Secretos sexuales: El pudor de una fantasía
Un secreto sexual es algo así como una fantasía que no se confiesa por miedo al ridículo (a), a no ser entendido (a), a que piensen que está loco (a), o peor aún, a que se es un depravado(a). Esa autocensura (en su mayoría perfectamente posibles y terrenales), deja fuera de juego muchas escenas creativas que sólo necesitan la autorización de la pareja para hacerse realidad y que podrían poner una buena cuota de sal y pimienta al sexo.

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La capacidad de ensoñación y de fantasear en diferentes ámbitos de la vida es un derecho y la sexualidad es uno de los terrenos más fértiles y entretenidos de explotar en este sentido. Sin embargo, muchas de estas fantasías permanecen en reserva, no se cuentan y menos se practican.
Interpretaciones sicológicas hablan de conflictos de poder dentro de la sexualidad, estereotipos que encierran a la pareja en roles que impiden transparentar sus deseos y, por supuesto, ejecutarlos.
En la medida que los deseos sean comunicados a la pareja y conversados, inmediatamente se abre la posibilidad de realizarlos (en los que eso sea posible) porque, tal vez, la pareja desee lo mismo, no lo encuentre “decabellado” o tenga sus “secretos” propios.

El control de la cama

Muchas de las causas para esta censura sexual radica en los roles sociales que los hombres, mujeres y las parejas adoptan, impidiendo comunicar deseos sexuales legítimos que muchas veces tiene que ver con el control que ejercen o dejan de ejercer en sus vidas.
Según la doctora Charley Ferrer, consejera y autora de “El Diario Para La Mujer Sensual”, en hombres y mujeres surge la necesidad por no sólo tener el control de su sexualidad, sino también por dejar el control. “Es el intercambio de poder sexual que muchas mujeres sienten haber perdido en su juventud o que nunca obtuvieron completamente y muchos hombres quieren dar a cambio”.
“Muchos hombres (especialmente aquellos en poder o en posiciones en control) desean poder dejar el papel de estar en control y permitir a sus parejas tomar el control de la situación. Esto no sólo indica la confianza que él tiene en ella, sino también el deseo de que su pareja se exprese sexualmente. (Esto en ninguna forma resta su poder, sino lo fortalece, ya que únicamente una persona lo suficientemente segura es capaz de abandonar su propio control). Esta es una posición muy poderosa y erótica para una mujer si ella lo permite”, agrega la doctora Charley Ferrer.
Por eso olvidar viejos mitos y viejas normas sobre lo que un hombre o una mujer deben ser o hacer en la habitación debe ser la ley para iniciar las conversaciones que los lleven a diseñar un juego sexual en colaboración con la pareja para cumplir con esos “deseos secretos”, que redundará no sólo en una relación estimulante, sino también fortalecedora.
Aquí, la capacidad de comunicación y paciencia son la única recomendación posible, porque a la hora de llevarlos a la práctica habrá nervios y la escena esperada no saldrá como planeó, pero eso no importa, de ninguna forma se desanime, lo entretenido es practicar hasta quedar conforme.


¿Qué tienen en común Chávez y Lacan?

Ernesto Laclau se ha convertido en un referente ineludible de la filosofía política. Estudioso y defensor de los nuevos sentidos del populismo, en Debates y combates polemiza con Zizek, Badiou, Agamben y Negri, mientras otro libro que lleva su nombre recopila ensayos sobre su obra.
Por Gabriel Lerman


Debates y combates
Ernesto Laclau
FCE
140 páginas
Laclau.
Aproximaciones críticas a su obra
Simon Critchley y Oliver Marchart
FCE
170 páginas

En la madrugada del 13 de abril de 2002, la confusión invade capilarmente Caracas, la mayoría de los pueblos y ciudades venezolanos y el resto del mundo. El golpe de Carmona y Fedecámaras manifiesta que el presidente ha renunciado mientras los ricos y las clases medias de Cachao y Altamira festejan. Pero el rumor corre por las barriadas: “Chávez no ha renunciado, está secuestrado”. Durante el día, más y más personas se acercan a las puertas del Palacio Miraflores a exigir la libertad del líder. Hay un momento que los documentalistas irlandeses de RTE, que se hallaban en el lugar haciendo una investigación sobre Chávez, inmortalizaron en La revolución no será transmitida: la presión popular se combina con los efectivos de la Guardia Nacional –leales al presidente– y ganan la pulseada. Desde los jardines del palacio se ve cómo los oficiales de uniforme verde oliva y boina roja, que habían quedado como custodios involuntarios de los golpistas, se hacen señas, deciden retomar el control y desalojarlos. Ese momento marca el fin del brevísimo golpe a Chávez, su regreso, y también exhibe otra cosa: una alianza política entre el pueblo y su ejército.
¿Sería la misma la historia reciente del continente de no haber sobrevivido Chávez? Ahora bien, más difícil es responder qué tiene en común Hugo Chávez con Jacques Lacan. ¿Chiste porteño de Villa Freud?
De un tiempo a esta parte, si el término populismo no parece un extravío y lo que mantiene de incorrecto es precisamente lo que alienta su verdadera productividad, se debe en buena parte al empeño intelectual de Ernesto Laclau. Profesor en la Universidad de Essex desde hace 30 años, de joven militó primero en el Partido Socialista Argentino y luego en el Partido de la Izquierda Nacional junto a Jorge Abelardo Ramos. Sociólogo e historiador, asistió a clases de Borges, Rodolfo Mondolfo, y colaboró con Gino Germani y con José Luis Romero. En 1969, Eric Hobsbawm lo convidó a estudiar en Oxford y se instaló en Inglaterra. Laclau no sólo se manifiesta con gran expectativa frente al proceso político que vive América latina sino que además suele mantener entrevistas personales con varios de sus líderes. En la introducción de Debates y combates, señala: “Es para mí un motivo profundo de optimismo que después de tantos años de frustración política nuestros pueblos latinoamericanos estén en proceso de afirmar con éxito su lucha emancipatoria. Es este nuevo horizonte político el que ha estado en la base de mi reflexión al escribir estos ensayos”.
En Debates y combates, Laclau despliega cuatro rounds de ¿esgrima?, ¿truco?, ¿bridge? con variados contendientes: Slavoj Zizek, Alain Badiou, Giorgio Agamben, Michael Hardt y Antonio Negri. Los temas que discute con ellos son el populismo, la lucha de clases, la teoría marxista, la emancipación, la modernidad, la política, las propias categorías de situación y acontecimiento, en palabras de Badiou. La regla general pareciera ser una búsqueda obstinada de pervivencia de lo político en un sentido moderno, donde el discurso adquiere una sustancialidad extraordinaria, acaso el lugar y el vehículo, la arena donde se realizan las luchas por el sentido. A propósito de Lacan, para Laclau la sujeción al lenguaje vendría a indicar al discurso, al lenguaje político como el cuadro, el marco y la existencia, el devenir de la política. La cantera y la fragua, el latido y el efecto.
En la polémica con Zizek, Laclau explicita que nociones como “distorsión ideológica” o “falsa conciencia” frente a una conciencia verdadera que nos aguarda como destino superador, son incompatibles con su idea de populismo. Según él, la relación entre el concepto de hegemonía y el objeto de Lacan consiste en que lo pleno sólo puede ser tocado a través de su investimiento en un objeto parcial. Y esa parcialidad no es una parte de la totalidad, un fragmento, sino que es en sí misma la totalidad. Se accede a un universal a través de un particular. Lo pleno, la Cosa freudiana, es inalcanzable, dice Laclau. Es tan sólo una ilusión retrospectiva que es sustituida por objetos parciales que encarnan esa totalidad imposible. La simbolización política, la construcción de prácticas y discursos políticos no son un desvío, una falsedad, un lastre, sino la razón de ser de la política. Ese particular, hoy, sería el populismo. Plantear un recusamiento de la política por su carácter engañoso es lo que Laclau denomina la liquidación ultraizquierdista de lo político. Del otro lado del plano alguien podría querer abolir o mutilar la política por ser la escena del chusmerío, de la sanata. Casi por ser el último lugar de la palabra pública. Laclau ha dicho que populismo son las demandas de los de abajo que todavía no están demasiado inscriptas en el discurso político, pero que empiezan a expresarse.
El otro libro, que esta vez lleva a Laclau en el título, es un conjunto de ensayos que intentan una aproximación teórica a su obra. Compilado por Simon Critchley y Oliver Marchart, incluye artículos de ellos mismos y más de una decena de intelectuales, entre los que se cuentan discípulos y colegas, un intercambio específico entre Laclau y Judith Butler y, por último, una respuesta del filósofo argentino a cada una de las críticas planteadas por los autores. Mientras que el primer libro oficia de llave de acceso a un debate de la teoría política relativamente identificable en los últimos años, el segundo opera sobre un vasto panorama de los conceptos que Laclau ha venido trabajando en un plazo mayor. Es sin duda el segundo una obra crítica de una amplitud erudita, de laboratorio, cuyo interés dependerá del deslinde y las pertinencias que el índice ofrece.
¿A quién daña el llamado populismo? Laclau devuelve la política a espacios y tiempos reconocibles de lucha, de contienda, conflicto y persuasión. Cuando las demandas de las bases no encuentran inscripción en los modelos institucionales, dice, se da la identificación colectiva en la figura aglutinante del líder. Reducir eso a fascismo es desconocer la historia de las relaciones políticas.
RADAR LIBROS

DOMINGO, 26 DE OCTUBRE DE 2008
DEBATES
Autorretrato de Pierre et Gilles. 1984
Nina Hagen como la diosa Kali. 1989

Un poco de amor francés
Pierre y Gilles son una pareja de artistas franceses que exploran y reinventan imágenes populares que van mucho más allá del kitsch y la cultura gay, destinadas, según ellos mismos, a ver la vida de manera más amplia, a “tratar de comprender las diferencias”.

