miércoles, 7 de julio de 2010

Gabriel Sala Panfleto contra la estupidez contemporánea



Panfleto contra la estupidez contemporánea

- Gabriel Sala

Este “Panfleto contra la estupidez contemporánea”, que Gabriel Sala ha pergeñado con veracidad y vehemencia, debería ser lectura obligada para todos los que vivimos en la actualidad en esas democracias occidentales de las que tan orgullosos nos sentimos y que deseamos imponer como modelo al resto del planeta.

Este libro pretende ser una invitación a reflexionar sobre una realidad sombría que el autor presenta de manera descarnada ante nuestros ojos.

De manera somera, sin detenerse demasiado en las causas, aunque apuntándolas brevemente, Gabriel Sala dibuja ante nuestros ojos un panorama que todos conocemos ya sobradamente: la pobreza, que condena al hambre, a una vida sin esperanza y a la muerte a miles de personas; frente a una riqueza que cada vez se concentra en menos manos y más sucias, obtenida de forma espuria precisamente gracias a la explotación de los mismos a los que se condena a la miseria. Y como colofón, la pérdida paulatina pero incesante de las libertades y del estado de bienestar que una vez existieron en las sociedades democráticas.

Planteada esta realidad, que no por conocida deja de ser francamente espeluznante, lo que el autor del panfleto se pregunta es, precisamente, cómo esas situaciones han devenido cotidianas sin que los individuos que integran dichas sociedades se escandalicen, pidan explicaciones a quienes tiene autoridad para enmendarlas o tan siquiera se planteen de qué son resultado.

Y aquí es donde entre en juego la idea de entetanimiento, un concepto que Gabriel Sala traduce del inglés tittytaiment y que fue usado por primera vez por Zbigniew Brzezinski (un antiguo asesor del presidente Carter), que buscaba cómo definir el sistema por el cual el 80% de la población mundial desposeída no se rebelaría ante los dictados del 20% de población restante que, poseyendo el dinero y el poder sobre el mercado, se dedican a expoliarlos.El entetanimiento alude a la idea de vivir de la leche que mana de los pechos de otros. Esa sustancia nutricia proporcionada por terceras personas es la imagen perfecta para definir el sistema que ha logrado sedar las conciencias de miles de personas, enseñándoles que lo que ocurre, o bien es correcto, o bien es inevitable, y que por tanto no deben preocuparse de nada, excepto de consumir y trabajar duramente por perpetuar el sistema.

Gabriel Sala realiza un repaso en su “Panfleto contra la estupidez contemporánea” de los principales valedores del entetanimiento, demostrando la manera en que difunden un régimen que les recompensa.Comienza el autor su enumeración por las empresas, verdaderas artífices del entetanimiento como sistema ideal para distraer la atención de los ciudadanos, además de método perfecto para decirles cómo deben vivir: consumiendo, dedicando una atención digna de mejor causa a las apariencias y sin cuestionarse nunca lo que otros dan por bueno en su lugar. Sigue con los políticos, todos corruptos en cuanto abdican del que debería ser su papel, la defensa de los intereses del ciudadano, para entregarse con denuedo a la defensa de los intereses del capital.

Y no olvida a los intelectuales y a los medios de comunicación, a los que considera los fabricantes de las coartadas que el entetanimiento proporciona a los ciudadanos, para que juzguen que las cosas están bien como están y no se planteen posibles acciones para cambiarlas.


Pero lo que Gabriel Sala pretende con su panfleto es precisamente que nos atrevamos a pensar por nosotros mismos, que luchemos por desintoxicarnos de las mentiras de un sistema que ya hace tiempo ha demostrado que no nos beneficia, que es injusto y perverso, que juzguemos sin los filtros que se nos proporcionan; y, sobre todo, que nos decidamos a pedir responsabilidades a quienes las tienen y no toleremos que la indignidad cuente con nuestro apoyo.
solodelibros

