír un atareado / rumor de multitudes que se alejan; / son los que me han querido y olvidado; / espacio y tiempo y Borges ya me dejan.
Borges

© Julio César Calistro, 1993, 1997
Espéculo agradece al autor de la entrevista su inclusión en la revista. Esta entrevista fue publicada en Resumen, 1993.
El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero6/borges83.htm
22/07/97
http://www.ucm.es/info/especulo/numero6/borges83.htm
James Joyce
Nació en Dublín el 2 de febrero de 1882. Su historia personal, como la de ciertas naciones, se pierde en mitologías. Una de sus leyendas dice que a los nueve años publicó un folleto elegíaco sobre el caudillo Charles Stewart Parnell: hombre supersticioso y valiente, cuya vuelta esperaron los irlandeses durante mucho tiempo, como el pueblo alemán la de barbarroja... Sabemos, con seguridad, que lo educaron los jesuitas y que publicó -a los diecisiete años- un largo estudio sobre lbsen en la «Fortnightly Review». El culto de Ibsen lo movió a aprender el noruego. Hacia 1901 publicó una diatriba contra el proyecto de que se fundara en Irlanda un Teatro Nacional. La tituló El día de la chusma. En 1903 fue a París, a estudiar medicina. Siempre lo atrajeron las obras vastas, las que abarcan un mundo: Dante, Shakespeare, Homero, Tomás de Aquino, Aristóteles, el Zohar.
Los primeros libros de Joyce no son importantes. Mejor  dicho, únicamente lo son como anticipaciones del Ulises o  en cuanto pueden ayudar a su inteligencia. Joyce trabajó el Ulises en los terribles años que van de 1914 a 192 1. (En 1904  había fallecido su madre; en 1904 se había casado con Miss  Norah Healy, de Galway.) Al dejar voluntariamente su patria,  juró forjar un libro que perdurara «con las tres armas que me  quedan: el silencio, el destierro y la sutileza». Ocho años  consagró a cumplir ese juramento. En la tierra, en el aire y en  el mar, Europa estaba asesinándose, no sin gloria; Joyce,  mientras tanto -en los intervalos de corregir deberes de  inglés o de improvisar artículos en italiano para «ll Piccolo  della Sera»componía su vasta recreación de un solo día en  Dublín: el 16 de junio de 1904. Más que la obra de un solo  hombre, El Ulises parece la labor de muchas generaciones. A primera vista es caótico; el libro exposítivo de Gilbert -James Joyce's Ulysses, 1930- declara sus estrictas y ocultas leyes. La delicada música de su prosa es incomparable.  La fama conquistada por el Ulises ha sobrevivido al  escándalo. El libro subsiguiente de Joyce, Obra en  gestación, es, a juzgar por los capítulos publicados, un  tejido de lánguidos retruécanos en un inglés veteado de  alemán, de italiano y de latín.
James Joyce, ahora, vive en un departamento en París,  con su mujer y sus dos hijos. Siempre va con los tres a la  ópera, es muy alegre y muy conversador. Está ciego.
[5 de febrero de 1937]
Textos cautivos / Jorge Luis Borges. - Madrid: Alianza, 1998.  - 343 p.; 18 cm. - (El libro de bolsillo. Biblioteca de autor; 24 ) (Biblioteca Borges).




CAÓTICA

"No estoy tan seguro de esta lista como de las otras tres. La profecía cultural nunca reporta ninguna ventaja. No todas las obras que hay aquí pueden resultar canónicas; la superpoblación literaria es un peligro para muchas de ellas. Pero no he excluido ni incluido ninguna por motivos de política cultural. Lo que he omitido me parece condenado a ser obras con fecha de caducidad; incluso los "multiculturalistas" que las apoyan se volverán contra ellas dentro de aproximadamente dos generaciones, a fin de dejar paso a textos mejores. Lo que hay aquí sin duda refleja algunas de las contingencias de mi gusto personal, pero de ninguna manera representa totalmente mis inclinaciones idiosincrásicas..."



