"Esta película supuso toda una innovación en el rodaje de exteriores. Wyler desechó la idea de rodar con escenarios artificiales porque quería que la auténtica Roma fuese la tercera protagonista de la película."

Archivo:Audrey Heburn and Gregory Peck in Roman Holiday trailer 2.jpg

"Esta película fue el primer papel protagonista de Audrey Hepburn en el mundo del cine. La actriz belga no había realizado grandes papeles hasta entonces. Una vez hecho el rodaje, la productora quería que Gregory Peck (estrella consolidada en Hollywood) encabezara en solitario los créditos. Pero Peck se negó argumentando que Audrey Hepburn iba camino de ser una gran estrella."

Archivo:Audrey Hepburn and Gregory Peck in Roman Holiday trailer.jpg

Vacaciones en Roma (Roman Holiday) es una película dirigida por Willyam Wyler. El film ganó tres Oscar, a la mejor actriz principal (Audrey Hepburn), a la mejor narración para el cine, y al mejor vestuario, y obtuvo otras siete candidaturas, a la mejor película, al mejor director, al mejor actor de reparto (Eddie Albert), al mejor guión original, a la mejor dirección artística, a la mejor fotografía, y al mejor montaje. Este film catapultó a Audrey Hepburn a la fama, la química establecida entre Peck, Albert y la protagonista es tan evidente que se plasma en este film el encanto de las relaciones humanas simples, felices y sencillas que genera la personalidad fresca, rebosante y espontánea de la protagonista.
http://es.wikipedia.org/wiki/Vacaciones_en_Roma