Leyenda China

Leyenda China

En aquel tiempo, dice una antigua leyenda china, un discípulo preguntó al Maestro:
-¿Cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?. El Maestro le respondió: es muy pequeña, sin embargo tiene grandes consecuencias.Ven, te mostraré el infierno. Entraron en una habitación donde un grupo de personas estaba sentado alrededor de un gran recipiente con arroz, todos estaban hambrientos y desesperados, cada uno tenía una cuchara tomada fijamente desde su extremo, que llegaba hasta la olla. Pero cada cuchara tenía un mango tan largo que no podían llevársela a la boca. Ladesesperación y el sufrimiento eran terribles.Ven, dijo el Maestro después de un rato, ahora te mostraré el cielo.Entraron en otra habitación, idéntica a la primera; con la olla de arroz, el grupo de gente, las mismas cucharas largas pero, allí, todos estaban felices y alimentados.No comprendo dijo el discípulo ¿Por qué están tan felices aquí, mientras son desgraciados en la otra habitación si todo es lo mismo?El Maestro sonrió. Ah... ¿no te has dado cuenta? Como las cucharas tienen los mangos largos, no permitiéndoles llevar la comida a su propia boca, aquí han aprendido a alimentarse unos a otros.

Despiden a la directora del museo que expuso “la rana crucificada"


El Papa y el Gobierno de Berlusconi cargaron contra la polémica obra
Despiden a la directora del museo que expuso “la rana crucificada”
JOSÉ MARÍA GARRIDO
El pasado mes de mayo, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Bolzano (Italia) mostró en una exposición una rana crucificada con la lengua fuera que sostiene una jarra en un anca y un huevo en el otro. La rana verde, obra del fallecido artista alemán Martin Kippenberger, levantó mucha polémica. Además de las reiteradas críticas de las autoridades religiosas y políticas de Italia, Benedicto XVI exigió su retirada inmediata. Sin embargo, la directora del Museo de Arte Moderno de Bolzano, Corinne Diserens, se negó a censurar tan polémica obra. Por este motivo, Corinne Diserense fue destituida el pasado martes de su cargo.
“Esta rana ha herido el sentimiento religioso de muchas personas que en la cruz ven un símbolo del amor de Dios y de nuestra salvación, que merece reconocimiento y devoción religiosa”, señaló el Papa. Por su parte, el ministro italiano de Cultura, Sandro Bondi, fue más allá al indicar que la rana de Kippenberger ofende “al sentido común y la sensibilidad incluso de quien no se reconoce en ese símbolo”. Rana y esvástica Aunque las razones que ha alegado la Fundación del museo son de índole económica, los abogados de la directora aseguran que su expulsión se debe a la rana crucificada y a una bandera con la esvástica que expuso el autor Sonic Youth. Renovación del Gobierno Para más inri, la destitución de Corinne Diserense se ha producido un día después de la renovación del Gobierno de la provincia del Alto Adige, cuya capital es Voltano.


“Esta rana ha herido el sentimiento religioso de muchas personas que en la cruz ven un símbolo del amor de Dios y de nuestra salvación, que merece reconocimiento y devoción religiosa”, señaló el Papa. Por su parte, el ministro italiano de Cultura, Sandro Bondi, fue más allá al indicar que la rana de Kippenberger ofende “al sentido común y la sensibilidad incluso de quien no se reconoce en ese símbolo”. Rana y esvástica Aunque las razones que ha alegado la Fundación del museo son de índole económica, los abogados de la directora aseguran que su expulsión se debe a la rana crucificada y a una bandera con la esvástica que expuso el autor Sonic Youth. Renovación del Gobierno Para más inri, la destitución de Corinne Diserense se ha producido un día después de la renovación del Gobierno de la provincia del Alto Adige, cuya capital es Voltano.

