sábado, 1 de noviembre de 2008

Una matanza nazi enfrenta a Alemania e Italia en La Haya

Alemania llevará a Italia al Tribunal de la Haya por una sentencia contra el nazismo
AGENCIAS. 01.11.2008 - 16:38h

Una reciente sentencia del Tribunal Supremo italiano condenó al estado germano a indemnizar a los familiares de una matanza nazi.
La llamada matanza de Civitella, en el centro de Italia, en junio del 44.
Alemania quiere evitar una ola de demandas individuales.
Alemania tiene previsto presentar ante el Tribunal Internacional de Justicia de la Haya una demanda contra Italia en respuesta a la sentencia del Tribunal Supremo italiano que condenó recientemente al estado germano a indemnizar a los familiares de una matanza nazi en 1944.

Según informó este sábado una portavoz del ministerio de Exteriores, el gobierno tiene previsto pedir a La Haya que se pronuncie sobre este caso. El pasado día 21, el Tribunal Supremo italiano condenó a Alemania a indemnizar con un millón de euros a algunos familiares de las 203 personas asesinadas por las tropas de ocupación nazi en la llamada matanza de la localidad de Civitella, en el centro de Italia, el 29 de junio de 1944.

La demanda en cuestión se refiere a varias matanzas de soldados nazis que asesinaron con disparos en la nuca a 203 ciudadanos.


Inmediatamente después, el gobierno alemán recalcó, como lo ha venido haciendo con otros países, que se siente avalado por el argumento de la "inmunidad jurisdiccional". De acuerdo con este principio, las actuaciones soberanas de un Estado, es decir, también las de su ejército, gozan de inmunidad.

Otro de los argumentos esgrimidos por el gobierno alemán en otras demandas similares, como por ejemplo de colectivos de familiares en Grecia, es que los resarcimientos por los crímenes durante la ocupación nazi estaban ya cubiertos por el tratado de paz firmado con Alemania en 1947 y los acuerdos de la Convención de Viena del 1961.

Con ello, Alemania ha querido evitar una ola de demandas individuales. Sin embargo, por parte italiana, el fiscal del caso insistió que estos "acuerdos internacionales no incluyen las indemnizaciones por daños morales de las matanzas nazis y se refieren sólo en el caso de los judíos deportados".

La demanda en cuestión se refiere a varias matanzas de soldados nazis que asesinaron con disparos en la nuca a 203 ciudadanos, entre ellos muchas mujeres y niños, de las localidades de Civitella, Cornia y San Pancrazio, en la provincia de Arezzo (centro de Italia)



13 legendarias parejas de amantes y artistas

Jackson Pollock y Lee Krasner, en 1949, otra atormentada pareja artística. La muestra en el museo alemán se exhibirá hasta el próximo 8 de febrero

Niki de Saint Phalle y Jean Tinguely , otra de las parejas representadas en la muestra alemana, que ilustra la influencia del amor en el arte.



Amor, arte y pasión. Frida Kahlo y Diego Rivera, en una de las imágenes que forman parte de la nueva exposición del Museo Wallraf-Richartz de Colonia, Alemania, dedicada a 13 legendarias parejas de amantes y artistas.


Retrato doble Diego y yo, de Frida Kahlo, una de las piezas de la muestra.












video

Las eróticas mujeres de Helmut Newton

Las eróticas mujeres de Helmut Newton Arcangues, de la serie Special Collection.
Domestic nude, de Helmut Newton.

Berlin nude, de la serie Special Collection.


Fiona Lewis in Los Angeles, de la serie Special Collection.



Sin título, de la serie Special Collection.




Imagen de la serie Cyberwomen.






Imagen de la serie Ciberwomen,





Parlour games.








Foto de la serie Cyberwomen.







La lente erótica. La Fábrica Galería de Madrid presenta una exposición del fotógrafo Helmut Newton, uno de los más innovadores del siglo XX en cuanto a erotismo se refiere. Parte de la muestra es esta imagen, Teacher and Slave.








Putas y princesas


Después de la tormenta siempre viene la calma pero sé que después de ti... después de ti no hay nada...

Insomnio


Insomnio

Pablo E. Chacón

(desde Argentina, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En la era del cerebro, la epistemología neurofisiológica es propietaria del saber sobre la mayoría de los fenómenos que instalan un estado de excepción a una cierta normativa, también perimetrada por esa epistemología. Sin embargo, lo normal y lo patológico, como bien lo definió Georges Canguilhem y su discípulo Michel Foucault, también tiene una historia. La industria biotecnológica y la psiquiatrización de los mundos de la vida, diurnos y nocturnos, son campos que interactúan y compiten para diagnosticar y definir qué es lo normal y qué lo patológico en un tiempo donde la historia llegó a su fin cuando el desciframiento del código genético se convirtió en un negocio millonario en dólares (o mejor, en euros) al establecer vías de acceso a los segmentos del ADN supuestamente afectados y susceptibles de reparación.

Así, desde la diabetes a la conducta criminal podrían convertirse -mediante una nueva parafernalia que combine análisis de la conducta, estudio de costumbres y terapéuticas no invasivas- en objeto de manipulación y cura a lo que se supone no anda o anda mal. Es paradójico que lo normal en estos tiempos sea el insomnio, y lo patológico el buen dormir. Acaso no tan paradójico: el ruido, el estrés, el miedo a perder reconocimiento, prestigio, todo eso que los medios valoran, incluso la identidad y la personalización de la identidad, ese miedo suele pensarse como inductor de insomnio. Pero como no se trata de trabajar sobre células, la corporación farmacéutico-psiquiátrica ha despachado al insomnio mediante la multiplicación de ese miedo y sus remedios o placebos: ansiolíticos y antidepresivos para dormir y mantener a raya la ansiedad. El insomnio del que habla ese libro no es la experiencia del no dormir sino la del no poder dormir. Si se puede decir en esos términos, padecí ese insomnio por más de tres años. La experiencia, que se puede practicar como juego, resulta demoledora: pasarse más de cinco días sin dormir no es conveniente y tampoco glamoroso, pero pasarse cinco días sin dormir porque no se puede dormir, es una versión módica del infierno. Las soluciones a mano son las pastillas la lectura, las caminatas nocturnas, el ejercicio diario, más pastillas, el dormitar de día, unas horas a la noche (pobladas de pesadillas, que obligan al insomne a reprimir el cuento de que durmió pero está más cansado que si no lo hubiera hecho), más pastillas y a la hora de los bifes, el laboratorio del sueño (el único lugar donde dormí ocho horas sin sueños pero desperté descansado). Estuve vigilado y monitoreado. ¿Eso me tranquilizó? Eso decía Perón, que los hombres son buenos pero si están vigilados son mucho más buenos. El problema era que resultaba innecesario porque no había indicadores patológicos, no había manchas que indicaran agujeros en el cerebro o tumores o cosas raras. Ese insomnio podía ser derrotado, con suerte, con ciertos ejercicios y rutinas: horas para acostarse, levantarse, determinados alimentos. Pero ni así. Así que volví al psicoanálisis y hablé del insomnio hasta quedarme sin hipótesis y sin la excusa de las drogas. Pasé a otro tema cuando había vuelto a dormir, pero me di cuenta después. Entre otras cosas, que duermo poco, y que vivir sin soñar, ese encadenamiento del pasado y del futuro anterior que es un teatro filosófico, es la válvula que abierta, permite que el vigilante que nos divide se escape y vuelva antes de las nueve, aunque uno crea que son las tres.