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¢ Rudyard Kipling: Poesía completa, Kim, Relatos completos, Puck, de la colina de Pook
¢ Saki (H.H. Munro): Los relatos
¢ Samuel Beckett: Murphy, Watt, Molloy, Malone Muere, El innombrable, Esperando a Godot, Fin de partida, La última cinta de Krapp, Cómo es
¢ Sean O'Casey: Juno y el pavo real, El arado y las estrellas, La sombra de un pistolero
¢ Seamus Heaney: Antología poética: 1969-1987, Trabajo de campo, Station Island
¢ Stevie Smith: Poesía reunida 
¢ Thomas Hardy: La bien amada, Los habitantes del bosque, El retorno de la nativa, El alcalde de Casterbridge, Lejos del mundanal ruido, Tess, la de los d'Uberbille, Jude el oscuro, Poesía reunida
¢ Thomas Kinsella: Peppercanister Poemas 
¢ Tom Stoppard: Travesties
¢ Virginia Woolf: Mrs. Dalloway, Al faro, Orlando, Las olas, Entre actos 
¢ W. H. Auden: Poesía completa, La mano del teñidor
¢ W. Somerset Maugham: Relatos completos, La luna y seis peniques
¢ Walter De la Mare: Poesía reunida, Memorias de un enano¢ Wilfred Owen: Poesía reunida 
¢ William Butler Yeats: Poesía reunida, Obras de teatro reunidas, Una visión, Mitología
¢ William Empson: Poesía completa, El Dios de Milton, Algunas versiones de lo pastoril 
¢ William Golding: Pincher Martin 

Alemania ¬


¢ Alfred Döblin: Berlin Alexanderplatz
¢ Arthur Schnitzler: Obras teatrales y relatos
¢ Bertolt Brecht: Poemas, 1913-1956, La ópera de cuatro cuartos, La buena persona de Sezuan, Madre Coraje y sus hijos, Galileo, El círculo de tiza caucasiano
¢ Christa Wolf: Casandra
¢ Franz Kafka: América, Relatos completos, El cuaderno azul en octavo, Diarios, El castillo, Parábolas, fragmentos, aforismos 
¢ Frank Wedekind: Lulú, El despertar de la primavera
¢ Friedrich Dürrenmatt: La visita de la vieja dama
¢ Georg Trakl: Antología poética
¢ Gottfried Benn: Antología poética
¢ Günter Eich: Topos
¢ Günter Grass: El tambor de hojalata, El rodaballo
¢ Hans Magnus Enzensberger: Poesía para los que no leen poesía
¢ Heinrich Böll: Billar a las nueve y media
¢ Hermann Broch: Los sonámbulos, La muerte de Virgilio, Hugo von Hofmannsthal y su tiempo
¢ Hermann Hesse: El juego de los abalorios, Narciso y Goldumndo 
¢ Hugo von Hofmannsthal: Poemas y obras en verso
¢ Ingeborg Bachmann: En la tormenta de las rosas
¢ Johannes Bobrowski: Tierra de penumbra
¢ Joseph Roth: La marcha de Radetzky
¢ Karl Krauss: Los últimos días de la humanidad
¢ Max Frisch: No soy Stiller, El hombre aparece en el holoceno
¢ Paul Celan: Poemas
¢ Peter Handke: Lento regreso
¢ Rainer Maria Rilke: Antología poética, Sonetos a Orfeo, Los apuntes de Malte Laurids Brigge, Nuevos poemas
¢ Robert Musil: El joven Törless, El hombre sin atributos
¢ Robert Wasler: Relatos escogidos
¢ Thomas Bernhard: Tala
¢ Thomas Mann: La montaña mágica, Relatos, José y sus hermanos, El doctor Faustus, Las confesiones del estafador Félix Krull
¢ Walter Benjamin: Iluminaciones