José Saramago

EL VIAJE DEL ELEFANTE, José Saramago

EL VIAJE DEL ELEFANTE, José Saramago«A Pilar, que no dejó que yo muriera». «Siempre acabamos llegando a donde nos esperan», Libro de los itinerarios. Así encabeza José Saramago su última novela, El viaje del elefante. Al decir última, puede que nos estemos refiriendo a la última en el orden de su obra, pero también, probablemente, él mismo lo ha afirmado, al último de los libros que escribe. Tras escapar de la dama de la guadaña por los pelos, el portugués ha presentido cercanísimo su propio final. Él, que tanta literatura ha dedicado a la muerte, ahora la incorpora a su vida. «La muerte final no es más que la suma de las pequeñas muertes cotidianas que sumamos todos los días». Cierto, don José, pero esa muerte última, la definitiva, la incontestable, tiene algo de traca final valenciana, de estrépito de telón de fondo cayendo de golpe, dando fin a la función.
Le ha dado tiempo a escribir, si no su mejor libro, casi. Año 1551, don Juan Tercero, rey de Portugal y de los Algarbes, decide junto a su esposa doña Catalina, tener un buen detalle con el archiduque Maximiliano de Austria, pariente de Carlos I de España, aprovechando que el noble se encuentra en Valladolid. Y deciden entregarle a Salomón, un elefante que anda por la corte lisboeta y que a él le trajeron de la India.
Arranca así la peregrinación de un elefante por tierras portuguesas y castellanas, al mando de una orgullosa soldadesca portuguesa; la acompaña Subhro, el cornaca o cuidador de Salomón. Cornaca es una palabra poderosa, que Saramago deja caer como curiosidad pero que enseguida toma cuerpo y adquiere categoría casi de nombre propio. Cornaca, dos ces, dos oclusivas que conforman un bocadillo crujiente con una nasal en medio, una nasal tierna como el membrillo. Cornaca, a las diez páginas, ¿quién no querría ser uno, a lomos del elefante, susurrando intimidades al paquidermo, en comunión perfecta con un animal casi mitológico que hace temblar la tierra con sus pisadas regias? El marfil de los colmillos se eleva al cielo como una firma poderosa que acaba hacia arriba, mostrando el mentón. La trompa, pese a su ridículo nombre, es un brazo poderoso como el que el Quijote creía tener.
Y en estas fechas, mediado el siglo XVI, justo cuando calculamos que Alonso Quijano acaba de nacer o es un infante aún, Salomón se encamina firme hacia Valladolid ante el asombro de las gentes del tiempo, que salen a ver al elefante como si el apocalipsis de san Juan pasara por delante de sus aldeas.JOSÉ SARAMAGO
No se ha perdido nada de la lucidez de Saramago, sus diálogos entre personajes suspicaces siguen desnudando lo que se oculta siempre en las trampas del lenguaje y de las ideas. Claridad, claridad, como un foco que extirpara las sombras del folio. Un folio escrito que se vuelve más luminoso aún que cuando permanecía blanco, sin palabras. Eso es lo que hace Saramago con la prosa. Y, en esta ocasión, aún escribo con la lectura caliente, es decir, sin la prudente perspectiva del tiempo, me temo que más fluido que nunca. ¿Acaso no se ha querido detener demasiado, tras su paso por el hospital, acaso ha buscado, no la prisa, pero sí cierta velocidad, una marcha más? Es posible, sí. En todo caso, las casi trescientás páginas, van de corrido, como si el portugués las hubiese cubierto al paso sostenido pero inexorable del elefante. ¿Y humor? Claro, aparecen curas, milagrería y superstición, con la reforma luterana de fondo, cómo no iba a haber humor.
El viaje se prolongará desde Valladolid hasta Viena, en una marcha que atraviesa el norte de Italia y los Alpes, emulando a Aníbal. Desde Lisboa hasta Viena, como si Saramago hiciese el paso de la Eurocopa de Portugal, que su país perdió, hasta la Eurocopa de 2008, que el nuestro ganó. La caravana pasa por Innsbruck y por Amstetten, y entra triunfal en las calles vienesas, donde Salomón, el elefante protagonista de esta historia, obrará maravillas. El animal no dice nada en todo el relato, y si sabemos de sus humores y sus preferencias es a través del cornaca —cornaca, qué palabra, qué oficio, qué destino feliz—.
Hacia el final del relato, a Saramago le da por teorizar brevemente sobre la propia escritura:
«No es posible describir un paisaje con palabras. O mejor, posible sí que es, pero no merece la pena. Me pregunto si merece la pena escribir la palabra montaña cuando no sabemos qué nombre se da la montaña a sí misma. Ya con la pintura es otra cosa, es muy capaz de crear sobre la paleta veintisiete tonos de verde que escaparon de la naturaleza, y algunos más que no lo parecen, y a eso, como compete, le llamamos arte. De los árboles pintados no caen hojas.»
En los libros, la muerte tampoco se llama muerte. Salomón, el cornaca, el archiduque, don Juan Tercero, todos pueden morir, cada uno de manera más o menos digna, o no. Pero basta con retomar la primera página para que recobren la vida apagada, la vela entera. ¿El último libro de Saramago? Quizá de los mejores, colofón impreso en oro. ¿Cuál será el último libro que leamos nosotros, el que no podamos acabar, el que dejemos a medias, en nuestra propia traca final y definitiva?
No todos los años deberían otorgar el premio Nobel, al menos en literatura. Sólo habría que nombrar un Nóbel cuando lo hubiese. O entregar dos de una vez, si el caso lo requiriese. ABaroja no se lo dieron, por ejemplo, para estupor de Ernest Hemingway, que al recibir el suyo preguntó incrédulo: Ah, ¿pero no se lo han dado a Baroja? En El viaje del elefante, te das cuenta de que estamos ante otra cosa distinta, ante otra dimensión, un ser de otro mundo, como dijo en su día Butragueño de Florentino Pérez. Ahora que vuelve Florentino y al Buitre se le erizan sus plumas de emoción como a una gallinilla de corral, nosotros nos quedamos con Saramago, verdadero galáctico, acaso el único vivo, narrador imposible de imitar. Y acaba su obra con el elefante barritando, que suena como las trompetas que derribaron los muros de Jericó, Eridú, la más antigua ciudad.

