Un punto azul pálido Carl Sagan 


Un punto azul pálido es el título de un libro de Carl Sagan  inspirado en una fotografía de la Tierra tomada por la nave espacial Voyager 1 en 1990 a una distancia de 6.000 millones de kilómetros . La imagen fue seleccionada como una de las 10 mejores fotos científicas del espacio de la Historia.

Reflexión de Carl Sagan a proposito de esta foto:
“En 1990, cuando el Voyager 2 dejó Neptuno y se dispuso a salir del Sistema Solar, giró para tomar la última foto de la Tierra. Entonces pudimos ver la imagen más lejana de nuestro planeta a 6000 millones de kilómetros. El más distante punto. Así tal vez no tenga particular interés, pero para nosotros es diferente.
Consideremos nuevamente ese punto. Esto que está aquí es nuestro hogar, eso somos nosotros. En él están todos los que amamos, todos los que conoces, todos de quienes has oído hablar y todos los seres humanos, quienes fuera, que han vivido sus vidas. El conjunto de nuestra alegría y sufrimiento, miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y cada recolector, cada héroe y cada cobarde, cada creador y destructor civilizaciones, cada rey y plebeyo, cada joven pareja de enamorados, cada madre y padre, niños con esperanza, inventores y exploradores, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador de la historia de nuestra especie ha vivido allí : una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.
La Tierra no es más que un pequeñísimo grano que forma parte de una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre derramados por cientos de generales y emperadores, para conseguir la gloria y ser los amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las crueldades visitas sin fin que los habitantes de una esquina de este pixel hiciera contra los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; la frecuencia de sus malentendidos, la impaciencia por matarse unos a otros, la generación de fervientes odios. Nuestras posturas, nuestra presunción imaginada, la falsa ilusión de tenemos de tener un lugar privilegiado en el Universo, son desafiadas por este pálido punto de luz.
Nuestro planeta es una mota solitaria en la inmensa oscuridad cósmica. En toda esta extensa nuestra oscuridad no hay ninguna pista que la ayuda vendrá de otra parte para salvarnos de nosotros mismos.
La Tierra es el único mundo conocido hasta el momento capaz de albergar vida. No existe otro lugar, al menos en el futuro cercano, al cual nuestra especie pueda migrar. ¿Visitar?, sí. ¿Establecerse?, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es el lugar donde estamos.
Se ha dicho que la astronomía es una experiencia constructora de carácter y humildad. Quizá no exista mayor demostración de la locura de la presunción humana que esta imagen distante de nuestro diminuto mundo. Para mí, recalca nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, para preservar y cuidar ese puntito azul pálido, el único hogar que hemos conocido.”


Los dragones del Edén  Carl Sagan



Los dragones del Edén es un libro mítico, publicado por vez primera en 1977 y galardonado con el premio Pulitzer. Casi treinta años después, conserva toda su frescura e interés.
En una impresionante ojeada panorámica que abarca desde la prehistoria hasta la época actual, Carl Sagan explica la evolución intelectual y mental del ser humano, habla de nuestros antepasados y sus antagonistas, describe la mecánica de nuestro cerebro y del de otros animales y dilucida el papel que han desempeñado los ordenadores en el conocimiento de los mecanismos de nuestro cerebro y en el almacenamiento de la información en nuestra memoria.
Hallamos también en estas páginas fascinantes incursiones en los terrenos del mito y la leyenda, así como atrevidas especulaciones sobre los cauces futuros por los que parece va a discurrir la evolución del hombre. Isaac Asimov dijo de este libro: “Carl Sagan posee el toque del rey Midas. Nunca había leído hasta ahora un relato tan interesante y cautivador sobre el tema de la inteligencia humana.” 

El cerebro de Broca  Carl Sagan 




El ensayo que da  titulo al libro es un homenaje al físico, anatomista y antropólogo francés, Paul Broca .  Broca descubrio  que distintas partes físicas del cerebro corresponden a distintas funciones. Supuso que estudiando el cerebro de cadáveres y relacionándolo con las conductas conocidas del antiguo dueño del organo podría entenderse plenamente el comportamiento humano. Con ese fin conservó cientos de cerebros humanos en jarros de formaldehído, incluyendo el suyo propio. Al encontrarlo en una visita al Museé de l’Homme, Sagan reflexionó sobre cuestiones existenciales que desafían algunos prejuicios sobre el ser humano, como por ejemplo “¿Cuánto de aquel hombre conocido como Paul Broca puede persistir todavía en este frasco?” – una pregunta que evoca argumentos tanto científicos como religiosos.
Una gran parte del libro está dedicada a desacreditar el trabajo de los “fabricantes de paradojas”, como llama a los divulgadores de la pseudociencia, ya sea quienes se encuentran al borde de las disciplinas científicas o simplemente son rotundos charlatanes. Un ejemplo de esto es la controversia alrededor de las ideas de Immanuel Velikovsky, tal como las presenta en el libro Worlds in Collision. Otra gran parte del libro discute los convencionalismos en la nomenclatura de los miemros de nuestro sistema solar, así como sus características físicas. Sagan también expone sus puntos de vista sobre la Ciencia Ficción, mencionando especialmente a Robert A. Heinlein, quien fue uno de sus escritores favoritos durante su infancia. Las experiencias cercanas a la muerte, y sus controversias culturales también son discutidas en el libro, así como la crítica de las teorías desarrolladas en el libro de Robert K.Temple “The Sirius Mystery” publicado tres años antes en 1975.

Miles de millones  Carl Sagan 

Ultimo libro escrito por el astrónomo estadounidense Carl Sagan antes de su muerte y puede ser considerado como su  testamento ideológico .
Consta de diecinueve ensayos o capítulos, algunos de ellos ya publicados previamente,  que brindan la visión de Sagan  sobre temas que considera fundamentales «en la antesala del milenio» 
Con su estilo habitual explica en términos asequibles las cuestiones científicas más complejas. Trata temáticas como el calentamiento global, la explosión demográfica, la vida extraterrestre, la moralidad y el debate sobre el aborto.
El último capítulo (”En el valle de las sombras”) es un relato de la lucha contra la mielodisplasia que finalmente puso fin a su vida en diciembre de 1996. La esposa de Sagan,  Ann Druyan, escribió el epílogo del libro luego de la muerte del autor.

