Jean Paul Sartre

Reunión entre Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir y el Che





Jean Paul Sartre


(Francia, 1905-1980)
Sartre
Filósofo francés, dramaturgo, novelista y periodista político, es uno de los principales representantes del existencialismo. Sartre nació en París el 21 de junio de 1905; estudió en la École Normale Supérieure de esa ciudad, en la Universidad de Friburgo, Suiza y en el Instituto Francés de Berlín. Enseñó filosofía en varios liceos desde 1929 hasta el comienzo de la II Guerra Mundial, momento en que se incorporó al ejército. Desde 1940 hasta 1941 fue prisionero de los alemanes; después de su puesta en libertad, dio clases en Neuilly (Francia) y más tarde en París, y participó en la Resistencia francesa. Las autoridades alemanas, desconocedoras de sus actividades secretas, permitieron la representación de su obra de teatro antiautoritaria Las moscas (1943) y la publicación de su trabajo filosófico más célebre El ser y la nada (1943). Sartre dejó la enseñanza en 1945 y fundó, con Simone de Beauvoir entre otros, la revista política y literaria Les temps modernes, de la que fue editor jefe. Se le consideró un socialista independiente activo después de 1947, crítico tanto con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) como con los Estados Unidos en los años de la guerra fría. En la mayoría de sus escritos de la década de 1950 están presentes cuestiones políticas incluidas sus denuncias sobre la actitud represora y violenta del ejército francés en Argelia. Rechazó el Premio Nobel de Literatura de 1964 y explicó que si lo aceptaba comprometería su integridad como escritor. Las obras filosóficas de Sartre conjugan la fenomenología del filósofo alemán Edmund Husserl, la metafísica de los filósofos alemanes Georg Wilhelm Friedrich Hegel y Martin Heidegger, y la teoría social de Karl Marx en una visión única llamada existencialismo. Este enfoque, que relaciona la teoría filosófica con la vida, la literatura, la psicología y la acción política suscitó un amplio interés popular que hizo del existencialismo un movimiento mundial.

En su primera obra filosófica, El ser y la nada (1943) Sartre concebía a los humanos como seres que crean su propio mundo al rebelarse contra la autoridad y aceptar la responsabilidad personal de sus acciones, sin el respaldo ni el auxilio de la sociedad, la moral tradicional o la fe religiosa. Al distinguir entre la existencia humana y el mundo no humano, mantenía que la existencia de los hombres se caracteriza por la nada, es decir, por la capacidad para negar y rebelarse. Su teoría del psicoanálisis existencial afirmaba la ineludible responsabilidad de todos los individuos al adoptar sus propias decisiones y hacía del reconocimiento de una absoluta libertad de elección la condición necesaria de la auténtica existencia humana. Las obras de teatro y novelas de Sartre expresan su creencia de que la libertad y la aceptación de la responsabilidad personal son los valores principales de la vida y que los individuos deben confiar en sus poderes creativos más que en la autoridad social o religiosa.
En su última obra filosófica Crítica de la razón dialéctica (1960), Sartre trasladó el énfasis puesto en la libertad existencialista y la subjetividad por el determinismo social marxista. Sartre afirma que la influencia de la sociedad moderna sobre el individuo es tan grande que produce la serialización, lo que él interpreta como pérdida de identidad y que es equiparable a la enajenación marxista. El poder individual y la libertad sólo pueden recobrarse a través de la acción revolucionaria colectiva. A pesar de su llamamiento a la actividad política desde ópticas marxistas, Sartre no se afilió al Partido Comunista Francés, y así conservó la libertad para criticar abiertamente las intervenciones militares soviéticas en Hungría (1956) y en Checoslovaquia (1968). Otros textos de Sartre son las novelas La Náusea (1938) y la serie narrativa inacabada Los caminos de la libertad, que comprenden La edad de la razón (1945), El aplazamiento (1945) y La muerte en el alma (1949); una biografía del controvertido escritor francés Jean Genet, San Genet, comediante y mártir (1952); las obras teatrales A puerta cerrada (1944), La puta respetuosa (1946) y Los secuestradores de Altona (1959); su autobiografía, Las palabras (1964) y una biografía del autor francés Gustave Flaubert El idiota de la familia (3 volúmenes, 1971-1972) entre otros muchos títulos. Murió en París el 5 de abril de 1980


"Las palabras" (1964) de Jean-Paul Sartre.


"Pero no basta con que sea naturalmente bueno; tengo que ser profético: la verdad sale de la boca de los niños."