. La pareja lleva trabajando de forma conjunta desde 1976, y forma un tándem único en la escena artística internacional. El aspecto más erótico y transgresor de la obra de Pierre et Gilles aparece a menudo en sus obras, aunque ellos mismos admiten que si esas imágenes pueden resultar ofensivas no hacen de ello una causa. "Cada país tiene sus tabús y el artista tiene unos límites que no debe traspasar, por lo que en los países donde algo puede resultar ofensivo lo evitamos", reconoce Pierre.



A Roland Barthes le gustaba decir que la función de la fotografía no era la representación sino la memoria, ayudaba a recordar aquel mundo perdido que ya no es. En estos tiempos en que la Europa más reaccionaria apuesta por la homogeneización y el estereotipo, hay una pareja de artistas franceses que intenta romper ese paradigma, trabajando con las imágenes del mestizaje y la pluralidad, un mundo perdido que habla de la mezcla y la diversidad. Desde hace más de 30 años, Pierre y Gilles subvierten la ilusión kitsch y las tradiciones iconográficas para hablarnos de nosotros mismos, de nuestras aspiraciones, de nuestros valores, de nuestros sueños, de nuestros banales anhelos de lujo, poder y, sobre todo, de la diversidad sexual. Cuerpos, lugares, culturas, tabúes, mitos, deseos, todo se agita y se mixtura en sus retratos para construir una memoria fotográfica de la tolerancia.

París era una fiesta


Pierre Commoy vivió toda su infancia en un claustrofóbico pueblito de la región del Loira y llegó a París en 1974. Tenía 24 años y había estudiado fotografía en Ginebra. “Cuando era niño, tenía plantas artificiales de colores y fotos de Sansón y Dalila en mi cuarto, y eso era una provocación dentro del mundo cerrado que era mi entorno: mis padres eran el paradigma del buen gusto francés.” A los pocos meses de haber llegado, Pierre empezó a trabajar para revistas como Interview o Rock & Folk, donde retrataba a estrellas de la talla de Andy Warhol o Yves Saint Laurent. Casualmente, ese mismo año, Gilles Blanchard también llegó a la capital francesa desde Le Havre, un puerto de Normandía, y comenzó a trabajar como ilustrador y decorador. Pierre y Gilles pasaron dos años moviéndose por las mismas calles sin llegar a conocerse, hasta que un amigo en común los presentó en el otoño de 1976, en un desfile de modas. “Nos advirtió que íbamos a tener mucho en común. Y, efectivamente, nos pasamos toda la noche hablando.” Amor a primera vista. A las pocas semanas de conocerse ya compartían un departamento en la calle Blancs-Manteaux y nunca más se separaron.

La historia cuenta que por aquellos años, en paralelo a sus trabajos en prensa, Pierre solía fotografiar a sus amigos como hobby y que, cansado porque los colores de los retratos no terminaban de obtener la intensidad que esperaba, se le ocurrió que Gilles pintara encima, lo que fue la semilla de su particular estilo. Su primera serie a dúo, Muecas (1977), con el desquiciado retrato del salvaje Iggy Pop travestido cual Kent de oficina, les trajo una inesperada popularidad en los cerrados círculos de arte. “Es cierto que cuando empezamos lo que se imponía era el arte conceptual, imágenes en blanco y negro, muy intensas. En ese contexto, nuestro discurso era rupturista; pero, en todo caso, ser iconoclastas nunca fue el objetivo. Pese a las críticas, encontramos nuestro verdadero lugar en las revistas y en la moda.” Campañas gráficas para los desfiles de Thierry Mugler, colaboraciones para revistas como Marie Claire o Playboy y artes de tapa para discos de Etienne Daho, Amanda Lear o Marie France fueron algunos de sus primeros trabajos. Pierre y Gilles comenzaban su meteórica carrera.
Artesanía pop


Herederos de la tradición estética de los provocadores ingleses Gilbert & George, desde sus inicios, la pareja apostó por el trabajo artesanal a cuatro manos: Gilles construye los decorados y Pierre ilumina y hace la foto; y una vez revelada, Gilles pinta minuciosamente, pincelada a pincelada (cero uso de procesos digitales) una única copia hasta conseguir su particular aura de irrealidad. “Creemos que el artista sólo se expresa cuando controla todo el proceso creativo y por eso nos sentimos herederos del trabajo artesanal. Las máquinas digitales de ahora ya no permiten volar. Son mucho menos románticas.” Su exuberancia, su barroquismo, los decorados de plástico y su reciclaje de la utilería sadomasoquista de muchas de sus obras conectaban con una estética más amplia que se de-sarrolló durante la segunda mitad del siglo XX, desde la cultura queer y el Orgullo Gay hasta el estilo de diseñadores como Jean- Paul Gaultier, con quien compartían el gusto por la iconografía marinera como una de sus principales fuentes de inspiración.

Durante los años ’80, sus barrocas e hiperbólicas fotopinturas saltaron las fronteras del arte comercial al que habían sido inicialmente confinadas. “No nos suele gustar el reflejo de nuestro estilo en la publicidad. El resultado acostumbra a ser vulgar, tosco y superficial. Es una caricatura de lo que somos y de lo que hacemos. En cambio, el mundo del arte siempre es bello y desprejuiciado.” De las portadas de discos, las publicidades y las revistas, pasaron a las galerías. Su primera exposición fue en 1985 y los ecos de sus radiantes puestas en escena se colaron por los resquicios del cine, el teatro y la música. Sus obras reinventaban el arte del retrato. De pronto, las principales celebridades del espectáculo hacían cola para aparecer en sus fotos. Desde Boy George hasta Marc Almond, pasando por Madonna, Erasure y Catherine Deneuve, ninguna quería quedar fuera del foco de la pareja. Incluso Michael Jackson, en la cima de su popularidad post Thriller, les propuso trabajar en un libro íntegramente dedicado a su imagen, aunque finalmente Pierre y Gilles rechazaron su propuesta. El vanidoso Rey del Pop no sabía que cada obra se retocaba a mano, y no podía imaginar que completar las 70 imágenes que ansiaba hubiera significado tres eternos años de trabajo.

Retratos de la tolerancia


En los ’90, la pareja dirigió su mirada hacia el santoral cristiano: retratos de Nina Hagen caracterizada como una Virgen María sacada de una superproducción bíblica de Hollywood, o la de un musculoso joven musulmán recreando la leyenda de San Sebastián les valieron cientos de elogios y críticas. “Fuimos censurados por algunos intolerantes, pero también recibimos cartas de curas y de personas muy religiosas a las que les gustaban mucho nuestros cuadros de santos. Incluso nos hacían propuestas para que los expongamos en iglesias.” Pero la voracidad de su lente no se limitó sólo al cristianismo: el Islam, el budismo, el hinduismo, las divinidades griegas y los mitos también fueron explorados por el dúo. Sin dejar de centrarse en el personaje retratado, que siempre es el eje de la imagen, empezaron a introducir escenarios más elaborados y a añadir capas y capas de referencias simbólicas. En su famosa obra El abrazo entre David y Jonathan, el erotismo a flor de piel de un joven judío y otro musulmán parecen derrotar el conflicto entre ambos pueblos.

En los últimos años, el foco de Pierre y Gilles también se ha posado sobre la violencia y la intolerancia en el mundo, donde la guerra en Irak y el Holocausto han sido sus grandes temas. Construyen imágenes de cuerpos que habitan un espacio intencionalmente artificioso, poblado de brillantes lentejuelas y luces de neón, como si a través del artificio intentaran engañar al tiempo oscuro que nos toca vivir. “Hay gente que nos tacha de provocadores, pero creo que más que una provocación, nuestras obras expresan una forma de ver la vida de forma más abierta y comprensiva. Nuestro trabajo se dirige a todo el mundo y trata de comprender las diferencias. Es un alegato por la tolerancia.”

Patrick Swayze, en el rodaje de 'The Beast'. (Foto: Wappy)

Patrick Swayze: "La quimioterapia es como una batalla o el infierno"
20MINUTOS.ES. 30.10.2008


El actor está sometido a un tratamiento contra el cáncer del que intenta evadirse trabajando en su nueva serie, 'The Beast'.El protagonista de 'Dirty dancing' y 'Ghost' toma a diario batidos de vitaminas para intentar recuperar los 20 kilos que perdió con la enfermedad.



El actor Patrick Swayze, mítico protagonista de filmes como Dirty dancing, ha hablado sobre el cáncer de páncreas que padece, y contra el que lucha.

Hace meses, cuando le diagnosticaron el cáncer, los médicos no le dieron demasiado tiempo de vida, apenas cinco semanas. Ahora el actor ha demostrado que se puede luchar, y explica los pormenores de su pelea contra la enfermedad en la primera entrevista que concede tras el anuncio de su enfermedad.

Swayze se encuentra inmerso en el rodaje de The Beast, en el que trabaja doce horas al día."La quimioterapia es una batalla, es un infierno", reconoce el actor al diario New York Times. Además, el actor aseguró que intenta relajarse y evadirse del mal rato y de los síntomas que le produce el tratamiento trabajando en su nueva serie.

Swayze se encuentra inmerso en el rodaje de The Beast, en el que trabaja doce horas al día. En esta producción se trata el trabajo diario del FBI y Swayze interpreta a un miembro de este cuerpo. "¿que pasa, acaso no estoy preparado para trabajar?. Yo no he cambiado, sigo siendo el mismo", se queja el actor.

