Botero desciende al infierno de Abu Ghraib
El pintor colombiano combina en Vigo la alegría del mundo circense y el drama de la tortura humana.

"Pesadilla

"Estuve 14 meses pintando, sumergido en una especie de pesadilla", explica el artista de Medellín. La rabia espoleaba su creatividad. "Sentía la necesidad de denunciar aquel horror, que el país que se presenta ante el mundo como modelo de compasión y democracia utilizase los mismos métodos que el régimen de Sadam Hussein". Botero intentó ceñirse a la realidad. Su intención durante todo ese tiempo era reconstruir con absoluta fidelidad a los hechos lo que estaba ocurriendo en aquella cárcel de Bagdad. "No inventé nada, todo lo que aparece en los cuadros (los perros rabiosos, los prisioneros sodomizados, los soldados meándose sobre los reclusos…), lo leí en la prensa o lo vi en la televisión", advierte el artista. La única licencia que se permitió es el orondo volumen de todos los personajes retratados, inconfundible rasgo en toda su producción pictórica.

La obra sobre Abu Grahib ha recorrido diversos museos de Europa, pero su autor tenía claro desde el principio que sus pinturas debían exponerse en Estados Unidos. La Universidad de Berkeley, en California, cuna de la de intelectualidad demócrata norteamericana, propició que su objetivo se cumpliera, organizando una muestra con la serie de lienzos pintada por Botero. "La acogida fue excelente", recuerda el pintor. En Nueva York, sin embargo, el pintor y la galería donde también expuso su testimonio personal de las torturas sufrieron la hostilidad de los sectores más conservadores de la sociedad estadounidense. Ambos recibieron numerosas amenazas durante el periodo por el que se prolongó la muestra.

Finalmente, los cuadros que integran la serie Abu Ghraib han sido donados a la Universidad de Berkeley, en California. Fue un gesto del pintor que saldaba una especie de deuda moral. "Ellos tuvieron la osadía de mostrar mi obra en los Estados Unidos y yo quería agradecérselo de alguna manera". Además, Botero en ningún momento pensó vender estos lienzos: "No podía comerciar con el dolor humano".



Botero desciende al infierno de Abu Ghraib