Historia de Lili Marlen
Cuando en 1939 Norbert Schultze y Hans Leip compusieron esta triste canción, jamás imaginaron que les salvaría la vida, el nombre, acaso el honor, después de la peor masacre que el hombre acometió contra el hombre en lo que va de la historia de la humanidad. Menos aun si ubicamos que ellos, ambos, estaban en el bando de los malos. La canción era pequeña, menor, y llegó a manos de una cantante con aspiraciones, módicas por cierto, llamada Liselotte Helene Berta Bunnenberg, cuyo nombre artístico en la Berlín de pre guerra era Lale Andersen.
Norbert Schultze era un compositor del régimen. Un vivillo apolítico que terminó siendo funcional al régimen nazi. Schultze se afilió tempranamente al Partido Nazi porque “todos lo hacían” y eso le permitía “trabajar sin contratiempos”, según él mismo relataría tiempo después de terminada la guerra. Su aparente inocencia no era lo mismo vista desde el otro lado del escritorio de la Oficina de Propaganda: Schultze fue encomendado con varios pedidos para el régimen, que cumplió sin culpa y con efectividad alemana, a los efectos de halagar al nuevo orden y a la revolución nacional. Así compuso la música de la película Feuertaufe, sobre la invasión nazi de Polonia; la banda sonora del film Bomben auf England, sobre la batalla de Inglaterra; a petición del “Zorro del Desierto”, el general Erwin von Rommel –lubricada con el envío de café y licores hechos por el mariscal– compuso la marcha “Panzer rollen Afrika”; y con motivo de la proclamación hecha por el ministro de Propaganda del Reich, Alfred Goebbels, de la guerra total, compuso “¡Führer befieh!” (“Manda el Führer”). En total, Schultze entregó una producción de 25 canciones patrióticas a sus mecenas, sin sentir el menor remordimiento.
A cambio, y antes de prodigarle tal producción a la “Nueva Alemania”, el presidente de la Cámara Musical del Reich, el profesor director de orquesta Peter Raabe, incorporó a su colega en la lista de “artistas creadores” que debían estar exentos del servicio militar que, como ya sabemos, conllevaba ciertos riesgos en la época.
En 1967 declaró a Derek Jewell del New York Times: “No puedo arrepentirme de haber escrito todas esas melodías. Eran exigencia de la época, no mía. Otros disparaban, yo escribía canciones”. Y en la película Den Teufel an Hintern geküsst (“Le besaste el culo al diablo”) de Arpad Bondy y Margit Knapp, donde el compositor de “Lili Marleen” cuenta su vida, explica que él es “alguien promedio, un músico de consumo” y cuenta sin culpa alguna que “mi éxito se lo debo a que los compositores judíos perdieran su trabajo y a mi apellido ario”.
Lejos de ser un nazi convencido al estilo de Leni Riefenstahl, ni del escultor Arno Breker, y más lejano aun que el compositor Carl Orff, cuyo más promisorio (y oculto) producto de su militancia nazi fue la excelsa y archifamosa “Carmina Burana” (compuesta originariamente para acompañar las evoluciones de los gimnastas arios en las Olimpíadas del ‘36, según recuerda con tino Diego Fischerman), Schultze podría haber servido a cualquier régimen que se lo pidiera, sea el nazismo, el stalinismo o, quizás, la dictadura militar argentina.
Distinta fue la suerte de Hans Leip, autor de la letra de “Lili” (esa que fue cambiada, bastardeada, amada, idolatrada, llorada por millones de hombres en armas, al mismo tiempo, en distintos frentes, en la misma guerra). Cuando caía el régimen, Leip huyó de una Alemania a punto de fenecer, sitiada, hambrienta, que se defendía con un ejército acabado y “engrosado” con púberes y ancianos. París (liberado) fue su destino.
Las tropas norteamericanas, al mando del general del ejército de ocupación aliado, Dwight Eisenhower (posteriormente presidente de los Estados Unidos), ingresaron a París marchando y canturreando “Lili Marlene”, en 1944. Durante la inspección a la División Regenbogen, en Tirol, Eisenhower supo que Leip se encontraba allí. Y quiso conocerlo. Cuenta la leyenda que el general pidió a su ayudante que le llevase a ese hombre. “Son las 10, general, hora en que suele irse a la cama”, informó el asistente sobre las costumbres de Leip. Eisenhower le respondió: “No lo molestemos entonces, es el único alemán que durante la guerra alegró al mundo entero”.


"Para entonces(IIGuerra Mundial), se escuchaba en más de 20 idiomas, también en los frentes donde combatían los alemanes. De esa manera las tropas germanas siguieron soñando con esa muchacha, que esperaba bajo el farol, frente al cuartel."






LA VERDADERA HISTORIA DE “LILI MARLEEN”

Canción para mi muerte

Los Afrikan Corps se enfrentaron a Goebbels con tal de seguir escuchándola. En el frente ruso se cantaba a ambos lados de Stalingrado. Los soldados japoneses la cantaban en el frente del Pacífico. Y los aliados la tarareaban cuando entraron a liberar París. Cómo fue que “Lili Marleen” se transformó en la canción favorita de todos los bandos durante la Segunda Guerra Mundial.


Por Sergio Moreno

“Solamente una batalla perdida puede ser la mitad de triste que una batalla ganada”, supo escribir en 1815 el Duque de Wellington, vencedor de Napoleón en Waterloo. Él, Wellington, no sabía que, acaso, más triste aun iba a ser una canción símbolo de la guerra, de la esperanza de salir con vida de la próxima batalla, de la certeza sobre una mujer que espera bajo un farol, frente al cuartel, a pesar de la altísima chance de no regresar nunca jamás.