Su tumor en el páncreas le fue extirpado, aunque se le está dando quimioterapia.La enfermedad y su tratamiento han hecho mella en el aspecto físico del actor, que toma batidos de proteínas para su recuperación física. De este modo, según asegura, ha conseguido recuperar parte de los casi 20 kilos que perdió al comenzar el tratamiento ya que, además, le ayudan a aumentar su masa muscular.

Su tumor en el páncreas le fue extirpado, aunque se le está dando quimioterapia ante la posibilidad de que haya quedado algún quiste. Por ello, nadie quiere echar las campanas al vuelo. En todo caso, la trayectoria es muy positiva teniendo en cuenta que el pasado mes de marzo se publicó que el protagonista de Ghost se enfrentaba a la muerte de forma inminente. "Soy un tío milagroso, no sé por qué" asegura el actor.
Cuerpo de uno de los primeras víctimas de las pateras, en Tarifa (1988).
20 años y 12.000 sueños muertos
D. FERNÁNDEZ / JUANMA LÓPEZ. 30.10.2008 - 08:08h


Se cumplen 20 años de la llegada de la primera patera con víctimas.Más de 158.000 inmigrantes han arribado a España.Unos 12.000 han muerto en el intento.
Fue penoso, trágico, morir por buscar un mundo mejor". Quien habla así es Antonio Ruiz , de 62 años. El 1 de noviembre de 1988 era alcalde de Tarifa (Cádiz). Ese día, su pueblo adquirió fama internacional. Una patera con 23 inmigrantes marroquíes a bordo naufragó en la playa de Los Lances. Sólo cinco sobrevivieron para contarlo. Otros 18 murieron ahogados. El mar fue devolviendo poco a poco, día tras día, los cadáveres de once de ellos.

Los últimos tres fallecidos fueron encontrados en La Gomera.Fue el primer naufragio de una patera con víctimas conocido en España. Veinte años después, la historia se ha repetido en innumerables ocasiones. Más de 158.000 inmigrantes han arribado a nuestras costas en estas dos décadas, según los datos de Interior, y otros 11.800 se han dejado la vida en el camino, según la ONG No Fortress Europe. Los tres últimos ayer miércoles, en La Gomera. Sus cuerpos llegaron en un cayuco junto a 125 subsaharianos.

"La tragedia de la inmigración se ha convertido en algo desgraciadamente cotidiano", señala a 20 minutos el periodista Ildefonso Sena. En 1988 vivía en Tarifa y fue el único reportero que esa mañana acudió a la playa de Los Lances.

Con su cámara retrató para la historia el cadáver de uno de los marroquíes. "La mañana era fría. Yo estaba allí cuando llegó la Guardia Civil. Como me defendía en francés, hice de intérprete".
Pagaron 35.000 pesetas
Cinco magrebíes habían sobrevivido para contarlo. Fueron encontrados por la Benemérita, tiritando y sin papeles, en la N-340. Habían salido la tarde anterior de una playa de Tánger (Marruecos) en una patera de 5,5 metros . Cada uno de ellos pagó 35.000 pesetas por el viaje.
Intentaron volver a la patera, pero volcó. Supongo que sólo sobrevivieron los que sabían nadar
"Llegaron a Tarifa y la proximidad de las luces de la costa les hizo pensar que estaban ya cerca. Saltaron al agua creyendo que hacían pie, pero el agua era aún profunda. Intentaron volver a la patera, pero volcó. Supongo que sólo sobrevivieron los que sabían nadar hasta la playa", señala el capitán José Osorio, que en 1988 era sargento y ayudó a sacar algunos cadáveres del agua.

"Los supervivientes estaban aterrados".Les dimos de comer y ropa", concluye. "Eran muy jóvenes, menores de 30 años", afirma Sena. "El revuelo mediático fue terrible. En aquella época llegaban pateras de vez en cuando, no había la avalancha de ahora. España era país de paso, querían ir a Francia a trabajar", explica el ex alcalde Ruiz.

Mansur Lakrad. Marroquí, 22 años: "Mi viaje en patera costó 1.200 euros"

Ahora tiene 22 años, pero sólo con 14 la vida le puso en el amargo dilema de tener que abandonar a su familia y subirse a una patera que le trajo a España. Aquí, con la ayuda de su familia de acogida, ha conseguido estudiar Administración y Dirección de Empresas en Córdoba.


Allí se aspira a muy poco

Nació en Kala, una aldea del interior de Marruecos, que depende de la agricultura. Asegura que nunca pasó hambre, pero cuando creció se dio cuenta de que no tenía futuro y de que "allí se aspira a muy poco". Entonces comenzó su aventura. Primero estuvo intentando colarse debajo de los camiones en el puerto de Tánger porque era gratis, pero "no tuve suerte". La siguiente opción, la patera.

"Tuve que pagar unos 1.200 que me dio mi madre y que eran prácticamente los ahorros de su vida". Fue en enero de 2001, cuando la vigilancia policial no era tan fuerte como ahora.

Hizo el camino más corto, los famosos 14 km que van desde Tánger a Tarifa. "La travesía duró cerca de cinco horas, había muchas olas, me mareé e incluso estuve vomitando durante todo el trayecto. Y sin saber nadar. Lo que sigue tiene un final de cuento. Mansur fue acogido por una familia. Gracias a su ayuda "y a mi esfuerzo" pudo estudiar.


MARTIRIO UNA BREVE BIOGRAFIA


Por Hector Marques
Maribel Quiñones lo ha dicho muchas veces: Martirio no tiene que ver con el sufrimiento. Lo toma de la raíz griega de la palabra y significa testigo, persona que se da cuenta y da fe de lo visto y sentido. Maribel Quiñones fue artista antes de ser Martirio. Cantó antes de saber que iba a convertirse en una de las más originales artistas que ha dado España en los últimos 30 años. Fue en el año 1981 cuando se incorporó al mítico grupo Jarcha, responsable junto con Aguaviva de la recuperación del cancionero popular español y uno de los grupos que por los años de la transición mejor musicó a poetas y a la palabra en libertad.(...)
"Maribel, como si fuese una superheroína, sacó de su magín un personaje, Martirio, una suerte de tonadillera posmoderna ataviada de vestidos conceptuales e imposibles, peinetas delirantes y hermosísimas y unas sempiternas gafas oscuras que servían tanto de antifaz para ocultar su identidad civil, como de elemento glamouroso. Sirvieron también para lograr la identificación del público. Martirio se sintieron todas las mujeres que cantaban sus cuitas sentimentales y sexuales reales con un sentido del humor desconocido entonces en el trágico mundo de la copla. Martirio usó su raíz cultural y, desde el respeto más absoluto a la tradición pero afirmando que su tiempo eran aquellos liberadores años ochenta cubiertos de pop, comenzó a tratar con amor y humor a sus propios fantasmas. Primero formó parte del grupo Veneno (1984) junto a Kiko y Raimundo y Rafael Amador, para, inmediatamente saltar a la escena en solitario.


Estoy mala fue su primer disco (Nuevos Medios, 1986).


Viaje a los cultivos de coca

Una visita a los plantíos de cocaína en el suroeste de Colombia revela el origen de la tragedia que recorre nuestro continente: el narcotráfico. La necesidad económica del campesino pobre enfrentada a las enormes ganancias de los cárteles y a los miles de muertos en México. “Soy consciente que la coca que cultivo mata gente y vivo con eso en mi conciencia. Pero creo que no podría sobrevivir si mi familia no tuviese para alimentarse…”, dice un cosechador, y esa es la cruel realidad.
En el próximo pueblo podrá encontrar lo que está buscando, no confíe en nadie y confirme la identidad del hombre que allí lo espera. Bienvenido a la verdadera Colombia, donde la guerra y la muerte son moneda corriente”, entre ironías y certezas, un joven lugareño que conocí horas atrás me despide a desgano.Dos mil kilómetros pasaron desde que el Boing 737 despegó de Monterrey. Veinticinco horas de mareada carretera quedaron en el olvido, y sólo un puñado de fincas parece separarme de una de las realidades más crudas y reveladoras del continente americano.Miles de hectáreas con cultivos de coca, marihuana y amapola se ocultan entre frondosos plantíos legales. Voy llegando a San José, uno de los tantos caseríos que forman parte del conflictivo Nariño, estado colombiano fronterizo con Ecuador que produce anualmente cientos de toneladas de cocaína exportadas a México y al mundo.Me adentro en el pueblo y mi cabeza repasa mecánicamente el motivo que me depositó tan lejos de casa. En el mundo de las drogas, el final del cuento es historia repetida. Cárteles y mafias se reparten el poderío que el control de los narcóticos otorga. Como un pasaporte a la impunidad, las organizaciones delictivas mexicanas han transformado todo un país en un imperio de sangre y balas que decanta territorialmente en el mayor consumidor de drogas del planeta, Estados Unidos. Ante la certeza del desenlace, es el inicio el que suele pasar desapercibido. Aquel que marca el génesis de un mal que viene galopando sobre nuestro país. La cocaína es el resultado de un proceso químico derivado de la planta de la coca. Cultivada y cuidada por campesinos humildes, los campos se multiplican por toda Colombia debido a múltiples razones de índole social y económica que podrían ser evitadas.“Hace dos años me dedico a esto, intenté con el cacao y la piña pero sólo se cosecha dos o tres veces al año y no me alcanza para mantener a mis hijos. En cambio la coca se da cada dos meses”, habla don Miguel sin rodeos. “A la planta le quitas las hojas, dejando el tallo intacto y listo para que brote tiempo después otra cantidad importante de hojas que luego se transformarán en pasta base y costará una buena cifra en el mercado local”.De piel morena y movimientos toscos, el acento costeño de este campesino decora la autoridad ganada en treinta años de experiencia en los campos colombianos. Llevamos dos horas conversando en la entrada de su cabaña; con cerveza y música vallenata de fondo, sus recomendaciones sobre mi incursión a los laboratorios donde se procesa la cocaína parecen ciclarse en la peligrosidad que representan los paramilitares, el Ejército y los guerrilleros.