El mundo y sus demonios Carl Sagan



Carl Sagan, en El mundo y sus demonios, publicado pocos meses antes de su muerte, deja bien claro lo que significa la ciencia y nos enseña que la verdad puede ser tan sorprendente, pero mucho más fiable, como los falsos prodigios basados en la religión, las supersticiones, los mitos o, simplemente, la ignorancia. Indica la necesidad de poseer unos conocimientos científicos mínimos para poder combatir los demonios que nos acechan desde muchos frentes, uno de ellos el de las llamadas paraciencias. Sagan incita al pensamiento crítico y al escepticismo, ajustándose a la idea de Goethe de que no hay nada más triste que la ignorancia en acción. La segunda parte del título del libro compara la ciencia con una vela que ilumina la oscuridad, que es la ignorancia; cree, como dice un proverbio inglés, que cuando se está a oscuras es mejor encender una vela que proferir una maldición3. En su referencia al influjo negativo de tantas religiones y sectas nos parece ver una profecía de la tragedia de la secta Puerta del Cielo ocurrida en San Diego recientemente. Afirma que «la pseudociencia es más fácil de inventar que la ciencia» y que tiene mayor predicamento entre la población porque «colma necesidades emocionales poderosas que la ciencia suele dejar insatisfechas».

La carga del escepticismo Carl Sagan


“Artículo aparecido en la revista Skeptical Iquirer. Somos escépticos en algunas cosas, pero, desafortunadamente, no en otras afirma el autor en un momento y analiza el porqué de la credulidad en algunos campos y la necesidad de la adquisición de hábitos de pensamiento escéptico .”
La carga del escepticismo
¿Qué es el escepticismo? No es nada esotérico. Nos lo encontramos a diario. Cuando compramos un coche usado, si tenemos el mínimo de sensatez, emplearemos algunas habilidades escépticas residuales (las que nos haya dejado nuestra educación). Podrías decir: “Este tipo es de apariencia honesta. Aceptaré lo que me ofrezca.” O podrías decir: “Bueno, he oído que de vez en cuando hay pequeños engaños relacionados con la venta de coches usados, quizá involuntarios por parte del vendedor”, y luego hacer algo. Le das unas pataditas a los neumáticos, abres las puertas, miras debajo del capó. (Podrías valorar cómo anda el coche aunque no supieses lo que se supone que tendría que haber debajo del capó, o podrías traerte a un amigo aficionado a la mecánica.) Sabes que se requiere algo de escepticismo, y comprendes por qué. Es desagradable que tengas que estar en desacuerdo con el vendedor de coches usados, o que tengas que hacerle algunas preguntas a las que es reacio a contestar. Hay al menos un pequeño grado de confrontación personal relacionado con la compra de un coche usado y nadie afirma que sea especialmente agradable. Pero existe un buen motivo para ello, porque si no empleas un mínimo de escepticismo, si posees una credulidad absolutamente destrabada, probablemente tendrás que pagar un precio tarde o temprano. Entonces desearás haber hecho una pequeña inversión de escepticismo con anterioridad.
Ahora bien, esto no es algo en lo que tengas que emplear cuatro años de carrera para comprenderlo. Todo el mundo lo comprende. El problema es que los coches usados son una cosa, y los anuncios de televisión y los discursos de presidentes y líderes políticos son otra. Somos escépticos en algunas cosas, pero, desafortunadamente, no en otras.
Nueva York, 1934-Seattle, EE UU, 1996) Astrónomo estadounidense. Cursó estudios en la Universidad de Chicago, donde se doctoró en astronomía y astrofísica en 1960. Posteriormente fue profesor de la Universidad de Berkeley, de la Universidad de Harvard y, a partir de 1968, de la Cornell University. En 1970 fue nombrado director del Centro de Estudios Planetarios. Colaborador habitual de la NASA, ideó los mensajes radiotelegráficos enviados por las sondas Pioneer 10 y 11 al espacio exterior para contactar con posibles civilizaciones extraterrestres. Contrario a la proliferación del arsenal nuclear, de cuyos peligros advirtió, fue un prolífico escritor de ciencia ficción, y en 1978 fue galardonado con el Premio Pulitzer por su obra Los dragones del Edén: especulaciones sobre la evolución de la inteligencia humana, si bien adquirió fama y popularidad por su obra Cosmos, que en 1980 fue convertida en serie televisiva y constituyó un éxito mundial.



Publicado por primera vez en 1937, año de su llegada a París, este cuarto ensayo de E.M Cioran (1911-1995) nos permite descubrir en qué medida sus obsesiones y sus pasiones continuaron siendo las mismas y qué cambios se produjeron en el pensamiento del autor con el paso de los años.
Una pasión mística en un mundo sin Dios. O, en palabras del propio Cioran, «la pasión de lo absoluto en un alma escéptica» : tal es la paradoja existencial sobre la que rondan en permanente asedio los aforismos reunidos en este volumen. Constantemente, la santidad y la mística aparecen en estas páginas como emblemas de una actitud vital situada en las antípodas del hombre moderno, quien ha convertido en sentimiento trágico esa indiferencia hacia el devenir humano a través de la cual santos y místicos se fundieron en la divinidad.
Por otra parte -y no podía ser de otro modo- en este libro más que en ningún otro de Cioran explaya su fascinación por España, por su paisaje y por su arte, por su tradición espiritual. «El mérito de España», escribe, «ha consistido no sólo en haber cultivado lo excesivo y lo insensato, sino también en haber demostrado que el vértigo es el clima normal del hombre que ha suprimido la distancia entre el cielo y la tierra.»

