Secretos sexuales: El pudor de una fantasía
Un secreto sexual es algo así como una fantasía que no se confiesa por miedo al ridículo (a), a no ser entendido (a), a que piensen que está loco (a), o peor aún, a que se es un depravado(a). Esa autocensura (en su mayoría perfectamente posibles y terrenales), deja fuera de juego muchas escenas creativas que sólo necesitan la autorización de la pareja para hacerse realidad y que podrían poner una buena cuota de sal y pimienta al sexo.

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La capacidad de ensoñación y de fantasear en diferentes ámbitos de la vida es un derecho y la sexualidad es uno de los terrenos más fértiles y entretenidos de explotar en este sentido. Sin embargo, muchas de estas fantasías permanecen en reserva, no se cuentan y menos se practican.
Interpretaciones sicológicas hablan de conflictos de poder dentro de la sexualidad, estereotipos que encierran a la pareja en roles que impiden transparentar sus deseos y, por supuesto, ejecutarlos.
En la medida que los deseos sean comunicados a la pareja y conversados, inmediatamente se abre la posibilidad de realizarlos (en los que eso sea posible) porque, tal vez, la pareja desee lo mismo, no lo encuentre “decabellado” o tenga sus “secretos” propios.

El control de la cama

Muchas de las causas para esta censura sexual radica en los roles sociales que los hombres, mujeres y las parejas adoptan, impidiendo comunicar deseos sexuales legítimos que muchas veces tiene que ver con el control que ejercen o dejan de ejercer en sus vidas.
Según la doctora Charley Ferrer, consejera y autora de “El Diario Para La Mujer Sensual”, en hombres y mujeres surge la necesidad por no sólo tener el control de su sexualidad, sino también por dejar el control. “Es el intercambio de poder sexual que muchas mujeres sienten haber perdido en su juventud o que nunca obtuvieron completamente y muchos hombres quieren dar a cambio”.
“Muchos hombres (especialmente aquellos en poder o en posiciones en control) desean poder dejar el papel de estar en control y permitir a sus parejas tomar el control de la situación. Esto no sólo indica la confianza que él tiene en ella, sino también el deseo de que su pareja se exprese sexualmente. (Esto en ninguna forma resta su poder, sino lo fortalece, ya que únicamente una persona lo suficientemente segura es capaz de abandonar su propio control). Esta es una posición muy poderosa y erótica para una mujer si ella lo permite”, agrega la doctora Charley Ferrer.
Por eso olvidar viejos mitos y viejas normas sobre lo que un hombre o una mujer deben ser o hacer en la habitación debe ser la ley para iniciar las conversaciones que los lleven a diseñar un juego sexual en colaboración con la pareja para cumplir con esos “deseos secretos”, que redundará no sólo en una relación estimulante, sino también fortalecedora.
Aquí, la capacidad de comunicación y paciencia son la única recomendación posible, porque a la hora de llevarlos a la práctica habrá nervios y la escena esperada no saldrá como planeó, pero eso no importa, de ninguna forma se desanime, lo entretenido es practicar hasta quedar conforme.


¿Qué tienen en común Chávez y Lacan?

Ernesto Laclau se ha convertido en un referente ineludible de la filosofía política. Estudioso y defensor de los nuevos sentidos del populismo, en Debates y combates polemiza con Zizek, Badiou, Agamben y Negri, mientras otro libro que lleva su nombre recopila ensayos sobre su obra.
Por Gabriel Lerman


Debates y combates
Ernesto Laclau
FCE
140 páginas
Laclau.
Aproximaciones críticas a su obra
Simon Critchley y Oliver Marchart
FCE
170 páginas

