Crecen conectados a la red, usan Internet, computadoras y celulares para comunicarse con amigos y creen que la solución a los problemas depende siempre de las circunstancias. Autónomos y flexibles, pueden correr el riesgo de olvidarse de su entorno social inmediato. Así es la socialización de los adolescentes en la era digital según el sociólogo alemán Claus Tully, investigador especializado en las relaciones entre tecnologías y sociedad.
Las generaciones recientes van a quedar en la memoria colectiva asociadas a símbolos técnicos. La "generación perdida" quedará unida a la idea de la bomba; los baby boomers, al micrófono de Elvis y la motocicleta; la generación del 68, a los altoparlantes de Woodstock y las manifestaciones contra las centrales nucleares y los misiles. ¿Y los adolescentes de hoy? La llamada generación N (de "net", red en inglés) crece con la computadora, Internet y los celulares, sin dudas, pero sobre todo experimenta una nueva manera de crecer.
"Las generaciones actuales se diferencian entre sí esencialmente por la utilización que hacen de sus aparatos técnicos y las vivencias comunicadas mediante la técnica", dice Claus Tully, ingeniero industrial y doctor en sociología, en un trabajo que se acaba de publicar en la Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad, editada por el Centro REDES.
La tesis principal del artículo de Tully, que trabaja como investigador en el Instituto Alemán de la Juventud, es que la generación de los jóvenes actuales se socializa especialmente a través del uso de la técnica.
"Sin celulares y sin mensajes SMS ser joven resulta hoy impensable", sostiene Tully. "El anclaje en un grupo de pares, el estar accesible para los amigos, se sustenta en buena medida en dicha técnica de comunicación. Las competencias y los aparatos técnicos ayudan además a niños y jóvenes a diferenciarse de los adultos", explica el experto, que visitó varias veces la Argentina y la última vez quedó impresionado por la amplia difusión del servicio de chat de MSN.


Niños con gadgets


Para Tully, la generación N se define por dos aspectos centrales: la posesión de una gran cantidad de objetos, como celular, reproductor de CD, reproductor de mp3, computadora portátil, entre otros; y la idea de la técnica como algo obvio e incuestionable.
"La técnica se ha vuelto una obviedad no natural: es una herramienta de trabajo y sirve para la comunicación, funciones tan importantes para los jóvenes como la propia estética de los objetos", dice Tully.
En Alemania, la manipulación de la computadora y otros pequeños artefactos o "gadgets" se da desde la infancia. Si bien son pocos los niños que tienen computadora propia, tres de cada cuatro chicos y el 95% de los jóvenes tienen experiencia en su utilización. Los celulares están en manos del 90% de los jóvenes y la conexión a la red es un hábito cotidiano para la mitad de los chicos y 9 de cada 10 jóvenes.
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Esta intimidad con la técnica dota a la nueva generación de una serie de habilidades. "La computadora es una máquina universal. Su uso no está predeterminado de antemano, sino que debe ser organizada a partir de ciertos objetivos. De esta manera, los niños y jóvenes aprenden que no hay soluciones definitivas, sino dependientes del tiempo y del contexto", reflexiona el sociólogo alemán.
Así, la generación N aprende a actuar de acuerdo a las circunstancias y se hace a la idea de que es necesario ser flexible y móvil. Crecen los impulsos individuales en una sociedad cada vez más globalizada y tecnificada, con un condimento fuerte: los chicos dependen materialmente de los padres por más tiempo, pero desarrollan cada vez más temprano modelos de consumo y de preferencia.
Según Tully, las nuevas técnicas fomentan desde edades tempranas un actuar autónomo e independiente. Sin embargo, su dominio cumple además una función social, vinculada con la inclusión. "Quien no posea un artefacto puede perder en el corto plazo los vínculos con el grupo de amigos, y a largo plazo, los vínculos con el mercado de trabajo", señala el experto.


Mundos y brechas


De hecho, el empleo de la técnica despierta interrogantes sobre una serie de problemas sociales. El más conocido es la denominada "brecha digital": La desigualdad en su adquisición tanto dentro de los países como entre países.
"Internet cobrará en el futuro cercano una importancia clave en el acceso al conocimiento y la participación comunicativa. Quien no disponga de esos medios enfrentará el riesgo de la exclusión y de una forma grave de desventaja social", afirma Tully.
Aunque en los países desarrollados los fenómenos de exclusión afectan a sectores de la población cada vez más reducidos, existen discusiones sobre la "inequidad digital", desequilibrio que se manifiesta sobre todo en el uso de Internet. Por ejemplo, algunos estudios sugieren que los estudiantes de escuelas técnicas limitan el uso de este medio al chat y los juegos, mientras que los alumnos que se preparan para ingresar a la universidad suelen usar Internet para investigar y adquirir conocimiento.
Otro de los aspectos que preocupan es la supuesta pérdida de anclaje social por parte de los ciberadictos. "Los espacios virtuales, no importa si son requeridos para el juego o para el aprendizaje, hacen que el entorno inmediato de experiencias quede desplazado y olvidado", indica Tully.
Para el sociólogo alemán, es importante que los chicos se ejerciten en el sentir y el vivenciar dentro del ámbito familiar, para poder después volcar esos significados y deseos al uso de la técnica en otros contextos de interacción. "La apropiación de competencias sociales –concluye- debe ser el primer paso que los niños y los jóvenes deben aprender en la familia y, recién ahí, podemos aspirar a una población de mundos virtuales asistidos por la ayuda paterna".