"Lo que hablaba por mi boca no era la Verdad, sino su muerte. No es de extrañar que la insulsa felicidad de mis primeros años haya tenido a veces un gusto fúnebre: debía mi libertad a una muerte oportuna, mi importancia a una muerte muy esperada. Pues claro, es cosa sabida que todas las pitias son unas muertas; todos los niños son espejos de muerte."

Pág 23.

"(...) y como el Bien y el Mal, como mi vida entre 1905 y 1914. Si sólo nos definimos por oposición, yo era lo indefinido de carne y hueso; si el odio y el amor son el anverso y reverso de la misma medalla, no quería nada ni a nadie. Estaba bien: a nadie se le puede pedir que odie y guste a la vez. Ni gustar ni amar.
¿Soy, pues, un Narciso? Ni siquiera; tengo tanta precaución por seducir que me olvido del resto."

Pág 29.

"Se despedían nuestras visitas, yo me quedaba solo, me evadía de aquel cementerio trivial, iba a reunirme con la vida, con la locura en los libros. Me bastaba con abrir uno para descubrir en él ese pensamiento inhumano, inquieto, cuyas pompas y tinieblas superaban a mi entendimiento, que saltaba de una a otra idea, tan rápidamente que se me escapaba cien veces por página, y aturdido, perdido, dejaba que se fuera."

Pág 37.

"Viví envuelto en el terror, fue una verdadera neurosis. Si busco la razón de todo esto, encuentro lo siguiente: niño mimado, don providencial, mi profunda inutilidad se me manifestaba aún más porque el ritual familiar me adornaba constantemente con una necesidad forjada. Me sentía de más, luego tenía que desaparecer. Yo era un florecimiento insípido en perpetua abolición. Con otras palabras, estaba condenado y podía aplicarse la sentencia en cualquier momento. Sin embargo, la rechazaba con todas mis fuerzas, no porque quisiese mi existencia, sino, por el contrario, porque no me interesaba; cuanto más absurda es la vida, más soportable es la muerte."

Pág 65.

"Lo que me gusta de mi locura es que me ha protegido, desde el primer día, contra las seducciones de la élite; nunca he creído ser feliz propietario de un "talento"; lo único que se trataba era de salvarme - nada en las manos, nada en los bolsillos- por el trabajo y la fe. Como consecuencia, mi pura opción no me elevaba por encima de nadie: sin equipo, sin herramientas, me he metido entero en la tarea para salvarme entero. Si coloco a la imposible Salvación en el almacén de los accesorios, ¿qué queda? Todo un hombre, hecho de todos los hombres y que vale lo que todos y lo que cualquiera de ellos."

Pág 163.

En Las palabras, Sartre, Jean-Paul, Editorial Losada, 1965.
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Jean Paul Sartre: “Venecia, desde mi Ventana”:

(Extracto de “Literatura y Arte”. Buenos Aires. Losada. 1977.-):
El agua es demasiado discreta; no se la oye. Asaltado por una sospecha, me inclino: el cielo ha caído dentro. Ella apenas se atreve a moverse y sus millones de ondas mecen confusamente la apacible reliquia que fulgura con intermitencias… El presente es lo que toco, la herramienta que puedo manejar; es lo que actúa sobre mí o lo que puedo cambiar. Aquellas bonitas quimeras no son mi presente. Entre ellas y yo no hay simultaneidad… Quizás vienen a mí desde el fondo del porvenir; en ciertas mañanas de primavera las he visto avanzar hacia mí, jardín flotante, todavía otras, pero como un presagio, como aquél que yo sería en el futuro. Pero la claridad desapacible de esta mañana ha matado sus colores, los ha amurallado en finitud. Tales quimeras son pobres, inertes; la deriva las aleja de mí. En verdad no pertenecen a mi experiencia; surgen lentamente, en el fondo de una memoria que está a punto de olvidarlas, una extraña memoria anónima, la memoria del Cielo y del Agua. En Venecia, es suficiente una nada para que la luz se transforme en materia. Basta que la luz desenvuelva esta imperceptible memoria insular, este desajuste constante, para que tal luz parezca un pensamiento. Ella atiza o suprime los sentidos esparcidos sobre los flotantes conjuntos de casas. Esta mañana leo Venecia en los ojos de otro… En el fondo de una mirada antigua, mi mirada intenta volver a pescar palacios sumergidos, pero no consigue más que generalidades. ¿Percibo o recuerdo?. Veo lo que sé, o, más bien, lo que otro ya sabe. Otra memoria frecuenta la mía, los recuerdos de Otro surgen frente a mí… He aquí un cuadro para los turistas: La Eternidad cercada por el Devenir, o el Mundo Inteligible planeando por encima de la materia… Bruscamente, todo el cortejo marino se ahoga; el agua es como los sueños: no tiene lógica en las ideas. El agua se aplana, yo me inclino sobre una espesura de embotamiento; se diría que ella envidia la rigidez cadavérica de los palacios que la bordean… Veo ya nacer, a derecha, el pálido reflejo del palacio Dario. Elevo los ojos: todo se ha transformado en algo semejante. Tengo necesidad de pesadas y macizas presencias, me siento vacío frente a esos finos plumajes pintados sobre vidrio. Salgo.
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Fuente Post: Jean Paul Sartre. Literatura y Arte. Buenos Aires. Losada. 1977.-


