JeanLoup Sieff ha muerto hace escasos años.Ha sido uno de los grandes dominadores de la fotografía erótica.Una fotografía difícil por que difícil es determinar la raya entre el buen y el mal gusto en este tema.Este libro contiene una serie de fotografías sugerentes, cuidadas, donde se trata con toda delicadeza el tema del erotismo, la sugerencia, lo íntimo.El tema central es el cuerpo y la expresión femenina, pero las fotografías están acompañas de un contexto especialmente cuidado y singular.La escalera, la mesa, el coche, interiores o exterior, son complementos que engrandecen la fotografía y la complementan, sin dejar de centrar el eje alrededor.De siempre los fotógrafos han sentido fascinación por el cuerpo humano.Dentro de esta faceta, el femenino y el desnudo han recibido una atención especial.El erotismo es un paso más en esta aproximación, un paso que es muy fácil dar en falso y convertir lo sensual y agradable en plato de mal gusto.No es el caso de este libro, en el que las cuidadas fotografías pueden gustar o no pero en ningún caso atentan contra la sensibilidad del que hojea sus páginas.Reproducimos algunas fotografías que dan idea de su contenido, de cómo el autor juega con la modelo y los elementos que componen la escena, sencillos, para conseguir un resultado que se nos antoja brillante.El fotógrafo tiene ante sí un problema que resuelve de forma elegante, artística y cuidada.Aborda la forma femenina con decisión, con oficio, con implicación y afán en conseguir un resultado artístico.El propio JeanLoup subrayó sus sentimientos en cuanto a la forma femenina, ya que según él, probaban sin lugar a dudas la existencia de Dios.


Erotische FotografieJeanLoup SieffISBN 3-89268-034-5 Comentario: Ángel Luis Domínguez - Noviembre de 2004













































Diario palestino(Juan Goytisolo - "De la Ceca a La Meca" - 1997)




Desde el comienzo de mis viajes al mundo árabe tenía el propósito de visitar Jerusalén, la ciudad venerada y reivindicada a la vez por las tres religiones monoteístas.La ocupación israelí de la zona este en el 67 dio al traste con el proyecto y me obligó a aplazarlo de forma indefinida.Mis simpatías a los palestinos me impedían recorrer como un turista el espacio de su tragedia: mientras Israel no se retirara a las fronteras del armisticio de 1948, resolví, no pondría los pies en una ciudad con la que me había familiarizado, no obstante, gracias a sus reproducciones ilustradas y fotografías.Así, en otoño del 68, al volar por primera vez al Oriente Próximo, establecí contactos con palestinos refugiados en el Líbano, Siria y Jordania, pero me limité a contemplar desde Karama la nueva frontera del puente Allenby y la orilla occidental del Jordán.La política de implantación israelí en Jerusalén y los territorios ocupados, el progresivo acoso de los palestinos, me afianzaban en mis razones: mi ineficaz e insignificante repudio moral....Los pueblos palestinos próximos a Jerusalén fueron destruidos después del 67....Matrícula del automóvil e indumentaria son signos distintivos de la confrontación cotidiana y debemos acomodarnos a su semiología y valor emblemático: la gorra verde de visera de aspecto vagamente militar con la que suelo protegerme del sol, dice Yunus, corre el riego de ser confundida con las del ejército israelí y me aconseja sustituirla con otra.En la tienda del hotel no encuentro sino un sombrero de turista americano con palmeras: aunque me da un aire idiota, no se presta a equívocos.Como he dicho desde mi llegada a los amigos, estoy dispuesto a afrontar lo que sea si viene de los israelíes, pero no quiero recibir ni una piedrecita de los palestinos....Visita al hospital palestino de El Mokasad, en donde, con medios modestos y en condiciones un tanto precarias, un personal abnegado atiende a las víctimas de la intifada.Los corredores están llenos de amigos y deudos y el calor es agobiante.Un cirujano nos guía a un primera sala con seis muchachos heridos por bala en distintas manifestaciones de protesta.La irrupción del equipo les intimida y, después de una serie de conciliábulos, piden que no les filmemos.Nuestra identidad, pese a las palabras del personal e intervenciones de Yunus, es objeto de dudas.