jueves, 26 de agosto de 2010

Jules y Jim (Francoise Truffaut, 1962)


"Uno de los primeros paseos del trío, cuando aún son sólo amigos, demuestra el carácter dinámico, emprendedor y libre de Catherine. Ella, vestida de hombre y con unos bigotillos pintados liderea el paseo, cuyo punto culminante en la memoría del cinéfilo es la carrera por un puente, imagen reproducida en posters del film y que representa a Jules et Jim como film clásico"

"Jules es el primero en caer prendado de la femineidad libre de Catherine, Jim detecta que es posible que ella no sea la mujer de un solo hombre. Los vértices del triángulo están establecidos. Pero los separa la Primera Guerra Mundial: Jules es austríaco, Jim francés, y se enfrentan en trincheras diferentes, a lo que se suma el hecho de que Jules se casa con Catherine.
Pasado el conflicto bélico el triángulo vuelve a rearmarse, pero de una forma en la cual se crítica claramente la concepción burguesa de la felicidad matrimonial en pareja.
Jim visita a sus amigos en su chalet. Catherine le enseña la casa, muy hogareña; Jim conoce a su hija y ve que en la superficie el matrimonio parece llevarse de maravilla, pero de igual forma siente que algo está mal. Jules se lo confirma: Catherine se fue seis meses de la casa y acaba de regresar, y le ha sido infiel algunas veces."





Lo interesante el triángulo es que, aunque se coloca en tiempos pasados, tiene una vigencia actual que no se ha perdido con el paso del tiempo, y que además para su época provocaba el escándalo.

Catherine es una mujer capaz de reconocer la generosidad, vulnerabilidad e inocencia de Jules, pero también la inseguridad que forma parte de su carácter. De esta manera, Catherine no está satisfecha con su vida ni con su pareja, aunque reconoce sus valores. Ella se abre con Jim y cuenta todo lo sucedido en la realidad y desde su púnto de vista: el resultado es que emocionalmente no está satisfecha y quiere su libertad.

Lo que está abajo de la argumentación y situación de Catherine es el drama de la mujer moderna. Con aspiraciones propias, tanto emocionales como profesionales, encuentra que los modelos de convivencia social le quedan chicos. Preparada para pelear, aunque con desventaja frente a los hombres, en el mundo, encuentra que los papeles finales como el matrimonio y la maternidad ya no le son suficientes. No es que los rechace por si mismos pero para redondear su vida le hace falta realizarse en otros contextos sociales.

Así, dentro de este esquema, Catherine es el motor del film y empuja a los dos personajes masculinos a entrar en una dinámica que ella gobierna y ellos no.

Esto da pie al pragmatismo en el amor como forma de obtener la felicidad entre los tres personajes: aceptar la situación y vivirla a plenitud viviendo cada uno su rol. Para finales de los años 50 esta era una proposición de vida que era un escándalo y una provocación.

Así, se da una inversión en las situaciones dramáticas usuales en Jules et Jim.

Las situaciones "extrañas" como el mismo triángulo amoroso son tratadas con la mayor civilidad y urbanidad entre los tres personajes. En cambio, las situaciones "normales" como el matrimomio contienen, de manera implícita o explícita, un mayor grado de violencia evidente.

Dentro de este esquema, es comprensible que Jules analice la situación y le pida, civilizadamente, a Jim que se convierta en amante de Catherine para que ambos sean felices, especialmente ella.

Se dan entonces los juegos y rejuegos. Catherine, como motor, modula la intensidad del triángulo: es capaz de amar a Jim y de celarlo mientras seduce de nuevo a Jules. Pasan así un mes oerfecto en donde reina el pragmatismo del amor y no el "deber ser" en el ámbito de las emociones.

Pero a su vez Jim tiene otra amante, Gilberte... Catherine se cobra de manera igualitaria la situación: alienta el triángulo que ella controla pero no un cuarteto... Catherine muestra su independencia de Jules con Jim, pero también de Jim al tomar otro amante llamado Albert. Así, Albert equilibra a Gilberte.

Estos problemas van erosionando el triángulo amoroso. Tal parece que ni Jules ni Jim son capaces de contener a Catherine y hacerla feliz dentro de un contexto de libertad femenina irrestricta: es un espíritu libre que toma y suelta según desea, ¿No fue eso lo que se intentó vivir a finales de la década de los 60s?

De esta manera el film avanza hacia su desenlace en medio de cartas intercambiadas y malentendidos entre los tres, especialmente entre Catherine y Jim. Hacia el cierre, Truffaut sigue fiel a estilo y planteamiento: lo extraño se vive civilizadamente, lo normal se vive con violencia.

Jules et Jim, como dije antes, conserva su actualidad gracias al planteamiento de su triángulo amoroso; es un ejemplo extraordinario del estilo fílmico de la Nueva Ola Francesa. Pero, sobre todo, es un botón de muestra de la sensibilidad de Truffaut como director y de Jeanne Moreau como actriz.