En la madrugada del 13 de abril de 2002, la confusión invade capilarmente Caracas, la mayoría de los pueblos y ciudades venezolanos y el resto del mundo. El golpe de Carmona y Fedecámaras manifiesta que el presidente ha renunciado mientras los ricos y las clases medias de Cachao y Altamira festejan. Pero el rumor corre por las barriadas: “Chávez no ha renunciado, está secuestrado”. Durante el día, más y más personas se acercan a las puertas del Palacio Miraflores a exigir la libertad del líder. Hay un momento que los documentalistas irlandeses de RTE, que se hallaban en el lugar haciendo una investigación sobre Chávez, inmortalizaron en La revolución no será transmitida: la presión popular se combina con los efectivos de la Guardia Nacional –leales al presidente– y ganan la pulseada. Desde los jardines del palacio se ve cómo los oficiales de uniforme verde oliva y boina roja, que habían quedado como custodios involuntarios de los golpistas, se hacen señas, deciden retomar el control y desalojarlos. Ese momento marca el fin del brevísimo golpe a Chávez, su regreso, y también exhibe otra cosa: una alianza política entre el pueblo y su ejército.
¿Sería la misma la historia reciente del continente de no haber sobrevivido Chávez? Ahora bien, más difícil es responder qué tiene en común Hugo Chávez con Jacques Lacan. ¿Chiste porteño de Villa Freud?
De un tiempo a esta parte, si el término populismo no parece un extravío y lo que mantiene de incorrecto es precisamente lo que alienta su verdadera productividad, se debe en buena parte al empeño intelectual de Ernesto Laclau. Profesor en la Universidad de Essex desde hace 30 años, de joven militó primero en el Partido Socialista Argentino y luego en el Partido de la Izquierda Nacional junto a Jorge Abelardo Ramos. Sociólogo e historiador, asistió a clases de Borges, Rodolfo Mondolfo, y colaboró con Gino Germani y con José Luis Romero. En 1969, Eric Hobsbawm lo convidó a estudiar en Oxford y se instaló en Inglaterra. Laclau no sólo se manifiesta con gran expectativa frente al proceso político que vive América latina sino que además suele mantener entrevistas personales con varios de sus líderes. En la introducción de Debates y combates, señala: “Es para mí un motivo profundo de optimismo que después de tantos años de frustración política nuestros pueblos latinoamericanos estén en proceso de afirmar con éxito su lucha emancipatoria. Es este nuevo horizonte político el que ha estado en la base de mi reflexión al escribir estos ensayos”.
En Debates y combates, Laclau despliega cuatro rounds de ¿esgrima?, ¿truco?, ¿bridge? con variados contendientes: Slavoj Zizek, Alain Badiou, Giorgio Agamben, Michael Hardt y Antonio Negri. Los temas que discute con ellos son el populismo, la lucha de clases, la teoría marxista, la emancipación, la modernidad, la política, las propias categorías de situación y acontecimiento, en palabras de Badiou. La regla general pareciera ser una búsqueda obstinada de pervivencia de lo político en un sentido moderno, donde el discurso adquiere una sustancialidad extraordinaria, acaso el lugar y el vehículo, la arena donde se realizan las luchas por el sentido. A propósito de Lacan, para Laclau la sujeción al lenguaje vendría a indicar al discurso, al lenguaje político como el cuadro, el marco y la existencia, el devenir de la política. La cantera y la fragua, el latido y el efecto.
En la polémica con Zizek, Laclau explicita que nociones como “distorsión ideológica” o “falsa conciencia” frente a una conciencia verdadera que nos aguarda como destino superador, son incompatibles con su idea de populismo. Según él, la relación entre el concepto de hegemonía y el objeto de Lacan consiste en que lo pleno sólo puede ser tocado a través de su investimiento en un objeto parcial. Y esa parcialidad no es una parte de la totalidad, un fragmento, sino que es en sí misma la totalidad. Se accede a un universal a través de un particular. Lo pleno, la Cosa freudiana, es inalcanzable, dice Laclau. Es tan sólo una ilusión retrospectiva que es sustituida por objetos parciales que encarnan esa totalidad imposible. La simbolización política, la construcción de prácticas y discursos políticos no son un desvío, una falsedad, un lastre, sino la razón de ser de la política. Ese particular, hoy, sería el populismo. Plantear un recusamiento de la política por su carácter engañoso es lo que Laclau denomina la liquidación ultraizquierdista de lo político. Del otro lado del plano alguien podría querer abolir o mutilar la política por ser la escena del chusmerío, de la sanata. Casi por ser el último lugar de la palabra pública. Laclau ha dicho que populismo son las demandas de los de abajo que todavía no están demasiado inscriptas en el discurso político, pero que empiezan a expresarse.
El otro libro, que esta vez lleva a Laclau en el título, es un conjunto de ensayos que intentan una aproximación teórica a su obra. Compilado por Simon Critchley y Oliver Marchart, incluye artículos de ellos mismos y más de una decena de intelectuales, entre los que se cuentan discípulos y colegas, un intercambio específico entre Laclau y Judith Butler y, por último, una respuesta del filósofo argentino a cada una de las críticas planteadas por los autores. Mientras que el primer libro oficia de llave de acceso a un debate de la teoría política relativamente identificable en los últimos años, el segundo opera sobre un vasto panorama de los conceptos que Laclau ha venido trabajando en un plazo mayor. Es sin duda el segundo una obra crítica de una amplitud erudita, de laboratorio, cuyo interés dependerá del deslinde y las pertinencias que el índice ofrece.
¿A quién daña el llamado populismo? Laclau devuelve la política a espacios y tiempos reconocibles de lucha, de contienda, conflicto y persuasión. Cuando las demandas de las bases no encuentran inscripción en los modelos institucionales, dice, se da la identificación colectiva en la figura aglutinante del líder. Reducir eso a fascismo es desconocer la historia de las relaciones políticas.
RADAR LIBROS