Rusia ¬


¢ Alexánder Solzhenitsyn: Un día en la vida de Iván Denisóvich, Pabellón de cáncer, Archipiélago Gulag, Agosto 1914
¢ Anna Ajmátova: Poemas
¢ Andréi Bely: Petersburgo
¢ Andréi Platonov: La excavación
¢ Borís Pastenak: El doctor Zhivago, Antología poética 
¢ Isaak Babel: Relatos completos
¢ Iván Bunin: Relatos completos
¢ Joseph Brodsky: Poemas
¢ Leónidas Andreiev: Cuentos escogidos
¢ Marina Tsvietáieva: Antología poética
¢ Máximo Gorki: Recuerdos de Tolstói, Chéjov y Andreiev, Autobiografía
¢ Mijaíl Bulgákov: El maestro y la Margarita¢ Mijaíl Kuzmin: Canciones alejandrinas¢ Mijaíl Zoshchenko: Personas nerviosas y otras sátiras 
¢ Osip Mandelstam: Antología poética¢ Yuri Olesha: Envidia

Escandinavia ¬


¢ Grunnar Ekeloef: Guía del inframundo
¢ Isak Dienesen (danesa, pero escribió en inglés): Cuentos de invierno, Siete cuentos góticos

¢ Lars Gustafsson: Antología poética
¢ Martin Andersen Nexo: Pelle el conquistador
¢ Pär Lagerkvist: Barrabás 
¢ Sigrid Undset: Kristin Lavransdatter 
¢ Tomas Tranströmer: Antología poética


Serbo-croata ¬


¢ Danilo Kis: Una tumba para Borís Davidovich
¢ Ivo Andrié: El puente sobre el Drina¢ Vasko Popa: Antología poética

Checo ¬
¢ Jaroslav Seifert: Antología poética
¢ Karel Capek: La guerra de las salamandras, R.U.R.¢ Milan Kundera: La insoportable levedad del ser
¢ Miroslub Holub: La mosca
¢ Vaclav Havel: Largo Desolato
¢ Sigrid Undset: Kristin Lavransdatter 
¢ Tomas Tranströmer: Antología poética 

Polaco ¬


¢ Adam Zagajewski: Temblor¢ Bruno Schulz: Las tiendas de color canela, Sanatorio bajo la clepsidra
¢ Czeslaw Milosz: Antología poética¢ Stanislaw Lem: La investigación, Solaris
¢ Witold Gombrowicz: Ferdydurke, La seducción, Cosmos 
¢ Zbigniew Herbert: Antología poética 

Húngaro ¬
¢ Attila József: Posado en la rama de nadie

¢ Ferenc Juhasz: Antología poética
¢ Laszlo Németh: Culpa

Griego moderno ¬


¢ Angelos Sikelianos: Antología poética¢ C.P. Cavafis: Poesía completa
¢ George Seferis: Poesía completa¢ Nikos Kazantzakis: La pasión griega, La Odisea: una secuela moderna¢ Odysseas Elitis: Antología poética¢ Yannis Ritsos: Exilio y regreso 

Yiddish ¬


¢ Chaim Grade: El Yeshiva¢ H. Leivick (Leivick Halpern): Antología poética
¢ Isaac Bashevis Singer: Reltaos completos, En el tribunal de mi padre, La casa solariega, La finca, La familia de Moskat, Satán en Goray¢ Israel Joshua Singer: Los hermanos Ashkenazi, Yoshe Kalb¢ I.L. Peretz: Antología de relatos¢ Jacob Glatstein: Antología poética

¢ Mani Leib: Antología poética¢ Mendele Mokher Seforim: Viajes y aventuras de Benjamin III
¢ Moshe-Leib Halpern: Antología poética
¢ Sholem Aleichem: Tevye el lechero y Relatos del ferrocarril, El ruiseñor
¢ Sholem Ash: East River

Hebreo ¬


¢ A.B. Yehoshua: Divorcio tardío¢ Aaron Appelfeld: El inmotal Bartfuss, Badenheim 1939
¢ Dalia Ravikovitch: Un vestido de fuego