De balas y drogas

Colombia vive un conflicto armado que desangra su territorio desde hace 50 años. Una guerrilla con desteñidos aires revolucionarios devenida narcotraficante y grupos paramilitares mimetizados con los cárteles de la droga conforman un complicado mapa, completado por la presencia del Ejército nacional. Sumado esto a la interesada ayuda de Estados Unidos se obtiene una combinación que deja un desagradable sabor de boca en la población rural colombiana. “Aquí estamos en tierra de nadie, el Ejército pone retenes en las carreteras principales mientras que los ’guerrillos’ se mueven por senderos selváticos imperceptibles. A su vez, el pueblo es controlado por los ’paras’ mediante amenazas y redes de informantes anónimos”, explica Miguel.Entre charlas se van sumando varios vecinos que, confiando en la presencia del ’Don’, describen las graves consecuencias de la guerra. “La gente se va de los pueblos, deja sus casas y sus cultivos. Deben desplazarse hacia las afueras de Bogotá, Pasto o Medellín en busca de tranquilidad y lejos de las amenazas y vejámenes a los que nos rebajan desde hace años”, se lamenta Rosario, dueña de un almacén en la entrada del caserío.Las cifras sobre el desplazamiento forzado suelen producir resquemores entre el gobierno y las organizaciones internacionales. Mientras que el Estado enarbola la bandera de su constante disminución, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) certifica que Colombia ocupa el segundo lugar a escala mundial con las escalofriante cifra de 3 millones de personas desplazadas, sólo superada por el olvidado Sudán, en África. “En las capitales les fascina hablar de porcentajes y mejoras, pero aquí han cambiado pocas cosas. Sí, es cierto que el Ejército está por todas partes, pero eso ha empeorado muchas cuestiones porque la lucha por las plazas es terrible, y nosotros estamos en medio”, detalla la comerciante sin conocer que la ACNUR confirma sus dichos, informando que en Nariño 30 mil personas han abandonado sus hogares en lo que va del año.Las voces se elevan y la improvisada reunión con los vecinos se convierte en clamor popular. El disparador de la conversación todavía sigue flotando en el ambiente, aquel que demuestra que el protagonismo de los actores armados y su creciente poderío económico parecen alimentarse de alguna fuente inagotable.“Todo se reduce a la cocaína, con ella se financian los grupos armados ilegales y además obliga a que intereses políticos internacionales se mezclen con nuestros asuntos”, Miguel piensa y murmura: “Y qué puedo decirte, si yo mismo cultivo coca porque no me queda otra alternativa, esta guerra nos ha obligado a tomar caminos difíciles y sólo otro padre que tuviese que alimentar a sus cuatro hijos podría juzgarme”.
Mundo de arrobas
Son las siete de la mañana y el desayuno es un ritual obligado. Plátano frito, huevos y café son la receta para sobrellevar la larga jornada en los plantíos. Con la vestimenta tampoco se improvisa; camisa de mangas largas, pantalones anchos e imprescindibles botas pantaneras. “¿Trajo las botas? Sin ellas no podrá caminar porque necesitamos recorrer varios kilómetros con el barro hasta las rodillas”. Jairo no exagera, los campesinos están acostumbrados a un paso con ritmo militar entre senderos anegados y agotadores.Jairo Rincón, el Negro, tiene 40 años y veinte los ha vivido entre cultivos ilícitos. Se inició por casualidad en la zona del Caribe colombiano y actualmente posee un par de hectáreas en las afueras del pueblo. Al igual que otros, eligió un terreno alejado y difícil de detectar desde el aire.Detrás de él, Miguel se mueve con naturalidad cortando a machete toda rama que se asome. Caminamos seguros pero con sigilo, las cámaras escondidas en un canasto simulando ser víveres, son una cuestión que no se discute. Estamos en terreno hostil, los guerrilleros recorren el área y aparecen sorpresivamente si alguien les avisa de cualquier irregularidad. El Ejército vigila tres kilómetros al oeste de la carretera y los paramilitares se mantienen estables en el pueblo. “De aquí hasta el río es mi terreno, hoy vamos a ’raspar’ diez arrobas de coca, lo que nos llevará media mañana según la experiencia de los trabajadores”. El Negro señala cuatro jóvenes que recolectan hojas sin respiro. “Cada arroba equivale a 12 kilos, y al terminar esta cosecha llegaremos a los 120, para luego cargar los bultos al hombro y llevarlos al laboratorio para procesar la pasta base”, explica.Se calcula que por hectárea (ha.) pueden darse unas 10 mil matas de coca. El Programa global de Monitoreo de Cultivos ilícitos (UNODC) confirma que promediando el 2008 la cifra de hectáreas cultivadas supera las 100 mil, y el Pacífico colombiano fue el que más incrementó su producción con 38 por ciento más de plantíos ilegales. Con un movimiento ascendente desde la base hasta el tope de la planta, los jóvenes continúan arrancando con notable eficacia la totalidad de las hojas; el paisaje que antes era abundante se transforma en un desolado paraje de tallos huérfanos. El resto de la vegetación no pasa desapercibida; cañas de azúcar, plátanos y palma se repiten en casi todas las parcelas. “El campesino no es narcotraficante, trabaja humildemente la tierra y elige este camino porque los cultivos tradicionales no generan dinero para vivir con normalidad”. Miguel se sincera. “Aquí nadie es millonario, las familias que cosechan el cacao una vez al año apenas superan la línea de la pobreza. Nos pagan tres dólares el kilo y sólo quien tiene dinero y mucho espacio puede pensar en cultivar árboles más productivos como la palma”.Una hectárea de tierra productiva para la coca significa que al menos tres de bosque subtropical han sido deforestadas. En la problemática colombiana las aristas son múltiples, y la flora no es una excepción. Si por un lado la tala es necesaria para obtener plantaciones eficientes, por el otro las fumigaciones aéreas implementadas por el gobierno han causado terribles pérdidas en el ecosistema nacional. Para Jairo la situación es clara, “las avionetas no distinguen los cultivos y destruyen el único ingreso que muchos campesinos tienen. Eso genera más pobreza y obliga a las familias a plantar coca, que les da dinero rápido y menores perjuicios”. Según cifras oficiales, 80 mil serían los hogares involucrados hasta el momento.“El tipo de químico utilizado es muy nocivo y deja inutilizado el suelo por varias rotaciones. No entiendo por qué siguen rociando con él si la planta de coca es la que mejor resiste debido a sus características silvestres. Actualmente estamos sembrando un híbrido proveniente de Bolivia que se mantiene casi intacto”.Mientras las quejas comunales se suman, los aviones tipo AT-802 continúan rociando el temido Glifosato, un herbicida prohibido por muchas organizaciones y que comercialmente se identifica como “Roundup”. Sin embargo el químico funciona y el objetivo es acabar con 200 mil hectáreas de coca y amapola para fin de año. Ambientalistas aseguran que el efecto tóxico será incalculable y que debe multiplicarse por tres con alcances probados a insectos, anfibios y fuentes de agua potable.