Breviario de podredumbre  Émile Cioran


Incluso cuando se aleja de la religión el hombre permanece sujeto a ella; agotándose en forjar simulacros de dioses, los adopta después febrilmente: su necesidad de ficción, de mitología, triunfa sobre la evidencia y el ridículo.  Su capacidad de adorar es responsable de todos sus crímenes: el que ama indebidamente a un dios obliga a los otros a amarlo, en espera de exterminarlos si se rehúsan. No hay intolerancia, intransigencia ideológica o proselitismo que no revelen el fondo bestial del entusiasmo.”
“El fanático es incorruptible: si mata por una idea, puede igualmente hacerse matar por ella; en los dos casos, tirano o mártir, es un monstruo. No hay seres más peligrosos que los que han sufrido por una creencia: los grandes perseguidores se reclutan entre los mártires a los que no se ha cortado la cabeza”

Émile Cioran

Filósofo francés de origen rumano cuyo pensamiento se caracteriza por su extremo pesimismo y nihilismo. Hijo de un pope rural, estudió filosofía en Bucarest, tras lo que escribió una tesis sobre Bergson. Viajó a Alemania y fue por breve tiempo profesor de filosofía en Brasov. Logró en 1937 una beca del Instituto Francés de Bucarest y marchó a París, donde, con alguna ausencia, residió hasta su muerte.
Comenzó escribiendo en lengua rumana, en su país y en Francia, en la que produjo libros, anticipatorios algunos de su marcada actitud pesimista y retadora de las ideologías y las convenciones sociales, como En las cimas de la desesperación (1934), El libro de las quimeras (1936), De lágrimas y de santos (1937), El ocaso del pensamiento (1940) y Breviario de los vencidos (escrito durante la ocupación nazi de París). El primero tuvo una gran acogida, pero el tercero provocó un fuerte escándalo, que consolidó su decisión de quedarse en París.
En 1946 renunció a su nacionalidad y se declaró apátrida. En 1947, mientras traducía al rumano a S. Mallarmé, decidió adoptar el francés como lengua de expresión. Breviario de podredumbre (1949) será su primer texto escrito en francés, a modo de desafío a sus raíces y a la afectividad que se vincula con ellas y con el idioma.
Su producción ensayística es inmensa, resuelta en numerosos casos por medio del aforismo y la paradoja, que le proporcionaron la libertad de polemizar sin necesitar de un sistema para hacerlo, fustigar y exponer sus opiniones y análisis. Entre sus numerosos libros figuran Silogismos de la amargura (1952), La tentación de existir (1956), La caída en el tiempo (1964), Del inconveniente de haber nacido (1973). Cada uno de ellos es un ataque furibundo a las ideologías, religiones y filosofías creadas por los seres humanos para justificar su comportamiento
El texto ” Opinión, demencia y sociedad”  es el capítulo III del libro  ” Filosofía y superstición” .
” Filosofía y superstición” es  una recopilación de artículos y trabajos que vieron la luz en diferentes circunstancias. En este capítulo,  Adorno contrapone la opinión a la reflexión crítica y propugna una recta comprensión de la verdad para poder hacer frente con éxito a las diversas ideologías que intentan ocupar el sitio que deja libre la disolución de la verdad. Lo cual se consigue en un proceso de “dialéctica negativa”, en oposición a la opinión dominante y al pensamiento positivo y satisfecho de sí mismo.

Una breve biografía del autor

Theodor W. Adorno

Filósofo marxista, sociólogo y musicólogo alemán. Nacido en Frankfurt del Main el 11 de septiembre de 1903, Theodor Ludwig Wiesengrund, su nombre verdadero, se doctoró en filosofía en la Universidad Johann Wolfgang Goethe donde había seguido cursos desde 1921 hasta 1924.
En 1925 fue alumno del compositor Alban Berg en Viena, pero volvió a su ciudad natal en 1927, donde fue profesor ayudante en 1931. En 1933 se trasladó a Gran Bretaña y visitó también Alemania; fue allí donde adoptó el apellido de soltera de su madre, Adorno, para firmar unos artículos en los que aplicaba los conceptos marxistas a la filosofía y la música.
En 1938 emigró a Estados Unidos, donde colaboró con Max Horkheimer en la redacción de Dialéctica del Iluminismo (1947) y otras obras. Adorno y Horkheimer volvieron a Alemania en 1949 y enseñaron en Frankfurt desde 1951. A diferencia de Horkheimer, Adorno siguió trabajando en el tema de la división de clases en las sociedades modernas en un libro titulado Minima Moralia (1951), que es una explicación al colapso de la civilización europea durante la II Guerra Mundial, en Jerga de autenticidad (1964), critica al filósofo pro-nazi Martin Heidegger y a otros que negaban la posibilidad de la verdad objetiva. Murió el 6 de agosto de 1969.
La enorme influencia de Adorno se debe quizás a los conceptos que elaboró en unión con Horkheimer. Entre estos hay que mencionar el de “razón instrumental”, que habla de la corrupción de los ideales de la Ilustración bajo los actuales sistemas de dominio; “la industria cultural”, que transforma obras de arte en objetos al servicio de la comodidad; y “la personalidad autoritaria” de los conformistas, que prefieren obedecer órdenes antes que afrontar y superar las dificultades cotidianas.

En el primero de ellos “La voluntad de saber” Foucault critica la hipótesis “represiva”defendida por compañeros intelectuales de inspiración freudo-marxista  y  propone una visión de la sexualidad como algo, más que reprimido, “promovido” desde las instancias del poder.
Acuñó el término  biopoder  para referirse a la práctica de los estados modernos de “explotar numerosas y diversas técnicas para subyugar los cuerpos y controlar la población” El autor concibe esa promocion el discurso sexual y la libertad sexual “lograda” en las últimas décadas como un falso dispositivo que pretende distraer la atención de lo que debe ser verdaderamente objeto de lucha en nuestra sociedad: el control sobre nuestros propios cuerpos, sobre nuestros deseos y pasiones.