Thomas Mann.

EL ELEGIDO, de Thomas Mann.

Todas las campanas están sonando en Roma, todas sin excepción; retumban con alegría desde San Pedro o Letrán hasta San Pablo Extramuros, desde las más pequeñas capillas hasta las basílicas más grandiosas. Todas. Todos los romanos están en las calles, todos sin excepción; desde el espigado monaguillo al orondo sacerdote, desde el más insignificante acólito hasta el prelado más importante. Cabe, pues, hacerse aquella pregunta: ¿por quién doblan las campanas? Y si no se adelantara el autor, tras aquélla surgiría otra: si todos, todos sin excepción, están en las calles en ceremoniosa algarabía, ¿quién dobla las campanas?
El “Espíritu de la Narración”. Es Él quien insufla fuerzas, quien tañe las campanas, quien hace resonar los campanarios. Con esto Thomas Mann, aparte de hacer de la propia narración un acto poético de primer orden, nos prepara el ánimo y nos advierte: aquí mando yo, parece decirnos. Este acto de fe deja abierta la puerta a torrentes de poesía, a paradigmas de comportamiento, a actos insólitos…, sin que la trama pierda ningún interés ni credibilidad. Pero este acto de confianza extrema, como se comprobará en el texto, es además una hipérbole que favorece todo el barroquismo que uno se encuentra cuando afronte la maravillosa lectura de este libro.
Y resulta ser exagerado ese credo porque los casi milagrosos actos que leeremos pueden ser explicados o comprendidos sin mucho esfuerzo, pese a lo increíble de alguno de ellos. Y cuando resultan del todo inconcebibles, se achacan al “Espíritu de la Narración”, a su poesía barroca suavizada por el estilo perfecto de Thomas Mann.
En efecto, es tal la maestría del “Espíritu” con la que va cerrando incertidumbres, dudas y acciones, que los acontecimientos se suceden como las Parcas tejen nuestros hilos: a su antojo pero con un objetivo claro y marcado, sin margen de error; ¡cómo adelanta sucesos!, cómo nos lleva, cómo nos prepara…
Ya vimos la manera con la que Umberto Eco en “El nombre de la rosa” se escudaba en el narrador, en un testigo de los hechos que contaba un episodio de su juventud siendo ya viejo, lo que le daba al escritor cierta libertad. En “El elegido” el narrador es un monje que conoce a casi todos los personajes pero que sabe de los sucesos lo que le han contado terceros. Otra posibilidad, pues, de comprender lo inverosímil gracias al ideario del religioso: él no hace Historia, sino que da fe mítica.
El juego moral resulta muy poco convencional, lleno de ironía, pues los actos amorales se adueñan de los sentimientos del propio narrador, resultando ser una aguda y divertida lucha entre lo común y aceptado y los desbordantes sentimientos primarios.
Y dejo a un lado estas cosas porque, aun estando presente el “Espíritu de la Narración” en todo momento, todavía no he referido nada acerca de la trama del libro. Y tiene su aquel:
La novela, ambientada en la cortés Europa del siglo X, expone la historia del Papa Gregorio V, o, con mayor propiedad, la vida de Gregorius y su incestuoso origen. Incesto que, por diversos avatares, él repetirá. Thomas Mann se basa en una epopeya medieval de un poeta alemán, la cual fue recogida por otro autor anónimo francés que compuso la “Vie de Saint-Grégoìre”, allá por el año 1190, para crear una figura gigantesca, la del protagonista, al que le rodearán aventuras y acontecimientos que se hacen imprescindibles de leer.
¿Quién toca las campanas? No son los campaneros. Han corrido a la calle como todo el mundo al oír el sonido atronador. Convenceos: los campanarios están vacíos. Flojas cuelgan las cuerdas y sin embargo las campanas vibran, los badajos golpean. ¿Habrá que decir que nadie las toca? No, sólo una cabeza agramatical, sin lógica, sería capaz de afirmarlo. “Tocan las campanas”, es decir, alguien las toca, por vacíos que estén los campanarios. ¿Quién toca pues las campanas de Roma? El espíritu de la narración.