¿No trabajaremos quizá para la TV israelí y nos serviremos de sus palabras para perjudicarles?Les enseñamos los pasaportes pero el temor no se esfuma....Días atrás, un ciudadano israelí, Samuel Cohen, fue bárbaramente golpeado sin motivo por un grupo de extremistas que le tomaron por árabe no obstante sus protestas de que era judío.La confusión me parece tan significativa como inevitable: palestinos e israelíes se asemejan a veces como gotas de agua, comparten la misma lengua, comen igual, cantan las mismas canciones, gesticulan de manera idéntica.Si, como observa un articulista de Al Fajr parafraseando a Sartre, el antisemitismo no es tanto una opinión como una situación, no cabe la menor duda de que un número creciente de Cohens se sentirán en un momento u otro, de forma abrupta e involuntaria, en la piel ardiente de un palestino para quien la vida se ha vuelto irrespirable.¿Será por ello que los más afectados por tan turbador parecido se aferran a la dialéctica de la alteridad, que niega a los otros lo que exigen para sí mismos?...Nos resignamos a ir a Bab al Silsila, al mirador reservado a la prensa.La casa, expropiada en el 67 a los palestinos, está ocupada por militares que nos escoltan a una terraza desde donde podemos abarcar a la vez a una parte de los fieles musulmanes congregados en Al Haram Ch-Charif y, al otro lado de la muralla de éste, una decena de metros más abajo, a los judíos ortodoxos inclinados en hilera junto al Muro de la Lamentaciones....tras la ocupación de la Ciudad Vieja en la guerra de los seis días, los vencedores demolieron la totalidad del barrio árabe contiguo a Bab al Magáriba -incluidos cementerios, medersas, mezquitas y mausoleos- para exhumar el Muro enterrado al pie de Al Burak y despejar el terreno de la actual explanada en la que sus compatriotas celebran el sabbat....los israelíes prosiguen todavía sus obras subterráneas, trasnsformando de este modo su conflicto nacional con los palestinos en una compleja y espinosísima confrontación religiosa....Los escasos pueblos árabes que subsisten -Betunia, Abu Dis- se reconocen enseguida por sus palmeras y chumbos.En su voluntad de desarabizar el paisaje, los colonos ashkenazim lo revisten exclusivamente de coníferas....A lo largo del trayecto por la autopista, nuestro amigo evoca la historia de las aldeas y pueblos barridos a ambos lados de la llamada Línea Verde del armisticio de 1948.La realidad de la imposición del Estado de Israel por la fuerza y el desalojo de setecientos mil palestinos ha sido objeto de un escomoteo histórico contra el que los expulsados hace treinta años luchan a brazo partido con la únicas armas de que disponen: evidencia y recuerdo.Sobre las ruinas de los pueblos arrasados por los buldócers, los israelíes han creado florecientes colonias de inmigrados que probablemente ignoran la dramática verdad en la que asientan su sueño....Paseo por Yaffa: en lo que queda de la antigua ciudad palestina, las casas agrietadas y legañosas recuerdan la prohibición de repararlas por parte de las autoridades municipales, a fin de provocar lentamente su ruina y el desahucio judicial de sus moradores....De regreso, paramos en una estación de gasolina servida por dos jóvenes palestinos: son de Gaza y diariamente van y vienen de allí a Tel Aviv.Si les pilla el toque de queda, el dueño, magnánimo, les permite dormir en un camión previsoramente cerrado con candado, pues carecen de permiso para pernoctar en Israel.Saleh nos muestra el alminar y cementerio musulmán de Ramla en completo abandono, pese a que el primero, anterior a la Giralda y Kutubía de Marraquech, es uno de los más bellos monumentos históricos situados en el interior de las fronteras internacionalmente reconocidas del Estado judío.