Del segundo libro se titulado “El uso de los placeres” Michel Foucault dice “recentré todo mi estudio en la genealogía del hombre de deseo, desde la Antigüedad clásica hasta los primeros siglos del cristianismo. Seguí una distribución cronológica simple: El uso de los placeres, está consagrado a la forma en que la actividad sexual ha sido problematizada por los filósofos y los médicos, en la cultura griega clásica del siglo IV a.C.; El cuidado de sí esta consagrado a esta problematización en los textos griegos y latinos de los dos primeros siglos de nuestra era. [...] En cuanto a los documentos que habré de utilizar, en gran parte serán textos “prescriptivos”; por ello quiero decir textos que, sea cual fuere su forma (discurso, diálogo, tratado, compilación de preceptos, cartas, etc.), su objeto principal es proponer reglas de conducta. Sólo me dirigiré a los textos teóricos sobre la doctrina del placer o de las pasiones con el fin de hallar en ellos mayor claridad. [...] Estos textos tienen como función ser operadores que permitan a los individuos interrogarse sobre su propia conducta, velar por ella, formarla y darse forma a sí mismos como sujetos éticos; revelan en suma una función “eto-poética”, para transponer una palabra que se encuentra en Plutarco”.

El tercer volumen  ” La inquietud del sí ” se ocupa de un tema antiguo y muy contemporáneo a la vez: la formación del individuo en la experiencia helenística y romana. 
Foucault reflexiona sobre el cuidado del cuerpo, las reglas del matrimonio, las relaciones con las mujeres y con los otros varones así como la representación del placer y sus usos. 
Así, para el autor, es en el refinamiento de las artes de vivir y de la inquietud de uno mismo donde se dibujan los preceptos de la reflexión moral médica y filosófica. 
Un cuarto volumen, que abordaba ya la era cristiana, quedó concluido, pero sin adecuarlo a estos dos libros, por lo que  no ha sido publicado.