Con el paso de los años ambos artistas lograron éxitos magníficos en el cine francés, pero siempre será una delicia verlos en sus comienzos, en un Jules et Jim que plantea la condición humana en su recorrido desde la inocencia a la sabiduría de la vida, con todas las alegrías y sinsabores que conlleva la adquisión de este conocimiento de nuestra existencia como seres humanos, en donde Todo es imperfecto... menos, quizás, el mundo maravilloso del cine.
http://cinevisiones.blogspot.com/2009/07/jules-et-jim-de-francois-truffaut-02.html





"Rodada en 1962, en pleno apogeo del movimiento que desembocaría en Mayo del 68, que tuvo un claro componente de liberación sexual y de la mujer,  busca ser un canto a la libertad. Libertad sexual, libertad del amor, libertad de la mujer y respeto por la naturaleza de cada uno. Vista desde hoy en día, que ya conocemos las consecuencias de una vida entendida en esos parámetros, resulta moralmente totalmente superada.
No por ello deja de tener su valor a la hora de entender ideológicamente a uno de los movimientos sociales más importantes del siglo XX."

Jean-Luc Godard Al final de la escapada (1960)




Blanca Vázquez  laRepúblicacultural.es
Autor
Con ochenta años, el cineasta que siempre ha dicho que una historia debe tener un principio, un desarrollo y un final, pero no necesariamente en este orden, sigue dando mucho que hablar como cineasta-autor creador experimental y vanguardista. Hablo de Jean-Luc Godard y Film Socialisme, presentado en la sección “Un Certain Regard” del Festival de cine de Cannes 2010. Rodada en HD, filmada en un crucero por el Mediterráneo, es una sopa con tropezones, todo un desafío para el espectador que se sentirá frustrado de no captar todo lo que, con muy escasas palabras, muestra este film-ensayo distinto de lo hecho anteriormente por este rompedor cineasta, y sin embargo es tremendamente Godardiano. Su mundo en el cine comenzó cuando junto a Rivette y Rohmer fundó la revista Gazette du cinéma en 1950. Dos años después desarrolla extensamente su labor crítica en Les cahiers du cinéma. Pronto hará su primer film francés, All the Boys Are Called Patrick, 1959 con guión de Eric Rohmer. Colabora con Truffaut en la publicación semanal Temps de París y comienza la década de los sesenta, con la que Godard rueda A bout de soufle, (Al final de la escapada) obteniendo un enorme éxito de crítica y público, siendo encumbrada como el comienzo de un nuevo movimiento artístico: La Nouvelle Vague, que siempre ha originado muy vagas definiciones de lo que es realmente.

De lo que no hay duda es que la película se convirtió en una cinta de culto además de reunir a Godard y Truffaut pero también a Chabrol, que hizo de supervisor, así como Jean-Pierre Melville en la post-producción. Después vendrían Alphaville, une étrange aventure de Lemmy Caution y Pierrot el loco, ambas en 1965. Le sigue Masculin femenin: 15 faits précis, 1966; La chinoise, 1967 oWeek-End, 1967, muestras de su simpatía por el movimiento maoísta. En la década de los setenta viaja y filma: Palestina, Norteamérica, Inglaterra. Sin duda su década más fructífera fueron los sesenta , al menos en cuanto a obras de culto. Los años setenta tuvieron un cariz demasiado político, y en los ochenta volvió a un cine convencional, aunque no dejó de llamar la atención como con Yo te saludo, María, 1985, pero es sobre todo el género documental, el que atrapa su tiempo cinematográfico.

Casting
Un cartel mítico, de culto, que ha pasado a la historia, que cuelga en el habitáculo de todo amateur o profesional del cine, es el de Jean-Paul Belmondo junto a Jean Seberg paseando por Les Champs Elysées, con las palabras New York Herald Tribune impresas en la camiseta de ella. Dos frescas y jóvenes estrellas para el no menos fresco, y nuevo cine francés. Jean-Paul Belmondo dio la imagen del más descarado y tierno delincuente en fuga. A partir de la oportunidad que le dio Godard se convirtió en estrella del cine francés, apareciendo en superproducciones tanto de corte cómica como de acción. Con su inimitable sonrisa ybouche, ha sido siempre un aficionado al deporte que llevó a decidir hacer él mismo las escenas peligrosas, sin especialistas, lo que le ha encasillado casi siempre en films de acción. Trabajó con Louis Malle en El ladrón de Paris, 1967; Jacques Deray en Borsalino, 1970; Alain Resnais en Stavisky, 1974; Claude Lelouch enEl imperio del león, 1988, con la que consiguió el Cesar al Mejor Actor.
En sus comienzos fue Bonjour tristesse, 1958, con el gran Otto Preminger, pero no llamó la atención internacional hasta el siguiente film, Al final de la escapada. 