Pietro Zucchetti nació el 7 de Octubre de 1968 en Roma.Actualmente reside en Londres.Trabaja como fotógrafo desde 1988, cubriendo noticias nacionales e internacionales para los más importantes periódicos y revistas italianas, como Panorama, Epoca, Espresso, Repubblica, Il Manifesto, L'Unita, Corriere de la Sera y Der Spiegel.Comenzando en 1990, trabajó para la agencia fotográfica Electa en Roma, cubriendo las noticias italianas más importantes que aparecían a diario en los periódicos de tirada nacional.En 1994 se trasladó a Moscú como corresponsal de la agencia fotográfica Blow up.Uno de sus mejores trabajos fue acerca de la policía moscovita.En 1995 se trasladó a Sarajevo documentando fotográficamente, para el periódico Avvenire, los primeros momentos de paz y la llegada de las fuerzas internacionales.Desde 2000 se encuentra trabajando en Londres para la agencia Camera Press.En 2001 ha finalizado el primer proyecto en el Reino Unido acerca de la vida de los "sin techo" (homeless) en Londres.Actualmente se encuentra realizando un trabajo acerca del Islam.Parte de él puede verse enhttp://www.estudio2001.com/
Pietro Zucchetti was born on October 7,1968 in Rome.He currently lives in London.Zucchetti has worked as a photographer since 1988.Since 1990, he has covered National and international news for major Italian and international newspapers and magazines including Panorama, Epoca,Espresso, Repubblica, Il manifesto, L'Unita',Corriere della sera and Der Spiegel.Beginning in 1990 working for the photoagency Electa in Rome, Zucchetti's coverage of the major national italian news appeared regularly in every national newspaper.In 1994, he began work in Moscow as correspondent of Blow up photo agency, one of the major works is the Moscow police work.In 1995 Zucchetti has worked from Sarajevo for the newspaper Avvenire documenting the first stage of peace during the arriving of the IFOR forces.From 2000 he is working in London for the photo agency Camera Press.In 2001 he finished the first project in U.K. about homeless people in London.Currently Zucchetti is working on a photographic research about Islam in London. A small part of this research has been published on http://www.estudio2001.com/Dirección de correo: estudio2001@ntlworld.com
Melanie Cartier-Bresson, 1978
Joe, el trompetista, 1945
Truman Capote, 1947
Siphnos, Greece, 1961
Detrás de la estación de San Lázaro, 1932
El 4 de agosto de 2004 murió, a los 95 años, Henri Cartier-Bresson, considerado el padre del fotoperiodismo.

"Para mi la máquina fotográfica es un cuaderno de apuntes, el instrumento de la intuición y de la espontaneidad, el dueño del instante que en términos visuales, a la vez cuestiona y decide.

"Henri Cartier-Bresson, El instante decisivo

Nuevas censuras, sutiles manipulaciones
Ryszard Kapuscinski
¿En qué medida los medios de comunicación son un espejo fiel del mundo? Desde que las nuevas tecnologías han convulsionado el periodismo y permitido la constitución de grandes grupos mediáticos con ambiciones planetarias, esta cuestión resulta más pertinente que nunca.
La instantaneidad y el directo han cambiado las condiciones del periodismo de investigación. Y el imperativo del beneficio ha reemplazado a las más nobles exigencias cívicas. Pero, en todas partes, resiste otro periodismo, más preocupado por la verdad y el rigor, como se ha constatado en Irán, en Burkina Faso, en Argelia y en otros lugares...