Michel Foucault, nació el 15 de octubre de 1926 en Poitiers y murió el 25 de junio de 1984. Fue un filósofo, sociólogo, historiador y psicólogo francés, profesor de la cátedra Historia de los sistemas de pensamiento en el Collège de France de 1970 a 1984, año en que murió. El trabajo de Foucault ha influido a importantes personalidades de las ciencias sociales y las humanidades en el mundo occidental.
Foucault pasó su agrégation en 1950. Tras un breve período de cátedra en la École Normale, aceptó un puesto en la Universidad de Lille, donde enseñó psicología de 1953 a 1954. En 1954 publicó su primer libro, Maladie mentale et personnalité, trabajo del que renegaría más adelante.
Foucault se dio cuenta rápidamente de que la enseñanza no era lo suyo y se exilió de Francia por un tiempo. En 1954 sirvió como delegado cultural de Francia en la Universidad de Uppsala, en Suecia (una posición arreglada por Georges Dumézil, quien se convertiría en amigo y mentor). En 1958 Foucault salió de Uppsala y ocupó puestos brevemente en Varsovia y la Universidad de Hamburgo.
Foucault regresó a Francia en 1960 para terminar su doctorado y asumir un cargo en filosofía de la Universidad de Clermont-Ferrand. Ahí conoció a Daniel Defert, con quien formó pareja por el resto de su vida. En 1961 obtuvo su doctorado mediante dos tesis (como se acostumbra en Francia). Su tesis ‘principal’ se titulaba Folie et déraison: Histoire de la folie à l’âge classique (Historia de la locura en la época clásica) y la ‘secundaria’ consistía en la traducción y comentarios de Antropología desde un punto de vista pragmático de Kant. Folie et déraison fue muy bien recibida. En 1963 publicó Naissance de la Clinique (El nacimiento de la clínica), escribió un ensayo sobre Raymond Roussel y volvió a publicar su libro de 1954 (titulándolo ahora Maladie mentale et psychologie) del que volvería a renegar más tarde. Cuando Defert fue enviado a Túnez para su servicio militar, Foucault consiguió un puesto en la Universidad de Túnez en 1965. En 1966 publicó Les Mots et les choses (Las palabras y las cosas), que fue bastante popular a pesar de su dificultad y tamaño. Este libro marcó su más alto interés en el estructuralismo, y Foucault se agrupó rápidamente con intelectuales como Jacques Lacan, Claude Lévi-Strauss y Roland Barthes para conformar la nueva ola de pensadores que destronaría a los existencialistas de Jean-Paul Sartre.
Todavía estaba en Túnez cuando estallaron las revueltas del Mayo francés, y una revuelta local previa tuvo mucho impacto para él. En el otoño del mismo 1968 regresó a Francia y publicó L’archéologie du savoir (La arqueología del saber) —en respuesta a sus críticos— en 1969.
Libros y Ensayos en libros
  1. Enfermedad mental y personalidad. Ed. Paidós, Buenos Aires, 1961.
  2. El nacimiento de la clínica. Una arqueología de la mirada médica. Ed. Siglo XXI, 1966.
  3. Historia de la locura en la época clásica. Tomo I y II. Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1967.
  4. Verne: un revolucionario subterráneo. VVAA. Ed. Paidós, Buenos Aires, 1968. Incluye el ensayo de Foucault “La proto-fábula”, originalmente publicada, junto con los demás ensayos, en un número especial de Cahier de L´Arc, Nº 29 Aix-en-provence, 1966.
  5. Conversaciones con Levi-Strauss, Foucault y Lacan, De Paolo Caruso. Ed. Anagrama, Barcelona, 1969. Entrevista a Michel Foucault originalmente publicada en la revista La Fiera Literaria, 28-09-1967.
  6. Marx, Nietzsche, Freud. Ed. Anagrama, Barcelona, 1970, y Ed. El Cielo por Asalto, Buenos Aires 1995. Esta última con prólogo de Eduardo Grüner. Originalmente una ponencia presentada al Coloquio de Royaumont de Julio de 1964 y publicada por Ed. de Minuit, 1967. Otra traducción fue publicada anteriormente en la revista Eco Contemporáneo, Bogotá, en 1969.
  7. Análisis de Michel Foucault. VVAA. Ed. Tiempo Contemporáneo, Buenos Aires, 1970. Incluye “Respuesta al Círculo de Epistemología”, publicado originalmente en la revista La Pensée número 137, 1968.
  8. Arqueología del saber. Ed. Siglo XXI, México, 1970.
  9. Teoría de Conjunto. Redacción de “Tel Quel”. Ed. Seix & Barral, Barcelona, 1971. Incluye el ensayo de Foucault: “Distancia, aspecto, origen”.
  10. Theatrum Philosophicum (seguido de Diferencia y repetición de Gilles Deleuze). Ed. Tusquets, Barcelona, 1972; y en Ed. Anagrama, Barcelona, 1995. Ensayo de Foucault sobre Gilles Deleuze, publicado originalmente en la revista Critique Nº 282, 1970.
  11. Raymond Roussel. Ed Siglo XXI, Buenos Aires, 1973.
  12. El orden del discurso. Ed. Tusquets, Barcelona, 1973. Clase magistral de inauguración de la cátedra de “Sistemas de Pensamiento” en el Collège de France el 2 de diciembre de 1970.
  13. El libro de los otros, de Raymond Bellour. Ed. Anagrama, Barcelona, 1973. Entrevista a Michel Foucault, junto con otras realizadas a Barthes, Levi-Strauss, Metz, etc.
  14. Como escribí algunos libros míos, de Raymond Roussel. Prólogo de Foucault: “El umbral y la llave”. Ed. Tusquets, Barcelona, 1973.
  15. Conversaciones con los radicales. VVAA. Ed. Kairós, Barcelona, 1975. Entrevista a Michel Foucault, publicada originalmente -junto con las otras- en la revista Actuel, 1971.
  16. Vigilar y castigar. Ed. Siglo XXI, México. 1976.
  17. Dialéctica y libertad. VVAA. Ed. Fernando Torres, Valencia, 1976. Incluye el texto “Respuesta a una pregunta”, originalmente publicado en la revista Esprit en Mayo de 1968.
  18. La naturaleza humana, ¿justicia o poder? Cuadernos Teorema, Valencia, 1976. Incluye el debate sostenido en la televisión holandesa entre Foucault y Noam Chomsky en 1971.
  19. Yo, Pierre Riviere, habiendo asesinado a mi madre, a mi hermana, a mi hermano… Ed. Tusquets, Barcelona, 1976. Introducción de Foucault.
  20. La voluntad de saber. Historia de la sexualidad. Vol. I. Ed. Siglo XXI, México, 1977.
  21. Los crímenes de la paz. VVAA. Compilado por Franco Basaglia y Franca Basaglia Ongaro. Ed. Siglo XXI, México, 1977. Incluye el ensayo de Foucault “La casa de la locura”.
  22. Microfísica del poder. Ed- La Piqueta, Madrid, 1979. Ensayos y entrevistas compiladas por Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría.
  23. El panóptico, de Jeremias Bentham. Entrevista a Michel Foucault (“El ojo del poder”) a modo de prólogo. Ed. de la Piqueta, Madrid, 1979.
  24. Irán: la revolución en nombre de Dios, de Claire Briere y Pierre Blanchet. Ed. Terra Nova, México, 1980. “El espíritu de un mundo sin espíritu”: entrevista a Michel Foucault a modo de prólogo.
  25. La verdad y las formas jurídicas. Ed. Gedisa, Barcelona, 1980.
  26. El orden psiquiátrico, de Robert Castel. Ed. de la Piqueta, Madrid, 1980. Introducción de Michel Foucault.
  27. Esto no es una pipa. Ed. Anagrama, Barcelona, 1981.
  28. Espacios de poder. VVAA. Ensayos compilados por Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría. Ed. de la Piqueta, Madrid, 1981. Incluye el ensayo de Foucault “La gubernamentalidad”.
  29. Un diálogo sobre el poder. Ed. Alianza, Madrid, 1981. Recopilación de ensayos de Foucault, todos ellos ya incluidos en Microfísica del poder, excepto la entrevista titulada “No al sexo rey”.
  30. La filosofía y los problemas actuales. VVAA. Ed. Kairós, Barcelona, 1981. Incluye el debate entre Foucault y Noam Chomsky ya publicado en La naturaleza humana, ¿justicia o poder?
  31. La imposible prisión: debate con Michel Foucault. Ed. Tusquets, Barcelona, 1982. Incluye, además, el ensayo de Foucault “El polvo y la nube” y un texto de Jacques Leonard.
  32. Los juegos del poder en “Politicas de la filosofía”. VVAA. Compilado por Dominique Grisoni. FCE, México, 1982. Entrevista de JJ Brochier.
  33. Homosexualidad, literatura y política. VVAA. Editado por George Steiner y John Boswell. Ed. Alianza, Madrid, 1982. Incluye el ensayo de Foucault “La lección del sexo y el acto sexual”. Hay otra traducción en la revista Etiem Nº 1 Buenos Aires, 1995.
  34. El discurso del poder. Ed. Folios, México, 1983. Ensayos y entrevistas compiladas y presentadas por Oscar Terán.
  35. ¿Qué es un autor?. Ed. de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, Tlaxcala, 1985. Conferencia pronunciada en la Sociedad Francesa de Filosofía el 22 de febrero de 1969 y publicada en el Bulletin Société Française de Philosophie, Nº LXIV, Jul-Sep. 1969. El texto se editó primero en la revista Dialéctica Nº 16, México. También existe otra traducción en la revista Conjetural, Buenos Aires.


