AUTOR: Norberto Bobbio
TÍTULO: Liberalismo y Democracia
EDITORIAL: F.C.E. (Segunda edición)
AÑO: 1993PÁGINAS: 114
Por Alejandro Jiménez

No cabe duda que Norberto Bobbio (1909-2004) constituyó una de las figuras más representativas de la reflexión política en la Italia del último siglo. En esta pequeña obra Liberalismo y Democracia –publicada en 1985-, fiel a su apelativo del “filósofo de la democracia”, Bobbio analiza desde una perspectiva histórica y político-filosófica la relación gestada entre el liberalismo –como concepción de Estado- y, democracia –como forma de gobierno-, a lo largo de la discusión política, considerando especialmente los aportes de la Inglaterra del siglo XVII y la Francia del XVIII.


En su conjunto se trata de diecisiete capítulos, ninguno de los cuales supera las cinco páginas, todos ellos escritos con un lenguaje muy directo, imparcial y sugestivo. La obra tiene la virtud de enmarcarse muy bien dentro de la problemática que se propone y, a pesar de que no agota ninguno de sus temas particulares, sí analiza causas, desarrollos y consecuencias de los mismos, dejando para el lector interesado la consulta de otras obras especializadas.


En opinión del autor el binomio liberalismo-democracia debe entenderse ante todo como una relación de necesidad; al respecto asegura que:


Liberalismo democracia están ligados necesariamente en el sentido de que sólo la democracia es capaz de realizar en plenitud los ideales liberales y sólo el estado liberal puede ser la condición para la práctica de la democracia” (Pág. 59)
Lo que se propondrá Bobbio en los primeros capítulos será, precisamente, mostrar la serie de elementos que a través de la historia permitieron la configuración de esa relación que, durante mucho tiempo y, aún hoy día, sigue siendo considerada por un número importante de pensadores como antitética.¿Cómo es posible hacer coincidir una concepción de Estado, como la liberal, que subraya las libertades individuales y reduce la influencia del estado, con una forma de gobierno, como la democrática, que en rigor debería buscar la equiparación de condiciones y la igualdad?


Sobre el liberalismo como modelo de estado
Lo primero que hace el autor en su estudio es recalcar la manera en que existe una diferencia radical entre la libertad de los antiguos y la de los modernos. Para los primeros, que llegan hasta Aristóteles, la libertad es entendida como la distribución colectiva del poder político, mientras que para los segundos, esto es, los pensadores liberales ingleses y franceses de los siglos XVII-XIX será entendida, ante todo, como la seguridad de los goces privados.


Esta doble interpretación que puede hacerse de la libertad coincide, además, con el modelo de Estado en el que una y otra puede desarrollarse. Así, Bobbio nos muestra cómo existe un modelo organicista, que data igualmente de la tradición griega, para el cual la sociedad precede a la aparición de los individuos; pero también cómo existe un modelo contractual, propio de los aportes anglosajones, para el cual el individuo y sus intereses serán los que den forma a la sociedad. Y, dando sustento filosófico a este modelo contractual, aparece por primera vez en la historia, la doctrina de los derechos(iusnaturalismo), para mostrar la manera en la que el hombre tiene una serie de derechos por naturaleza, más allá de su propia voluntad, y cuya defensa y protección debe establecerse prescriptiva y nominalmente dentro de la organización del Estado.


Ese modelo de Estado, pues, que llamaremos liberal, cuya base central se encuentra en el marco del derecho (nominal, no siempre de hecho), comporta ciertas características: 1. La defensa de la libertad individual por sobre todas las cosas; 2. El Estado como medio y no como fin en sí mismo; 3. El antagonismo como mecanismo de desarrollo, es decir, el encuentro de los intereses particulares, al contrario del modelo organicista en donde la armonía y la reducción de las iniciativas particulares se lleva al máximo; 4. La equiparación de la libertad moral, política a la económica y; 5. La utilización de la democracia representativa como modelo de participación social.


Sobre la democracia como forma de gobierno


De la misma manera en que existe una diferencia entre la libertad de los antiguos y la de los modernos, también Bobbio analiza las características presentes en una noción de democracia antigua y otra moderna. La primera estará especialmente impulsada por la idea de la participación directa; sin embargo, muy pronto se señalarán sus dificultades, que en palabras de Rousseau se resumen en: 1. El reducido tamaño que habrían de tener los estados, 2. La sencillez de costumbres de sus habitantes; 3. La extremada igualdad de condiciones y fortunas entre ellos y; 4. La inexistencia de los lujos.