Entrevista a Jean Paul Sartre























El año 1952, en que usted se acerca a los comunistas, y después el año 1968, ¿representaron para su vida giros decisivos?

1952 no fue muy importante. Durante cuatro años estuve muy cerca de los comunistas, pero mis ideas no eran las suyas; ellos lo sabían. Me usa­ban sin embarrarse demasiado y dudaban que si ocurría un acontecimiento como el de Budapest, yo me haría a un lado; lo cual ocurrió en verdad. Objetivamente, ello puede representar un giro im­portante, pero subjetivamente no significa gran cosa porque yo tenía casi formadas mis ideas y no las he abandonado mientras estuve cerca de los co­munistas; las recuperé y las desarrollé en la "Cri­tica de la razón dialéctica". El año 1968 sí fue importante. Para todo el mun­do. Pero para mí particularmente, porque si yo me aproximé a los comunistas fue finalmente porque antes de 1968 no había nada a su izquierda, salvo los trotskistas que en el fondo son unos co­munistas desgraciados. Si hubiera habido un mo­vimiento izquierdista después de la guerra, yo me habría comprometido con él de inmediato.
¿Más que querer?
No, querer y estimar son dos aspectos de una misma realidad, es una misma relación con el otro. Lo cual no quiere decir que la estima sea absolu­tamente necesaria al amor ni el amor a la estima. Pero cuando se tiene ambas cosas, se sabe cuál es la verdadera actitud de un hombre con respecto al otro. Todavía no hemos llegado allí. Llega­remos cuando lo subjetivo esté totalmente al descubierto.
(Unas semanas antes de la publicación en el diario "La Opinión" de Buenos Aires -el 6 de julio de 1975- de la entrevista realizada por el periodista francés Michel Contat a Jean Paul Sartre, el diario anunció que publicaría su "Autorretrato a los setenta años" y recomendó a los lectores que reservaran su ejemplar. Este, efectivamente, fue reservado por miles de lectores y se agotó)
“La imaginación no es un don, sino el objeto de conquista por excelencia”

"Su militancia contra la presencia francesa en Argelia alcanzó tanta repercusión que sufrió dos atentados con bombas, y las manifestaciones en Argel coreaban la consigna "Hay que fusilar a Sartre". (Carlos Mutto)

L'imagination au pouvoir" (La imaginación al poder):
Ahora es una frase hecha, pero en 1968, esta frase que Jean Paul Sartre dijo a los dirigentes estudiantiles -«Ustedes llevan la imaginación al poder»- significó el poder de las ideas de los estudiantes, de la juventud, en contraposición a las ideas estancadas de la generación anterior.



La ultima entrevista


"La muerte —decían los egipcios— es el espejo de la vida''. Por esa razón, probablemente como una imagen de la soledad política que padeció en los últimos años de su vida, el filósofo Jean-Paul Sartre no tenía ningún amigo junto a la cabecera de su lecho el martes 15 de abril, cuando le llegó la muerte. Las características de esa muerte reflejaron con precisión el aislamiento y la soledad —política e intelectual— que padeció Sartre. Uno de los filósofos más importantes del siglo XX, se había visto obligado a llevar una vida de ermitaño por la gravedad que alcanzaron sus enfermedades.
Pero en forma imprevista, hace dos meses, surgió de ese eclipse progresivo cuando decidió conceder una larga entrevista a Benny Levy, que se convirtió en su último pronunciamiento público y quizá en un testamento político. Sartre reconoció por primera vez el fracaso de algunos de sus principios filosóficos, su decepción con Cuba y la Unión Soviética y su búsqueda de una nueva forma de humanismo. "Con esta tercera guerra mundial que puede estallar, con este conjunto miserable que es nuestro planeta —confesó en la entrevista— vuelve a tentarme la desesperanza. El mundo me parece malo, feo, sin esperanza. Es la desesperanza tranquila de un viejo que morirá adentro de ese mundo. Pero justamente yo resisto y sé que moriré con esperanza. Pero a esta esperanza hay que fundarla."