¿Cómo pudo aquella canción, en medio de la peor guerra que acometió la humanidad, ser la idealización de los soldados de todos los ejércitos de la contienda? ¿Cómo pudo cuadrarle a un soldado alemán, a un oficial inglés, a un cabo norteamericano o a un capitán-samurai japonés, por igual? ¿Qué fue lo que movió la fibra más íntima de aquel combatiente italiano, del teniente francés, o del partisano yugoslavo? ¿Y del coronel ruso que, tras las ruinas de Stalingrado, esperaba, escuchando con lágrimas en los ojos aquella canción, asesinar al invasor alemán que, oyendo la misma canción, apretaba la mano helada sobre la Luger que utilizaría sin dudar para aniquilar al eslavo?

Lili Marleen, en alemán, o Lili Marlene en inglés, o Lily Marléne en francés. La canción, escrita por Hans Leip, compuesta por Norbert Schultze y angelicalmente cantada por Lale Andersen, fue la alquimia que produjo tal prodigio, una canción que barrió las fronteras y las trincheras, que apretujó el corazón de los soldados que, quizás, minutos después de escucharla, se mataron entre ellos.

Lili, Lili. “Vor der Kaserne/ Vor dem groBen Tor...”, escuchaban los alemanes; “Dame una rosa y estréchala sobre mi corazón”, cantaban los italianos; los franceses recordaban “Delante del cuartel, cuando el día se va...”; y los japoneses, heroicos y suicidas, “Por ti quiero luchar, morir, resucitar...”. Para los ingleses, nostálgicos de la lluvia y el verde de su isla, sonaba como “...was there that yor whispered tenderly, that you loved me, you’d always be... my own Lili Marlene”. Y así en 27 idiomas, en todos los frentes, en todo el mundo en guerra, entre los escombros, con los cuerpos a medio enfriar de los muertos alrededor, con las llamas enrojeciendo el contorno gris de las ciudades bombardeadas, entre los llantos y los gemidos de dolor, por sobre todo, cuando la voz mágica y melancólica de Lale Andersen –o su intérprete en el idioma escogido, que bien podría ser Marlene Dietrich, o Greta Garbo, o Bing Crosby o...– se erguía, cuentan, todo se detenía, la matanza, el gemido, el llanto, el dolor. Y la nostalgia lo abarcaba todo, los ojos se fijaban en la nada y cada uno entraba al mundo “Vor der Kaserne/ Vor dem groBen Tor...”, esa chica esperando frente al cuartel, bajo el farol, a que regrese su amado, ese amado que trasladado al frente la recuerda a ella, parada frente al cuartel, bajo el farol. ¡Ay, mi alma!

Una canción de amor, simple, con los acordes ajustados, suave, tierna. Lili Marleen.

La traducción castellana del ensueño dice, más o menos, lo siguiente:

Bajo la linterna,
frente a mi cuartel
sé que tú me esperas,
mi dulce amado bien...
Y tu corazón al susurrar
bajo el farol, latiendo está...
Lili, mi luz de fe.
Eres tú, Lili Marlene

Cuando llega un parte
y debo marchar,
sin saber querida
si podré regresar...
Y sé que me esperas siempre fiel,
bajo el farol, frente al cuartel...
Lili, mi luz de fe.
Eres tú, Lili Marlene.

Si en el frente me hallo
lejos ¡ay! de ti,
oigo que tus pasos
se acercan junto a mí...
Y sé que allá me esperas tú
junto al farol, plena de luz.
Lili... mi dulce bien.
Eres tú, Lili Marlene.



"La cancion màs impactante de amor del siglo pasado y es posible de todos los siglos sea Lili Marlene .Solamente esta canciòn ha logrado el milagro de ser cantada por ejercitos enfrentados . ¿Existe acaso en la historia de la humanidad algo parecido? Al saber y entender este "milagro" podemos soñar que todo es posible; hasta conquistar la felicidad. Ese es el sentido de este blogg.
(Santos Garcìa Zapata)



Louis Charles Auguste Claude Trénet (1913-2001), más conocido como Charles Trenet, fue un compositor y cantante francés llamado por algunos "el padre de la canción francesa".

Su canción más famosa "La Mer" (El Mar), la cual según la leyenda compuso junto
a Leo Chauliac en un tren en 1943, fue grabada por primera vez en 1946.

Es una bellísima canción que ningún visitante a Paris en la década de los 50-60-70 ha dejado de escuchar y recordar.


Artist
a : Charles Trenet
Nombre de la Cancion Traducida: El mar


El mar

El mar
que se ve bailar a lo largo de claros golfos tiene reflejos de plata.
El mar con reflejos que cambian bajo la lluvia.
El mar en el cielo de verano se confunden las nubes blancos con los ángeles puros el mar, pastor azul sin límite.
Mirad,
cerca de los estanques, esos grandes rosales mojados.
Mirad
esos pájaros blancos y esas casas enmohecidas
El mar los a acunado a lo largo de los golfos claros y de una canción de amor.
El mar ha acunado mi corazón para la vida. (Bis)

Artista : Charles Trenet

Nombre de la Cancion : La mer

La mer


La mer
qu'on voit danser le long
des golfes clairs
a des reflets d'argent.

La mer
des reflets changeants
sous la pluie.

La mer
au ciel d'été confond
ses blancs moutons
avec les anges si purs
la mer bergère d'azur infinie.

Voyez,
près des étangs,
ces grands roseaux mouillés.
Voyez
ces oiseaux blancs
et ces maisons rouillées

La mer
les a bercés le long des golfes clairs
et d'une chanson d'amour.

La mer
a bercé mon cœur pour la vie. (Bis)


autor: Charles Trenet