DOMINGO, 26 DE OCTUBRE DE 2008
DEBATES
Autorretrato de Pierre et Gilles. 1984
Nina Hagen como la diosa Kali. 1989

Un poco de amor francés
Pierre y Gilles son una pareja de artistas franceses que exploran y reinventan imágenes populares que van mucho más allá del kitsch y la cultura gay, destinadas, según ellos mismos, a ver la vida de manera más amplia, a “tratar de comprender las diferencias”.

. La pareja lleva trabajando de forma conjunta desde 1976, y forma un tándem único en la escena artística internacional. El aspecto más erótico y transgresor de la obra de Pierre et Gilles aparece a menudo en sus obras, aunque ellos mismos admiten que si esas imágenes pueden resultar ofensivas no hacen de ello una causa. "Cada país tiene sus tabús y el artista tiene unos límites que no debe traspasar, por lo que en los países donde algo puede resultar ofensivo lo evitamos", reconoce Pierre.



A Roland Barthes le gustaba decir que la función de la fotografía no era la representación sino la memoria, ayudaba a recordar aquel mundo perdido que ya no es. En estos tiempos en que la Europa más reaccionaria apuesta por la homogeneización y el estereotipo, hay una pareja de artistas franceses que intenta romper ese paradigma, trabajando con las imágenes del mestizaje y la pluralidad, un mundo perdido que habla de la mezcla y la diversidad. Desde hace más de 30 años, Pierre y Gilles subvierten la ilusión kitsch y las tradiciones iconográficas para hablarnos de nosotros mismos, de nuestras aspiraciones, de nuestros valores, de nuestros sueños, de nuestros banales anhelos de lujo, poder y, sobre todo, de la diversidad sexual. Cuerpos, lugares, culturas, tabúes, mitos, deseos, todo se agita y se mixtura en sus retratos para construir una memoria fotográfica de la tolerancia.

París era una fiesta


Pierre Commoy vivió toda su infancia en un claustrofóbico pueblito de la región del Loira y llegó a París en 1974. Tenía 24 años y había estudiado fotografía en Ginebra. “Cuando era niño, tenía plantas artificiales de colores y fotos de Sansón y Dalila en mi cuarto, y eso era una provocación dentro del mundo cerrado que era mi entorno: mis padres eran el paradigma del buen gusto francés.” A los pocos meses de haber llegado, Pierre empezó a trabajar para revistas como Interview o Rock & Folk, donde retrataba a estrellas de la talla de Andy Warhol o Yves Saint Laurent. Casualmente, ese mismo año, Gilles Blanchard también llegó a la capital francesa desde Le Havre, un puerto de Normandía, y comenzó a trabajar como ilustrador y decorador. Pierre y Gilles pasaron dos años moviéndose por las mismas calles sin llegar a conocerse, hasta que un amigo en común los presentó en el otoño de 1976, en un desfile de modas. “Nos advirtió que íbamos a tener mucho en común. Y, efectivamente, nos pasamos toda la noche hablando.” Amor a primera vista. A las pocas semanas de conocerse ya compartían un departamento en la calle Blancs-Manteaux y nunca más se separaron.