"El presidente de Francia, Giscard d'Estaing, al enterarse de la negativa por parte de los amigos de Sartre para unos funerales oficiales, que el escritor hubiera rechazado, visitó el hospital para rendir un homenaje personal al filósofo. La visita impresionó profundamente al estadista."


Sartre murió debido a un edema pulmonar el 15 de abril de 1980. sus últimas palabras fueron “Yo la quiero mucho, mi pequeño Castor”. Éste era el apodo cariñoso que Jean Paul le daba a Simone, a quien siempre trató de usted.





















Sartre y Simone de Simone de Beauvoir











"La misma Simone de Beauvoir que, en abril de 1980, nos traslada hasta su funeral en la majestuosa
“La ceremonia del adios”.
Estamos ahí, acompañando el cuerpo por las calles de un París gris y pongamos que lluvioso junto a otras 50.000 personas (cincuenta mil, sí), camino del cementerio de Montparnasse, “la última manifestación del 68”, lo dice el director de cine Claude Lanzmann que camina a nuestro lado. Y cierra Simone: “Su muerte nos separa. Mi muerte no nos unirá. Así es: ya fue hermoso que nuestras vidas hayan podido estar de acuerdo durante tiempo”.


Frases Jean Paul Sartre
Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.
Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad.
El hombre nace libre, responsable y sin excusas.
Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es.
Desconfío de la incomunicabilidad; es la fuente de toda violencia.
No perdamos nada de nuestro tiempo; quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro.
Basta con que un hombre odie a otro para que el odio vaya corriendo hasta la humanidad entera.
Soñar en teoría, es vivir un poco, pero vivir soñando es no existir.
Nunca las noticias son malas para los elegidos de Dios.
El hombre está condenado a ser libre.


Jean Paul Sartre

La musa del existencialismo
Juliette Greco - Parlez-moi d`Amour








El Lado Oscuro del Corazón

Oliverio, un poeta bohemio, recorre Buenos Aires con sus amigos, acosado por la muerte, buscando a una mujer capaz de "volar". Los textos de Benedetti, Juan Gelman y Oliverio Girondo, intercalados con gusto, lo hacen un film interesante, intenso y liberador. En el transcurso de la película, la poesía se ve entremezclada con los lugares más espesos de la cotidianeidad artística argentina y uruguaya. Desde el asado, hasta los maltrechos bares Buenos Aires y Montevideo.



‘El lado oscuro del corazón’ es una delicia, una película para disfrutar en aquel momento en que realmente se tengan ganas de de pasar un delicioso rato de dos horas. A la inmensa mayoría os gustará o os fascinará, mientras que siempre habrá algún sector que la encuentre demasiado “lírica” o demasiado azucarada, pero no es así. Estamos ante un canto a la poesía y el amor, rodado con un gusto exquisito y construido mediante una concepto considerablemente novedoso: la narración permanente de poemas. "



LLORAR A LÁGRIMA VIVA...

Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto. Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando. Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos no dejan nunca de llorar. Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca. Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

”Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias. Pero eso sí, y en esto soy irreductible, no les perdono bajo ningún pretexto que no sepan volar, si no saben volar pierden el tiempo conmigo” Oliverio Girondo


El lado oscuro del
corazon

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El lado oscuro del Corazon - Rostro de vos
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Verdad Amarga [El lado oscuro del corazon]
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El lado oscuro del Corazón "Llorar a lágrima viva"


Táctica y estrategia
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

Mario Benedetti


Tania Libertad
Te quiero- de Mario Benedetti











ELOGIO DEL AMOR(20001)

Éloge de l'amour
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Sinopsis:
"Alguien a quien oímos, pero al que no vemos, habla de un proyecto titulado Elogio de amor, que trata de los cuatro momentos claves del amor: el encuentro, la pasión física, las disputas y la separación, y la reconciliación. Estos momentos se contemplan mediante tres parejas: joven, adulta y anciana. ¿Será el proyecto una obra teatral, una película, o incluso una ópera? Una especie de sirviente o ayudante acompaña siempre al autor del proyecto."


