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    miércoles, 15 de octubre de 2008

    Erotismo y misticismo. La literatura erótico-teológica de Juan García Ponce y otros autores en un contexto universal


    Reseña
    Juan Antonio Rosado (México, 1964) es doctor en letras por la UNAM. Además del presente tomo, es autor de los libros de ensayo Cómo argumentar (Editorial Praxis, 2004), El engaño colorido (2003), Bandidos, héroes y corruptos (2001), El presidente y el caudillo (2001) y En busca de lo absoluto (2000) y del volumen de cuentos Las dulzuras del limbo (Editorial Praxis, 2003). Colaboró como investigador en el Diccionario de literatura mexicana, siglo XX (2000, 2004). Ha publicado en las antologías Los mejores cuentos mexicanos (2001) y La escritura cómplice: Juan García Ponce ante la critica (1997). Fue dos veces becario del Fonca (en cuento y ensayo). En 2000 obtuvo el premio de ensayo Juan García Ponce, del Instituto de Cultura de la Ciudad de México. Ha sido profesor de literatura y redacción en más de diez instituciones. En la actualidad, es profesor de asignatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y el Centro de Cultura Casa Lamm.

    *

    Erotismo y misticismo: la literatura erótico-teológica de Juan García Ponce en un contexto universal no escatima el análisis de la generación a la que pertenece García Ponce, ni la contextualidad literaria de su obra (influjos de autores universales); constituye un ensayo original en tanto que el acercamiento a la obra del escritor se lleva a cabo desde distintos enfoques, sin perder su unidad: el problema estético de la representación, el estudio pormenorizado del erotismo, el análisis del discurso de la transgresión, la fenomenología del personaje femenino, la irrupción del elemento sagrado y del misticismo, así como una reveladora lectura —basada en la misma poética del autor— del gnosticismo y otras corrientes filosóficas y religiosas. Todos estos rubros se hallan íntimamente relacionados. Juan Antonio Rosado ha realizado uno de los trabajos más completos sobre el tema.
    Armando Pereira


    Las dulzuras de Eros y otras transgresiones

    1. ¿Por qué el interés en el erotismo? ¿El amor no es un tema agotado?


    El interés radica en que el amor y el erotismo son fenómenos culturales y, como decía Terencio en El atormentador de sí mismo: "Hombre soy, nada de lo humano me es ajeno". Por otro lado, en tu pregunta planteas dos conceptos que, en lo personal, no considero sinónimos. En principio, habría que distinguir entre el amor y el erotismo. Ambos fenómenos parten de la sexualidad humana, y digo "humana" porque la sexualidad existe en todo el reino animal y aun en toda la naturaleza. La sexualidad abarca la mente y el cuerpo y es básicamente un fenómeno biológico, químico, natural. Sin ella no habría reproducción ni instinto ni prurito de cercanía con el otro. Ahora bien, el erotismo es un fenómeno exclusivamente humano, al igual que cualquier otro fenómeno cultural. No se trata de la mera satisfacción de un instinto sexual, ni tampoco de considerar la sexualidad únicamente en sus fines reproductivos, como lo hace el cristianismo paulino en sus orígenes y todavía muchos que pretenden seguir estos preceptos fielmente. Al contrario, al erotismo -que fue condenado por esta religión- no le interesa la reproducción, sino el goce imaginativo, sensual y racional de la sexualidad. El erotismo es a la sexualidad lo que la gastronomía al instinto alimenticio. El ser humano, mediante su raciocinio y su imaginación, transforma , modifica radicalmente los elementos naturales. Un perro puede conformarse con un trozo de carne cruda y con una cópula rápida para satisfacer sus instintos y reproducirse. La gastronomía y el erotismo van más allá. Así como los seres humanos inventamos recetas y aderezamos la carne, es decir, la transformamos en un platillo, lo mismo hacemos con la sexualidad al transformarla en erotismo. En otras palabras: el erotismo es la sexualidad transfigurada mediante la razón, la imaginación, la sensibilidad, la cultura, y por ello es esencialmente estéril: su fin inmediato no es la reproducción, aunque ésta pueda darse. Es lo mismo que ocurre con el lenguaje: una cosa es el lenguaje con un mero fin comunicativo (como el de las ballenas o como el que usamos para pedir algo en la tienda) y otra cosa es la literatura, que transforma el lenguaje en arte; lo mismo ocurre con los sonidos con respecto a la música, con los trazos con respecto a la pintura o con los movimientos del cuerpo con respecto a la danza. La literatura, la música, la pintura, la danza, el erotismo son únicamente humanos porque transforman los signos naturales. Si hablamos de "danza" en el reino animal es una mera sobreinterpretación humana. La danza de cortejo de ciertas aves o la manera de copular de las especies animales no cambia ni ha cambiado nunca: se ha mantenido igual durante milenios y posee un fin que no es otro sino la satisfacción de un instinto. Por ello la homosexualidad puede darse y se ha dado de hecho en el reino animal. El erotismo entonces es un fenómeno cultural ; por lo tanto, eminentemente humano. El juego de caricias, miradas, posiciones sexuales, perfumes, así como el hecho de retardar la eyaculación para aumentar el deseo, por ejemplo, van más allá de la reproducción animal y de la mera satisfacción de un instinto. Las culturas orientales, como la hindú, la japonesa, la china y también la egipcia antigua y la árabe tuvieron sus artes eróticas , libros o manuales en los que se habla del goce sensual, y muchos de ellos aconsejan métodos anticonceptivos para no procrear y dedicarse al placer. Pasando ahora al tema del amor, hay que destacar que una relación erótica no necesariamente incluye el amor; y el amor, por su parte, no necesariamente incluye el erotismo. Se puede tener una relación erótica con una prostituta o con una amiguita o amiguito sin necesidad de amarlos, y se puede amar a un hermano, a un hijo, a una madre o a una esposa sin tener que mantener relaciones eróticas con ellos, ¿no es así? El amor es un sentimiento, una emoción de afirmación, de aceptación plena del otro . No me refiero específicamente al amor-pasión, de corte narcisista, con el que amamos la idea que nos hicimos del otro y no al otro tal como es, sino al amor entendido en su sentido más amplio. Ahora bien, cuando se ama a la pareja erótica, entonces se conjugan estos dos fenómenos de la sexualidad humana: el amor y el erotismo. Por último, para responder cabalmente tu pregunta, en la medida en que el amor es un tema cultural, humano, no sólo es inagotable, sino que es, al igual que la muerte, uno de los ocho o nueve grandes temas que se han tratado de diversas formas en la literatura y en el arte universales de todos los tiempos. De hecho, para algunas culturas, el amor ha sido considerado una locura y por eso se ha contrapuesto al matrimonio como contrato.
    2. ¿Cuál es la conexión del amor y del erotismo con la mística?


