New York New York, es una película muy estimable, brillante en muchos momentos, en la que Liza Minnelli pone en su trabajo el talento y el énfasis precisos para la composición del personaje y, muy especialmente, las canciones puestas en su boca tienen la pasión, el sentimiento, la fuerza y el arrebato necesarios para que su impacto en el espectador resulte tan notorio como plausible. Su intervención en el número que da título a la película y en el deslumbrante “Happy Endings”, por ejemplo, alcanzan una dimensión notabilísima. Lo que ocurre con New York New York es que es un musical que tiene pocas cosas en común con los musicales al viejo estilo, incluso no parece un musical.
Guido (Marcello Mastroanni) es un reputado director de cine que lo tiene todo, familia, amigos, fama y dinero. Se encuentra en pleno proceso creativo de su nueva película a pocas semanas de empezar un rodaje que lleva aplazándose desde hace meses. Pero la verdad es que Guido está demasiado asustado como para empezar la película que según la prensa será la mejor de su carrera, Guido no tiene nada sólido y verá como poco a poco todo lo que hay a su alrededor se desmorona según se acerca la fecha de rodaje. Esta es una de esas grandes películas difíciles de digerir. Si tenemos en cuenta su duración como principal punto negativo (casi tres horas) y también las divagaciones que hace de caminar entre el sueño y la realidad del protagonista que pueden hacer que entres y salgas constantemente del contexto de la película. La conclusión más directa a la que se puede llegar con esta película es que hay que tomársela como un viaje a la mente de Federico Fellini, el propio director y co-guionista de la cinta; el propio Guido el alter-ego directo de Fellini, un punto de partida de cómo se veía Fellini a sí mismo. Remite a recuerdos de su propia infancia (reales o ficticios, tanto da), su relación con las mujeres a lo largo de su vida, entre otras cosas. Debido a eso, en algunas ocasiones es más fácil entrar en la película en los momentos de realidad, en aquellos en los que transcurre la historia. Es por eso que se produce una cierta sensación de que la película podría haber sido mucho más corta, sobretodo omitiendo la media hora final, y habiendo ciertos momentos en los que parece que va a acabar, pero no es así. Aunque por esas razones es por las que no hay que tomarse como un mal guión el de esta película, por ser un viaje muy personal, los demás elementos de la película son más fáciles de alabar. El amplio reparto del film está estupendo, sobretodo Mastroanni, quien consigue transmitir cierta chulería y al mismo tiempo una inseguridad en sí mismo que es conveniente valorar. El reparto femenino a nivel global posee un encanto muy especial, y eso es algo que Fellini ha sabido aprovechar muy bien. La fotografía también es digna de mención, sabiendo aprovechar el blanco y negro al máximo, dontando a la película de una belleza visual por encima de la media. También la banda sonora es una de las bazas fuertes de la película, entrando cuando debe y con piezas musicales muy destacables.