¢ Dan Pagis: Antología poética¢ David Grossman: Véase: amor
¢ David Shahar: El palacio de las vasijas rotas
¢ Hayyim Nahman Bialik: Shirot Bialik: Los poemas épicos
¢ Nathan Zach: Antología poética¢ S.Y. Agnon: En el corazón de los mares, Veintiún relatos
¢ T. Carmi: En la lápida de las pérdidas
¢ Yaakov Shabtai: Pretérito imperfecto¢ Yehuda Amichai: Antología poética, Viajes
¢ Yoram Kaniuk: Su hija

Árabe ¬


¢ Adonis: Antología poética¢ Mahmud Darwish: La música de la carne humana

¢ Naguib Mahfuz: El callejón de los milagros, Principio y fin, Miramar
¢ Taha Husain: Una infancia egipcia

Latinoamérica ¬


¢ Alejo Carpentier: El siglo de las luces, Los pasos perdidos, El reino de este mundo, El recurso del método¢ Carlos Drummond de Andrade: Poemas¢ Carlos Fuentes: Cambio de piel, Terra Nostra

¢ César Vallejo: Antología poética, España, aparta de mí este cáliz
¢ Gabriel García Márquez: Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera
¢ Guillermo Cabrera Infante: Tres tristes tigres, La Habana para un infante difunto
¢ Jorge Luis Borges: El Aleph, El hacedor, Ficciones, Ensayos completos, Antología personal 
¢ José Donoso: El obsceno pájaro de la noche

¢ José Lezama Lima: Paradiso
¢ Julio Cortázar: Rayuela, Todos los fuegos el fuego, Relatos escogidos
¢ Mario Vargas Llosa: La guerra del fin del mundo
¢ Miguel Ángel Asturias: Hombres de maíz¢ Nicolás Guillén: Antología poética
¢ Pablo Neruda: Canto general, Residencia en la tierra, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Plenos poderes, Antología poética
¢ Octavio Paz: Poesía completa, El laberinto de la soledad
¢ Reinaldo Arenas: El mundo alucinante¢ Rubén Darío: 
Antología poética

Indias occidentales ¬


¢ Aimé Cesaire: Poesía completa

¢ C.L.R. James: Los jacobinos negros, El futuro en el presente
¢ Derek Walcott: Poesía completa¢ Michael Thelwell: Cuanto peor nos lo pongan
¢ V.S. Naipaul: Un meandro en el río, Una casa para Mr. Biswas
¢ Wilson Harris: El cuarteto de Guayana

África ¬


¢ Amos Tutola: El bebedor de vino de palma y su camarero de vino de palma muerto en la ciudad de los muertos

¢ Athol Fugard: Una lección de los aloes
¢ Ayi K. Armah: Los hermanos todavía no han nacido
¢ Chinua Achebe: Todo se derrumba, Flecha de Dios, Se acabó la tranquilidad
¢ Christopher Okigbo: Laberintos, con senda de trueno
¢ Gabriel Okara: La invocación del pescador
¢ J.M. Coetzee: Foe
¢ John Pepper Clark (-Bekederemo): Víctimas: poemas
¢ Léopold S. Senghor: Antología poética

¢ Nadine Gordimer: Relatos completos
¢ Wa Thiong'o Ngugi: Un grano de trigo
¢ Wole Soyinka: Danza del bosque

India (en inglés) ¬


¢ R. K. Narayan: Esperando al Mahatma

¢ Ruth Prawer Jhabvala: Calor y polvo
¢ Salman Rushide: Hijos de la medianoche

Canadá ¬
¢ Alice Munro: Algo que quería decirte
¢ Anne Hébert: Antología poética¢ Daryl Hine: Antología poética¢ Jay Macpherson: Poemas dos veces recitados¢ Malcom Lowry: Bajo el volcán¢ Margaret Atwood: Surfacing¢ Northrop Frye: Fábulas de la identidad¢ Robertson Davies: La trilogía Deptford, Los ángeles rebeldes 