    Sin dudas, el éxtasis, es decir, la impersonalidad, el hecho de salir de nosotros mismos, aniquilando el egoísmo y el individualismo, para unirnos al otro, llámese como se llame. Los grandes místicos de todas las tradiciones religiosas han tratado de encontrar metáforas para describir esa sensación de éxtasis. Algunos recurren a la imagen de la embriaguez; otros, al erotismo o al sentimiento amoroso. Éxtasis no es otra cosa que salir de sí . Es una experiencia en la que dejamos de ser como individuos para sentirnos uno con el otro o con el universo entero. Teológicamente, aunque el cristianismo se haya autonombrado "la religión del amor y del perdón", es en verdad una religión anti-mística, pues para ésta Dios es personal, no impersonal; por lo tanto, como afirma el autor cristiano Denis de Rougemont, ninguna unión sustancial con ese Dios es posible, de ahí que las almas sigan siendo individuales después de que los cuerpos murieron; de ahí el concepto cristiano de los "cuerpos gloriosos". Incluso las tres personas de la Trinidad son masculinas (el espíritu es neutro en griego, pero los médicos anteriormente empleaban la palabra pneuma para designar el semen, que es masculino). En cambio, en el hinduismo, por ejemplo, tú eres Dios porque Dios no es personal, sino impersonal: es TODO, absolutamente todo el universo: lo bueno y lo malo, lo puro y lo impuro, lo masculino y lo femenino. Entonces, después de reencarnar un determinado número de veces, se alcanza una perfección tal que simplemente ya no reencarnas: te unes sustancialmente a lo Absoluto. En ese sentido, el hinduismo es una religión erótica en que el misticismo puede caber perfectamente: se pretende una unión sustancial con el otro y el yo se convierte en otro. El cristianismo, en cambio, es teológicamente anti-erótico porque el alma sigue siendo individual después de la muerte y además puede ser condenada por toda la eternidad debido a sus pecados. En realidad, poetas místicos cristianos como Juan de la Cruz o Teresa de Ávila, que dicen: "la amada en el amado transformada" son -teológicamente, insisto- herejes: para ellos hay éxtasis, fusión, unión sustancial con el otro.
    3. ¿Qué autores o artistas de este país te parecen exponentes del erotismo místico?


    Más que de artistas o de autores, sería mejor hablar de obras. En materia de literatura, sin duda José Juan Tablada, con su poema erótico "Misa negra", o Efrén Rebolledo, con poemas como "Ante el ara", "Santa Teresa" o "El beso de Safo". Posteriormente, en narrativa, tres de los autores que han vinculado con gran fortuna el erotismo y el misticismo son Juan García Ponce, Salvador Elizondo e Inés Arredondo. Los tres son, en buena medida (mucho más Elizondo) herederos de la concepción erótica de Georges Bataille, quien distinguía entre el erotismo de los cuerpos, el de los corazones (o sea, la pasión amorosa) y el sagrado.
    4. ¿Cómo es el erotismo en los tiempos de Google? ¿Sigue siendo transgresor?