“Vacaciones en Roma”: Un corazón para una princesa del pueblo

(...) Una comedia romántica en que William Wyler nos hace disfrutar por las calles de la Ciudad Eterna de la compañía de Audrey Hepburn y de Gregory Peck, una pareja a la altura de sus personajes, de una elegancia y categoría humana que hacen que toda la cinta respire aires nostálgicos y de ensoñación.(...)
En su viaje oficial por varias capitales de Europa, la princesa Ann de Inglaterra es la nueva Cenicienta que se escapa de su cárcel doméstica, la Alicia que atraviesa el espejo de su estatus para adentrarse en un mundo para ella desconocida. Sin dinero ni obligaciones, sin el corsé de una agenda angustiosa ni sonrisas protocolarias, podrá fumar su primer pitillo o tomarse un gelati como una turista más, podrá contribuir al caos circulatorio de la Urbe, vivir la noche romana con toda la clase e inocencia de su condición, pararse ante los escaparates como hiciera en “Breakfast at Tiffany’s” o enamorarse de un periodista que va a la caza de la exclusiva.
En “Vacaciones en Roma” asistimos con una sonrisa permanente a escenas de lo más simpáticas y amables –algo tienen de estampas costumbristas de Roma–, con unos secundarios asimismo tratados con cariño: el portero que vigila con su escopeta para que no se vaya la enigmática jovencita, el taxista y sus bambinosque le esperan, el galante peluquero que sufre al tener que cortar un pelo tan precioso, la limpiadora del apartamento que también vela por las buenas costumbres, o el obeso frutero que la estampa un beso de felicitación al salir de la comisaría… ¡Qué difícil encontrar tantos buenos personajes que responden a una misma época y mentalidad, y que animan a pensar en la bondad del “pueblo”!
Si hablamos de bondad y buenos sentimientos, de inocencia y rectitud de corazón, sin duda la palma se la llevan la pareja protagonista. La princesa Ann da sus primeros pasos romanos como una niña bien educada pero juguetona, que todas las noches toma su vaso de leche con galletas, que explota con un berrinche ante la tensión del protocolo, y que sueña como una adolescente con esos bailes que ve desde la ventana de su habitación. Las horas de ese “vivir peligrosamente” le enseñarán a asumir las obligaciones de su condición a la vez que entra en contacto real con la gente de la calle, a compaginar el deber de Estado con el amor que llama por primera vez a su alma. Vive un acelerado e intenso proceso de maduración en que cambia su mirada y su corazón, ya preparado en la rueda de prensa final para poder hablar sinceramente derelaciones personales y de llegar por ellas a la hermandad entre las naciones: ya está en condiciones de ser una buena reina porque se ha convertido en una buena mujer.
Audrey Hepburn es quien obra el milagro con una mirada inocente y candorosa –en el mejor sentido de las palabras–, cualidades que se convierten en su mejor arma para desarmar a quien quiere aprovecharse de ella. Elegante con las joyas de princesa y también en camisón o pijama, hermosa con el pelo largo, corto o la cara sucia, siempre sonriente aunque algunas veces asustada, Audrey aprovecha su fotogenia para mostrar un corazón de oro y un modo de vivir en el que no hay bajezas ni más debilidad que la misma fragilidad e irresponsabilidad juvenil.
A su lado, vemos a un americano en Roma que trata de conseguir la exclusiva de su vida por medios no muy ortodoxos. Lo malo –o lo bueno, habría que decir– es que nuestro corresponsal se enamora… y que el amor no tiene precio, y no se puede vender. Qué sintonía y simpatía se forja entre estos dos corazones necesitados de experiencias humanas y de “un mundo que necesita dulzura y decencia” –según el poema recordado por la princesa adormecida junto a la fuente–, qué compenetración y hondura existe para no tener que explicarse las cosas y decírselo todo con la mirada. La gradual evolución de Joe no es menor que la de Ann, y hasta un hombre maduro y experimentado en las cosas del mundo acaba sucumbiendo a la fuerza del amor. Comicidad con los detectives“secretos” británicos o con el affaire del zapato en la recepción inicial, y emotividad con esa pareja que sale bien remojada pero feliz del Tíber y que luego saborea su amor imposible en el silencio de su dispar habitación.
Entre ellos, asistimos al mayor juego de mentiras y palabras de doble sentido que uno se pueda imaginar. Todo un equilibrio de apariencias y eufemismos es el de Joe con su jefe, el de Ann con Joe y viceversa: un cúmulo de equívocos para un portero que ve cómo su huésped moroso le da un “comprometido” dinero a la jovencita cuando se va de madrugada, para un fotógrafo que con sus “primas”siempre parece estar en fuera de juego aunque también en complicidad, para unos policías que se repliegan ante “el cuarto poder” mientras suenan unas notas de boda –maravillosa escena muda en la comisaría–, para un peluquero que piropea a esa princesa destronada por un día como “la más guapa” atendiendo a su peinado y que le hace sentirse mujer, para unos periodistas que escuchan a Su Alteza hablar de relaciones internacionales cuando en realidad lanza otro mensaje bien distinto a su anónimo “príncipe del pueblo”.
Diálogos precisos y llenos de ironía y elegancia para un gran guión que sabe trenzar pequeñas historias y deseos humanos íntimos, reflejo de los que se alojan en el espectador y que encuentran en la pantalla su particular “placa de los deseos”. Al final, un mosaico de encantadoras mentiras para hacer más amable la vida, “aunque no sea siempre lo que uno quiere” (otro de los mensajes de la cinta). Son muchas las escenas que Wyler deja grabadas en la memoria del espectador, desde esa subida por la escalera de caracol del apartamento o el despertar de una princesa desconcertada hasta la magia de “la boca de la verdad” o la emotiva despedida en que no son necesarias las palabras.
Archivo:Audrey Hepburn and Gregory Peck at the Mouth of Truth Roman Holiday trailer.jpg

Peck preparó una broma a Hepburn en la escena de La boca de la verdad. La leyenda sobre este monumento (y que se explica en la película) cuenta que quien miente pierde la mano al introducirla en la boca. Así, Peck, sin previo aviso a la actriz, mete la mano y la esconde por debajo de su manga. Esto provoca el susto real de Hepburn. Wyler no dudó un momento en meter la escena de la broma en la película al ver la reacción de Hepburn.

(...) porque la elegancia y la gracia, la inocencia y la honestidad de Ann y Joe, de Audrey y Peck.

La música del azar: Mary Gauthier, "Between Daylight and Dark".