CRUCE DE CAMINOS
GABO Y YO ESTÁBAMOS en la ciudad de Bogotá el triste día 9 de abril de 1948 en que mataron a Gaitán. Teníamos la misma edad: 21 años; fuimos testigos de los mismos acontecimientos, ambos estudiábamos la misma carrera: Derecho. Eso al menos creíamos los dos. Ninguno tenía noticias del otro. No nos conocía nadie, ni siquiera nosotros mismos.
Casi medio siglo después, Gabo y yo conversábamos, en vísperas de un viaje a Birán, el lugar de Oriente, en Cuba, donde nací la madrugada del 13 de agosto de 1926. El encuentro tenía la impronta de las ocasiones íntimas, familiares, donde suelen imponerse el recuento y las efusivas evocaciones, en un ambiente que compartíamos con un grupo de amigos del Gabo y algunos compañeros dirigentes de la Revolución.
Aquella noche de nuestro diálogo, repasaba las imágenes grabadas en la memoria: ¡Mataron a Gaitán!, repetían los gritos del 9 de abril en Bogotá, adonde habíamos viajado un grupo de jóvenes cubanos para organizar un congreso latinoamericano de estudiantes. Mientras permanecía perplejo y detenido, el pueblo arrastraba al asesino por las calles, una multitud incendiaba comercios, oficinas, cines y edificios de inquilinato. Algunos llevaban de uno a otro lado pianos y armarios en andas. Alguien rompía espejos. Otros la emprendían contra los pasquines y las marquesinas. Los de más allá vociferaban su frustración y su dolor desde las bocacalles, las terrazas floridas o las paredes humeantes. Un hombre se desahogaba dándole golpes a una máquina de escribir, y para ahorrarle el esfuerzo descomunal e insólito, la lancé hacia arriba y voló en pedazos al caer contra el piso de cemento. Mientras hablaba, Gabo escuchaba y probablemente confirmaba aquella certeza suya de que en América Latina y el Caribe, los escritores han tenido que inventar muy poco, porque la realidad supera cualquier historia imaginada, y tal vez su problema ha sido el de hacer creíble su realidad. El caso es que, casi concluido el relato, supe que Gabo también estaba allí y percibí reveladora la coincidencia, quizás habíamos recorrido las mismas calles y vivido los sobresaltos, asombros e ímpetus que me llevaron a ser uno más en aquel río súbitamente desbordado de los cerros. Disparé la pregunta con la curiosidad empedernida de siempre. "Y tú, ¿qué hacías durante el Bogotazo?", y él, imperturbable, atrincherado en su imaginación sorprendente, vivaz, díscola y excepcional, respondió rotundo, sonriente, e ingenioso desde la naturalidad de sus metáforas: "Fidel, yo era aquel hombre de la máquina de escribir".
A Gabo lo conozco desde siempre, y la primera vez pudo ser en cualquiera de esos instantes o territorios de la frondosa geografía poética garciamarquiana. Como él mismo confesó, lleva sobre su conciencia el haberme iniciado y mantenerme al día en "la adicción de los bestsellers de consumo rápido, como método de purificación contra los documentos oficiales". A lo que habría que agregar su responsabilidad al convencerme no sólo de que en mi próxima reencarnación querría ser escritor, sino que además querría serlo como Gabriel García Márquez, con ese obstinado y persistente detallismo en que apoya como en una piedra filosofal, toda la credibilidad de sus deslumbrantes exageraciones. En una oportunidad llegó a aseverar que me había tomado 18 bolas de helado, lo cual, como es de suponer, protesté con la mayor energía posible.
Recordé después en el texto preliminar de Del amor y otros demonios que un hombre se paseaba en su caballo de 11 meses y sugerí al autor: "Mira, Gabo, añádele dos o tres años más a ese caballo, porque uno de 11 meses es un potrico". Después, al leer la novela impresa, uno recuerda a Abrenuncio Sa Pereira Cao, a quien Gabo reconoce como el médico más notable y controvertido de la ciudad de Cartagena de Indias, en los tiempos de la narración. En la novela, el hombre llora sentado en una piedra del camino junto a su caballo que en octubre cumple 100 años y en una bajada se le reventó el corazón. Gabo, como era de esperarse, convirtió la edad del animal en una prodigiosa circunstancia, en un suceso increíble de inobjetable veracidad.
Su literatura es la prueba fehaciente de su sensibilidad y adhesión irrenunciable a los orígenes, de su inspiración latinoamericana y lealtad a la verdad, de su pensamiento progresista.
Comparto con él una teoría escandalosa, probablemente sacrílega para academias y doctores en letras, sobre la relatividad de las palabras del idioma, y lo hago con la misma intensidad con que siento fascinación por los diccionarios, sobre todo aquel que me obsequiara cuando cumplí 70 años, y es una verdadera joya porque a la definición de las palabras, añade frases célebres de la literatura hispanoamericana, ejemplos de buen uso del vocabulario. También, como hombre público obligado a escribir discursos y narrar hechos, coincido con el ilustre escritor en el deleite por la búsqueda de la palabra exacta, una especie de obsesión compartida e inagotable hasta que la frase nos queda a gusto, fiel al sentimiento o la idea que deseamos expresar y en la fe de que siempre puede mejorarse. Lo admiro sobre todo cuando, al no existir esa palabra exacta, tranquilamente la inventa.  ¡Cómo envidio esa licencia suya!
Su autobiografía, es decir, la novela de sus recuerdos, la imagino de nostalgia por el trueno de las cuatro de la tarde, que era el instante de relámpago y magia que su madre Luisa Santiaga Márquez Iguarán echaba de menos lejos de Aracataca, la aldea sin empedrar, de torrenciales aguaceros eternos, hábitos de alquimia y telégrafo y amores turbulentos y sensacionales que poblarían Macondo, el pequeño pueblo de las páginas de 100 años solitarios con todo el polvo y el hechizo de Aracataca. De Gabo siempre me han llegado cuartillas aún en preparación, por el gesto generoso y de sencillez con que siempre me envía, al igual que a otros a quienes mucho aprecia, los borradores de sus libros, como prueba de nuestra vieja y entrañable amistad. Esta vez, en Vivir para contarla, hace una entrega de sí mismo con sinceridad, candor y vehemencia, que le develan como lo que es, un hombre con bondad de niño y talento cósmico, un hombre de mañana, al que agradecemos haber vivido esa vida para contarla.
Publicado por primera vez en la edición número 485, con el título La novela de sus recuerdos. 