«He encontrado una idea de novela [de película]. No describir la vida de las gentes sino solamente la vida, la vida simplemente; lo que hay entre las gentes, el espacio, el sonido y los colores. Querría llegar a eso. Joyce probó, pero debemos poder... Poder hacerlo mejor.» Ferdinand Griffon. 
Pierrot le fou (Jean-Luc Godard. 1965)

"Pero Godard no es solo un iconoclasta inteligente. Es un destructor deliberado del cine, no el primero que ha conocido este arte, pero sí, por cierto el más tenaz, prolífico y oportuno".
Susan Sontag.

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Elogio del amor contiene algunas de las imágenes más bellas que este observador ha visto en mucho tiempo, pero la sustancia del último largo de Godard no son sólo las imágenes; la acumulación de ideas, sonidos, referencias, frases, citas, músicas, reflexiones, presencias, ausencias... que pueblan los fotogramas de Godard parece encaminada a rodar el espacio que, como dijo Griffon, “hay entre las gentes” y que nutre “la vida, la vida simplemente”, o lo que es lo mismo, aquello que hace arte al arte. Para Roland Barthes la fotografía es la presión de lo indecible que lucha por ser dicho. Para Godard, su famosa “verdad a 24 fotogramas por segundo” podría entenderse como la presión de lo intangible que lucha por lograr sustancia, un afán matérico por salir del mundo de las ideas y al servicio del cual el artista se antoja un simple amanuense, con un papel fundamental eso sí, cuya caligrafía servirá de catalizador, de vínculo entre ambos mundos. Otro director muy aficionado a reflexionar sobre su propio oficio como es Víctor Erice, definió de manera precisa ese vínculo: “Todo el mundo tiene la capacidad para crear y recrear en su interior. Y una película no existe hasta que es vista, si no hay unos ojos que miren esas imágenes, las imágenes no existen. Cuando acabo una película, ya no es mía nunca más, pertenece a la gente. Yo no soy más que un intermediario en el proceso”.



Godard parece plantear en Elogio del amor la búsqueda del principio de todo, del fundamento último y primero, aquello que los filósofos presocráticos dieron en llamar el arje, y lo busca en el cine y a través del cine. Para los pensadores helenos, el arje habría de encontrarse en los elementos básicos de la naturaleza –la tierra, el aire, el agua, el fuego-; para Godard podría encontrarse en los elementos de la sintaxis cinematográfica y en la reflexión sobre el propio cine. Elogio del amor es una película que plantea un diálogo constante con la vida, con el cine y consigo misma y que oculta en su interior una reflexión profunda sobre la Historia de las historias.

El realizador franco-suizo juega con los formatos y sus texturas, retoza con las técnicas digitales, y hace un uso magistral del montaje y la música regalándonos momentos de un lirismo desbordado al tiempo que construye un paisaje de la mirada que nos parece nuevo y, lo que es aún mejor, que realmente lo es. Aunque esta supuesta y aún posible virginidad de lo mirado –que no de el que mira- sólo es posible, en una idea militantemente posmoderna, en relación con todos los demás paisajes que hemos visto con anterioridad. Para Godard, y así se lo hace expresar a sus personajes, sólo en base a lo ya visto podemos percibir lo nuevo. Si bien la idea no es demasiado audaz, sí que disecciona el movedizo y quizá un tanto trillado terreno por el que se mueve actualmente el cinematógrafo, un arte donde la Historia es la cinta de Moebius en la cual las historias se reencarnan en otras historias, pero donde cabe preguntarse si este proceso podrá reproducirse hasta el infinito: ¿es posible la cita continua? Es muy probable que el más apretado corsé para la creación sea la ficción y la única manera posible de respirar resulte de romper las ataduras del lenguaje (sea cual sea), de las estructuras comunicativas que suponen el (¿anquilosado?) vehículo para expresar nuestras pulsiones creadoras. (...)