En los debates sobre los media se concede una atención excesiva a los problemas técnicos, a las leyes del mercado, a la competencia, a las innovaciones y a la audiencia. Y una atención insuficiente a los aspectos humanos. No soy un teórico de los media sino un simple periodista, un escritor que, desde hace 40 años, se dedica a recoger y tratar la información (y también a consumirla). Me gustaría compartir las conclusiones a las que he llegado al final de esta larga experiencia.
Mi primera observación se refiere a las dimensiones. Afirmar, como se hace a menudo, que "toda la humanidad" está pendiente de lo que hacen o dicen los media es una exageración. Incluso cuando acontecimientos como la apertura de los Juegos Olímpicos son vistos por dos millardos de telespectadores, eso no representa más que un tercio de la población del planeta. Otros mega acontecimientos (Copa del Mundo de Futbol, matrimonios o funerales de personalidades) son difundidos masivamente en las pantallas, y apenas 10 o 20% de humanos los miran. Ciertamente eso representa masas gigantescas pero no "toda la humanidad". Cientos de millones de personas no tienen ningún contacto con los media. En diversas regiones de Africa, la televisión, la radio e incluso los periódicos, son inexistentes. En Malaui no hay más que un periódico; en Liberia, dos, bastante mediocres por otra parte, pero ninguna televisión.
En numerosos países la televisión no funciona más que dos o tres horas al día. Y en vastas extensiones de Asia ­por ejemplo en Siberia, en Kazajstán o en Mongolia­ hay algunas redes de televisión pero las personas no disponen de receptores que les permitan captar los programas. En la época de Leonidas Breznev, en los grandes espacios de la Siberia soviética, los programas de las radios occidentales no se interceptaban porque, a falta de receptores, nadie podía escucharlos.
Una gran parte de la humanidad vive todavía fuera de la influencia de los media y no tiene ninguna razón para inquietarse por las manipulaciones mediáticas o la mala influencia de los medios de masas. A menudo, en particular en América Latina y en Africa, la única función de la televisión es divertir. Se encuentran televisores en los bares, los restaurantes y los hoteles. Las personas tienen la costumbre de ir al bar para tomar una copa y mirar la televisión. Y a nadie se le ocurre la idea de exigir que este media sea serio o que tenga cualquier función informativa o educativa. La mayor parte de los africanos o latinoamericanos no esperan de la televisión una interpretación seria del mundo, lo mismo que no la esperarían de un circo.
La gran revolución de las nuevas tecnologías es un fenómeno reciente. Su primera consecuencia importante ha sido un cambio radical en el universo del periodismo. Pensemos en la primera cumbre de jefes de Estado de Africa. Se celebró en 1963, en Addis Abeba, Etiopía. Para cubrirla llegaron periodistas del mundo entero. Cerca de 200 enviados especiales y corresponsales de grandes periódicos internacionales, de agencias de prensa y de estaciones de radio. Algunos equipos rodaban para documentales informativos pero no había ni un solo equipo de televisión. Nos conocíamos todos; sabíamos lo que hacía cada uno y éramos incluso amigos. Auténticos maestros de la pluma y verdaderos expertos de las grandes cuestiones internacionales estaban presentes. Cuando pienso en ello, y sin ninguna nostalgia de una edad de oro que nunca existió, me parece que fue la última gran reunión de reporteros del mundo, el final de una época heroica en la que el periodismo estaba considerado como un profesión reservada a los mejores, una vocación elevada, noble, a la que el interesado se consagraba plenamente, de por vida.
Después ha cambiado todo. La búsqueda y la difusión de información se han convertido en una ocupación practicada en cada país por miles de personas. Las escuelas de periodismo se han multiplicado formando, año tras año, a noveles que llegan a la profesión. Esto no tiene ya nada que ver. En otros tiempos, el periodismo era una misión, no una carrera. Hoy, no se cuentan los individuos que practican el periodismo sin identificarse con esta profesión, o sin haber decidido dedicarle plenamente su vida y lo mejor de ellos mismos. Es, para algunos, una especie de hobby, que pueden abandonar en cualquier momento para hacer otra cosa. Numerosos periodistas actuales podrían trabajar mañana en una agencia de publicidad y convertirse, pasado mañana, en agentes de cambio.