Germàn Vargas siempre fue el principal crítico de Gabo
AUTOR DE UNA OBRA QUE HARÁ RUIDO
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, a los 40 años, está corrigiendo las pruebas de una novela que este año dará mucho de qué hablar. Hay razones suficientes para creer que Cien años de soledad -tal es el título- será la mejor novela colombiana escrita en el último cuarto de siglo y, desde luego, la mejor del autor.
Es el quinto de sus libros y la cuarta de sus novelas. Antes ha publicado: La hojarasca (Bogotá 1955, Lima 1961, Montevideo, 1965), El coronel no tiene quien le escriba (Bogotá, 1959; Medellín, 1961; México, 1963 y 1966), La mala hora (Madrid, 1962; México, 1966) y Los funerales de la mama grande (México 1962). Todos estos libros están contratados por Editorial Sudamericana de Buenos Aires, para ediciones de bolsillo y el primero, los cuentos de Los funerales, aparecerá en julio de 1967. Casi todos han salido ya, o están próximos a salir, en ediciones francesas, inglesas, italianas, alemanas, holandesas y rumanas. Inicialmente, Editorial Sudamericana contrató la nueva novela de García Márquez para una edición de 10.000 ejemplares, con base en la lectura de los tres primeros capítulos. Hace un mes, al leer las pruebas de toda la obra, los directores de la editorial argentina decidieron doblar el tiraje. Esperan vender la primera edición en el curso del año. Mario Vargas Llosa, el excelente novelista peruano de La ciudad y los perros y de La casa verde, la recomendó a los editores franceses y norteamericanos de sus libros, diciendo que "es lo mejor que se ha escrito en muchos años en lengua castellana". En francés, Cien años de soledad será publicada por Editions du Seuil y en los Estados Unidos se están disputando la traducción y la edición en inglés dos importantes editoriales: Harper & Row y Coward McCann; base de la oferta: 10.000 dólares, la suma más alta que una casa editorial haya pagado por la primera edición de un libro colombiano.
Un personaje: Aracataca
Cien años de soledad es la culminación y la conclusión del ciclo de Macondo y significa el tránsito hacia nuevos temas y personajes. Macondo, el pueblo costeño de sol abrumador y calor inaguantable y de amplias calles arenosas, es la Aracataca natal del autor, un poblado magdalenense que vivió mejores épocas en los años de auge del cultivo y exportación de banano. En Aracataca, como en Ciénaga y otras poblaciones de la Zona Bananera, fueron muchas las noches en que se bailó la cumbia a luz de los billetes de 100 pesos -en vez de espermas- encendido por los bailadores. García Márquez, al transformar a Aracataca en Macondo, ha hecho algo similar a lo que hizo William Faulkner al dar el nombre de Jefferson a su ciudad de Oxford.
En Cien años de soledad, García Márquez no se atiene solamente a los hechos reales, sucedidos históricamente, y en los cuales participan los personajes por él creados, tales como las guerras civiles, la llegada, establecimiento, esplendor y retirada final de la United Fruit Company, la represión y masacre por la huelga de las bananeras en 1928, sino que introduce por vez primera en su creación elementos fantásticos y así, en ella, las alfombras vuelan, los muertos resucitan, hay lluvias de flores y, al morir, Remedios la Bella sube directamente al cielo, a la vista de la gente y sin que el hecho resulte increíble para el lector.
Cien años de soledad comenzará a circular en toda la América Latina en mayo próximo y, según anuncia su autor, el libro incluirá una genealogía y una tabla cronológica para distinguir los personajes "porque los Buendía tenían la costumbre de poner a sus hijos los mismos nombres de los padres y, a veces, todo se vuelve confuso. En los 100 años de historia, hay cuatro José Arcadio Buendía y tres Aureliano Buendía". Agrega García Márquez: "Este es tal vez el menos misterioso de mis libros, porque el autor trata de llevar al lector de la mano para que no se pierda en ningún momento ni quede ningún punto oscuro. Aquí están todas las claves. Se conoce el origen y el fin de todos los personajes, y la historia completa, sin vacíos, de Macondo."
Treinta y dos guerras civiles
Arcadio amaba los pájaros y llenó con ellos el pueblo. Tenía inclinación muy marcada hacia las ciencias y los inventos y a ello -y a su demencia- contribuyó en no escasa medida la inalterable amistad que le unió a Melquíades, un gitano visionario que a la cabeza de su tribu llegaba periódicamente a Macondo, llevando verdaderas maravillas: un telescopio, un bloque de hielo, un imán, una lupa para concentrar los rayos solares, unas alfombras voladoras. José Arcadio llega un día a un pavoroso descubrimiento: la redondez del mundo. Y llega a él con los sextantes, los astrolabios y las brújulas que le ha cedido su amigo Melquíades. Ya definitivamente loco, José Arcadio muere, sobrepasados los 100 años, delirando en latín y discutiendo de teología con un cura.
El otro personaje principal, el coronel Aureliano Buendía, es figura destacada en los demás libros de García Márquez y en Cien años de soledad alcanza una dimensión y un peso y un tamaño de persona viva, realmente extraordinarios. Este es "el miembro más importante de la segunda generación que hizo 32 guerras civiles y las perdió todas". A lo largo de su vida de aventuras, el coronel Aureliano Buendía engendró 17 hijos naturales, que fueron asesinados todos casi simultáneamente y en distintos lugares, por los enemigos políticos de su padre. Aureliano, que a lo largo de la novela y de su vida realiza verdaderas proezas inútiles y escapa milagrosamente del pelotón de fusilamiento, muere orinando orgullosamente en el patio de su casa.