Godard puebla este paisaje virgen de retazos, frases, sonidos, imágenes –tomadas o retomadas– dando forma a un desarrollo argumental en apariencia sencillo, donde un joven director de cine, Edgar, quiere plasmar en un film las cuatro estancias del amor, el encuentro, la pasión física, la separación y el reencuentro, en la piel de tres parejas de amantes que se encuentran cada una en las tres edades del hombre, la infancia, la madurez y la vejez, respectivamente. Este film dentro del film le sirve a Godard para reflexionar sobre el propio cine, sí, y las citas a directores y películas que le precedieron son continuas, pero también y de manera pareja le sirve para trazar un intricado y denso armazón reflexivo sobre el amor y sobre la vida. Para Henry Miller la literatura, el acto de escribir, era “algo que es paralelo a la vida, pertenece a ella al mismo tiempo, y la sobrepasa”; para Godard podría decirse que el cine es la vida.
Elogio del amor es una película acumulativa, no sólo porque superpone niveles de lectura hasta densidades difíciles de encontrar y casi imposibles de asimilar en su totalidad (aunque no hay necesidad de aprehender todo lo visto, basta con captar lo sugerido) si no también porque es un film que goza, y esta vez de verdad, de vida propia fuera de la pantalla. Bresson (que es citado en varias y dispares ocasiones durante la película) planteaba su cinematógrafo de manera que la emoción partiría de una aparente desnudez que habría de ser vestida en la mente del espectador; Godard, en cambio, parece ofrecernos los más exuberantes ropajes que el espectador habrá de desvestir para encontrarse a sí mismo. Y ambos presentan una experiencia que ha de tomar sentido completo en la internalización que el propio espectador realice de lo mostrado: su cine (por lo menos el del último Godard) parte de una reflexión que tras su tránsito material por la película y su proyección en lo volátil de la pantalla se convierte en otra reflexión, no siempre más plena de sentido, pero siempre distinta y enriquecedora.
Por todo ello, Elogio del amor ha de ser vista una y otra vez (y no sólo por ser necesaria) sino porque parece capaz de evolucionar con nosotros, de adaptarse como un traje elástico que siempre dará de sí y nos acogerá en su interior aunque nuestra talla cinéfila –y humana ¿por qué no?– haya variado. Uno de los personajes del film dice que las ideas son sólo el camino hacia otras ideas, y mientras se asiste a la proyección de esta película uno puede fácilmente llegar a pensar que hay pocos caminos más intensos, honestos y hermosos por los que transitar que este elogio del amor.(Por Jose Manuel López)
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"Hacía más de treinta años que Godard no filmaba en las calles de París –desde Masculin-Femenin (1966)– y aquí vuelve, en un bellísimo blanco y negro (un tanto devaluado por la proyección en video), al escenario de la primera nouvelle vague, al punto que parece posible volver a ver, en una esquina del Barrio Latino, en un ángulo de la Concorde o en un café de Montparnasse, el rostro de Anna Karenina, como en Vivir su vida. Después de todo, como lo anuncia su título, el nuevo Godard es un elogio del amor, como lo eran algunos de sus primeros films. Claro que Godard ha cambiado mucho desde entonces. Su cine ha abandonado casi toda intención narrativa y ha seguido otros caminos, como el ensayo en primera persona (su monumental Histoires(s) du cinéma; su reflexión histórica Alemania nueve cero) o el autorretrato puro y duro (JLG/JLG). En Eloge de l’amour, Godard parece, en cambio, más cerca de la abstracción lírica, un camino que inició en Nouvelle vague (con la complicidad de Alain Delon) y continuó luego en Hélas pour moi! y en esa meditación sobre la guerra en Bosnia que fue Forever Mozart.
Este elogio del amor que propone ahora Godard es un puro proyecto: puede ser un film, una ópera, una obra de teatro. Hay un artista, Edgar (interpretado por Bruno Putzulu, de quien en un comienzo apenas si se escucha su voz), que lo quiere llevar a cabo y prueba, investiga, entrevista, mientras la cámara recorre los cafés, las salas de cine, las calles de París como si tratara de reconstruir el imaginario romántico de la nouvelle vague, devolverle a la ciudad su apariencia puramente cinematográfica, esa marca de identidad que precisamente él y sus compañeros de generación lograron esculpir en el paisaje urbano. Pero –como le sucedió al mismo Godard, que tuvo un guión con este título guardado en un cajón por años–, Edgar no sabe exactamente qué forma darle a este bosquejo. “Uno no busca, encuentra”, dice el protagonista del film, citando a Picasso. Y Godard va encontrando también en el camino ideas, formas, que se van materializando a veces de manera críptica, oscura, pero siempre con un gran lirismo. De pronto, Elogio del amor, que hasta la primera hora de película transcurre en un austero blanco y negro bressoniano, pasa a la violenta aspereza del video color. Comienza una segunda parte, que viene a ser la primera y que, desde su misma textura, respira modernidad, tiempo presente.
El mismo artista, “un tiempo antes”, había viajado hacia Bretaña, para encontrar allí a una pareja de ancianos que, medio siglo atrás, vivieron juntos la experiencia de la Resistencia. Y allí Eloge de l’amour prueba ser también un film de resistencia, contra los modelos establecidos y contra Hollywood en particular, al que Godard ve encarnado en la figura de Steven Spielberg. “Como no tienen su propia historia, quieren comprar una”, dice el protagonista cuando presencia el momento en el que un delegado de Spielberg intenta adquirir los derechos de la historia de vida de esa pareja de ancianos, para convertirla en una superproducción. Y Godard (o su alter ego en el film) va más allá: “Spielberg hizo La lista de Schindler, pero su viuda Emilie vive en la miseria en Argentina”, recuerda.
Porque Elogio del amor es también un film sobre la memoria, sobre la Ocupación de París, por los nazis primero y por la globalización después. Y la memoria de Godard no perdona. Sus imágenes nunca son nostálgicas, banales. Van siempre en una misma dirección: convocar a los arcanos de la memoria –de una memoria personal y a la vez colectiva– para volver a iluminar el presente. de l'amour .(Pag 1/2 L M 4 diciembre 2003)