Recetas tóxicas
El informal grupo de trabajo se mueve a paso rápido y mordiendo cañas de azúcar para recuperar energías. Bajo un techo natural de árboles, un rústico rectángulo construido con maderas y caña que no supera los diez metros cuadrados, está el laboratorio, así denominado por los campesinos y muy alejado de lo que cualquier mente extranjera podría imaginar. “Con esta estructura nos alcanza, es fácil de construir y no perdemos material cuando el Ejército lo destruye”, describe Miguel. “Lo básico es un terreno plano donde depositar las hojas para mezclarlas con los químicos y un río para los desechos líquidos, a eso le sumamos unos barriles con 200 litros de capacidad y ya. El espacio necesitado es mínimo porque el material obtenido es ínfimo en comparación al ’kilaje’ de hojas”.El esquema de tareas es metódico y efectivo. El dueño del terreno tiene a sus empleados, fijos o temporales. Ellos cosechan las hojas y las llevan al laboratorio. Una vez allí se pesan los bultos y se vacían en el rectángulo para luego ser picados con guadañas a motor. A partir de ese paso comienza la cadena de percutores químicos que generarán el alcaloide. Jairo me explica a detalle mientras los jóvenes mezclan los ingredientes. “Primero rociamos todo con sal de nutrimón (similar al amoníaco); a la mezcla húmeda le agregamos cal y soda que formarán una masa homogénea de hojas”.Luego viene la etapa de los líquidos y ahí es donde la experiencia rinde frutos. El llamado ’quimiquero’, persona especializada en mezclar las cantidades adecuadas para mejorar el rendimiento, comienza a realizar combinaciones sucesivas de gasolina y ácido para separar el narcótico. “Si tomas una hoja, verás que el frente es verde y su torso es blanco. Esa es la droga, y mi función es quitar esa parte blanca que finalmente será la cocaína”. David prosigue, “al echar los kilos de hojas en los barriles con gasolina logramos extraerle la sustancia blanca, quedando diluida en litros de combustible. Luego lo decantamos y vertemos el líquido en otro recipiente con ácido de baterías (sulfúrico). Las diferentes propiedades hacen que la gasolina y el ácido se separen dejando en el fondo las partículas de coca.A sus 24 años, David Blanco, o Pollo, como le dicen sus amigos, se mueve como profesional y habla como un experto en el proceso de la cocaína. Desde los 12 trabaja en los cultivos y la mejor paga como especialista en químicos lo hizo aprender la tarea. “La jornada puede superar los 10 dólares y eso es mucho para gente humilde como nosotros”, se convence. Ver a todo un equipo trabajando motiva la pregunta sobre los ingresos y ganancias que se llevan al final del día. Cientos de kilos de hoja y pequeños paquetes de pasta base son el resultado inicial antes de pasar a las ’cocinas’, último paso del proceso antes de que la cocaína vuele hacia otros continentes. Jairo se sienta y reflexiona: “El dinero no lo hacemos nosotros, sino el vendedor final, el gran distribuidor al que nosotros le entregamos el producto base. Por arroba de hoja (12.5 k) obtenemos 30 gramos de pasta básica, quiere decir que hoy hemos cosechado 120 kilos obteniendo apenas 300 gramos”. El gramo de pasta de coca oscila entre los 50 y 70 centavos de dólar según la época y coyuntura del conflicto armado. Después de todo un día de trabajo, Jairo tuvo una ganancia de 180 dólares, a los que debe restarle un promedio de 40 dólares en pago a los cosecheros, al ’quimiquero’ y a los operadores de las guadañas. A partir de mañana deberá esperar meses para tener otra cosecha y ganancias.La última etapa del proceso esta lista para comenzar. Miguel separa el alcaloide que había quedado en el fondo del recipiente y comienza a calentarlo en unos quemadores especiales. Al contacto con la llama, la coca burbujea quedando con una textura similar al jarabe. Tiempo después, se enfría y solidifica en piedras de color marrón. “Aquí termina nuestra parte, sólo queda una última etapa con los químicos finales y los hornos microondas, y de allí la cocaína ya se exporta para México”. El Negro no quiere profundizar, a mi insistencia sigue la respuesta: “Gran parte del negocio de la cocaína se basa en productores independientes como nosotros, miles de campesinos con necesidades económicas insatisfechas que trabajamos un cultivo como si fuese maíz o cacao. Luego los grupos armados y los cárteles cierran el proceso produciendo un negocio multimillonario a escala mundial”.Jairo baja inconscientemente la voz y explica que cada semana se acercan los compradores al pueblo. Guerrilleros y paramilitares negocian la mercancía a precios bajos y se ganan la confianza de los campesinos regalándoles los químicos. “Les dejamos el material y ellos nos preguntan qué necesitamos. Nos dan el combustible y lo demás para que no tengamos gastos y así ser más productivos. También nos adelantan buenas sumas de dinero, la gente agradece ese gesto y les es fiel”.









Efecto mariposa


Según la teoría de caos, el simple aleteo de una mariposa producirá un huracán en alguna otra parte del mundo. Esta metáfora, que explica cómo una cuestión insignificante influye sobre episodios mayores, podría ser aplicable a la problemática de la cocaína en Colombia. La clase rural vive bajo la línea de la pobreza y por ello elige los cultivos ilegales. El campesino produce y vende el kilo de pasta base a 600 dólares. Luego los grupos armados y los cárteles finalizan el proceso y exportan el kilo de cocaína a precios que oscilan entre 7 y 10 mil dólares. Ya en México supera los 12 mil, y en Estados Unidos o Canadá promedia 20 mil dólares.Como aquella mariposa, Colombia está peleando mientras México se desangra intentando comprender el mapa errático en el que está parado. Mafias y escuadrones de la muerte continúan masacrando a miles de mexicanos a causa del ingreso exponencial que brinda el tráfico de estupefacientes. Rutas aéreas y marítimas se han multiplicado y 600 toneladas de cocaína siguen volando por las fronteras sin ser detectadas. “Soy consciente que la coca que cultivo mata gente y vivo con eso en mi conciencia. Pero creo que no podría sobrevivir si mi familia no tuviese para alimentarse, pensando que la miseria y los bajos ingresos obligasen a mis hijos a renunciar a sus sueños”. Reflexivo, Jairo me despide en mi improvisado transporte.Me voy de San José oculto en una camioneta entre plátanos y animales. Como periodista nunca fui bienvenido y los paramilitares ya estaban al corriente de mi trabajo en el campo. En el camino no puedo dejar de observar las decenas de casas en pobrísimas condiciones y mis sentimientos son encontrados.


*Santiago Fourcade, periodista, Coordinador en la Escuela de Periodismo de la Universidad Regiomontana.
Texto y fotos por Santiago Fourcade

Miércoles 29 de Octubre de 2008



Y quiero morir cantando...


En muchas canciones hablamos de la muerte en su sentido directo: cuando alguien se muere de muerte natural, accidental o a balazos.

Los mexicanos, en su acervo de música popular y sobre todo del género ranchero y el bolero, por supuesto también celebran a la muerte: “… nos burlamos de ella…” Se le canta a los panteones, al ataúd, al duelo, a las “almas en pena”; se la festeja en imágenes que reflejan el fin de un romance o una situación angustiante. En fin: “La gama de posibilidades va desde lo más jocoso hasta lo más dramático y espeluznante”.Si se hiciera una olimpiada para ver qué país tiene más canciones relacionadas con la muerte sin duda México sería medallista. No creo que en otra parte del mundo exista un cancionero popular que pueda superar al mexicano en lo que se refiere a la presencia de la muerte. Se dice que los mexicanos nos burlamos de ella, que la confrontamos, que le tenemos miedo y la ridiculizamos de tantas formas que cualquiera que no forme parte de nuestra cultura se queda verdaderamente sorprendido. No sólo somos buenos para componer canciones en las que la muerte se aparece, sino que además tenemos una gran capacidad para asimilar temas que nos llegan de otros lados y de hacerlos nuestros, siempre y cuando tengan algún elemento que pueda llegarnos hasta las fibras más sensibles.Ya desde tiempos anteriores a la llegada de los europeos se había sembrado la semilla que hoy sigue floreciendo en nuestra cultura popular y que nos hace ser como somos. La convivencia con las distintas manifestaciones de la muerte es algo cotidiano y la música lo refleja fielmente. No importa si se trata de canciones rancheras, rocks, tropicales, gruperas o boleros. En cada etapa, en cada género y a través de generaciones le hemos cantado a los panteones, a los ataúdes, al duelo, al homicidio, al suicidio, al más allá, a las almas en pena, a los deudos y demás.En muchas canciones hablamos de la muerte en su sentido directo: cuando alguien se muere de muerte natural, accidental o a balazos. Otras veces, la muerte se utiliza en un sentido figurado, para expresar el final de un romance o para lamentar un estado de extrema angustia. La gama de posibilidades va desde lo jocoso hasta lo más dramático y espeluznante. Ahí tiene usted, por ejemplo, el simpático tema de Chava Flores titulado “Cerró sus ojitos Cleto”, que trata de una manera chusca los incidentes de un velorio de vecindad, mientras que Guty Cárdenas, en la pieza “Flor”, nos transmite a través de un sublime poema la tristeza y la angustia provocadas por la repentina muerte de la amada. En especial nuestra música ranchera es la que tiene más referencias al asunto. Considere usted estos ejemplos:“México lindo y querido”, el tema de Chucho Monge clásico en la voz de Jorge Negrete que, siendo uno de los más apreciados por el mundo, habla del deseo de ser sepultado en México.“Cucurrucucú paloma”, de Tomás Méndez, que hizo popular Lola Beltrán y que es la expresión del dolor ante un amor que ha muerto.“Canción Mixteca”, el segundo himno oaxaqueño, surgido de la inspiración de José López Alavés que en su letra dice: “Quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento…”“Camino de Guanajuato”, de José Alfredo Jiménez, una de las más conocidas de su producción, empieza diciendo “No vale nada la vida, la vida no vale nada… comienza siempre llorando y así llorando se acaba”, y a la memoria de su hermano Ignacio expresa: “Vete rodeando veredas, no pases porque me muero”.“Amarga Navidad”, sirve para demostrar que ni siquiera el género navideño está exento de esta faceta del sentir mexicano. El tema arranca así: “Acaba de una vez de un solo golpe, por qué quieres matarme poco a poco…”“La Llorona”, tema popular que nos habla de “muertos que no hacen ruido y es más grande su penar”.“Juan Charrasqueado”, de Víctor Cordero, está entre los corridos más conocidos. Nos narra sobre el personaje que por ser borracho, parrandero y jugador muere cuando una bala le atraviesa el corazón.De hecho, el género del corrido es un catálogo de piezas en el que la muerte sienta sus reales. Habla de sucesos históricos, hombres valientes, tragedias pasionales, accidentes o desastres, villanos y otros temas que hieren poderosamente a la sensibilidad de la gente. Muchas de sus historias son inolvidables por la viveza de sus descripciones. Usted seguramente recuerda lo que dicen obras como: “La Martina”, “Máquina 501”, “La muerte de Emiliano zapata”, “La tumba de Villa”, Benito Canales”, “Valentín de la Sierra”, “El perro negro”, “Gabino Barrera”, “Simón Blanco”, “Nacho Bernal”, “Prisionero de San Juan de Ulúa”, “Valente Quintero”, “Rosita Alvírez”, “Caballo prieto azabache”, “El Ojo de Vidrio”, “Pancho López” y tantos más, todos ellos modelos en su estilo.Si entramos al huapango nos encontramos también con piezas importantes en el catálogo de la muerte. Aquí están algunos versos notables:“Por la lejana montaña va cabalgando un jinete, vaga solito en el mundo y va deseando la muerte”.“Canto al pie de tu ventana pa’ que sepas que te quiero, tú a mí no me quieres nada, pero yo por ti me muero”.“La Huasteca está de luto, se murió su huapanguero”.“Porque antes de amanecer la vida le han de quitar porque mató a su mujer y a un amigo desleal”.