Mary Gauthier es, ahora mismo, una de las grandes voces de eso que se ha dado en llamar americana, es decir, el encuentro del country con el folk norteamericano.
Huérfana, alcohólica, adicta a las drogas, estancias en centros de rehabilitación y hasta en prisión ... , su vida podría haber acabado en cualquier esquina de una anónima ciudad. Pero, milagrosamente, un día decidió luchar, coger las riendas de su desordenada existencia y vencer a su pasado. Tras desintoxicarse y estudiar Filosofía, comenzó a escribir canciones con las que exorcizar sus tristes experiencias. Desde entonces su discografía, iniciada en 1997, no ha hecho más que agrandarse y ganar adeptos, Bob Dylan el primero, hasta convertirla en un referente de muchas cosas: la capacidad de superación, el feminismo, el country alternativo.

Os dejo con la voz doliente y la música hermosa de Mary Gauthier:

http://leolo-eloy.blogspot.com/search/label/La%20música%20del%20azar


Diane Keaton y Woody Allen en "Annie Hall".Diane Keaton y Woody Allen en "Annie Hall"."Finalmente, Allen decidió bautizar a esta película como “Annie Hall”, cuyo guión concibió y escribió pensando en Diane Keaton, dándole a esta actriz, quien por entonces era su pareja, la posibilidad de meterse en la piel de un personaje encantador e inolvidable.
Annie-Hall
“Annie Hall” es una crónica sobre la búsqueda de la felicidad. La película iba a titularse originalmente “Anhedonia”, término clínico que describe la incapacidad de ciertas personas para disfrutar de la vida, para sacar de ésta el máximo partido; algo así como una represión sistemática del placer en la que tiene mucho que ver la religión, la educación y una anómala relación con las circunstancias vigentes de la existencia.

Algunos dicen que es de amargados. Yo creo que me comprende - Y sus guiones que siempre dan mucho que pensar

Annie Hall (Woody Allen, 1977)
  • ¿Conocen este chiste? Dos señoras mayores están en un hotel de alta montaña. Una dice: "La comida en este sitio es realmente terrible". Y la otra responde: "Sí, ¿verdad?, y además las raciones son tan pequeñas". Pues básicamente, así es como me parece la vida. Llena de soledad, miseria, tristeza, de sufrimiento y desgracias ... y sin embargo se acaba demasiado deprisa.

  • Te voy a comprar estos libros porque me parece que deberías ..., que te convendría leerlos (...) Verás, yo estoy obsesionado con la muerte. Es un tema muy importante para mí, y tengo una visión muy pesimista de la vida. Si vamos a salir juntos, debes conocerme. Yo creo que la vida está dividida entre lo horrible y lo miserable, en esas dos categorías. Y los horribles son los enfermos incurables, los ciegos, los lisiados. No sé cómo pueden soportar la vida. Me parece asombroso. Y los miserables somos todos los demás. Así que, al pasar por la vida, deberíamos dar gracias por tener la suerte de ser miserables.


Sinopsis:

Alvy Singer es un comediante de clubes nocturnos que a los 40 años hace un repaso de su vida tras romper con su última novia, Annie Hall. Cuenta sus amores, sus matrimonios y en especial la relación con Annie. Alvy es un tipo especial, algo neurótico, dominado por una serie de obsesiones que acaban por destruir cada una de sus relaciones.

Cuenta la historia de una pareja de neoyorquinos interpretados por el propio director y Diane Keaton.(...)