"De Godard se pueden decir muchas cosas, excepto que sea un rutinario. Fue hace casi cincuenta años uno de los creadores de la Nouvelle Vague francesa (Sin aliento, Vivir su vida, Una mujer es un mujer), rompió con el sistema luego del famoso año sesenta y ocho para asumir posturas políticas militantes y filmar obreros, fedayines y maoístas, y regresó luego de esos extremismos a posturas más calmas, quizás desencantadas, que en algún caso llegaron a provocar una bastante desubicada polémica religiosa (Yo te saludo María). De esos vaivenes proviene acaso la discusión filosófica que promueve Elogio del amor, testimonio de la evolución (¿involución?) de Godard como creador cinematográfico. Un fragmento de Sin aliento analizado recientemente en televisión permite confirmar que el cineasta era hace cuatro décadas un inventivo y un audaz que ayudó a crear la Nouvelle Vague: sus aparentes desequilibrios de cámara y su nervioso corte directo transmiten todavía la angustia existencial del protagonista Belmondo en su carrera hacia la muerte. Este Elogio del amor suscitará algunas reflexiones no del todo ociosas." (La Nacion, Argentina)
"El nuevo filme de Jean Luc Godard , "Elogio del amor"(...) Es una cantata cuyos personajes cantan la Resistencia antinazi, la memoria y el cine. Una nueva oportunidad para descubrir la originalidad y la pertinencia de este realizador único, para quien el cine corresponde ante todo al campo del pensamiento."
Philippe Lafosse Le Monde Diplomatique"
Lo que llama la atención cuando se lo ve en su trabajo es la soledad en que parece estar encerrado.
-Sí, pero eso se debe a mi naturaleza. No me preocupo demasiado por la filmación. Lo que realmente disfruto es la búsqueda. Las conversaciones que me agradan no interesan a nadie, según creo, aparte de algún amigo. Es algo que se remonta a mi juventud, el temor de molestar a los otros con cosas que no les interesen.( del diálogo que Jean-Luc Godard mantuvo con Michele Halberstadt con motivo del estreno de "Elogio del amor", en 2001.)

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Godard: Éloge de l'amour 1/ 11.


Godard: Éloge de l'amour 2/ 11.

Godard: Éloge de l'amour 4/ 11.


Godard: Éloge de l'amour 5/ 11.


Godard: Éloge de l'amour 8/ 11.

Godard: Éloge de l'amour 9/ 11.


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Nana Mouskouri - Toi qui t'en vas ( Live)





María Amparo Ochoa Castaños fiel a sus ideales, durante veinticinco años desarrolló una carrera artística impecable. Desde el corrido hasta el bolero, Amparo recorrió y abarcó gran parte del extenso abanico musical de México, imprimiendo su toque personal e inconfundible y transformándose en una de las intérpretes más auténticas que la música popular mexicana haya dado.