Yo creo que la canción más representativa del sentir mexicano hacia la muerte es la que escribió Tomás Méndez que se titula precisamente “La Muerte” y que en la voz de Francisco El Charro Avitia tiene una fuerza tremenda. Aquí le pongo sus versos para que vea usted que se trata de una auténtica joya de nuestra música popular:

Viene la muerte luciendo
mil llamativos colores;
ven, dame un beso, pelona,
que ando huérfano de amores.
El mundo es una arenita
y el sol es una chispita,
y a mí me encuentran tomando
con la muerte en las cantinas.
No le temo a la muerte,
más le temo a la vida;
cómo cuesta morirse
cuando el alma anda herida.
Dicen que van a asustarme
llevándome a tu presencia,
si estás durmiendo en mi vida
es natural que despiertes.
Se va la muerte cantando
por entre las nopaleras;
en qué quedamos, pelona,
me llevas o no me llevas.


En nuestra memoria musical abundan los temas que anticipan la llegada de la muerte con temor y otros que la esperan con alegría. En algunas piezas se le habla a los difuntos y en otras son los muertos quienes se comunican desde el más allá. Es más, en el repertorio popular tenemos canciones que se conectan directamente con leyendas, mitos y personajes halloweenescos. Quien no recuerda, por ejemplo, de los años sesenta, éxitos como “La llorona loca”, con Los Gliders; “El esqueleto”, en voz de Miguel Ángel Medina; o “Que monstruos son” en la simpática versión del Vivi Hernández.

Durante los años pioneros del rock and roll en español se incorporaron al cancionero popular algunos temas clásicos: “El último beso”, con el cantante Polo, en el que se pregunta ¿Por qué se fue y por qué murió? y se responde, Porque el Señor me la quitó. Ahí tiene usted también a César Costa con “La historia de Tommy”; a Enrique Guzmán con “Las hojas muertas” y “Adiós mundo cruel”, y al argentino Palito Ortega con el súper dramón titulado “Vestida de novia” en donde están sepultando a una jovencita con el traje de novia que ya nunca lucirá mientras un coro muy triste de ángeles solloza la marcha nupcial. Ahora que si usted quiere una canción macabra, escandalosamente necrofílica y sacadora de onda, nomás vea lo que dijo el cantante ecuatoriano Julio Jaramillo en el tema “Bodas negras”:

Oye la historia que contóme un día
el viejo enterrador en la comarca:
Era un amante que por suerte impía
su dulce bien le arrebató la parca.


Todas las noches iba al cementerio
a visitar la tumba de su hermosa.
La gente murmuraba con misterio:
“Es un muerto escapado de la fosa”.


En una horrenda noche hizo pedazos
el mármol de la tumba abandonada.
Cavó la tierra y se llevó en sus brazos
al rígido esqueleto de la amada.


Y allá en la oscuridad más que sombría
de un cirio fúnebre a la llama incierta
sentó a su lado la osamenta fría
y celebró sus bodas con la muerta.


Ató con cintas los desnudos huesos,
el yerto cráneo coronó de flores,
la horrible boca la llenó de besos
y le contó sonriendo sus amores.


Llevó a la novia al tálamo mullido
y se acostó junto a ella enamorado
y para siempre se quedó dormido
al rígido esqueleto abrazado.


Sin duda, Jaramillo tuvo especial éxito con canciones alusivas al tema de la muerte. Una de sus interpretaciones más conocidas es para la canción “Nuestro juramento”, de Mario de Jesús, que en su letra dice:

Hemos jurado amarnos hasta la muerte
y si los muertos aman,
después de muertos amarnos más.




Javier Solís es, para mí, el cantante mexicano que más culto le rindió a la muerte. Cuando uno se pone a repasar su catálogo se siente como si el “Rey del Bolero Ranchero” estuviera anticipando su muerte. Para comprobarlo le invito a que escuche temas como: “Cuatro cirios”, “Amigo organillero”, “Si Dios me quita la vida”, “Sombras”, “Llorarás llorarás” y “Me recordarás”, así como los valses “Dios nunca muere” y “Morir por tu amor”.

La tradición popular de estar coqueteando con la muerte a través de la canción llega hasta nuestro tiempo. Ahí están Los Caifanes con su éxito “Mátenme porque me muero”, Mecano con “Cruz de navajas” y “No es serio este cementerio”. Alejandro Fernández ha cantado “Mátala”, y Miguel Bosé grabó “Morir de Amor”. A esto habría que agregar los narco-corridos que tienen connotaciones de sobra que se relacionan con la muerte.

Juan Gabriel nos ha dejado dos canciones básicas en el cancionero de la muerte que fueron éxitos grandes en voz de Rocío Dúrcal: “La muerte del palomo” y “Amor eterno”, este último un tema dedicado a un amigo que murió en Acapulco, aunque muchos creen, erróneamente, que se lo dedicó a su mamá. Por supuesto que en el cancionero tenemos melodías para toda la lúgubre atmósfera que rodea a los panteones: sepulturas, ataúdes, flores, lápidas, luto y llanto. Nada más para que se dé una idea aquí están algunas piezas que hablan del panteón: “Panteón sin cruces”, “Ratas panteoneras”, “Tristísimo panteón”, “El más rico del panteón”, “Boleto al panteón”, “Panteón de corazones” y “Panteón sin flores”. Dentro de esta categoría se pueden señalar obras muy conocidas como “La cama de piedra”, de Cuco Sánchez, en la que nos dice:

Por caja quiero un sarape,
por cruz mis dobles cananas,
y escriban sobre mi tumba mi último adiós con mis balas.
Ay, ay, ay, corazón, por qué no amas.


No podemos pasar por alto el género romántico que llega muchas veces a los extremos mismos de la muerte, ya sea por decepción, desengaño, traición, temor, venganza, celos y demás sentimientos de honda intensidad. Considere usted algunas piezas indispensables del catálogo en cuyas letras resuena, de una u otra forma, el eco de la muerte: “La nave del olvido”, “Regálame esta noche”, “Arráncame la vida”, “Amar y vivir”, “Usted”, “Vereda tropical”, “Viajera”, “Cuando me vaya”, “Traicionera”, “Mucho corazón”, “Te quiero, dijiste”, “Total”, “Noche de ronda”, “Noche no te vayas”, “Luna de octubre”, “Vagabundo”, “Tú eres mi destino”, “Perla negra” y “El andariego” . Aquí la lista puede ser larguísima. También están las canciones que se enfocan sobre la muerte desde un punto de vista simpático y curioso. Entre las más conocidas puedo citarle éstas: “Que se mueran los feos”, “El muerto vivo” —aquel que andaba de parranda, “Dos horas de balazos”, “Pobre Tom” y “El gato viudo”.

En la trova yucateca tenemos varios temas de gran significación dentro del género mortuorio: “Dile a tus ojos” y “Yukalpetén”, de Guty Cárdenas; “Ella”, de Domingo Casanova; “Flores de mayo”, “Pensamiento” y “Crucifijo”, de Ricardo Palmerín; así como “Beso asesino” de Pepe Domínguez. Hasta en la canción infantil se encuentran canciones que encaran a los niños con la realidad ineludible de la muerte. En la lista podemos incluir: “Los diez perritos”, “La viudita”, “El piojito”, “Tengo una muñeca”, “La Huerfanita” y “Mambrú”.

No vaya usted a creer que todas estas canciones sólo se escuchan en la temporada de los días de muertos, para nada. Son piezas de permanente vigencia que mantienen viva esta faceta tan peculiar de nuestra idiosincracia. Ni hablar, así somos. Y si la muerte ocupa en nuestra cultura popular un lugar tan importante, en la música no podía ser de otra forma. Los mexicanos nacemos con música y hasta la tumba llegamos al son de nuestras canciones. Ya lo dijo el que lo dijo al decir: “porque la vida se acaba yo quiero morir cantando como muere la cigarra”.