Las tecnologías punta han provocado una multiplicación de los media. ¿Cuáles son las consecuencias? La principal es el descubrimiento de que la información es una mercancía cuya venta y difusión pueden proporcionar importantes beneficios. Antaño, el valor de la información iba asociado a diversos parámetros, en particular al de la verdad. También se concebía como un arma que favorecía la lucha política. Todavía está fresco el recuerdo de los estudiantes que, en la época del comunismo, quemaban en la calle ejemplares de los periódicos del partido al grito de "la prensa miente". Hoy todo ha cambiado. El precio de la información depende de la demanda, del interés que suscita. Lo que prima es la venta. Una información será juzgada sin valor si no consigue interesar a un público amplio.
El descubrimiento del aspecto mercantil de la información ha motivado la afluencia del gran capital hacia los media. Los periodistas idealistas, esos dulces soñadores en búsqueda de la verdad que antes dirigían los periódicos, han sido reemplazados, a menudo, a la cabeza de las empresas, por hombres de negocios.
Todos los que visitan las redacciones de los soportes más diversos, pueden constatar estos cambios. Antes, los media estaban instalados en inmuebles de segunda categoría y disponían de oficinas estrechas, oscuras y mal amuebladas, donde hormigueaban periodistas andrajosos y sin dinero, rodeados de montañas de papeles en desorden, de periódicos y de libros. Hoy, basta visitar los locales de una gran cadena de televisión: los inmuebles son palacios suntuosos, todos de mármol y espejos. Al visitante le guían maniquíes-azafatas a través de largos pasillos enmoquetados. Estos palacios son ahora las sedes de un poder del que antes sólo disponían los presidentes de los Estados o los jefes de gobierno. Este poder se encuentra ahora en manos de los patronos de los nuevos grupos mediáticos.
Es el mercado quien verifica
Desde que está considerada como una mercancía, la información ha dejado de verse sometida a los criterios tradicionales de la verificación, la autenticidad o el error. Ahora se rige por las leyes del mercado. Esta evolución es la más significativa entre todas las que han afectado al terreno de la cultura. Consecuencia: se ha sustituido a los antiguos héroes del periodismo por un número imponente de trabajadores de los media, prácticamente todos hundidos en el anonimato. La terminología utilizada en Estados Unidos es reveladora de este fenómeno: el media worker suplanta, frecuentemente, al periodista.
El mundo de los media ha explotado de tal manera que comienza a vivir por sí mismo, como una entidad autosuficiente. La guerra interna entre los grupos mediáticos es una realidad más intensa que la del mundo que les rodea. Importantes equipos de enviados especiales recorren el mundo. Forman una gran jauría, en el seno de la cual cada reportero vigila al otro. Hay que tener la información antes que el vecino. El scoop o la muerte. Por eso, aunque varios acontecimientos se producen simultáneamente en el mundo, los media sólo cubrirán uno: el que haya atraído a toda la jauría.
En más de una ocasión he formado parte de esa jauría. Además la he descrito en mi libro D'une guerre a l'aurtre1 y sé cómo funciona. La crisis provocada en 1979 por la captura de rehenes estadounidenses en Teherán es un ejemplo. Aunque, en la práctica, no pasaba nada en la capital de Irán, miles de enviados especiales llegados del mundo entero permanecieron durante meses en la ciudad. La misma jauría se desplazó, años más tarde, al Golfo Pérsico, durante la guerra de 1991, a pesar de que no se podía hacer nada porque los estadounidenses prohibían a cualquiera acercarse al frente. En el mismo momento, se producían acontecimientos atroces en Mozambique y Sudán; pero eso no emocionó a nadie porque la jauría se encontraba en el golfo. En diciembre de 1991, durante el golpe de Estado, Rusia tuvo derecho a las mismas atenciones. Mientras que los hechos realmente importantes, las huelgas y las manifestaciones, tenían lugar en Leningrado, el mundo lo ignoraba porque los enviados de todos los media no se movían de la capital, esperando que ocurriera algo en Moscú, donde reinaba una calma absoluta.