Película de diálogos, frases ingeniosas, de escenarios urbanos bañados del clásico humor de su director, que además rompe reglas del relato al permitir que sus personajes se dirijan directamente al espectador, que haya escenas en las que cualquiera de los dos personajes centrales, desde el presente de la situación, observa a su yo en un momento anterior de su propia historia; entrevistas sobre situaciones de la trama a personas que supuestamente pasan por allí de casualidad, y hasta una escena de animación que parodia al clásico de Disney, Blancanieves y los siete enanitos.
Desde la puesta en escena, desde los diálogos, desde las situaciones que ofrece el relato, Woody da rienda suelta aquí a toda su cinefilia, poniendo en evidencia su amor por la obra de realizadores como Bergman, Fellini y Truffaut. Con continuos flashbacks desmenuza la complejidad de la relación de Alvy Singer con la mujer cuyo nombre da título al filme, a través de estupendos diálogos típicamente “allenianos”, algo así como “discursos con chiste”, es decir, diálogos trascendentes, con lúcida reflexión moral incluida, que desembocan en un remate cómico.
En “Annie Hall”, una película redonda, compacta y sin fisuras, Woody Allen cambia el diván del psicoanalista por algo que, al menos aquí y para él, resulta más eficaz, algo así como una exorcización en voz alta de fantasmas, obsesiones, angustias y recuerdos. Alvy Singer es un cómico literalmente atenazado por el tiempo, un depósito inagotable de vivencias no resueltas y sobre todo de preguntas sobre sí mismo, su personalidad y todo lo que lo rodea. Diane Keaton, por su parte, asume el papel de una actriz atascada en sí misma pero dispuesta a dar un gran paso en su vida, a rehacerse personal y profesionalmente en Los Angeles, camino de un éxito que en realidad todavía no ha llamado a su puerta. Con algunos temores y no pocas relaciones personales fracasadas, con divorcios y desengaños amorosos a cuestas, Alvy y Annie se propondrán un encuentro que alumbrará una intensa historia de amor, con espacio para el humor, la melancolía y los conflictos de pareja, dando testimonio de las turbulencias afectivas de los años ’70. Así, los dos personajes centrales de la película reconstruyen su relación a golpes de memoria, desde su primer contacto hasta los callejones sin salida del presente de la ficción cinematográfica
.http://videotecadelmirador.wordpress.com/2009/07/07/annie-hall-dos-extranos-amantes-de-woody-allen-en-cinefilo-bar-miercoles-0807-21-hs/






Diane Keaton con Woody Allen en Manhattan



Woody Allen y Meryl Streep en Manhattan






















  • Woody Allen: Te lo pasarás genial en Londres. Es una gran ciudad y tú eres una actriz maravillosa. Para estudiar es un sitio fantástico, ¿sabes?. Ah,... ¿sabes? serás la sensación de la ciudad. Te divertirás muchísimo. De veras, no puedes, ... no debes perderte eso ...
  • Mariel Hemingway: ¿Y qué pasará con nosotros?
  • Woody Allen: Bueno ... ya sabes, siempre nos quedará París ...
  • Mariel Hemingway: No me tomas en serio porque tengo diecisiete años.
  • Woody Allen: Sí, precisamente porque tienes diecisiete años. Vamos, míralo bien, es ridículo. Tú tienes diecisiete ahora ... cuando tengas treinta y seis ... yo tendré ... mmmm ...
  • Mariel Hemingway: Sesenta y tres.
  • Woody Allen: Sesenta y tres, exacto. Gracias. Compréndelo, es absurdo. Estarás en el cénit de tu potencia sexual. Yo también, pero a mí me cuesta arrancar.
Manhattan (1979)

"Aquí sí, no me queda duda: es Manhattan la película quintaesencial de Woody Allen. Allí están todos sus temas, todas sus obsesiones, volcadas en la isla de la que es el habitante más reconocido y reconocible, la cima definitiva de su producción de la década de los años setenta. El comienzo es notable y escalofriante: el escritor que narra su ciudad, en ese blanco y negro que tan bien le va, con la "Rhapsody in Blue" de Gerswhin de fondo, in crescendo, hasta una explosión de fuegos artificiales sobre Central Park. Y eso sólo es el comienzo…"