Jaime Almeida/ ilustraciones Luis M. Morales

Thomas Mann


(Alemania, 1875-1955)
Novelista y crítico alemán, una de las figuras más importantes de la literatura de la primera mitad del siglo XX; sus novelas exploran la relación entre el artista y el burgués o entre una vida de contemplación y otra de acción. Mann, hermano menor del novelista y dramaturgo Heinrich Mann, nació en una antigua familia de comerciantes en Lübeck el 6 de junio de 1875. Después de la muerte de su padre, la familia se trasladó a Munich, donde se educó Mann. Fue oficinista en una compañía de seguros y miembro del comité de dirección de la revista satírica Simplicissimus, antes de dedicarse a la escritura como profesión. Estuvo influido por dos filósofos alemanes, Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche, aunque rechazaba las ideas de este último. En uno de sus últimos libros, Ensayos de tres décadas (1947), analiza sus propios escritos literarios rastreando las influencias de esos pensadores y de otros artistas. Las novelas de Mann se caracterizan por una reproducción precisa de los detalles de la vida moderna y antigua, por un profundo y sutil análisis intelectual de las ideas y los personajes, por un punto de vista distanciado e irónico, combinado con un profundo sentido trágico. Sus héroes son con frecuencia personajes burgueses que sobrellevan un conflicto espiritual. Mann exploró también en la psicología del artista creativo. Muchos cuentos cortos precedieron a la escritura de su primera novela importante, Los Buddenbrook (1901), que estableció su reputación literaria y se tradujo a numerosas lenguas. El tema de este libro, el conflicto entre el hombre de temperamento artístico y su entorno de clase media burguesa, volverá a reaparecer en sus cuentos Tonio Kröger (1903) y Muerte en Venecia (1912), llevado al cine por Visconti, y a la ópera por Benjamin Britten. En el 'Bildungsroman' La montaña mágica (1924), su obra más famosa y una de las novelas más excepcionales del siglo XX, Mann somete a la civilización europea contemporánea a un minucioso análisis. Entre sus obras posteriores se encuentran los cuentos Desorden y dolor precoz (1925), sobre el amor paterno, y Mario y el mago (1930), en el que señala los peligros de la dictadura fascista y la cobardía intelectual; la serie de cuatro novelas basada en la historia bíblica de José, José y sus hermanos (1934-1944), y las novelas Doctor Faustus (1947), El elegido (1951) y Confesiones del estafador Felix Krull (1954). El escritor español Francisco de Ayala tradujo algunas de sus obras durante su exilio en Buenos Aires. Mann fue también un notable crítico literario. Entre sus escritos críticos se encuentra Consideraciones de un apolítico (1918), un ensayo autobiográfico en el que llega a la conclusión de que un artista debe estar integrado en la sociedad. Su propio compromiso le llevó a la pérdida de la nacionalidad alemana en 1936 —a pesar de que había recibido en 1929 el Premio Nobel de Literatura— principalmente por su novela Los Buddenbrook, y eso que desde 1933 se exilió de Alemania, con la llegada de Adolf Hitler. Mann se refugió primero en Suiza y después en los Estados Unidos (1938), de donde se hizo ciudadano en 1944. En 1953 se estableció cerca de Zurich (Suiza), donde murió el 12 de agosto de 1955. Fue padre del autor Klaus Mann y de la escritora y actriz Erika Mann.

James Joyce


Las hermanas (fragmento), de Dublineses



" No había esperanza esta vez: era la tercera embolia. Noche tras noche pasaba yo por la casa (eran las vacaciones) y estudiaba el alumbrado cuadro de la ventana: y noche tras noche lo veía iluminado del mismo modo débil y parejo. Si hubiera muerto, pensaba yo, vería el reflejo de las velas en las oscuras persianas, ya que sabía que se deben colocar dos cirios a la cabecera del muerto. A menudo, él me decía: "No me queda mucho en este mundo", y yo pensaba que hablaba por hablar. Ahora supe que decía la verdad. Cada noche, al levantar la vista y contemplar la ventana, me repetía a mí mismo en voz baja la palabra "parálisis". Siempre me sonaba extraña en los oídos, como la palabra gnomón en Euclides y la "simonía" del catecismo. Pero ahora me sonó a cosa mala y llena de pecado. Me dio miedo y, sin embargo, ansiaba observar de cerca su trabajo maligno. "



James Joyce

Un triste caso

(fragmento), de Dublineses


" El señor Duffy aborrecía todo lo que participara del desorden mental o físico. Un médico medieval lo habría tildado de saturnino. Su cara, que era el libro abierto de su vida, tenía el tinte cobrizo de las calles de Dublín. En su cabeza larga y bastante grande crecía un pelo seco y negro y un bigote leonado que no cubría del todo una boca nada amable. Sus pómulos le daban a su cara un aire duro; pero no había nada duro en sus ojos que, mirando el mundo por debajo de unas cejas leoninas, daban la impresión de un hombre siempre dispuesto a saludar en el prójimo un instinto redimible pero decepcionado a menudo. Vivía a cierta distancia de su cuerpo, observando sus propios actos con mirada furtiva y escéptica. Poseía un extraño hábito autobiográfico que lo llevaba a componer mentalmente una breve oración sobre sí mismo, con el sujeto en tercera persona y el predicado en tiempo pretérito. Nunca daba limosnas y caminaba erguido, llevando un robusto bastón de avellano. "


James Joyce
(Irlanda, 1882-1941)


Novelista y poeta irlandés cuya agudeza psicológica e innovadoras técnicas literarias expresadas en su novela épica Ulises le convierten en uno de los escritores más importantes del siglo XX. Joyce nació en Dublín el 2 de febrero de 1882. Hijo de un funcionario acosado por la pobreza, estudió con los jesuitas, y en la Universidad de Dublin. Educado en la fe católica, rompió con la Iglesia mientras estudiaba en la universidad. En 1904 abandonó Dublín con Nora Barnacle, una camarera con la que acabaría casándose. Vivieron con sus dos hijos en Trieste, París y Zürich con los escasos recursos proporcionados por su trabajo como profesor particular de inglés y con los préstamos de algunos conocidos. En 1907 Joyce sufrió su primer ataque de iritis, grave enfermedad de los ojos que casi le llevó a la ceguera.

Siendo estudiante universitario, Joyce logró su primer éxito literario poco después de cumplir 18 años con un artículo, 'El nuevo drama de Ibsen', publicado en la revista Fortnightly Review de Londres. Su primer libro, Música de Cámara (1907), contiene 36 poemas de amor, muy elaborados, que reflejan la influencia de la poesía lírica isabelina y los poetas líricos ingleses de finales del siglo XIX. En su segunda obra, un libro de 15 cuentos titulado Dublineses (1914), narra episodios críticos de la infancia y la adolescencia, de la familia y la vida pública de Dublín. Estos cuentos fueron encargados para su publicación por una revista de granjeros, The Irish Homestead, pero el director decidió que la obra de Joyce no era adecuada para sus lectores. Su primera novela, Retrato del artista adolescente (1916), muy autobiográfica, recrea su juventud y vida familiar en la historia de su protagonista, Stephen Dedalus. Incapaz de conseguir un editor inglés para la novela, fue su mecenas, Harriet Shaw Weaver, directora de la revista Egoist, quien la publicó por su cuenta, imprimiéndola en Estados Unidos. En esta obra, Joyce utilizó ampliamente el monólogo interior, recurso literario que plasma todos los pensamientos, sentimientos y sensaciones de un personaje con un realismo psicológico escrupuloso. También de esta época data su obra de teatro Exiliados (1918).

Joyce alcanzó fama internacional en 1922 con la publicación de Ulises, una novela cuya idea principal se basa en la Odisea de Homero y que abarca un periodo de 24 horas en las vidas de Leopold Bloom, un judío irlandés, y de Stephen Dedalus, y cuyo clímax se produce al encontrarse ambos personajes. El tema principal de la novela gira en torno a la búsqueda simbólica de un hijo por parte de Bloom y a la conciencia emergente de Dedalus de dedicarse a la escritura. En Ulises, Joyce lleva aún más lejos la técnica del monólogo interior, como medio extraordinario para retratar a los personajes, combinándolo con el empleo del mimetismo oral y la parodia de los estilos literarios como método narrativo global. La revista estadounidense Little Review empezó en 1918 a publicar los capítulos del libro hasta que fue prohibido en 1920. Se publicó en París en 1922. Finnegans Wake (1939), su última y más compleja obra, es un intento de encarnar en la ficción una teoría cíclica de la historia. La novela está escrita en forma de una serie ininterrumpida de sueños que tienen lugar durante una noche en la vida del personaje Humphrey Chimpden Earwicker. Simbolizando a toda la humanidad, Earwicker, su familia y sus conocidos se mezclan, como los personajes oníricos, unos con otros y con diversas figuras históricas y míticas. Con Finnegans Wake, Joyce llevó su experimentación lingüística al límite, escribiendo en un lenguaje que combina el inglés con palabras procedentes de varios idiomas.

Las otras obras publicadas son dos libros de poesía, Poemas, manzanas (1927) y Collected Poems (1936). Stephen, el héroe, publicada en 1944, es una primera versión de Retrato. Además, en 1968, su biógrafo Richard Ellman publicó un original inédito Giacomo, pequeña obra considerada el antecedente del Ulises. Joyce empleaba símbolos para expresar lo que llamó 'epifanía', la revelación de ciertas cualidades interiores. De esta manera, sus primeros escritos describen desde dentro modos individuales y personajes, así como las dificultades de Irlanda y del artista irlandés a comienzos del siglo XX. Las dos últimas obras, Ulises y Finnegans Wake, muestran a sus personajes en toda su complejidad de artistas y amantes desde diversos aspectos de sus relaciones familiares. Al emplear técnicas experimentales para comunicar la naturaleza esencial de las situaciones reales, Joyce combinó las tradiciones literarias del realismo, el naturalismo y el simbolismo plasmándolos en un estilo y una técnica únicos. Después de vivir veinte años en París, cuando los alemanes invadieron Francia al principio de la II Guerra Mundial, Joyce se trasladó a Zürich, donde murió el 13 de enero de 1941. © eMe

Marcel Proust

Por el camino de Swann

(fragmento)