Las nuevas tecnologías, sobre todo el teléfono móvil y el correo electrónico, han transformado radicalmente las relaciones entre los reporteros y sus jefes. Antes, el enviado de un periódico, el corresponsal de una agencia de prensa o de una cadena de televisión, disponía de una gran libertad y podía dar libre curso a su iniciativa personal. Buscaba la información, la descubría, la verificaba, la seleccionaba y le daba forma. Actualmente, y cada vez más a menudo, no es más que un simple peón que su jefe desplaza a través del mundo desde sus oficinas, que pueden encontrarse en la otra punta del planeta. Por su parte, este jefe tiene al alcance de su mano informaciones procedentes de multitud de fuentes (cadenas de informaciones en continuo, despachos de agencias, Internet) y puede, de esta manera, tener su propia visión de los hechos, eventualmente muy distinta de la del reportero que cubre el acontecimiento en el lugar de los hechos.
A veces, el jefe no puede esperar pacientemente a que el reportero termine su trabajo. Y es él quien informa al reportero del desarrollo de los acontecimientos y lo único que espera de su enviado especial es la confirmación de la idea que se ha hecho sobre el asunto. Muchos reporteros, hoy, tienen miedo a buscar la verdad por sí mismos.
En México, uno de mis amigos trabajaba para las cadenas de televisión estadounidenses. Me lo encontré en la calle; estaba a punto de filmar enfrentamientos entre estudiantes y policía. "¿Qué ocurre, John?", le pregunté. "No tengo la menor idea, me respondió sin dejar de filmar. No hago más que grabar, me contento con tomar las imágenes; después, las envío a la cadena que hace lo que quiere con este material".
La ignorancia de los enviados especiales sobre los acontecimientos que están encargados de describir es, a veces, sorprendente. Cuando las huelgas de Gdansk, en agosto de 1981, que dieron nacimiento al sindicato Solidarnosc, la mitad de los periodistas extranjeros llegados a Polonia a cubrir el acontecimiento no podían situar Gdansk (el antiguo Dantzig) en un mapa. Aún sabían menos sobre Ruanda cuando las masacres de 1994: la mayor parte de ellos pisaban por primera vez el continente africano y habían desembarcado directamente en el aeropuerto de Kigali, en aviones fletados por la ONU, sabiendo apenas dónde se encontraban. Casi todos ignoraban las causas y las razones del conflicto. Pero el defecto no es culpa de los reporteros. Ellos son las primeras víctimas de la arrogancia de sus patronos, de los grupos mediáticos y de las grandes redes de televisión. "¿Qué más me pueden exigir? ­me decía recientemente el camarógrafo del equipo de una gran cadena de televisión estadounidense­. En una semana he tenido que filmar en cinco países de tres continentes distintos".
La historia "telefalsificada"
Esta metamorfosis de los media plantea una cuestión fundamental: ¿cómo entender el mundo? Hasta ahora se aprendía la historia gracias al saber que nos legaban nuestros ancestros, a lo que contenían los archivos y a lo que descubrían los historiadores. Hoy, la pequeña pantalla es la nueva (y prácticamente la única) fuente de la historia, destilando la versión concebida y desarrollada por la televisión. Mientras que el acceso a los documentos sigue siendo difícil, la versión que difunde la televisión, incompetente e ignorante, se impone sin que podamos cuestionarla. El ejemplo más esclarecedor de este fenómeno es, quizá, Ruanda, país que conozco bien. Cientos de millones de personas en el mundo han visto las imágenes de las víctimas de las matanzas étnicas con comentarios, en su mayor parte, completamente erróneos. ¿Cuántos telespectadores han completado esta visión recurriendo a obras fiables sobre Ruanda? El peligro es que se consumen mucho mas fácilmente los media que los libros.