Cien años de soledad no es solamente la azarosa biografía del coronel Aureliano Buendía sino la historia de toda su familia desde la fundación de Macondo hasta que el último de los Buendía se suicida 100 años después y acaba con la estirpe.
El Rascacielos
En realidad, esta novela es la primera que García Márquez comenzó a escribir cuando tenía 17 años, con el título de La casa y que abandonó hace años, por parecerle que el célebre mamotreto de entonces "era un paquete demasiado grande para mí". De la novela original se desprendieron, como cuerpos con vida independiente, personajes y hechos que conformaron sus otros libros, como La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba, La mala hora y alguno de los cuentos de Los funerales de la mama grande. Y es así como en Cien años de soledad reaparecen personajes y ambientes y referencias a sucesos que ya estaban en sus obras anteriores.
García Márquez trabajó duramente en La casa en sus primeros años de Barranquilla, hacia los comienzos de la década del 50. Vestido con un pantalón de dacrón y una camiseta a rayas, de colorines, García Márquez, encaramado sobre una mesa en la redacción de El Heraldo o sentado sobre su cama de madera en un cuartucho de El Rascacielos, un extraño burdel de cuatro pisos sin ascensor. En el diario barranquillero escribía a diario una columna -La Jirafa- que le era pagada todas las tardes en forma tan exigua que apenas si le alcanzaba para medio comer y cancelar el alquiler de la pieza -y algo más- en El Rascacielos. En éste, el cuarto en que dormía quedaba en el último piso y era frecuente que se convirtiera en el sitio de tertulia de las prostitutas y de sus chulos que se encantaban conversando y pidiendo consejo al juvenil inquilino que llegaba después de la madrugada y leía extraños libros de William Faulkner y de Virginia Woolf, y a quien iban a buscar amigos, en carros oficiales de último modelo, amigos que a ellas les parecían demasiados distinguidos para el ambiente del burdel pobretón. Ellas nunca supieron quién era ni qué hacia el para ellas extraño compañero de alojamiento. Pero la verdad es que le tenían mucha simpatía y un cierto respeto y, a veces, lo convidaban a compartir la sencilla comida que ellas mismas preparaban y que les hiciera oír canciones vallenatas tocadas por él en una dulzaina.
Después de muchos años de abandonado el proyecto, el año antepasado García Márquez se enfrentó de nuevo al tema que frecuentemente le volvía a la cabeza, cada vez más claro y más completo. Aquella novela de adolescencia, que era como la matriz de su obra publicada se fue haciendo cada vez más insistente. Un día -refiere él- por la carretera entre Ciudad de México y Acapulco, se dio cuenta de que la tenía tan madura que hubiera podido dictarle allí mismo el primer capítulo, palabra por palabra, a una mecanógrafa. Hizo su plan de trabajo y en 18 meses, a razón de ocho horas diarias, escribió 1.300 cuartillas, revisó lo escrito y dejó en definitiva poco menos de 500 páginas.
Fue una decisión tremenda ya que García Márquez tenía muchos trabajos de otro género, a plazo fijo, y muy poco dinero para encerrarse exclusivamente a escribir la novela. Sin embargo, tenía que escribirla y la escribió, porque le resultaba imposible concentrarse en ninguna otra cosa. Le dijo a Mercedes, su mujer, "tú verás qué haces con la casa". Dice no saber qué hizo pero, cuando terminó de escribir, estaba debiendo más dinero -dice- "del que me puede producir la novela en 10 años de ediciones sucesivas". Y concluye: " Se necesita una enorme irresponsabilidad para ser escritor".
Barranquilla en Macondo
En la parte final de Cien años de soledad, García Márquez incorpora personas reales y hechos sucedidos en Barranquilla al ambiente del Macondo que se está consumiendo ya en oleadas de sopor y de aniquilamiento. Y es así como el librero catalán (don Ramón Vinyes), y Álvaro (Cepeda), y Alfonso (Fuenmayor), y Germán (Vargas) y el mismo Gabriel (García Márquez) conviven con los personajes de la novela y son amigos, los únicos, del último Aureliano Buendía que termina suicidándose para cumplir su trágico destino. Y episodios ocurridos en el otrora famoso burdel de la Negra Eufemia, así como hechos de la vida de esta legendaria matrona son trasladados a Macondo, mezclados con sucesos imaginarios por García Márquez.
Y hay frecuentes reminiscencias de los muchos casos ocurridos en Barranquilla, al comienzo de los años 50, cuando en torno a la mesa de don Ramón Vinyes, gran escritor catalán, en el Café Colombia, se reunían los entonces jóvenes barranquilleros, entre ellos García Márquez, a discutir en voz alta sobre todos los temas imaginables, ante el escándalo que los vocablos usados y los asuntos tratados producían a los demás parroquianos.
Ahora, García Márquez trabaja en El otoño del patriarca, el largo monólogo de un dictador latinoamericano que será posiblemente fusilado al amanecer, a los 123 años de edad. También está escribiendo una serie de cuentos, homogéneos, para publicarlos en un libro que todavía no tiene título. Son cuentos de latinoamericanos en Europa.
Faulkner, Woolf y Sófocles
INFLUENCIAS: En una carta, G.G.M. dice a un amigo: "Estas son las influencias que considero importantes en mis novelas: del punto de vista técnico, Virginia Woolf, William Faulkner, Franz Kafka, Ernest Hemingway. Del punto de vista literario: Las mil y una noches, que fue el primer libro que leí a los siete años; Sófocles y mis abuelos maternos. 
*Abril de 1967.