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    lunes, 22 de diciembre de 2008

    Historia de Lili Marlen


    Historia de Lili Marlen
    Cuando en 1939 Norbert Schultze y Hans Leip compusieron esta triste canción, jamás imaginaron que les salvaría la vida, el nombre, acaso el honor, después de la peor masacre que el hombre acometió contra el hombre en lo que va de la historia de la humanidad. Menos aun si ubicamos que ellos, ambos, estaban en el bando de los malos. La canción era pequeña, menor, y llegó a manos de una cantante con aspiraciones, módicas por cierto, llamada Liselotte Helene Berta Bunnenberg, cuyo nombre artístico en la Berlín de pre guerra era Lale Andersen.
    Norbert Schultze era un compositor del régimen. Un vivillo apolítico que terminó siendo funcional al régimen nazi. Schultze se afilió tempranamente al Partido Nazi porque “todos lo hacían” y eso le permitía “trabajar sin contratiempos”, según él mismo relataría tiempo después de terminada la guerra. Su aparente inocencia no era lo mismo vista desde el otro lado del escritorio de la Oficina de Propaganda: Schultze fue encomendado con varios pedidos para el régimen, que cumplió sin culpa y con efectividad alemana, a los efectos de halagar al nuevo orden y a la revolución nacional. Así compuso la música de la película Feuertaufe, sobre la invasión nazi de Polonia; la banda sonora del film Bomben auf England, sobre la batalla de Inglaterra; a petición del “Zorro del Desierto”, el general Erwin von Rommel –lubricada con el envío de café y licores hechos por el mariscal– compuso la marcha “Panzer rollen Afrika”; y con motivo de la proclamación hecha por el ministro de Propaganda del Reich, Alfred Goebbels, de la guerra total, compuso “¡Führer befieh!” (“Manda el Führer”). En total, Schultze entregó una producción de 25 canciones patrióticas a sus mecenas, sin sentir el menor remordimiento.
    A cambio, y antes de prodigarle tal producción a la “Nueva Alemania”, el presidente de la Cámara Musical del Reich, el profesor director de orquesta Peter Raabe, incorporó a su colega en la lista de “artistas creadores” que debían estar exentos del servicio militar que, como ya sabemos, conllevaba ciertos riesgos en la época.
    En 1967 declaró a Derek Jewell del New York Times: “No puedo arrepentirme de haber escrito todas esas melodías. Eran exigencia de la época, no mía. Otros disparaban, yo escribía canciones”. Y en la película Den Teufel an Hintern geküsst (“Le besaste el culo al diablo”) de Arpad Bondy y Margit Knapp, donde el compositor de “Lili Marleen” cuenta su vida, explica que él es “alguien promedio, un músico de consumo” y cuenta sin culpa alguna que “mi éxito se lo debo a que los compositores judíos perdieran su trabajo y a mi apellido ario”.
    Lejos de ser un nazi convencido al estilo de Leni Riefenstahl, ni del escultor Arno Breker, y más lejano aun que el compositor Carl Orff, cuyo más promisorio (y oculto) producto de su militancia nazi fue la excelsa y archifamosa “Carmina Burana” (compuesta originariamente para acompañar las evoluciones de los gimnastas arios en las Olimpíadas del ‘36, según recuerda con tino Diego Fischerman), Schultze podría haber servido a cualquier régimen que se lo pidiera, sea el nazismo, el stalinismo o, quizás, la dictadura militar argentina.
    Distinta fue la suerte de Hans Leip, autor de la letra de “Lili” (esa que fue cambiada, bastardeada, amada, idolatrada, llorada por millones de hombres en armas, al mismo tiempo, en distintos frentes, en la misma guerra). Cuando caía el régimen, Leip huyó de una Alemania a punto de fenecer, sitiada, hambrienta, que se defendía con un ejército acabado y “engrosado” con púberes y ancianos. París (liberado) fue su destino.
    Las tropas norteamericanas, al mando del general del ejército de ocupación aliado, Dwight Eisenhower (posteriormente presidente de los Estados Unidos), ingresaron a París marchando y canturreando “Lili Marlene”, en 1944. Durante la inspección a la División Regenbogen, en Tirol, Eisenhower supo que Leip se encontraba allí. Y quiso conocerlo. Cuenta la leyenda que el general pidió a su ayudante que le llevase a ese hombre. “Son las 10, general, hora en que suele irse a la cama”, informó el asistente sobre las costumbres de Leip. Eisenhower le respondió: “No lo molestemos entonces, es el único alemán que durante la guerra alegró al mundo entero”.


    "Para entonces(IIGuerra Mundial), se escuchaba en más de 20 idiomas, también en los frentes donde combatían los alemanes. De esa manera las tropas germanas siguieron soñando con esa muchacha, que esperaba bajo el farol, frente al cuartel."






    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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