La civilización se vuelve cada vez más dependiente de la versión de la historia imaginada por la televisión. Una versión a menudo falsa y sin fundamento. El telespectador de masas, al filo del tiempo, no conocerá más que la historia "telefalsificada", y sólo un pequeño número de personas tendrán conciencia de que existe otra versión más auténtica de la historia.
Rudolph Arnheim, gran teórico de la cultura, ya predijo, en los años 30, en su libro Film as Art,2 que el ser humano confundiría el mundo percibido por sus sensaciones y el mundo interpretado por el pensamiento, y creería que ver es comprender. Pero eso es falso. La televisión, escribió Arnheim, "será un examen más riguroso para nuestro conocimiento. Podrá enriquecer nuestros espíritus, lo mismo que podrá volverlos letárgicos". Tenía razón.
La confusión, en general inconsciente, entre ver y saber, y ver y comprender, la utiliza la televisión para manipular a las personas. En una dictadura se sirve de la censura; en una democracia de la manipulación. El blanco de estas agresiones es siempre el mismo: el ciudadano de a pie. Cuando los media hablan de ellos mismos, enmascaran el problema de fondo con la forma, sustituyen con la técnica, la filosofía. Se preguntan cómo editar, cómo montar o cómo imprimir. Discuten problemas de montaje, de bases de datos o de la capacidad de los discos duros. En cambio, cuestionan el contenido de lo que quieren editar o imprimir. El problema del mensajero es reemplazado por el del mensaje. Desgraciadamente, como lamentaba Marshall McLuhan, el mensajero tiene tendencia a convertirse en el contenido del mensaje.
Tomemos el ejemplo de la pobreza en el mundo que es, sin duda, el problema más grave de este fin de siglo. ¿Cómo lo tratan las grandes redes de televisión? La primera manipulación consiste en presentar la pobreza como sinónimo del drama del hambre. Pero los dos tercios de la humanidad viven en la miseria a causa de un reparto no equitativo de las riquezas en el mundo. La hambruna, en cambio, aparece en ciertos momentos y en regiones muy precisas, pero es generalmente un drama de dimensión local. Además, sus causas se deben, la mayoría de las ocasiones al clima, a cataclismos como la sequía o las inundaciones; y a veces también a las guerras. Hay que añadir que los mecanismos de lucha contra el hambre, en tanto que plaga imprevista y puntual, son relativamente eficaces. Para combatirla, se utilizan los excedentes alimentarios de que disponen los países ricos y se les envía masivamente allí donde la necesidad se deja sentir. Estas operaciones de lucha contra el hambre, como en Sudán o en Somalia, son las que se nos han enseñado en las pantallas de televisión. En cambio, no se ha pronunciado ni una palabra sobre la necesidad de erradicar la miseria mundial.
La segunda estratagema utilizada por los manipuladores de la miseria es su presentación en emisiones de carácter geográfico, etnográfico y turístico, que descubren regiones exóticas del planeta. De esta manera, la miseria es asimilada al exotismo, y la televisión difunde el mensaje de que los lugares predilectos de la miseria son las regiones exóticas. Vista desde este ángulo, la miseria aparece como un fenómeno curioso, una atracción casi turística. Tales imágenes abundan, particularmente, en cadenas temáticas como Travel, Discovery, etcétera.
La ultima artimaña de estas manipulaciones consiste en presentar la miseria como un dato estadístico, un banal parámetro del mundo real. Esta manera de ver la miseria la condena a perpetuidad; el ser humano no puede así sentirla más que como una amenaza para la civilización dado que necesita aprender a vivir con ella.