Jean Seberg haría después una buena performance de la esquizofrénica Lilith, 1964, Robert Rossen. Seguidamente pasó a intervenir en mediocres films junto a sus respectivos maridos-directores, François Moreuil y Romain Gary. En Estados Unidos hizo poco cosa, alguna producción del género musical, La leyenda de la ciudad sin nombre, 1969, Joshua Logan, o películas de desastres, como Airport, 1970, George Seaton. Esta época tuvo mala prensa en Estados Unidos debido a sus relaciones políticas con el grupo radical Panteras negras, causa por la que el FBI la vigilaba. Sufría de depresiones que le llevaron a más de un intento de suicidio y una vida privada un tanto desequilibrada. Se casó cuatro veces. Precisamente murió en extrañas circunstancias en 1979, de una sobredosis de barbitúricos, encontrada en la parte trasera de un coche en una barriada de París.

De qué y como nos habla la película
La primera vez que visioné Al final de la escapada (Breathless) tuve la impresión que estaba sobrevalorada, y que su éxito tal vez respondía a una ambigua idea sobre lo que se entendía como Nouvelle Vague, una corriente improvisada entre amigos que querían cambiar el mundo y el cine. Aunque habría que saber qué era exactamente este movimiento artístico, del que cada crítico y cineasta daba su versión. Se acepta como descripción más lógica el que fue una manera de “filmar de verdad la espontaneidad de su tiempo, lejos de la idea del glamour prefabricado de los majors”. En todo caso era una corriente demasiado fragmentada y heterogenea, tanto como sus afiliados. Cuando he vuelto a visionar, para este especial, la cinta de Godard he ido descubriendo cuan equivocada estaba, y cuan cierto es eso de que la impresión de una película depende mucho de nuestro estado de ánimo o reloj biológico o como quieran llamarlo. En todo caso, la cinta de Godard es una caja de sorpresas que a cada visionado muestra una carta nueva que tenía escondida entre los pliegues. Nuestro país vecino acaba de celebrar su cincuenta aniversario, y aquí sí que podemos decir aquello de "¡qué joven te conservas!"
Desde una actuación con cierta declamación teatral, pasando por el famoso montaje a cortes o saltos, las tomas inusuales, el protagonismo tan esencial de la ciudad de París, hermosa bajo todas sus luces, el gesto de la gente de la calle mirando la cámara y a los actores, el diálogo del protagonista, el ratero Michel Poiccard (Belmondo), con la cámara, los fundidos en negro, hasta las numerosas referencias cinéfilas, especialmente a Humphrey Bogard. Sin ser un argumento al uso, el guión del cineasta francés, escrito junto a François Truffaut, es una historia no un tema (dicho por el propio Godard que improvisó diariamente con los actores), como si la cámara se uniera a un camino que ya venía trazado por el protagonista.
Michel es un ladrón de coches que no tiene reparos en disparar impulsivamente a cualquier policía que se le cruce en su camino. Con éxito entre las mujeres, se sirve de ellas para sus trapicheos, además de limpiarlas la cartera. Pero hay una americana, Patricia Franchini (Seberg), aspirante a periodista, a la que desea especialmente y propone ir con él a Roma. Esperando conseguir un dinero que le deben colegas del business, vagan ambos, Michel y Patricia, por París, y con la policía en los talones. Todo este vagabundeo desemboca en un final anunciado, en el que sobresale ese caminar tambaleante a lo largo de la vía de una calle céntrica, de un Michel herido de bala.
Oso de plata al Mejor Director en la Berlinale y nominación de Jean Seberg como Mejor Actriz para los BAFTA. Godard acuña el dicho de vivir peligrosamente hasta el fin, algo a lo que hacía referencia la filmografía de Nicholas Ray.

Enfocando
El anochecer en los Campos Eliseos, cuando Patricia, espiada por Michel desde una calle próxima, se aleja en un descapotable junto a un amigo periodista. La entrada del coche en el fluido tráfico, las luces de las farolas aún tenues, y el Arco del Triunfo a lo lejos. Impresionante y hermosísimo travelling aéreo.
Frases
Patricia.-No sé si estoy triste porque no soy libre o si no soy libre porque estoy triste.
Michel.- Siempre me intereso por las mujeres que no están hechas para mi.
Michel.- Sois idiotas los americanos.
Patricia.- No veo por qué
Michel.- Si! La prueba es que admiráis a La Fayette y a Maurice Chevalier, justo los franceses más tontos que existen.
Anécdoca
La música clásica, al igual que el pitillo en los labios de Michel, es también un protagonista de importancia en esta cinta de Godard que abrió el camino a la espontaneidad fílmica.
Godard no podía permitirse una plataforma para la cámara, y ésta fue puesta encima de una silla con ruedas en muchas escenas. Una técnica de bajo costo que bien puede dar resultados sorprendentes.
Godard dedicó el film como tributo a Monogram Pictures, un estudio de Hollywood creado en 1930 que producía y estrenaba Films de bajo presupuesto, conocidos como serie B.
Familia política
Pierrot el loco, 1965, Jean-Luc Godard; Jules et Jim, 1962, François Truffaut; Los amantes, 1958, Louis Malle;Gun Crazy, 1950, Joseph H. Lewis; El silencio de un hombre, 1967, Jean-Pierre Melville.
Publicado el Miércoles 25 de agosto de 2010,