Antonio Machado y los finos hilos del recuerdo.

Campos de Castilla; Antonio Machado y los finos hilos del recuerdo.

No creo que hagan falta mis palabras para resaltar los poemas que componen esta obra.Antonio Machado es un gran poeta y sus versos resultan elocuentes. Se me ha ocurrido una idea: ¿cómo se comportarían esos versos sacados de contexto, siendo nuevamente envueltos?
Desdeño las romanzas de los tenores huecosy el coro de los grillos que cantan a la luna.A distinguir me paro las voces de los ecos,y escucho solamente, entre las voces, una. (I. Retrato)
Antonio quiere vislumbrar lo auténtico. Su respetado Unamuno haría un poema a los grillos que habitaban en su cabeza (grillos idealistas, que no hueros), pero Antonio es real, sus ojos llenos de sentido común escrutan lo aparente; y si no existe lo aparente, mejor.
Filósofos nutridos de sopa de conventocontemplan impasibles el amplio firmamento; (II. A orillas del Duero)
Un poco labrador, del cielo aguarday al cielo teme; alguna vez suspira,pensando en su olivar, y al cielo miracon ojo inquieto, si la lluvia tarda. (XXXVI. Del pasado efímero)
Qué carácter, qué apego a la tierra. Leyendo a Machado uno entiende que el verdadero idealismo parte del realismo más austero. Y sin embargo es comprensivo, los matices se le escapan. Unamuno hizo de sus contradicciones puras verdades (o mentiras), filosofías a fin de cuentas; Machado canta las suyas, y critica ese sentido común del que él, en resumidas cuentas, se aleja, pues con los pies en la tierra es capaz de ver, aunque lo dude en ocasiones. Él se aleja de esa cordura porque es capaz de doblarse, de amoldarse, de pensar, de soñar…
No fue por una trágica amarguraesta alma errante desgajada y rota;purga un pecado ajeno: la cordura,la terrible cordura del idiota. (X. Un loco)
¡Ojos que a la luz se abrieronun día para, después,ciegos tornar a la tierra,hartos de mirar sin ver! (XLI. “XII”- Proverbios y cantares)
Ayer soñé que veíaa Dios y que a Dios hablaba;y soñé que Dios me oía…Después soñé que soñaba. (XLI. “XXI”- Proverbios y cantares)
¡Oh!, sí, conmigo vais, campos de Soria,tardes tranquilas, montes de violeta,alamedas del río, verde sueñodel suelo gris y de la parda tierra, (XVII. Campos de Soria)
¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo,la sierra gris y blanca,la sierra de mis tardes madrileñasque yo veía en el azul pintada? (VIII. ¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo)
Los colores de Antonio son pardos que tornan verdes, amarillos y dorados, grises esperando su azul. En ese punto, entre la vida y la muerte, vela los caminos, ve la tierra castellana acunada por la Madre Tierra.
¿No beberán un día en vuestros senoslos que mañana labrarán la tierra?¡Oh, celebrad este domingo claro,madrecitas en flor, vuestras entrañas nuevas! (XVI. Pascua de Resurrección)
Castilla, esa tierra hecha tópico por Machado, esa tierra que muestra su belleza en su rudeza, su finura en su carácter recio. Tan próxima en sus sueños a la muerte por un lado, a la vida por el otro, en una orgía de sangre y semen, de cuchillos y semillas.
¡Castilla varonil, adusta tierra;Castilla del desdén contra la suerte,Castilla del dolor y de la guerra,tierra inmortal, Castilla de la muerte! (VI. Orillas del Duero)
Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta—no fue por estos campos el bíblico jardín—;son tierras para el águila, un trozo de planetapor donde cruza errante la sombra de Caín. (III. Por tierras de España)
Un año más. El sembrador va echandola semilla en los surcos de la tierra.Dos lentas yuntas aran,mientras pasan las nubes cenicientas (XXXIV. Noviembre 1913)
Castellanos a la tierra atados, dependientes de los caprichos de lo externo: la divinidad ancestral de la naturaleza.
