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    sábado, 30 de octubre de 2010

    AÑOS Cesare Pavese

    [Cuento: Texto completo]




    De lo que era yo entonces no queda nada: apenas hombre, era aún un crío. Lo sabía hacía tiempo, pero todo ocurrió a finales del invierno, una tarde y una mañana. Vivíamos juntos, casi escondidos, en una habitación que daba a una avenida. Silvia me dijo esa noche que tenía que irme, o irse ella: ya no teníamos nada que hacer juntos. Le supliqué que dejara que probásemos de nuevo; estaba acostado a su lado y la abrazaba. Ella me dijo:
    -¿Con qué finalidad? -Hablábamos en voz baja, a oscuras.


    Luego Silvia se durmió y yo tuve hasta la mañana una rodilla pegada a la suya. Apareció la mañana como había aparecido siempre, y hacía mucho frío; Silvia tenía el pelo sobre los ojos y no se movía. En la penumbra yo miraba pasar el tiempo, sabía que pasaba y corría, y que afuera había niebla. Todo el tiempo que había vivido con Silvia en aquella habitación era como un solo día y una noche, que ahora terminaba por la mañana. Entonces comprendí que nunca volvería a salir conmigo entre la niebla fresca.


    Era mejor que me vistiera y me marchase sin despertarla. Pero ahora tenía en la cabeza una cosa que preguntarle. Esperé, intentando adormilarme.


    Cuando estuvo despierta, Silvia me sonrió. Seguimos hablando. Ella dijo:


    -Es bonito ser sinceros, como nosotros.


    -¡Oh, Silvia! -susurré-, ¿qué haré al salir de aquí? ¿Adónde iré?


    Era eso lo que tenía que preguntarle. Sin apartar la nuca del almohadón, ella sonrió de nuevo, beatífica.


    -Bobo -dijo-, irás a donde quieras. ¿No es hermoso ser libre? Conocerás a muchas chicas, harás todas las cosas que quieras. Te envidio, palabra.


    Ahora la mañana llenaba el cuarto y sólo había un poco de calor en la cama. Silvia esperaba paciente.


    -Tú eres como una prostituta -le dije- y siempre lo has sido.


    Silvia no abrió los ojos.


    -¿Estás mejor ahora que lo has dicho? -me dijo.


    Entonces me quedé como si ella no estuviera, y miraba al techo y lloraba sin ruido. Las lágrimas me llenaban los ojos y corrían sobre la almohada. No valía la pena que se diera cuenta. Mucho tiempo ha pasado, y ahora sé que aquellas lágrimas mudas fueron la única cosa de hombre que hice con Silvia; sé que lloraba no por ella sino porque había entrevisto mi destino. De lo que era yo entonces no queda nada. Queda sólo que había comprendido quién sería en el futuro.


    Luego Silvia me dijo:


    -Ya basta. Tengo que levantarme.


    Nos levantamos juntos, los dos. No la vi vestirse. Estuve pronto en pie, a la ventana; y miraba vislumbrarse las plantas. Detrás de la niebla estaba el sol, el sol que tantas veces había entibiado el cuarto. También Silvia se vistió pronto, y me preguntó si no me llevaba mis cosas. Le dije que primero quería calentar el café, y encendí el hornillo.


    Silvia, sentada al borde de la cama, se puso a arreglarse las uñas. En el pasado se las había arreglado siempre en la mesa. Parecía abstraída y el pelo le caía continuamente sobre los ojos. Entonces daba sacudidas con la cabeza y se liberaba. Yo deambulé por el cuarto y recogí mis cosas. Hice un montón sobre una silla y de repente Silvia saltó en pie y corrió a apagar el café que se derramaba.


    Luego saqué la maleta y metí las cosas. Mientras tanto, por dentro me esforzaba por recoger todos los recuerdos desagradables que tenía de Silvia: sus futilidades, sus malos humores, sus frases irritantes, sus arrugas. Eso me llevaba de su cuarto. Lo que dejaba era una niebla.


    Cuando hube acabado, el café estaba listo. Lo tomamos de pie, junto al hornillo. Silvia dijo algo, que ese día iría a ver a un tipo, a hablar de un asunto. Poco después dejé la taza y me marché con la maleta. Afuera la niebla y el sol cegaban.


    FIN




    OBRAS DESTACADAS

    •             La luna y las fogatas (1950)
    •             Vendrá la muerte y tendrá tus ojos (1951)
    •             El bello verano (1949)
    •             El oficio de vivir (1952)
    •             Trabajar cansa (1936)
    •             De tu tierra (1941)




    Cesare Pavese

    • Nace: 9 de septiembre de 1908
    • Lugar: Santo Stefano Belbo, Cúneo, Italia

    • Muere: 27 de agosto de 1950 Turin,Italia 


    Biografía: Escritor, poeta y filósofo italiano, uno de los más importantes del siglo XX. Cesare Pavese fue el último de cinco hijos de una pequeña familia burguesa de origen campesino. En 1914 queda huérfano de padre y tiempo después se traslada con la familia a Turín, donde cursa estudios en un ambiente antifascista. En 1932, Cesare Pavese se licencia en letras con una tesis sobre Walt Whitman y comenzaría a realizar traducciones de autores ingleses y norteamericanos para la editorial "Frassinelli". En 1934 es nombrado director de la revista "Cultura" y publica escritos antifascistas que lo condujeron a la cárcel, siendo un prisionero político por un tiempo en Brancaleone Calabro y dedicándose a escribir. Recupera la libertad en 1936, Cesare Pavese regresa a Turín y publica "Trabajar cansa", cuyos poemas muy innovadores concitan mucha atención y comienza a escribir "El oficio de vivir", un diario íntimo que escribiría hasta su muerte. Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), se refugia con su hermana en Serralunga y pierde contacto con los acontecimientos que suceden, inscribiéndose en el Partido Comunista Italiano (PCI) finalizada la guerra. Cesare Pavese fue un escritor comprometido con la realidad y un hombre en constante lucha con su soledad interna, que trató de vencer durante toda su vida. Tras la ruptura de la relación que mantenía con la actriz norteamericana Constance Dowling y una depresión importante, se suicidó en una habitación de hotel después de haber recibido un premio literario por su libro "El bello verano".





    FRASES DE CESARE PAVESE
    Uno no se mata por el amor de una mujer. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada.
    Cuando somos jóvenes lamentamos no tener una mujer, cuando nos hacemos viejos lamentamos no tener a la mujer.
    Veamos si incluso de esto se puede sacar una lección de técnica.
    Serás amado el día en que podrás mostrar tu debilidad sin que el otro se sirva de esto para afirmar su fuerza.
    Todo poeta se ha angustiado, se ha asombrado y ha gozado.
    Los suicidas son homicidas tímidos.
    No se recuerdan los días, se recuerdan los momentos.
    La sorpresa es el móvil de cada descubrimiento.
    No hay venganza más bella que aquella que infringen los otros a tu enemigo. Tiene hasta la virtud de dejarte la parte del generoso.
    Ninguna mujer contrae matrimonio por interés: todas tienen la astucia, antes de casarse con un millonario, de enamorarse de él.
    La dificultad de cometer suicidio está en esto: es un acto de ambición que se puede cometer
    En la inquietud y en el esfuerzo de escribir, lo que sostiene es la certeza de que en la página queda algo de no dicho.

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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