Australia y Nueva Zelanda ¬


¢ A.D. Hope: Poesía completa
¢ Christina Stead: El hombre que amaba los niños¢ David Malouf: Una vida imaginaria¢ Judith Wright: Antología poética¢ Kevin Hart: Peniel y otros poemas¢ Katherine Mansfield: Los relatos¢ Les A. Murray: La generosidad del cazador de conejos: Poesía completa¢ Miles (Stella) Franklin: Mi brillante carrera¢ Patrick White: Jinetes en el carro, Una franja de hojas, Voss¢ Peter Carey: Oscar y Lucinda, Illywhacker¢ Thomas Keneally: The playmaker, La lista de Schindler

Estados Unidos ¬

¢ A. R. Simmons: Poemas reunidos, Antología de poemas más extensos, Esfera: la forma de un movimiento
¢ Abraham Cane: La ascención de David Levinsky
¢ Alfred Corn: Una llamada en medio de la multitud
¢ Alvin Feinmann: Poemas
¢ Allen Grossman: La cúpula de éter y otros poemas: Nuevos y escogidos
¢ Allen Tate: Poemas completos
¢ Amy Clampitt: Hacia el oeste
¢ Anthony Hecht: Primeros poemas reunidos
¢ Arthur Miller: Muerte de un viajante
¢ August Wilson: Cercas, Joe Turner ha venido y se ha ido
¢ Bernard Malamud: Los relatos, El dependiente
¢ Carson McCullers: La balada del Café Triste, El corazón es un cazador solitario
¢ Conrad Aiken: Antología poética
¢ Cormac McCarthy: Meridiano de sangre, Suttree, Hijo de Dios
¢ Cynthia Ozick: Envidia, o yiddish en América, El mesías de Estocolmo
¢ Charles Olson: The Maximus Poems, Poesía reunida 
¢ Charles Simic: Antología poética
¢ Charles Wright: El mundo de las diez
¢ David Mamet: American Buffalo, Speed-the-flow
¢ David Rabe: Streamers
¢ Delmore Schwartz: Antología poética: Saber de verano
¢ Denis Johnson: Ángeles derrotados, Fiskadoro, el hijo de Jesús
¢ Don DeLillo: Ruido y fondo, Libra, Perro en fuga, Mao II
¢ Donald Barthelme: Cuarenta relatos, El padre muerto
¢ Donald Hall: El día señalado, Viejos y nuevos poemas
¢ Donald Justice: Antología poética
¢ Douglas Crase: El revisionista
¢ e.e. cummings: Poesía completa
¢ E.L. Doctorow: El libro de Daniel, La feria del mundo
¢ Edgar Bowers: Vivir juntos: Poemas nuevos y escogidos
¢ Edgar Lee Masters: Antología de Spoon River
¢ Edith Wharton: Relatos completos, La edad de la inocencia, Ethan Frome, La casa de la alegría, Las costumbres del país
¢ Edmund White: Olvidando a Elena, Nocturnos para el rey de Nápoles
¢ Edmund Wilson: Las orillas de la luz, Sangre patriótica
¢ Edward Hirsch: Medidas terrenales
¢ Edwin Arlington Robinson: Antología poética
¢ Edwin Justus Meyer: Hijos de la oscuridad
¢ Elinor Wylie: Últimos poemas
¢ Elizabeth Bishop: Poesía completa
¢ Ellen Glasgow: Tierra estéril, Veto de Hierro
¢ Ernest Hemingway: Relatos completos, Adiós a las armas, Fiesta, El jardín del Edén
¢ Eudora Welty: Relatos completos, Boda en el delta, La novia del bandido, El corazón de los Ponder 
¢ Eugene O'Neill: Lázaro rió, Llega el repartidor de hielo, Larga jornada hacia la noche
¢ Ezra Pound: Personae: Antología poética, Los cantos, Ensayos literarios
¢ F. Scott Fitzgerald: El precio era alto, El gran Gatsby, Suave es la noche