¡Señor, por quien arranco el pan con pena,sé tu poder, conozco mi cadena!¡Oh dueño de la nube del estíoque la campiña arrasa,del seco otoño, del helar tardíoy del bochorno que la mies abrasa! (V. El Dios ibero)
Pero dentro de esas ataduras hay vida, hay esperanza. Hay sueños.
Érase de un marineroque hizo un jardín junto al mar,y se metió a jardinero.Estaba el jardín en flor,y el jardinero se fuepor esos mares de Dios. (XLII. Parábolas)
¡Eran tu voz y tu mano,en sueños, tan verdaderas!…Vive, esperanza, ¡quién sabelo que se traga la tierra! (XXVI. Soñé que tú me llevabas)
Late, corazón… No todose lo ha tragado la tierra. (XXIV. Dice la esperanza: un día…)
Lluvia y sol. Ya se oscurece
el campo, ya se ilumina;
allí un cerro desparece,
allá surge una colina. (IX. En abril, las aguas mil)
El ánimo del autor es como el sesgo del arador, firme; el sentir del poeta es como la sementera del sembrador, fértil en origen; las sensaciones, las percepciones y el pensamiento de Machado son como el tiempo, ese período que se sabe cíclico pero expuesto a cambios aleatorios. La predicción del creador es como la del campesino castellano, sabio en la causa-efecto, harto ya de mirar al cielo dependiente del suelo.
Mientras el sol de enero su débil luz envía,su triste luz velada sobre los campos yermos,a un ventanuco asoman, al declinar el día,algunos rostros pálidos, atónitos y enfermos, (IV. El hospicio)
La tierra da lo suyo; el sol trabaja;el hombre es para el suelo:genera, siembra y labray su fatiga unce la tierra al cielo. (XXXVII. Los olivos)
Pero ¿tu hora es la mía?¿Tu tiempo, reloj, el mío? (XXXIII. Poema de un día)
La naturaleza de la muerte:
Quiso heredar. ¡Oh guindos y nogalesdel huerto familiar verde y sombrío,y doradas espigas candealesque colmarán las trojes del estío!Y se acordó del hacha que pendíaen el muro, luciente y afilada;el hacha fuerte que la leña hacíade la rama de roble cercenada. (XII. Un criminal)
La codicia de los camposve tras la muerte la herencia;no goza de lo que tienepor ansia de lo que espera. (XVIII. La tierra de Alvargonzález (cuento-leyenda) (poema))
La naturaleza de la vida:y piensa el alma en una mariposa,atlas del mundo, y sueña. [...]con este dulce soploque triunfa de la muerte y de la piedra, (XXVIII. Al borrarse la nieve, se alejaron)
Mariposa, soplo, alma…: todo ello significa en griego psique. Ese soplo, que no es otro que el último hálito de vida, se sobrepone y vence a la muerte.
las almas huyen para dar canciones:alma es distancia y horizonte: ausencia. (XXXII. Adiós)
Pero el ciclo vital pende de finos hilos, esa ausencia es ausencia de recuerdo. La materia, en términos aristotélicos, vuelve, pero no así la forma, amoldada por nuestros sentimientos.
con unos dedos muy finos,algo muy tenue rompió. (XXVII. Una noche de verano)
mas falta el hilo que el recuerdo anudaal corazón, el ancla en su ribera,o estas memorias no son alma. Tienen,en sus abigarradas vestimentas,señal de ser despojos del recuerdo,la carga bruta que el recuerdo lleva. (XXIX. En estos campos de la tierra mía)
Este ciclo vital es distinto en el poeta que el que ve en las tierras de Castilla, el cual admira por eso mismo. El castellano, en su entera adustez, siempre se sobrepone, pues sus campos ni son propicios para lujos ni para recuerdos. Machado ve en esos ojos la resignación ante lo que vendrá y el olvido de lo sucedido.
Mientras la boca sonreír parece,los ojos perspicaces,que un ceño pensativo empequeñece,miran y ven, profundos y tenaces. (XI. Fantasía iconográfica)
El enlutado tiene clavados en el fuegolos ojos largo rato; se los enjuga luegocon un pañuelo blanco. ¿Por qué le hará llorarel son de la marmita, el ascua del hogar? (XXI. Al maestro “Azorin” por su libro Castilla)
Pero esa pregunta se la hace él, no el enlutado. Porque él es consciente de sus recuerdos, los que tiene y los que adquirirá para después perder. Él es la viuda de su pensamiento.