La historia cuenta que por aquellos años, en paralelo a sus trabajos en prensa, Pierre solía fotografiar a sus amigos como hobby y que, cansado porque los colores de los retratos no terminaban de obtener la intensidad que esperaba, se le ocurrió que Gilles pintara encima, lo que fue la semilla de su particular estilo. Su primera serie a dúo, Muecas (1977), con el desquiciado retrato del salvaje Iggy Pop travestido cual Kent de oficina, les trajo una inesperada popularidad en los cerrados círculos de arte. “Es cierto que cuando empezamos lo que se imponía era el arte conceptual, imágenes en blanco y negro, muy intensas. En ese contexto, nuestro discurso era rupturista; pero, en todo caso, ser iconoclastas nunca fue el objetivo. Pese a las críticas, encontramos nuestro verdadero lugar en las revistas y en la moda.” Campañas gráficas para los desfiles de Thierry Mugler, colaboraciones para revistas como Marie Claire o Playboy y artes de tapa para discos de Etienne Daho, Amanda Lear o Marie France fueron algunos de sus primeros trabajos. Pierre y Gilles comenzaban su meteórica carrera.
Artesanía pop


Herederos de la tradición estética de los provocadores ingleses Gilbert & George, desde sus inicios, la pareja apostó por el trabajo artesanal a cuatro manos: Gilles construye los decorados y Pierre ilumina y hace la foto; y una vez revelada, Gilles pinta minuciosamente, pincelada a pincelada (cero uso de procesos digitales) una única copia hasta conseguir su particular aura de irrealidad. “Creemos que el artista sólo se expresa cuando controla todo el proceso creativo y por eso nos sentimos herederos del trabajo artesanal. Las máquinas digitales de ahora ya no permiten volar. Son mucho menos románticas.” Su exuberancia, su barroquismo, los decorados de plástico y su reciclaje de la utilería sadomasoquista de muchas de sus obras conectaban con una estética más amplia que se de-sarrolló durante la segunda mitad del siglo XX, desde la cultura queer y el Orgullo Gay hasta el estilo de diseñadores como Jean- Paul Gaultier, con quien compartían el gusto por la iconografía marinera como una de sus principales fuentes de inspiración.

Durante los años ’80, sus barrocas e hiperbólicas fotopinturas saltaron las fronteras del arte comercial al que habían sido inicialmente confinadas. “No nos suele gustar el reflejo de nuestro estilo en la publicidad. El resultado acostumbra a ser vulgar, tosco y superficial. Es una caricatura de lo que somos y de lo que hacemos. En cambio, el mundo del arte siempre es bello y desprejuiciado.” De las portadas de discos, las publicidades y las revistas, pasaron a las galerías. Su primera exposición fue en 1985 y los ecos de sus radiantes puestas en escena se colaron por los resquicios del cine, el teatro y la música. Sus obras reinventaban el arte del retrato. De pronto, las principales celebridades del espectáculo hacían cola para aparecer en sus fotos. Desde Boy George hasta Marc Almond, pasando por Madonna, Erasure y Catherine Deneuve, ninguna quería quedar fuera del foco de la pareja. Incluso Michael Jackson, en la cima de su popularidad post Thriller, les propuso trabajar en un libro íntegramente dedicado a su imagen, aunque finalmente Pierre y Gilles rechazaron su propuesta. El vanidoso Rey del Pop no sabía que cada obra se retocaba a mano, y no podía imaginar que completar las 70 imágenes que ansiaba hubiera significado tres eternos años de trabajo.