De elmercuriodigital.es por CyTA-Instituto Leloir



El término Generación X se usa normalmente para referirse a las personas nacidas en los años 1970. Se debaten las fechas exactas que definen a esta generación, pero se suele considerar rangos como 1971-1985,1 personas que vivieron sus años de adolescencia en los años 1980 y principios de los años 1990, nacidos tras los del baby boom.
También se le conoce como la "Generación de la Apatía" o la "Generación Perdida", el rechazo inmóvil, una rebeldía-conformista, siempre rechazando la religión, tradiciones generacionales, patriotismos e incluso a la misma familia. Hay quien generaliza y considera que esta generación es la que ha vivido de todo: desde las TV en blanco y negro, a los TFT más nítidos. Gente que ha jugado canicas, a la cuerda, Pong, Atari y a Playstation.


Eduardo Casanova en Mérida, año 2004

Carta N° 7. De cómo los jóvenes de 1958 luchamos contra un infame dictador.
Queridos amigos:
En otra carta apenas les hablé de la lucha que los jóvenes de 1958, que teníamos entre quince y veinte años, nos dedicamos a combatir al dictador de turno, un tal Marcos Pérez Jiménez. Hoy pienso que ese fue el momento más intenso de nuestras vidas. Tiempo que prometía algo que jamás se cumplió
Empezamos por salir a la calle, los del Liceo Fermín Toro y los del Liceo Andrés Bello, a donde fui a tener en 1956 luego de que, con toda razón, Rafael Vegas tuvo que sacarme del Santiago de León, alzados contra la policía y a gritar consignas libertarias. Por supuesto, la represión fue brutal, pero no nos quitó del camino. Poco después, cuando yo había dejado temporalmente los estudios, empezamos a organizarnos de verdad. Queríamos echar del poder al grupo de delincuentes y abusadores que, desde el fraude electoral del 30 de noviembre de 1952, ocupaba la presidencia y los ministerios de Venezuela. Carlos Julio y yo, en particular, recibimos instrucción y consejos de un personaje salido de la guerra civil española. Un antiguo anarquista que trabajaba en San Bernardino como mecánico, y además de enseñarnos mil trucos relacionados con la clandestinidad, nos instruyó en las artes de hacer bombas incendiarias y cosas por el estilo. Nos preparábamos, si era necesario, a iniciar una pequeña guerra civil. Pero no fue necesario. Pronto estábamos, casi todos mis amigos y yo, dedicados a fomentar el alzamiento colectivo contra la dictadura. Agitábamos en las calles y en los lugares de reunió, repartíamos volantes y propaganda subversiva, promovíamos la resistencia activa y pasiva contra la dictadura.
El comienzo del final fue la acción de los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela, hacia fines de noviembre de 1957. Allí se quemó un monigote con gorra militar y anteojos de carey (que por cierto habían sido de Poncho Casanova), que representaba al dictadorzuelo. Ese día se reunía un congreso médico en el Aula Marga de la Ciudad Universitaria, y los estudiantes alzados, para entrar, rompieron una puerta de vidrio. Uno de ellos, Remberto Uzcátegui Bruzual, les habló a los médicos y les explicó la situación. Poco después salieron los estudiantes en manifestación hacia la Plaza Venezuela, y allí fueron reprimidos brutalmente por la policía y la Seguridad Nacional. Varios fueron arrestados, entre ellos mi amigo Martín Toro, que recibió cadenazos y golpes a granel en la sede de la Seguridad, en la Plaza Morelos. Sus amigos nos reunimos en su casa para acompañar a sus padres y preparar nuevas acciones. Un par de días después lo soltaron, amoratado y furioso, pero listo para seguir en acción.
Y fue en la casa de los Toro en donde Elías Toro, Isaac J. Pardo y Miguel Otero Silva, redactaron lo que se conoció como al Manifiesto de los Intelectuales, cuya primera firma fue la de Mariano Picón Salas. Luego se imprimió en El Nacional, y Miguel Otero, con el fotógrafo Quijano, le llevó a la casa de los Toro, en donde nos habíamos reunido veinte y tantos muchachos para distribuirlo. Pero nos dimos cuenta de que la casa estaba vigilada por los esbirros del régimen, por lo cual reconvocamos la reunión para la casa de Monseñor Márquez Cañizales, a donde también irían Miguel y Quijano en un automóvil desvencijados, con una cajas que tenían el rótulo de huevos frescos y estaban llenas de manifiestos impresos. Pero Monseñor se enfermó (después se supo que era fiebre reumática) y se decidió que no sería conveniente tomar su casa como centro de distribución. Finalmente Miguel Otero y Quijano, en su automóvil destartalado, dejaron su carga en mi casa, en Las Mercedes.
Desde ese día todos empezamos a repartir manifiestos y todo tipo de volantes. Hasta el 21 de enero del 58, cuando empezó la huelga general que tumbó al tiranuelo. En ese lapso muchos de mis amigos cayeron presos. Reinaldo Figueredo, Ricardo Sillery, Carlos Julio, Federico Márquez (que cayeron el 21 de enero y fueron a tener a la Cárcel Modelo, en donde estaban presos muchos de los hombres notables de la sociedad civil).
El 23 de enero del 58, a la una de la mañana, el dictadorcete se escapó en avión desde La Carlota, y todos tomamos las calles para celebrar. En aquel momento yo llegué a creer que éramos la Generación del 58 y seríamos tan importantes como la del 28. Pero me equivoqué.
Salve, amigos.
 Eduardo Casanova(1939). Nació en Caracas. Vivió durante varios años en Argentina y Dinamarca. Colaborador en las revistas Imagen, Revista Nacional de Cultura... - Extraído del Diccionario General de la Literatura Venezolana, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1982.