    Cuando hablamos de transgresión necesitamos, sin duda, un referente. ¿Trasgresión en relación con qué? ¿Transgresión de qué? El erotismo nunca fue transgresor en ciertos ámbitos de las llamadas religiones paganas ni en las orientales. Pensemos, por ejemplo, en el culto a Afrodita, aunque sí haya sido transgresor con respecto a la cotidianidad y al mundo del trabajo, que es eminentemente profano y no sagrado. En el judaísmo, el rabino Akiba sobreinterpretó el Cantar de los cantares como una alegoría y por ello este poema se mantiene como parte de la Biblia , libro esencialmente patriarcal, con un Dios masculino. Cuando hablamos de cristianismo ya cambia la cosa. Aunque haya cristianos progresistas e inteligentes en la actualidad, como la monja Ivone Gebara, esta religión en verdad desacralizó la sexualidad humana, restringiéndola a un mero fin reproductivo dentro del matrimonio; desacralizó a la naturaleza: dejó de haber árboles sagrados, piedras sagradas, etc. Y aunque haya cristianizado los elementos paganos que le convino, como el culto al Sol en el solsticio de invierno, que se transformó en la navidad, al desacralizar la sexualidad considerándola como impura, el cristianismo la condena cuando carece de un fin reproductivo. Lee La bruja de Jules Michelet; lee la Historia sexual del cristianismo, de Deschner o la Historia de la sexualidad, de Foucault. Los testimonios de anti-erotismo, misoginia, machismo exacerbado, pudor rídículo ante cuestiones sexuales, represión, odio al cuerpo (a tal grado de que en la Edad Media prácticamente nadie se bañaba) son tan numerosos, que podrían abarcar una enciclopedia entera. El erotismo es absolutamente transgresor desde un punto de vista judeo-cristiano, porque esta postura declara que el hombre es rey de la creación; que la mujer nació del varón (de una de sus costillas) y por lo tanto debe someterse a él; que el varón debe estar siempre sobre la mujer en la posición sexual; que la sexualidad humana sólo sirve para reproducirnos ("Creced y multiplicaos"... Incluso Jesucristo seca una higuera porque no daba frutos, aun cuando no era época de higos...). Esta concepción castrante del mundo ha llegado a lo más anti-erótico y grotesco: la sábana con el agujerito para que los cuerpos no puedan ni siquiera tocarse.
    5. ¿Cuál es la diferencia entre una representación erótica y una pornográfica? ¿Cuál tiene mayor cabida en nuestra sociedad?


    Yo no estoy de acuerdo con los autores que no distinguen entre pornografía y erotismo ni en los que dicen que la pornografía es el erotismo de los demás. Independientemente de su etimología y de la manera en que empleó la palabra "pornografía" Restif de la Bretonne (el que la inventó en el siglo XVIII), para mí las representaciones pornográficas carecen de un valor estético precisamente porque su único interés es mostrar la genitalidad, la unión sexual sin ningún otro fin. Más que representación, hay presentación, como ocurre en la exposición-reportaje de un crimen, sin ningún tipo de recreación. Tampoco estoy de acuerdo con quienes afirman que el fin de la pornografía es excitar. Esa es una apreciación totalmente subjetiva. En materia de literatura o de narración en general (incluidas las películas), la pornografía simplemente carece de personajes. Los personajes son falos y vulvas, senos y nalgas, piernas y muslos, semen y clítoris. No hay más personajes que ésos. Todo se centra en esa cuestión. En cambio, las representaciones eróticas -sean pictóricas, literarias, cinematográficas, etc.- tienen ingredientes formales, estructurales, estéticos, psicológicos, situacionales que hacen de dichas representaciones algo que va más allá de la genitalidad. No es lo mismo un coito anónimo que la escultura en un templo hindú de un coito. En el segundo caso hay arte y un fin eminentemente sagrado, pues el erotismo en la India nunca salió del ámbito sagrado. Nuevamente, no es lo mismo un vulgar coito anónimo, que una obra literaria con personajes que de repente practican un coito, aunque en ésta haya semen y todo lo que mencioné anteriormente. Hay un abismo entre erotismo y pornografía. Esta última es gratuita, repetitiva, monótona. Puede ser didáctica, pero no es erotismo. Para que se me entienda mejor: una cosa es la violencia y la sangre gratuitas (como en el cine gore o snuff ) y otra cosa es la violencia en un contexto determinado, que obedece a una trama, como la violencia física o psicológica que de repente aparece en el cine de un gran artista como Ingmar Bergman. La pornografía entonces es la sexualidad descontextualizada, anónima o carente de forma estética. Puedes argumentarme que la Maja desnuda es anónima y que está descontextualizada, al igual que los coitos esculpidos en Kahurajo. Yo te contestaría que la técnica, la huella del artista, las motivaciones estéticas, el fin estético o religioso hacen que estos fenómenos no sean simple pornografía, sino representaciones eróticas.
    Este País, núm. 203, México, febrero, 2008

    Santos García Zapata

    Editor del Diario Digital Notivargas.com y varios sitio web más, conductor del programa radial de mayor sintonía del estado Vargas "Contraste con Zapata". Creador del movimiento en pro de los perros de raza Pitbull llamado "NO A LA EXTINCIÓN DE PITT-BULL EN VENEZUELA “con más de 40 mil miembros.Director durante 11 años del diario Puerto.

    Sitio Web: Editor Director

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