Retratos de la tolerancia


En los ’90, la pareja dirigió su mirada hacia el santoral cristiano: retratos de Nina Hagen caracterizada como una Virgen María sacada de una superproducción bíblica de Hollywood, o la de un musculoso joven musulmán recreando la leyenda de San Sebastián les valieron cientos de elogios y críticas. “Fuimos censurados por algunos intolerantes, pero también recibimos cartas de curas y de personas muy religiosas a las que les gustaban mucho nuestros cuadros de santos. Incluso nos hacían propuestas para que los expongamos en iglesias.” Pero la voracidad de su lente no se limitó sólo al cristianismo: el Islam, el budismo, el hinduismo, las divinidades griegas y los mitos también fueron explorados por el dúo. Sin dejar de centrarse en el personaje retratado, que siempre es el eje de la imagen, empezaron a introducir escenarios más elaborados y a añadir capas y capas de referencias simbólicas. En su famosa obra El abrazo entre David y Jonathan, el erotismo a flor de piel de un joven judío y otro musulmán parecen derrotar el conflicto entre ambos pueblos.

En los últimos años, el foco de Pierre y Gilles también se ha posado sobre la violencia y la intolerancia en el mundo, donde la guerra en Irak y el Holocausto han sido sus grandes temas. Construyen imágenes de cuerpos que habitan un espacio intencionalmente artificioso, poblado de brillantes lentejuelas y luces de neón, como si a través del artificio intentaran engañar al tiempo oscuro que nos toca vivir. “Hay gente que nos tacha de provocadores, pero creo que más que una provocación, nuestras obras expresan una forma de ver la vida de forma más abierta y comprensiva. Nuestro trabajo se dirige a todo el mundo y trata de comprender las diferencias. Es un alegato por la tolerancia.”

Patrick Swayze, en el rodaje de 'The Beast'. (Foto: Wappy)

Patrick Swayze: "La quimioterapia es como una batalla o el infierno"
20MINUTOS.ES. 30.10.2008


El actor está sometido a un tratamiento contra el cáncer del que intenta evadirse trabajando en su nueva serie, 'The Beast'.El protagonista de 'Dirty dancing' y 'Ghost' toma a diario batidos de vitaminas para intentar recuperar los 20 kilos que perdió con la enfermedad.



El actor Patrick Swayze, mítico protagonista de filmes como Dirty dancing, ha hablado sobre el cáncer de páncreas que padece, y contra el que lucha.

Hace meses, cuando le diagnosticaron el cáncer, los médicos no le dieron demasiado tiempo de vida, apenas cinco semanas. Ahora el actor ha demostrado que se puede luchar, y explica los pormenores de su pelea contra la enfermedad en la primera entrevista que concede tras el anuncio de su enfermedad.

Swayze se encuentra inmerso en el rodaje de The Beast, en el que trabaja doce horas al día."La quimioterapia es una batalla, es un infierno", reconoce el actor al diario New York Times. Además, el actor aseguró que intenta relajarse y evadirse del mal rato y de los síntomas que le produce el tratamiento trabajando en su nueva serie.

Swayze se encuentra inmerso en el rodaje de The Beast, en el que trabaja doce horas al día. En esta producción se trata el trabajo diario del FBI y Swayze interpreta a un miembro de este cuerpo. "¿que pasa, acaso no estoy preparado para trabajar?. Yo no he cambiado, sigo siendo el mismo", se queja el actor.

Su tumor en el páncreas le fue extirpado, aunque se le está dando quimioterapia.La enfermedad y su tratamiento han hecho mella en el aspecto físico del actor, que toma batidos de proteínas para su recuperación física. De este modo, según asegura, ha conseguido recuperar parte de los casi 20 kilos que perdió al comenzar el tratamiento ya que, además, le ayudan a aumentar su masa muscular.

Su tumor en el páncreas le fue extirpado, aunque se le está dando quimioterapia ante la posibilidad de que haya quedado algún quiste. Por ello, nadie quiere echar las campanas al vuelo. En todo caso, la trayectoria es muy positiva teniendo en cuenta que el pasado mes de marzo se publicó que el protagonista de Ghost se enfrentaba a la muerte de forma inminente. "Soy un tío milagroso, no sé por qué" asegura el actor.
Cuerpo de uno de los primeras víctimas de las pateras, en Tarifa (1988).
20 años y 12.000 sueños muertos
D. FERNÁNDEZ / JUANMA LÓPEZ. 30.10.2008 - 08:08h


Se cumplen 20 años de la llegada de la primera patera con víctimas.Más de 158.000 inmigrantes han arribado a España.Unos 12.000 han muerto en el intento.
Fue penoso, trágico, morir por buscar un mundo mejor". Quien habla así es Antonio Ruiz , de 62 años. El 1 de noviembre de 1988 era alcalde de Tarifa (Cádiz). Ese día, su pueblo adquirió fama internacional. Una patera con 23 inmigrantes marroquíes a bordo naufragó en la playa de Los Lances. Sólo cinco sobrevivieron para contarlo. Otros 18 murieron ahogados. El mar fue devolviendo poco a poco, día tras día, los cadáveres de once de ellos.