"Soberbia película y una de las grandes joyas de la historia del cine y, sin lugar a dudas el trabajo más emblemático de ese genio del cine y del "clarinete", llamado Woody Allen. Satírica y a la vez preciosa, de verdad, y en donde nos cuenta la vida de un tal Isaac Davis, un escritor de comedias cuya esposa le ha abandonado por una mujer, y actualmente mantiene relaciones con una joven de diecisiete años, pero la cosa se complica cuando de golpe y porrazo aparece la mujer de sus sueños, pero se trata ni más ni menos que la prometida de su  mejor amigo... satírica y preciosa, como digo y además suprema y es que Allen, plasma en un argumento en teoria bastante simple, una fenomenal historia llena de humor y creando unos diálogos que no tienen desperdicio alguno. Espléndida la fotografía de Gordon Willis, un genial operador y artifice de la triologia de "El padrino" ("The Godfather"), y en donde hizo un planteamiento insólito fotografiando la película en Cinemascope y en blanco y negro, logrando así los planos más hermosos que se han rodado jamás en la llamada "Gran manzana", y magnífica por supuesto la banda sonora del compositor George Gershwin, y su inmortal "Rapsodia en azul" ("Rapsody in blue"), interpretada por la Orquesta Filarmónica de Nueva York, aquí no ha podido ser más bellísima todavía. Y si Allen, se sale detrás de la cámara de igual modo lo hace por delante, metiéndose en la piel de ese tal Davis, que practicamente lo tiene "casi" todo en esta vida, y extraordinario el plantel de actrices a sus órdenes, comenzando por Diane Keaton, quien por aquella época continuaba siendo su principal musa (papel que luego ocuparía Mia Farrow), seguida por Mariel Hemingway (nominada), la nieta del mítico escritor Ernest Hemingway, y en donde aquí hizo su segundo papel importante en el cine, el primero fue en la película "Lápiz de labios" ("Lipstick"), y acabando con Meryl Streep, que aunque siendo aqui un poco desconocida, interpretó a la perfección la esposa lesbiana del protagonísta. En definitiva, una espléndida película, ácida, irónica, ingeniosa, y por supuesto MARAVILLOSA."



HECHOS BIOGRÁFICOS RELEVANTES
Richard Avedon (Nueva York, 1923) estudió filosofía en la Universidad de Columbia (Nueva York). Se inició en la fotografía como autodidacta, pero tras entablar relación en 1944 con Alexei Brodovitch, el director artístico de Harper’s Bazaar, comenzó a colaborar con las revistas más influyentes del momento.
Revolucionó el mundo del diseño y la fotografía de moda con un estilo sofisticado que marcó época (y que lo llevó a ser asesor de films como Una cara con ángel –Funny Face, Stanley Donen, 1956). Luego logró el respeto general con la publicación de Observations (1959), que constaba, básicamente, de retratos de influyentes personalidades contemporáneas.
Desde entonces, Avedon ha seguido cultivando ambas facetas, con valientes incursiones en terrenos tan privados y espinosos como la serie consagrada a la decadencia y agonía de su progenitor, o el volumen In the American West (1985), en el que ofrecía el reverso del mito del Oeste como un territorio salvaje e idílico. Ha expuesto en todas las grandes galerías y en los principales museos norteamericanos, y sigue en activo. Avedon es, sin duda, uno de los últimos clásicos vivos del arte de la fotografía.

Nastassja Kinsski 


COMENTARIOS CRÍTICOS SOBRE EL AUTOR
“Sus fotografías de moda, en las cuales transcribía su visión personal de un mundo de imágenes vitales, muy próximo de la vida, le valió una extensa publicidad. En efecto, Avedon rompía con la fotografía de estudio, llevando a sus modelos hacia las calles de París, los cafés y las revistas” (Reinhold Mißelbeck: “Richard Avedon”, en La fotografía del siglo XX. Museo Ludwig, Colonia, op. cit.).

http://www.richardavedon.com/
http://www.taringa.net/posts/offtopic/1608791/Simplemente-Avedon.html


Francis Bacon, artist, Paris, April 11, 1979
Duke Ellington in front of the Apollo Theatre, New York, 1963. Photograph by Richard Avedon.





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Duke Ellington in front of the Apollo Theatre, New York, 1963Dovima with elephants, evening dress by Dior, Cirque d’Hiver, August 1955

Ronald Reagan, President, Los Angeles, California, April 1, 1993

Homage to Munkacsi. Carmen, coat by Cardin, Place François-Premier, Paris, August 1957




Truman Capote, 1974

Marilyn Monroe, New York, May 6, 1957

Marilyn Monroe & Arthur Miller
Richard Avedon. Marella Agnelli, New York. December 1953



Marella Agnelli, New York Diciembre 1953


Richard Avedon. Brigitte Bardot. January 1959
Brigitte Bardot January 1959
Joan Baez, singer, New York, June 18, 1965