JUGAR A LA VIDA
de Amparo Ochoa



por la calle voy chilando el collar de mi pasión
por la calle voy contando las monedas de mi amor
por la calle buscando la humedad de la razón
por la calle voy tirando la envoltura del dolor
por la calle voy volando como vuela el ruiseñor
por la calle cantando con mi traje mi canción

Esto de jugar a la vida
es algo
que a veces duele
Esto de jugar a la vida
es algo
que a veces duele

En mi casa
mi familia se adormila en su sillón
en mi casa
se ha quedado a vivir la tradición
en mi casa
las paredes se respetan como a un dios
en mi casa
hay una iglesia que se llama comedor
en mi casa
a mis padres yo les hablo con su voz
pero a veces en mi casa
el silencio es lo mejor

Esto de jugar a la vida
es algo
que a veces duele
Esto de jugar a la vida
es algo
que a veces duele

En tu casa yo me pierdo yo me encuentro
y al fin soy
en tu casa yo deshago con mis manos una flor
en tu casa yo inauguro hasta el ultimo rincón
en tu casa yo me ahogo con el agua de tu voz
en tu casa hay señales
que me dicen donde estoy
pero a veces en tu casa yo me encuentro y no soy

Esto de jugar a la vida
es algo
que a veces duele
Esto de jugar a la vida
es algo
que a veces duele

Y de nuevo en la calle me remiendo la ilusión
Y de nuevo en la calle yo me muerdo el corazón
Y de nuevo en la calle yo me vuelvo aparador
y me ofrezco en barata sin abono sin fiador
Y de nuevo en la calle yo me creo lo que soy
y pintandome de bueno
voy cantando mi canción

Esto de jugar a la vida
es algo
que a veces duele
Esto de jugar a la vida
es algo
que a veces

duele


Espero no haberme equivocado en la transcripción de la letra. Lo hice de un tirón. Amparo Ochoa, una mexicana como Chavela Vargas (porque no había nacido en México, pero fue su pais de adopción), y que ya murió hace unos años (muy joven) y nos dejó ésta hermosisima canción.

(Encuentros 1 .com.arg sábado, julio 15, 2006)


Amparo Ochoa Jugar a la vida



MARÍA AMPARO OCHOA CASTAÑOS (1946 - 1994)
BIOGRAFIA
Miembro de una generación de intérpretes y compositores que tuvo su origen en la década de los sesenta, Amparo Ochoa emergió desde un principio como la gran figura de la entonces naciente Nueva Canción.
Los 25 años de su trayectoria artística fueron marcados por el signo de una entereza inquebrantable.
Fiel a sus ideales, asumió con profunda responsabilidad el llamado de su propia conciencia para ir de pueblo en pueblo, de plaza en plaza, de lugar en lugar y dejar en cada parte su testimonio de lucha, la convocatoria a conquistar un mundo más justo, a no deponer la dignidad y a ondear siempre la bandera libertaria.
El hecho de que desde pequeña en su tierra natal, Sinaloa, sus familiares la hayan rebautizado con el nombre de "Vida", encierra en sí un símbolo que va más allá de la llaneza de un apodo, pues es la vida lo que departió en cada canción que interpretó.
Ya lo dijo Elena Poniatowska: "Al igual que otros toman su fusil, Amparo Ochoa va con su voz anunciando la buena nueva, pregonando el día de la liberación, el día en que nadie sea esclavo y que a ningún niño le falte su cometa".
La firmeza de sus principios la alejaron de intereses comerciales y de afanes protagonistas, sacrificando así la posibilidad de la fama y el dinero a cambio de su gusto por cantar a la tierra, al amor y al desamor, a los retos del hombre y de la mujer, a las tradiciones y costumbres, a los injusto y a la esperanza. Y lo hizo con una diversidad musical tan amplia que sólo puede reconocerse en voces que, de tan prodigiosas, resultan extrañas.
Amparo Ochoa es más que la nueva canción, es más que el folklor o el neofolklor. Amparo Ochoa es su actitud, lo suyo como mujer, como madre, como hija, como hermana; como ciudadana del mundo esparciendo el lenguaje de la solidaridad; como vocera y representante fiel de los más caros anhelos de todos los pueblos. No es gratuito que el cancionero popular universal la registre como uno de sus principales exponentes.
El estilo abierto, carácter y gallardía de Amparo Ochoa están contenidos en todos y cada uno de sus discos, invaluable legado cultural que trasciende la etiqueta de canciones al erigirse como documentos vivos, pues en ellos están expresados el dolor, la alegría, el coraje, la pasión y la ilusión, no sólo del pueblo mexicano, sino también el de toda América Latina, o el del viejo continente, a donde llevó la hermandad de estas tierras.
Esa es su herencia y a la vez su voz de presente.
Amparo Ochoa y Gabino Palomares
Maldicion de Malinche


AMPARO OCHOA / "Cuando Agosto era 21" Mujer 1985

AMPARO OCHOA MI LIBERTAD