Los últimos tres fallecidos fueron encontrados en La Gomera.Fue el primer naufragio de una patera con víctimas conocido en España. Veinte años después, la historia se ha repetido en innumerables ocasiones. Más de 158.000 inmigrantes han arribado a nuestras costas en estas dos décadas, según los datos de Interior, y otros 11.800 se han dejado la vida en el camino, según la ONG No Fortress Europe. Los tres últimos ayer miércoles, en La Gomera. Sus cuerpos llegaron en un cayuco junto a 125 subsaharianos.

"La tragedia de la inmigración se ha convertido en algo desgraciadamente cotidiano", señala a 20 minutos el periodista Ildefonso Sena. En 1988 vivía en Tarifa y fue el único reportero que esa mañana acudió a la playa de Los Lances.

Con su cámara retrató para la historia el cadáver de uno de los marroquíes. "La mañana era fría. Yo estaba allí cuando llegó la Guardia Civil. Como me defendía en francés, hice de intérprete".
Pagaron 35.000 pesetas
Cinco magrebíes habían sobrevivido para contarlo. Fueron encontrados por la Benemérita, tiritando y sin papeles, en la N-340. Habían salido la tarde anterior de una playa de Tánger (Marruecos) en una patera de 5,5 metros . Cada uno de ellos pagó 35.000 pesetas por el viaje.
Intentaron volver a la patera, pero volcó. Supongo que sólo sobrevivieron los que sabían nadar
"Llegaron a Tarifa y la proximidad de las luces de la costa les hizo pensar que estaban ya cerca. Saltaron al agua creyendo que hacían pie, pero el agua era aún profunda. Intentaron volver a la patera, pero volcó. Supongo que sólo sobrevivieron los que sabían nadar hasta la playa", señala el capitán José Osorio, que en 1988 era sargento y ayudó a sacar algunos cadáveres del agua.

"Los supervivientes estaban aterrados".Les dimos de comer y ropa", concluye. "Eran muy jóvenes, menores de 30 años", afirma Sena. "El revuelo mediático fue terrible. En aquella época llegaban pateras de vez en cuando, no había la avalancha de ahora. España era país de paso, querían ir a Francia a trabajar", explica el ex alcalde Ruiz.

Mansur Lakrad. Marroquí, 22 años: "Mi viaje en patera costó 1.200 euros"

Ahora tiene 22 años, pero sólo con 14 la vida le puso en el amargo dilema de tener que abandonar a su familia y subirse a una patera que le trajo a España. Aquí, con la ayuda de su familia de acogida, ha conseguido estudiar Administración y Dirección de Empresas en Córdoba.


Allí se aspira a muy poco

Nació en Kala, una aldea del interior de Marruecos, que depende de la agricultura. Asegura que nunca pasó hambre, pero cuando creció se dio cuenta de que no tenía futuro y de que "allí se aspira a muy poco". Entonces comenzó su aventura. Primero estuvo intentando colarse debajo de los camiones en el puerto de Tánger porque era gratis, pero "no tuve suerte". La siguiente opción, la patera.

"Tuve que pagar unos 1.200 que me dio mi madre y que eran prácticamente los ahorros de su vida". Fue en enero de 2001, cuando la vigilancia policial no era tan fuerte como ahora.

Hizo el camino más corto, los famosos 14 km que van desde Tánger a Tarifa. "La travesía duró cerca de cinco horas, había muchas olas, me mareé e incluso estuve vomitando durante todo el trayecto. Y sin saber nadar. Lo que sigue tiene un final de cuento. Mansur fue acogido por una familia. Gracias a su ayuda "y a mi esfuerzo" pudo estudiar.