" Mucho tiempo he estado acostándome temprano. A veces, apenas había apagado la bujía, cerrábanse mis ojos tan presto, que ni tiempo tenía para decirme:"Ya me duermo". Y media hora después despertábame la idea de que ya era hora de ir a buscar el sueño; quería dejar el libro, que se me figuraba tener aún entre las manos, y apagar de un soplo la luz; durante mi sueño no había cesado de reflexionar sobre lo recién leído, pero era muy particular el tono que tomaban esas reflexiones, porque me parecía que yo pasaba a convertirme en el tema de la obra, en una iglesia, en un cuarteto, en la rivalidad de Franciso I y Carlos V. Esta figuración me duraba aún unos segundos después de haberme despertado: no repugnaba a mi razón, pero gravitaba como unas escamas sobre mis ojos sin dejarlos darse cuenta de que la vela ya no estaba encendida. Y luego comenzaba a hacérseme ininteligible, lo mismo que después de la metempsicosis pierden su sentido los pensamientos de una vida anterior; e asunto del libro se desprendía de mi personalidad y yo ya quedaba libre de adaptarme o no a él; en seguida recobraba la visión, todo extrañado de encontrar en torno mío una oscuridad suave y descansada para mis ojos, y aún más quizá para mi espíritu, al cual se aparecía esta oscuridad como una cosa sin causa, incomprensible, verdaderamente oscura. Me preguntaba qué hora sería; oía el silbar de los trenes que, más o menos en la lejanía y señalando las distancias, como el canto de un pájaro en el bosque, me describía la extensión de los campos desiertos por donde un viandante marcha de prisa hacia la estación cercana; y el caminito que recorre se va a grabar en su recuerdo por la excitación que le dan los lugares nuevos, los actos desusados, la charla reciente, los adioses de la despedida que le acompañan aún en el silencio de la noche, y la dulzura próxima del retorno. "





Marcel Proust


Escritor francés, autor de la obra en 16 volúmenes En busca del tiempo perdido (1913-1927), considerada como una de las cumbres de la literatura universal. Proust nació en París, el 10 de julio de 1871, en el seno de una familia adinerada. Estudió en el Liceo Condorcet. Comenzó la carrera de derecho, pero pronto abandonó sus estudios para relacionarse con la sociedad elegante de París y dedicarse a escribir. Su primera obra, una colección de ensayos y relatos titulada Los placeres y los días (1896), es sólo discreta, pero muestra dotes de observador para reproducir las impresiones recogidas en los salones de la ciudad. Este material lo emplearía con más eficacia en obras posteriores. Aquejado de asma desde su infancia, a los 35 años se convirtió en un enfermo crónico. Pasó el resto de su vida recluido, sin abandonar prácticamente nunca la habitación revestida de corcho donde escribió su obra maestra En busca del tiempo perdido. Esta obra de Proust describe con minuciosidad la vida física y, sobre todo, la vida mental de un hombre ocioso que se mueve entre la alta sociedad. Toda la obra es un largo monólogo interior en primera persona, y en muchos aspectos es autobiográfica. La primera parte, Por el camino de Swann (1913), cuya primera edición fue sufragada por el propio Proust, pasó desapercibida. Cinco años más tarde apareció A la sombra de las muchachas en flor (1919), que resultó un gran éxito y obtuvo el prestigioso premio Goncourt. Las partes tercera y cuarta, El mundo de los Guermantes (2 volúmenes, 1920-1921) y Sodoma y Gomorra (2 volúmenes, 1921-1922), también recibieron una excelente acogida. Las tres últimas partes, que Proust dejó manuscritas antes de su muerte, se publicaron después de su muerte: La prisionera (1923), La desaparición de Albertina (2 volúmenes, 1925) y El tiempo recobrado (2 volúmenes, 1927). La importancia de las novelas de Proust reside no tanto en sus descripciones de la cambiante sociedad francesa como en el desarrollo psicológico de los personajes y en su preocupación filosófica por el tiempo. Cuando Proust trazó la trayectoria de su héroe desde la feliz infancia hasta el compromiso romántico de su propia conciencia como escritor, buscaba además verdades eternas, capaces de revelar la relación de los sentidos y la experiencia, la memoria enterrada que de pronto se libera ante un acontecimiento cotidiano, y la belleza de la vida, oscurecida por el hábito y la rutina, pero accesible a través del arte. Trató el tiempo como un elemento al mismo tiempo destructor y positivo, sólo aprehendible gracias a la memoria intuitiva. Proust percibe la secuencia temporal a la luz de las teorías de su admirado filósofo francés Henri Bergson: es decir, el tiempo como un fluir constante en el que los momentos del pasado y el presente poseen una realidad igual. Proust exploró con valentía los abismos de la psique humana, las motivaciones inconscientes y la conducta irracional, sobre todo en relación con el amor. Esta obra, traducida a numerosos idiomas, hizo famoso a su autor en el mundo entero, y su método de escritura, basado en un minucioso análisis del carácter de sus personajes, tuvo una importante repercusión en toda la literatura del siglo XX. Otra novela, descubierta y publicada tras su muerte, aunque escrita entre (1895 y 1899), es decir, anterior a En busca del tiempo perdido, es Jean Santeuil (3 volúmenes, 1952).


Robert Musil
El sastre
(fragmento)

" Desde que estoy aquí vivo en un sueño del orden. Nadie crítica mi conducta desmedida. Al contrario, entre los presidiarios soy una persona encantadora, mi inteligencia es extraordinaria. Soy una autoridad literaria, escribo las cartas de los vigilantes. Todo el mundo me admira. Yo, que en el mundo de los justos era un mediocre, en el de los injustos soy un verdadero genio moral, un intelectual de altos vuelos. No hago nada por dinero, sino por alabanza y autoadmiración. Trabajo otra vez como sastre. Ah, la vida espléndida del trabajo, mi alma es una aguja finísima, vuela horas enteras, entra y sale por semanas, zumba como una abeja diligente. Y en mi cabeza hay tan poco como adentro de una tumba, y las abejas zumban. "
ROBERT MUSIL

Novelista austriaco. Nació en el seno de una familia de la baja nobleza ("Edler") en Klagenfurt el 6 de noviembre de 1880. Después de estudiar ingeniería, lógica y psicología experimental en la Universidad de Berlín, enseñó ingeniería mientras escribía su primera novela, Las tribulaciones del joven Törless (1906), una descripción de la vida de unos adolescentes en un colegio militar similar a la que él había llevado. Su éxito le animó a dejar la enseñanza y a compaginar su trabajo como bibliotecario y editor en Die neue Rundschau, con la escritura de dos novelas cortas nada sentimentales acerca de las relaciones sexuales publicadas como Uniones (1911). Musil sirvió en el ejército imperial durante la I Guerra Mundial y después fue funcionario civil en la nueva República de Austria de 1919 hasta 1922, antes de dedicarse por completo a la escritura y de publicar un libro de narraciones cortas, Tres mujeres, en 1924. Excepto dos años en Berlín (1931-1933), vivió en Viena hasta la anexión de Austria por la Alemania nazi en 1938, después de la cual se trasladó a Suiza. Su tarea fundamental en esos años fue indagar y escribir su larga, panorámica e inacabada novela El hombre sin atributos (1930-1943), que examina la existencia sin objetivos de su antiheroico personaje principal, Ulrich, con el fondo de un minuciosa recreación de la sociedad austriaca anterior a 1914. El hombre sin atributos constituye una de las obras narrativas más ambiciosas del siglo XX y consagró a su autor como una de las grandes figuras de la literatura contemporánea. Musil murió el 15 de abril de 1942 en Ginebra.
Le quai des orfèvres et Notre-Dame vers 1840-43




Place de la Concorde vers 1845



PARIS NO SE ACABA NUNCA


El pasado, decía Proust, no sólo no es fugaz, es que no se mueve de sitio. Con París pasa lo mismo, jamás ha salido de viaje. Y encima es interminable, no se acaba nunca.


Enrique Vila-Matas
PUBLICADO POR MAUMAUNOEXISTE EN 20.7.08


Nana Mouskouri - Plaisir d'amour

París

Bande originale film " Paris " Mélanie Laurent

Ma plus belle histoire d'amour -Barbara-
Las canciones de Barbara, lejos de expresar la alegría de la vida, reflejan su aspecto melancólico: recuerdos amorosos (“Ma plus belle histoire d’amour”), la muerte del padre (“Nantes”), la espera del ser amado (“Pierre”), pero todo expresado de una manera contenida. Su música, siempre en tonalidades menores, dolorosa, refuerza este aspecto. En el escenario suscitaba pasiones por su figura alargada y vestida de negro, en una atmósfera intimista, hábilmente creada, su modo lánguido de tocar el piano y además unas luces que subrayaban el aspecto casi privado del espectáculo; el espectador tenía la sensación de haberse introducido en un recinto íntimo y a veces un tanto exhibicionista.
El éxito llamó a su puerta a comienzos de la década de 1960 con uno de los discos más conocidos de su discografía: Dis, quand reviendras-tu? (1963). De esta forma pasó de los cabarés a los grandes teatros —Teatro Bobino, después el Olympia de París, y más adelante el Zénith— y sus éxitos iban a más. Sus amigos pintores y escritores convirtieron una casa antigua en estudios con un vestíbulo para conciertos donde Barbara presentaba al piano las canciones de Édith Piaf, Juliette Gréco y Germana Montéro.
"Me encanta el equilibrio entre la delicadeza de esta mujer tan bella cantándole a la nostalgia del amor que se fue y la fuerza que saca sin embargo al final para gritar orgullosa que no es de las que languidece y espera a su amor eternamente como las mujeres de los marineros.. si él no quiere entender que ha de volver (si no la ama vaya) que se vaya a paseo.. (Condesa M. )
“Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez”.
(Gabriel García Márquez)
“Vistas las cosas en la cámara oscura del recuerdo, toman un relieve singular”.
(Théophile Gautier)
"Cuando llega el tiempo en que se podría, ha pasado el tiempo en que se pudo".
(Marie Von Ebner-Eschenbach)
Perlimpinpin -Barbara-
Pierre -Barbara-
J'ai troqué -Barbara
Les Mignons -Barbara-