Es así como la mayoría de los pensadores, como Locke, Hobbes, y hasta el mismo Rousseau, entenderán que ante la imposibilidad de una democracia directa sólo resulta una fórmula aceptable la democracia representativa, o lo que equivale a decir, la representación de los intereses del soberano, bajo cuyo nombre siempre actúa el representante. El problema que advierte Bobbio, en este punto, es la increíble confianza que parecían tener todos los constitucionalistas cuando pensaban que esta forma de democracia nunca degeneraría en clientelismo o en corporativismo, es decir, el hecho de que nunca se fuesen a traicionar los intereses del pueblo.


El encuentro entre liberalismo y democracia
Hemos dicho más arriba que liberalismo y democracia se encuentran vinculados en una relación de necesidad. Pero esto es sólo posible, nos hará ver Bobbio, cuando se entienda la democracia como un conjunto nominal de reglas cuya observancia es necesaria para la distribución del poder político. Y esto es así porque cuando la democracia deja de ser esto para ser el ideal de igualdad, a ser democracia sustancial, no formal; para el pueblo, no del pueblo, entrará en una relación de mutua exclusión con el liberalismo.


Básicamente se trata de entender que libertad e igualdad son valores antitéticos (+ libertad = - igualdad / + igualdad = - menos libertad) y que por lo tanto cuando se da prioridad a uno de ellos la relación se cae. Si siendo liberal doy prioridad a la libertad sobre la igualdad (por ejemplo, dando rienda suelta a la propiedad privada), la sociedad será evidentemente menos democrática, al menos en el sentido de la igualdad. Si por el contrario, siendo un demócrata, trato de igualarla (por ejemplo, eliminando esa misma propiedad) la sociedad podría experimentar el fin de las libertades individuales.


La alternativa que propondrá el liberalismo para no renunciar al ideal de gobierno propuesto por la democracia será, entonces, entenderla, como se dijo, simplemente en su sentido nominal: 1. Igualdad frente a la ley y, 2. Igualdad de derechos. Se observa así, que dentro del liberalismo (es la crítica hecha desde la izquierda) la igualdad se reduce a una cuestión de forma, pero nunca de hecho, y centrada de manera exclusiva al campo de lo político, pero nunca de lo económico. Ni siquiera cuando el liberalismo pretende a través de modelos de democracia representativa hacerse ver como un modelo político desoberanía popular, podrá superar una participación limitada al sufragio, puesto que en el momento en que se amplíen los límites de acción del estado, estaría entrando en contradicción con sus principios básicos.


Como se ve, es una relación difícil, muy compleja, dirá Bobbio, y sobretodo muy divergente a través de la historia. Porque, por ejemplo, con el advenimiento de los regímenes fascistas (Estados al máximo) de principios del siglo XX, el liberalismo pareció ganar terreno en su relación con la democracia, sobretodo teniendo ante los ojos un modelo como el norteamericano; pero hoy día, se ve nuevamente criticada hasta el hartazgo por quienes ven reproducido en el neoliberalismo, la excusa filosófica de los tiranos que controlan el mundo económico.


Liberalismo, democracia y socialismo


El examen de Norberto Bobbio se complejiza a lo largo del libro. Es así como después de lo esbozado aquí, trae a la mesa el problema suscitado por el socialismo con relación a la democracia y el liberalismo. Tocqueville, Hill, Bentham y, en general, todos los autores más destacados del liberalismo verán desde siempre en un estado totalizado –como el socialista- simplemente latiranía de la mayoría. El liberal, dirán, no está dispuesto a renunciar a sus libertades individuales, es más, no puede concebir libertad dentro de una sociedad regida por el estado, así esta sea de elección popular.


El socialismo, por su parte, centrará su crítica al liberalismo cuando éste se transforma, especialmente con los aportes de Bentham y Hill en su base iusnaturalista, por una de corte utilitarista. Esa base anglosajona que en cierta medida auguró el pragmatismo estadounidense y cuyo principio es la búsqueda de la felicidad, las leyes que persiguen la felicidad del mayor número, ese liberalismo, dirán los socialistas, no es otra cosa más que una máquina para fabricar hombres egoístas que asumen la libertad como medio para satisfacciones personales.


El punto irreconciliable entre socialistas y liberales siempre será la propiedad privada. Los primeros exigiendo para el futuro su total desaparición, o al menos su reducción cuantitativa; los segundos, considerándola como base para el desarrollo. Y cada cual estableciendo sus propias relaciones con la democracia: el liberalismo viéndola desde su óptica capitalista, representativa, política y nominal; y el socialismo, viéndola desde el proletariado, directa, política, económica, nominal y de hecho.


_____


Liberlismo y Democracia, un excelente libro que pone de relieve toda la tradición del pensamiento frente a estas dos realidades y que, además, termina ubicándonos en el contexto contemporáneo en donde la crítica que se hace al Estado ya no es exclusivamente respecto de los excesos que puede tener este frente a las libertades de los individuos, sino incluso, frente a su incapacidad para gobernar sociedades descentradas, poliárquicas, sobrecargadas y siempre en busca de reivindicaciones.