¢ Flannery O'Connor: Relatos completos, Los profetas, Sangre sabia
¢ Frank O'Hara: Antología poética
¢ Galway Kinnell: Antología poética
¢ Gary Snyder: No Nature: Poemas nuevos y escogidos
¢ Gertrude Stein: Tres vidas, La historia geográfica de América, Ser americanos, Tiernos capullos
¢ Gloria Naylor: Las mujeres de Brewster Place
¢ Gore Vidal: Myra Breckinridge, Lincoln
¢ Guy Davenport: ¡Tatlin!
¢ Harold Brodkey: Relatos a la manera casi clásica
¢ Hart Crane: Poemas completos y Cartas y prosa escogida 
¢ Henry Roth: Llámalo sueño
¢ Hilda Doolittle (H.D.): Antología poética
¢ Howard Moss: Nueva antología poética
¢ Irving Feldman: Poemas nuevos y escogidos
¢ Ishmael Reed: Mumbo jumbo
¢ J. D. McClatchy: El resto del camino
¢ J.D. Salinger: El guardián entre el centeno, Nueve cuentos
¢ James Agee: Permitidme viajar, Elogiemos ahora a hombres famosos (con Walker Evans)
¢ James Applewhite: River Writing: An Eno Journal
¢ James Baldwin: El precio del billete
¢ James Dickey: El primer movimiento, El movimiento central
¢ James McCourt: El tiempo que queda
¢ James Merrill: Desde el primer nueve, La cambiante luz de Sandover
¢ James Salter: Soldados perro, Banderas del amanecer
¢ James Schuyler: Poesía completa
¢ James Wilcox: Baptistas modernos
¢ James Wright: Sobre el río: Poesía completa
¢ Jay Wright: Dimensiones de la Historia, La doble invención de Komo, Antología poética, El libro de Elaine, Boleros
¢ Jean Garrigue: Antología poética
¢ Jean Toomer: Cane
¢ John Ashbery: El doble sueño de la primavera, Días en la casa flotante, Antología poética, Diagrama de flujo, Hotel Lautréamont, Y las estrellas brillaban
¢ John B. Wheelwright: Poesía completa 
¢ John Barth: La ópera flotante, El final del camino, El plantador de tabaco
¢ John Berryman: Poesía completa
¢ John Crowe Ransom: Antología poética
¢ John Crowley: Pequeño, grande, Aegypto, Amor y sueño
¢ John Cheever: Los relatos, Bullet Park
¢ John Dos Passos: U.S.A.
¢ John Hawks: El caníbal,Segunda piel
¢ John Hollander: Reflexiones sobre el espionaje, Antología poética, Mosaico
¢ John O'Hara: Relatos completos, Cita en Simarra
¢ John Steinbeck: Las uvas de la ira
¢ John Updike: Las brujas de Eastwick
¢ Joseph Mitchel: Allá en el viejo hotel
¢ Jospeh P. Marquand: Señor Don H.M. Pulhman
¢ Joyce Carol Oates: Ellos
¢ Katherine Anne Porter: Relatos completos
¢ Kay Boyle: Relatos (falsamente) inocentes
¢ Kenneth Burke: Contradeclaración, Retórica de las razones
¢ Kenneth Koch: Estaciones de la tierra
¢ Kurt Vonnegut, Jr.: Cuna de gato
¢ Langston Hughes: Antología poética, El gran mar, Me pregunto mientras deambulo
¢ Léonie Adams: Poemas: Selección
¢ Louise Bogan: Los estuarios azules: Antología poética
¢ M.B. Tolson: Harlem Gallery
¢ Marianne Moore: Poemas escogidos
¢ Mark Strand: Antología poética, La vida continua, Muelle oscuro
¢ May Swanson: Nuevas y escogidas cosas que tienen lugar, En otras palabras
¢ Nathanael West: Miss Lonelyhearts, El día de la langosta, Nada menos que un millón