En el cenit, la luna, y en la torre,la esfera del reloj iluminada.Yo en este viejo pueblo paseandosolo, como un fantasma. (XV. Noche de verano)
Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar. (XXIII. Señor, ya me arrancaste lo que…)
Por estos campos de la tierra mía,bordados de olivares polvorientos,voy caminando solo,triste, cansado, pensativo y viejo. (XXV. Allá en las tierras altas)
Alguien dirá: ¿Qué dejaste?Yo pregunto: ¿Qué llevasteal mundo donde hoy estás? (XXXVIII.Llanto de las virtudes y …)
El demonio de mis sueñosríe con sus labios rojos,sus negros y vivos ojos,sus dientes finos, pequeños. (XLIII. Mi bufón)
Y tiende a escapar, a escapar haciendo camino, que es el menor de los escapes.
Caminante, son tus huellasel camino, y nada más;caminante, no hay camino:se hace camino al andar.Al andar se hace camino,y al volver la vista atrásse ve la senda que nuncase ha de volver a pisar.Caminante, no hay camino,sino estelas en la mar.(XLI. “XXIX”- Proverbios y cantares)
Yo, para todo viaje—siempre sobre la maderade mi vagón de tercera—,voy ligero de equipaje. (XIV. El tren)
Tren: camina, silba, humea,acarreatu ejército de vagones,ajetreamaletas y corazones.Soledad,sequedad.Tan pobre me estoy quedando,que ya ni siquiera estoyconmigo, ni sé si voyconmigo a solas viajando. (XXXI. Otro viaje)
En contraposición a su sentir, en oposición al sentir del adusto castellano, está el pensamiento burgués:
El vacuo ayer dará un mañana huero.Como la náusea de un borracho ahítode vino malo, un rojo sol coronade heces turbias las cumbres de granito; (XL. El mañana efímero)
El recuerdo en la ciudad, en la sociedad, solo dará podredumbre. Es peor que la muerte que lo quita, pues lo mantiene corrompido y sin esperanza de solución. El hombre es hombre en cuanto a su condición cultural, en cuanto a los recuerdos adquiridos, enseñados y aprehendidos.
Lejos, los montes duermenenvueltos en la niebla,niebla de otoño, maternal; descansanlas rudas moles de su ser de piedra (XXII. Caminos)
Está la tierra mojadapor las gotas del rocío,y la alameda dorada,hacia la curva del río. (XIII. Amanecer de otoño)
Y pienso: Primavera, como un escalofríoirá a cruzar el alto solar del romancero,ya verdearán de chopos las márgenes del río.¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero? (XX. Recuerdos)
¿Tienen los viejos olmosalgunas hojas nuevas?Aun las acacias estarán desnudasy nevados los montes de las sierras. (XXX. A José María Palacio)
Y dan hojas verdes, y aunque le olmo esté muerto, seguirá dando vida:
No será, cual los álamos cantoresque guardan el camino y la ribera,habitado de pardos ruiseñores.Ejército de hormigas en hilerava trepando por él, y en sus entrañasurden sus telas grises las arañas. (XIX. A un olmo seco)
El canto de Antonio Machado es bellísimo, una loa a la dignidad, a unos recuerdos telúricos firmes y audaces, valientes y adustos. Los recuerdos en el poeta son la vida. Los recuerdos de vida y muerte de la tierra castellana son antiguos como el hombre: son el hombre.
Mientras que llenándoos vael hacha de calvijares,¿nadie cantaros sabrá,encinares? [...]En tu copa ancha y redondanada brilla,ni tu verdioscura frondani tu flor verdiamarilla.Nada es lindo ni arroganteen tu porte, ni guerrero,nada fieroque aderece tu talante.Brotas derecha o torcidacon esa humildad que cedesólo a la ley de la vida,que es vivir como se puede. (VII. Las encinas)
Nunca perseguí la gloriani dejar en la memoriade los hombres mi canción;yo amo los mundos sutiles,ingrávidos y gentilescomo pompas de jabón.Me gusta verlos pintarsede sol y grana, volarbajo el cielo azul, temblarsúbitamente y quebrarse.(XLI. “I”- Proverbios y cantares)
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