Volvamos al punto de partida: ¿Los media reflejan el mundo? Digamos que de manera muy superficial y fragmentaria. Se concentran en las visitas presidenciales o los atentados terroristas; e incluso esos temas parecen interesarles menos. Durante estos cuatro últimos años, la audiencia de los telediarios de las tres principales cadenas estadounidenses ha bajado de 60 a 38% el total de telespectadores. El 72% de los temas son de carácter local y se refieren a la violencia, drogas, agresiones y delitos. Sólo 5% de su tiempo está dedicado a noticias del extranjero; e incluso numerosas ediciones ignoran este apartado. En 1987, la edición estadounidense del semanario Time dedicó 11 portadas a temas internacionales; diez años más tarde, en 1997, solamente una. La selección de las informaciones se basa en el principio "cuanta más sangre haya mejor se vende".3
Los "anticuerpos necesarios"
Vivimos en un mundo paradójico. Por una parte se nos dice que el desarrollo de los medios de comunicación ha conseguido unir a todas las partes del planeta entre sí, para formar una "aldea global"; y, por otra, la temática internacional ocupa cada vez menos espacio en los media, ocultada por la información local, por los titulares sensacionalistas, por los cotilleos, los personajillos y toda la información-mercancía.
Pero, seamos justos, la revolución de los media está en plena carrera. Se trata de un fenómeno reciente en la civilización humana; demasiado reciente para que ya haya podido producir los anticuerpos necesarios para combatir las patologías que genera: la manipulación, la corrupción, la arrogancia, la veneración de la pornografía. La literatura sobre los media es, a veces muy crítica, a menudo incluso implacable. Más pronto o más tarde, esta crítica influirá, al menos en parte, en el contenido de los media.
Además, hay que reconocer que muchas personas se sientan delante del televisor porque esperan ver exactamente lo que la televisión les ofrece. En los años 30, el filósofo español Ortega y Gasset escribía en su libro La rebelión de las masas, que la sociedad es una colectividad de personas satisfechas de ellas mismas, de sus gustos y sus opciones. Finalmente, el mundo de los media es diverso. Es una realidad de varios pisos. Junto a los "media basura" hay otros formidables: existen algunos prodigiosos programas de televisión, excelentes emisiones de radio y destacables periódicos. Para quien desee realmente una información honesta, de reflexión en profundidad y basada en sólidos conocimientos, no faltan los media de calidad. A veces es difícil disponer del tiempo necesario para asimilar la oferta existente. Los media son frecuentemente vilipendiados para justificar el letargo en el que han caído nuestras propias conciencias, y nuestra pasividad.
Y nadie ignora que, en la redacción de los periódicos, en los estudios de radio y televisión, hay periodistas sensibles y de gran talento, personas que tienen la estima de sus contemporáneos, que consideran que nuestro planeta es un lugar apasionante, que vale la pena que sea conocido, comprendido y salvado. La mayor parte del tiempo, esos periodistas trabajan dando muestras de abnegación y de dedicación, con entusiasmo y espíritu de sacrificio, renunciando a las facilidades, al bienestar, hasta llegar a ignorar su seguridad personal. Con el único objetivo de dar testimonio del mundo que nos rodea. Y de la multitud de peligros y esperanzas que entraña.
noviembre 2002

Notas
1 París, Flammarion, 1998.
2 Léase de Rudolph Arnheim, La Pensée visuelle, París, Flammarion, 1976.
3 Léase a Serge Halimi, "Un journalisme de racolage", en Le Monde Diplomatique, agosto de 1998.
Ryszard Kapuscinski es periodista y escritor polaco.
Este texto retoma, en lo esencial, el discurso pronunciado por el autor, en Estocolmo, durante la ceremonia de entrega de los premios de periodismo Stora Jurnalstpriset y fue publicado en Le Monde Diplomatique, julio-agosto de 1999.
Agradecemos a Le Monde Diplomatique, edición mexicana, la autorización para publicar este texto.


"Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad ."
Bertrand Russell. Para que he vivido (Prólogo autobiografía, 1967)