¢ Norman Mailer: Anuncios para mí mismo, La canción del verdugo, Noches de la antigüedad
¢ Paul Bowles: El cielo protector
¢ Paul Theroux: La costa de los mosquitos
¢ Philip Levine: Antología poética
¢ Philip Roth: El lamento de Portnoy, Mi vida como hombre, Zuckerman encadenado: una trilogía y un epílogo, Las vidas de Zuckerman, Patrimonio, Operación Shylock
¢ Ralph Ellison: El hombre invisible
¢ Randall Jarrell: Poesía completa
¢ Raymond Carver: Relatos completos
¢ Richard Eberhart: Poesía reunida
¢ Richard Howard: Temas sin título, Hallazgos
¢ Richard Wilbur: Poemas nuevos y reunidos
¢ Richard Wright: Hijo nativo, Muchacho negro
¢ Rita Dove: Antología poética
¢ Robert Coover: Azotando la doncella
¢ Robert Duncan: Doblando el arco
¢ Robert Fitzgerald: Sombra de primavera: Poemas
¢ Robert Frost: Poesía
¢ Robert Hayden: Poesía reunida
¢ Robert Lowell: Poesía reunida
¢ Robert Penn Warren: Todos los hombres del rey, Con tiempo y mundo suficientes, Antología poética 
¢ Robinson Jeffers: Antología poética
¢ Russell Hoban: Ridley Walker 
¢ Sam Shepard: Siete obras teatrales
¢ Saul Bellow: Carpe Diem, Las aventuras de Augie March, Herzog
¢ Sherwood Anderson: Winesburg, Ohio, Muerte en los bosques y otros relatos
¢ Sinclair Lewis: Babbit, No puede haber ocurrido aquí
¢ Stanley Elkin: El no va más
¢ T.S. Eliot: Poesía y teatro completos
¢ Tennessee Williams: El zoo de cristal, Un tranvía llamado deseo, Verano y humo
¢ Theodor Dreiser: Una tragedia americana, Hermana Carrie
¢ Theodore Roethke: Poesía reunida, Una paja para el fuego
¢ Thomas M. Disch: En alas de la canción
¢ Thomas Pynchon: V., La subasta del lote 49, El arco iris de la gravedad
¢ Thorton Wilder: Tres obras teatrales
¢ Thylias Moss: Pequeñas congregaciones: Poemas nuevos y escogidos
¢ Toni Morrison: La canción de Salomón
¢ Tony Kushner: Ángeles en América
¢ Truman Capote: A sangre fría
¢ Ursula K. Le Guin: La mano oscura de la oscuridad
¢ Vachel Lee Masters: Poesía completa
¢ Vladimir Nabokov: Lolita, Pálido fuego
¢ W.S. Merwin: Antología poética
¢ Walker Percy: El cinéfilo
¢ Walter Abish: África alfabética, Tan alemanes, Cautivos del eclipse, Yo soy el polvo bajo tus pies
¢ Wallace Stevens: Poesía completa, El ángel necesario, Obra póstuma, La palma al final de la mente
¢ Weldon Kees: Poesía completa
¢ Willa Cather: Mi Antonia, La casa del profesor, Una dama extraviada
¢ William Carlos Williams: Primavera y todo, Paterson, Poesía completa
¢ William Faulkner: Mientras agonizo, Santuario, Luz de agosto, ¡Absalón, Absalón!, El ruido y la furia, Las palmeras salvajes, Relatos completos, El villorrio
¢ William Gaddis: Los reconocimientos
¢ William H. Gass: En el corazón del país, La suerte de Omensetter
¢ William Kennedy: Tallo de hierro, El ciclo de Albany
¢ William Styron: La larga marcha
¢ Wright Morris: Ceremonia en el árbol solitario
¢ Zora Neale Hurston: Sus ojos miraban a Dios

EL CANON DE HAROLD BLOOM


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